Feijóo encadenado

Para empezar… Hernández Mancha estaba políticamente muerto. Sobre ello no había ni la menor duda. Su defunción política fue registrada por la prensa de la época tras su dimisión en Alianza Popular y así constaba en las actas del partido. El viejo Hernández Mancha estaba tan muerto como un clavo en la puerta, que diría Dickens. ¿Lo sabía Feijóo? Lo sabía muy bien, por eso le temblaba la voz como una gaita cada vez que alguien le impelía a poner en marcha una moción de censura. 

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Cuatro diputados. "Sólo necesito cuatro más", solía responder Feijóo mirando fijamente a la bancada de los diputados de Junts y del PNV. "Cuatro diputados, solo cuatro", repetía cada vez que le preguntaban los medios. Pero el recuerdo de los funerales de Hernández Mancha nos coloca otra vez en el punto donde hemos comenzado. No cabía duda de que había caído fulminado por su propia moción de censura y sin embargo el ruido de sus cadenas, arrastradas por los pasillos del Congreso, aún se escuchaban como si aquel momento hubiera quedado grabado eternamente en la historia política de España.

La moción de censura ha ido tomando brío como un caballo de Troya a las puertas de la sede del PP en la calle Génova. A lo largo de la última semana, la olla política se ha ido calentando. "Debes presentarla por imperativo moral, por responsabilidad política, por necesidad", le exigen los fámulos de la derecha desde sus tribunas. Si no vas a la moción, entonces te vas, susurran los espectros de FAES. "No generes más frustración", dijo Aznar el último verano, y así lo recordaba Feijóo, desde entonces, cuando el actual presidente del PP reclamaba elecciones anticipadas en cada acto político. Aquellas palabras de Aznar sólo han alimentado aún más la angustia del propio Feijóo. “Y si la pierdo…”, pensaba. El ruido de aquellas cadenas engarzadas alrededor del cuerpo espectral de Hernández Mancha aun resuena en su cabeza. 

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"Si no vas a la moción, entonces te vas", susurran los espectros de FAES

Jordi Turull ha exigido este martes a Feijóo una reunión en Waterloo si quiere hacer una propuesta sobre la moción de censura. El caballo de Troya relincha. El relato se sigue escribiendo. Las palabras de Turull sólo han añadido más presión a Feijóo, que puede ser derecha plural, como Aznar en el 96, y ahora sólo quiere gobernar desde el Madrid D.F. como sea. El fundador del PP sólo contempla un resultado: 160-20. Lo otro no le sirve, lo demás no le vale. Y ya piensa en otra candidata.

El espectro político de Hernández Mancha se le ha aparecido a Feijóo a los pies de la cama. Porque el problema de Feijóo no es que le falten sólo cuatro diputados, es que no es capaz de vitaminar su moción de censura con un programa que fortalezca la convivencia entre ciudadanos. “Cataluña no debería seguir aspirando a lograr las cosas ni por colisión ni por coacción, sino por convicción”, ha dicho Feijóo en el Círculo de Empresarios de Catalunya. Feijóo, no sólo Vox, es incapaz de observar el papel sanador que ha tenido la amnistía a lo largo de los últimos años. Pero la soledad del presidente del PP no se sitúa únicamente fuera de su partido, tampoco tiene el apoyo territorial de otros barones dentro. Basta con preguntar a Pérez Llorca en la Comunitat Valenciana, a Moreno Bonilla en Andalucía, a Alejandro Fernández en Catalunya, a Díaz Ayuso en el artefacto del Madrid D.F o a Alfonso Rueda en Galicia (sí, en Galicia). Hay tanta distancia que todos parecen esperar a que el propio Feijóo caiga fulminado en septiembre, con moción de censura o sin ella. 

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Que haya moción de censura o no la haya es una pantalla que ya hemos pasado. La clave es el futuro de Feijóo. Todo lo demás es relato, incluido lo último de Junts. Todo es ruido y furia, demasiado ruido como para poner el foco en otra cosa que no sea Feijóo, sentenciado por los suyos desde la investidura fallida. Y ahora vamos a hablar de cosas serias…

Para empezar… Hernández Mancha estaba políticamente muerto. Sobre ello no había ni la menor duda. Su defunción política fue registrada por la prensa de la época tras su dimisión en Alianza Popular y así constaba en las actas del partido. El viejo Hernández Mancha estaba tan muerto como un clavo en la puerta, que diría Dickens. ¿Lo sabía Feijóo? Lo sabía muy bien, por eso le temblaba la voz como una gaita cada vez que alguien le impelía a poner en marcha una moción de censura. 

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