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Así camuflan los diputados los datos sobre sus intereses económicos y esconden su agenda de reuniones

Nacido en los 50

Las turbias aguas de la transparencia

El Gran Wyoming

Cuando el Partido Popular hacía un vano intento por mejorar su imagen de partido rancio y conectado con la patria verdadera que tantos votos le proporciona, gracias a aquella sociología del franquismo que durante cuarenta años inculcó la forma de ser del auténtico español en las neuronas de los ciudadanos y que brota visceral cuando se cuestiona la unidad de España, surge la nueva derecha estupenda en las formas, impecable en la imagen y notable en su retórica, pero con un toque que siempre se atribuyó a los jesuitas consistente en alegar sin decir y ser sin mostrarse, lo que el pueblo que no entiende de matices llama hipocresía.

Para terminar de encumbrar esa alternativa a la derecha tradicional y única que mantenía en exclusiva el PP, el que debería ser su principal rival, Mariano Rajoy, se convierte en su principal propagandista alegando que el nuevo partido de centro que propone regenerar la democracia desde la transparencia y el exterminio de la corrupción es un partido de izquierdas, lo que incrementa su espectro de captación de votos, al tiempo que atenúa la preocupación de su cúpula de que les asocien con el partido que ahora tiene la sartén por el mango porque muchos le ven como su marca blanca.

Visión avalada por el hecho de que les apoye la misma clase dirigente del mundo de la empresa que encuentra en ellos el banquillo de la regeneración neoliberal. Por no hablar de los elogios de líderes de opinión mediáticos como Alfonso Rojo o Isabel San Sebastián, poco sospechosos de cobrar por lo bajini de la conspiración internacional marxista leninista y cuyo soporte te convierte, automáticamente, en hombre de las derechas españolas entero y cabal por encima de cualquier otra consideración.

Alguna pista dio el presidente del Banco de Sabadell, Josep Olliu, cuando, en una de esas reuniones de la élite, donde se anuncia lo que luego se aprueba en el Congreso, comentó en público la urgencia de crear un “Podemos de derechas”, ya que según él: “Ninguno de los dos partidos mayoritarios es en absoluto representante de los intereses empresariales". A este señor, la labor que ha llevado a cabo el Gobierno durante estos años, que ha provocado la ruina de los trabajadores y disparado los beneficios de las grandes empresas le resulta insuficiente. Son insaciables. No les enternece el último informe de Cáritas denunciando la precariedad en la que viven los obreros, deben pensar que todavía queda margen de actuación hasta que el ciudadano alcance el aspecto de los niños del tercer mundo que aparecen en las fotos de Intermon Oxfam.

Por lo visto ese partido de sus sueños, el que representa y defiende sus anhelos, se ha hecho realidad. El nacimiento de estos jóvenes que parecen sacados de un catálogo de cursos de idiomas en el extranjero se convierte en la baza secreta del poder real. No quieren que se les vea juntos. La reunión clandestina propuesta para el 28 de octubre pasado con los miembros del Foro del Puente Aéreo debería ser, por indicación del líder político, sin luz ni taquígrafos, ni foto de familia, a diferencia de anteriores encuentros con Rajoy o Pedro Sánchez donde se retrataron pletóricos de poderío.

El pura sangre estrella de la cuadra neoliberal no quiere que le vean en semejante compañía, debe pensar que le pueden asociar con la clase empresarial y él no es de eso, cree en eso, pero no es de eso, se debe a eso, pero no es de eso, da gloria a eso, pero no es de eso. Este joven candidato no es de nada, ni de izquierdas ni de derechas, da a entender que no es político, que es otra cosa: un río que cruza el vertedero sin contaminarse, portando riqueza y gestión para los españoles y que llega a la desembocadura sin arrastrar la más mínima partícula de lodo, totalmente transparente.

