Se hace el camino al andar, dice Antonio Machado, pero también al desandarlo, algo que puede servir para darle una segunda oportunidad a los sitios donde vuelves y corregir los errores que cometiste allí. Ya sabemos que estas sociedades donde todo el mundo se saca en procesión a sí mismo, se pone como ejemplo a seguir y únicamente cree a quienes lo adulan, nadie está muy dispuesto a aceptar culpa o desliz alguno, ni siquiera a responsabilizarse de sus actos: la gente no tiene argumentos, tiene atenuantes. Por ejemplo, parece claro que en algo se habrán equivocado nuestros políticos cuando, de un tiempo a esta parte, vamos de bloqueo en bloqueo, da lo mismo si estamos hablando del Consejo General del Poder Judicial o de los Presupuestos Generales del Estado y la tarea de gobernar se ha convertido en un laberinto al que no le encuentran la puerta de salida.
Váyase, señor González; váyase, señor Sánchez: la misma cantinela con distinto apellido
A la catarata de descalificaciones entre adversarios en que se ha convertido cualquier debate parlamentario y al contagio de ira al rojo vivo que eso somete a la opinión pública, les ha dado por llamarlo polarización; es decir, por usar un término que habla de que los rivales ideológicos son polos opuestos, seres o entidades que se repelen y, por lo tanto, no pueden acercarse ni llegar a pacto alguno. No hay más que ver nuestro Congreso, al que sólo le faltan unas cuerdas elásticas, un gong y un árbitro para ser un ring de boxeo: en el rincón de la derecha, el PP, pactando con una escisión de sí mismo —o, si se prefiere, con lo peor de sí mismo—; y, en el de la izquierda y el nacionalismo, el resto de formaciones, que no ponen sobre la mesa una moción de censura porque eso los señalaría por propiciar la llegada de la ultraderecha al poder, con sus motosierras en marcha, pero que exigen al presidente la convocatoria de unas elecciones y que se retire. Váyase, señor González; váyase, señor Sánchez: la misma cantinela con distinto apellido.
Como al Gobierno le va bien pero al partido le va mal, los enemigos y el fuego amigo —que sobre lo primero callan y sobre lo segundo enfatizan— quieren mandar los camiones de mudanzas a La Moncloa y que se vote. Los casos de corrupción evidentes —los Ábalos, Koldos y demás, con sus chistorras de quinientos y sus lechugas de cien—; los que están por ver, sobre todo el asunto de Zapatero; y los que tal vez se han montado algunos jueces, que no se sabe bien si son del PP o el PP es de ellos, con lo cual la oposición se haría desde otro sitio, no desde las instituciones, y tendríamos serias razones para preocuparnos, han dejado al PSOE y al Ejecutivo en los huesos. En la calle de Génova cantan victoria y en la Puerta del Sol hacen declaraciones con el cuchillo entre los dientes. La lideresa autonómica dispara a todo lo que se mueve, en defensa de su novio y de su familia, que dice que son ciudadanos particulares mientras los defiende como máxima autoridad de la Comunidad de Madrid. Y los insultos a Sánchez ya sobrepasan todos los límites, quizá para que no se hable de Quirón o de la Prioridad Nacional, quién sabe. Pero, ¿es razonable tanta seguridad en la victoria? Porque también podría volver a ocurrir lo mismo, como ha pasado en cada una de las convocatorias más recientes: que los votos se repitan y sigamos en el mismo sitio. Con un matiz: lo que haga Junts, ese partido que el PP quería ilegalizar y al que ahora quiere pedirle matrimonio, como quien dice. La ecuación es sencilla: si tú me aceptas a Vox, yo te acepto el independentismo. Parece que fue ayer cuando se odiaban.
Se hace el camino al andar, dice Antonio Machado, pero también al desandarlo, algo que puede servir para darle una segunda oportunidad a los sitios donde vuelves y corregir los errores que cometiste allí. Ya sabemos que estas sociedades donde todo el mundo se saca en procesión a sí mismo, se pone como ejemplo a seguir y únicamente cree a quienes lo adulan, nadie está muy dispuesto a aceptar culpa o desliz alguno, ni siquiera a responsabilizarse de sus actos: la gente no tiene argumentos, tiene atenuantes. Por ejemplo, parece claro que en algo se habrán equivocado nuestros políticos cuando, de un tiempo a esta parte, vamos de bloqueo en bloqueo, da lo mismo si estamos hablando del Consejo General del Poder Judicial o de los Presupuestos Generales del Estado y la tarea de gobernar se ha convertido en un laberinto al que no le encuentran la puerta de salida.