Sánchez, León XIV y Xi Jinping: la nueva diplomacia española

Continúa la guerra. Continúa Israel la guerra contra Irán y contra Líbano, que son la misma guerra que comenzó hace dieciocho días Donald Trump. Todo nos invita a pensar que ha estallado otra nueva crisis del petróleo como la que hizo temblar el mundo en 1973. Me lo dice el surtidor de la gasolinera, cuando llenar el depósito del coche supera los setenta euros. Mi cabeza piensa y repite “Ormuz, Ormuz”. También me lo dicen Enric Juliana y Esteban Hernández, los dos maestros del oficio que han publicado una intensa y prolija conversación, un viaje a un mundo nuevo, tan fascinante como sobrecogedor, un mundo extraño que ha roto los lazos políticos, sociales, económicos, religiosos y culturales del viejo orden mundial y está en ciernes de construir otro que ha destruido cualquier vínculo con la confianza.

En ese contexto, la Nueva Diplomacia Española desplegada por Albares ha logrado arrastrar a algunos países de la UE hacia la defensa del orden internacional. Albares, no nos cansaremos de decirlo, inauguró con su llegada al ministerio un nuevo modo de entender la acción política exterior del país. Claridad, beligerancia, apertura, confianza y contundencia en la defensa del derecho internacional. En un mundo que parece haber dinamitado la confianza en sus instituciones, surge un sentido de la diplomacia que goza de la suficiente experiencia para que se mantenga intacta, ya sea denunciando el genocidio en Gaza, ya sea obstaculizando una guerra sin ningún tipo de legitimidad legal y moral en el seno de las instituciones políticas atlánticas o comunitarias.  

Hace seis meses decíamos aquí que Sánchez se había convertido en el adalid de la socialdemocracia europea. En este extraño mundo, los titulares envejecen demasiado rápido. Tras ese tiempo, la reflexión se nos ha quedado muy corta. Hoy Sánchez es el baluarte de la paz internacional resumiendo su posición en cuatro palabras: “No a la guerra”.

La península ibérica es un portaviones incómodo al oeste del continente. El planeta es menos americano que nunca. El ministro de defensa alemán, Boris Pistorius, ha rechazado enviar fragatas al Estrecho de Ormuz. “¿Qué espera el mundo, qué espera Donald Trump de un puñado o dos de fragatas europeas allí, en el Estrecho de Ormuz, que puedan lograr lo que la poderosa Marina estadounidense por sí sola no puede conseguir?”, se preguntaba Pistorius. El canciller Merz ha quedado muy debilitado desde su última reunión con Trump. Aunque tarde, se ha dado cuenta de que Alemania no debe arrastrar a Europa hacia una guerra con Irán.  Francia, Italia y la Alta Representante de la Política Exterior, Kalla Kallas, también han seguido la estela de Pistorius, impelidos por Sánchez.

La legislatura de este Gobierno, sostenida por los acontecimientos internacionales, será larga. El presidente español se reunirá con Lula en Barcelona antes de viajar otra vez a Pekín en abril. No está de más recordar que en julio recibirá la visita de León XIV. He aquí cuatro nombres que han servido de avanzadilla a la resistencia frente a Donald Trump: Lula, Sánchez, Xi Jinping y León XIV.

Sánchez y Albares han sabido conjugar [...] la relación con Pekín y puede ser la palanca que sirva para reconstruir la confianza en el orden internacional. Atentos: Sánchez 2032

El principal adversario de Trump sigue siendo Xi Jinping, pero el único líder que ha confrontado directamente con el inquilino de la Casa Blanca se llama Pedro Sánchez. A la ecuación de la resistencia se ha sumado la influencia decisiva que León XIV mantiene sobre la comunidad católica de los EEUU. Basta con ver las fotos publicadas el pasado fin de semana en L’Osservatore Romano para darse cuenta del abismo que separa el Vaticano de la Casa Blanca. 

Prevost está siendo algo así como un papa de paisano que bendice mucho todo lo que pilla, pero no se le cae del rostro una sonrisa irónica y bondadosa, ni se le cae de los ojos una mirada sabia de hombre que ha visto pasar por delante de su convento todo el Evangelio en vivo, de vuelta del Sábado de Gloria y de enterrar a Jesucristo. Queremos decir, en una palabra, que la Santa Iglesia, con sus exhortaciones apostólicas y todo el simbolismo acumulado de la historia, ha decidido plantar cara a Donald Trump y J.D. Vance.

Un mundo religioso. Los adventistas rezan junto a Trump en el Despacho Oval para que Estados Unidos pueda destruir las infraestructuras petroleras de Irán y obligar a Arabia Saudí a dejar de suministrar petróleo a China. Reza León XIV para que el liderazgo moral de Sánchez se convierta en un serio problema para el trumpismo. Trump ha logrado convertir a EEUU en un pelele de Netanyahu.  El presidente estadounidense, no obstante, quiere lentificar el crecimiento chino y conseguir más tiempo para adaptar y acelerar el desarrollo tecnológico de su país.

Conviene conocer la retaguardia de la guerra. Me lo dice el joven e inteligente Daniel Bashandeh, el príncipe persa que mejor conoce la política de Oriente Medio en nuestro país: “Xi Jinping anda estos días preocupado, hasta el punto de que tras haber aprobado el plan económico quinquenal de su país ha preferido no publicitarlo demasiado; teme ver estrangulado el suministro de petróleo y, sobre todo, el de gas”. 

No sabemos aún si el presidente español volverá a visitar el estanque de los peces rojos. Los peces koi de Jinping son los mejores aliados de Sánchez. Lo que sí podemos afirmar es que España y su Nueva Diplomacia se han acoplado con bastante facilidad al orden internacional defendido desde Pekín. Su nuevo Plan busca fortalecer el consumo, la cohesión social y la soberanía tecnológica. La relación de Sánchez y Xi Jinping ofrece una enorme ventaja comparativa respecto de aquellos países que se precipitaron hace dos años en declarar a China como adversario económico. Sánchez y Albares han sabido conjugar desde el Ministerio de Asuntos Exteriores la relación con Pekín y puede ser la palanca que sirva para reconstruir la confianza en el orden internacional. Atentos: Sánchez 2032

Más sobre este tema
stats