Por no tener, no tiene ni pasado. Afirma no haber pertenecido a ningún partido político porque él no es de eso. Poco importa que exista un documento que le acredita como perteneciente a las Nuevas Generaciones del PP con el abono de la cuota correspondiente, no es partidario de la Memoria Histórica y lo lleva hasta las últimas consecuencias, comienza por borrar la suya.

Del mismo modo presume de ser líder del único partido que tiene las cuentas saneadas y no debe nada a nadie: transparencia. Sin embargo, las cuentas que presentan no cuadran, son tan transparentes como el licor café de Galicia. Cuestionados sobre el tema, la respuesta fue estupenda: “Hemos cometido errores en las cuentas. Iremos mejorando”. Tal vez deberían pedir asesoramiento en Génova donde los diferentes cajeros del partido llegaron a la perfección absoluta, donde las cuentas cuadran la céntimo y aún queda margen para repartir sobres, reformar las sedes y tener cuentas millonarias en Suiza. O sea: “Estas son mis cuentas, si no le gustan, tengo más”.

La lucha por la transparencia es compleja por la pertinaz obstinación de los hechos que, asociados a las matemáticas, se empeñan en enturbiar la realidad, pero van por el buen camino: “El mundo será transparente cuando los libros de historia estén en blanco”.

El encuentro entre Albert Rivera y los llamados integrantes del Foro Puente Aereo, que reúne a lo más granado del mundo del poder real de este país, personal como: Florentino Pérez (ACS), Antonio Brufau (Repsol), Salvador Gabarró (Gas Natural), Borja Prado (Endesa), Salvador Alemany (Abertis), Josep Oliú (Banco Sabadell), José Manuel Entrecanales (Acciona), Luis Conde (Seeliger y Conde), Emilio Cuatrecasas (abogado), Fernando Fernández Tapias (CEIM), Javier Godó (Grupo Godó), Cesa Alierta (Telefónica) y así hasta treinta y cuatro, se llevó a cabo en la clandestinidad exigida.

Finalmente, a pesar de la exigencia de discreción, la cosa trascendió, es difícil mantener callados a tantos próceres. De hecho la cosa quedó deslucida por la falta de asistencia de algunos de sus más notables prohombres, que se disculparon por cuestión de agenda. A lo mejor les molesta que a alguien le incomode salir con ellos en la foto, vaya usted a saber. Quizá quieren dejar claro quién esta al servicio de quién, que estos señores no son muy de estrategias políticas de disimulo, van a las bravas, que para eso son los putos amos.

Pues eso, que este señor tampoco es de eso. No quiere que le vean con lobistas, no vaya a pensar el personal que comprometen su independencia. Él no es de nada ni de nadie. Ha descubierto la piedra filosofal y la pasta le llega por la vía de la conversión del deseo en materia, técnica que practicaba el gurú Baba que materializaba relojes, anillos y otros objetos de la nada.

Bueno, a veces es de algo. No es partidario de que se quiten calles, bustos o medallas, aunque estén dedicados a militares fascistas responsables de crímenes. Tampoco de revisar los acuerdos con la Santa Sede, que concede arbitrarios privilegios a la Iglesia católica. De eso parece que también es. En fin, no es fácil hacer un formateo del disco duro sin que queden archivos encriptados.

A lo mejor es como los apolíticos de antes que decían no saber de eso, pero que enfurecían cuando se les mentaba a la URSS.

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Como ven, no he citado a nadie. Si alguien se da por aludido es su problema. Todos podemos jugar a eso, aunque no seamos de eso. También existe otra posibilidad: hablar claro, no comenzar a regenerar desde el engaño, el disimulo o el camuflaje. De trileros andamos sobrados.

Otros hemos sido y somos testigos de lo que pasa y hemos aprendido a distinguir, por ejemplo, entre competitividad y explotación. Nos indigna el abuso y los que lo propugnan desde fórmulas disfrazadas de motor de riqueza. El cambio no debe venir por incrementar los privilegios de los que ya lo tienen todo, sino de los que luchan contra las fórmulas que nos han llevado a esta escandalosa desigualdad.

Somos de eso.

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