Santiago Pedraz fue el juez que escribió aquella frase a modo de frontispicio del pos-15M: “La consabida decadencia de la clase política”. Con esas palabras archivó la causa contra las protestas alrededor del Congreso, argumentando que el descontento social estaba motivado por esa descomposición de la clase política. La policía había montado una operación con numerosas diligencias de dudosa legalidad y nula proporcionalidad para acusar de un delito de asalto a las instituciones del Estado a los manifestantes de aquel “Rodea el Congreso” (25-S). En aquel momento, la izquierda no tenía visos de gobernar en mucho tiempo. Catorce años más tarde, paradojas de la vida, el descontento se extiende en la izquierda por la decadencia de unos pocos.
El último auto del juez Pedraz apuntala por escrito esa descomposición en la Secretaría de Organización del PSOE. El primero al frente, José Luis Ábalos, acaba de dar un espectáculo bochornoso en un juicio donde se ha hablado más de mujeres que de mordidas; de cómo abusaron del consumo de prostitución y del pago en especie a mujeres. Ministro y asesor pusieron el ministerio, al corruptor Aldama y a quien pudieron —sobre todo Koldo García— a su absoluta disposición para satisfacer sus inmundos caprichos. El segundo, Santos Cerdán, es corrosivo para el corazón del PSOE. Cayó por conversaciones del tipo “¡Koldo, que de esto no se habla!” en enero de 2021 y aparece ahora como el responsable de poner “a disposición de la estructura criminal la propia estructura del partido”. El daño es irreparable. Pudieron haber aprendido de la Kitchen del PP y, en lugar de eso, montaron una Kitchen cutrísima en Ferraz, según Pedraz.
La respuesta del PSOE es una huida hacia delante innecesaria y peligrosa para la frustración del espacio y sus votantes
La dimensión no es comparable, pero la corrupción no va al peso. El juicio de la Kitchen está siendo testigo de cómo el PP intentó desbancar al inspector de la Gürtel Manuel Morocho; utilizaron fondos del CNI, la dirección de la Policía Nacional y la cúpula del Ministerio del Interior para destruir pruebas y alterar la instrucción de la Audiencia Nacional. Lo hicieron desde el aparato del Estado. Santos Cerdán, la exmilitante Leire Díez, el exdirigente andaluz Gaspar Zarrías y el turbio empresario Javier Pérez Dolset, a una escala menor, lo hicieron desde Ferraz 70. Veremos qué parte aterriza y en qué quedan los hilos sueltos del auto. Por qué se piden las cuentas de la última campaña del PSC o la diferencia entre los pagos: de los 300.000 euros que supuestamente ofrece un periodista al fiscal José Grinda a los 43.000 euros para Leire Díez, vía Zarrías y Ferraz, la única miembro de la red que cobra del PSOE para interferir en las causas que afectan al Gobierno, según el auto.
Falta que la causa aterrice y veamos en qué queda. De momento, la respuesta del PSOE es una huida hacia delante innecesaria y peligrosa para la frustración del espacio y sus votantes. Hay una pulsión soterrada contra el Ejecutivo en el caso Begoña Gómez o el del fiscal general. Han servido a la oposición desde hace tiempo para desgastar a Sánchez y desestabilizar donde más duele: la familia. Pero el resto de causas son graves y hay un efecto Rajoy en 2011: en lugar de hacerse cargo, se evitan o se niegan.
De aquí a julio la presión aumentará. El foco estará puesto en la moción (imposible hoy) y el adelanto empujado por la presión (también imposible hoy). No sabemos cuánto va a durar la legislatura, si habrá algún cisne negro antes del verano. En principio, lo que quieran los socios. Al PNV le costará dar el paso, meter a Vox en el Gobierno, y cruzar los dedos para que en dos años no gane y gobierne Bildu (ya ganó en 2024). Junts está igual, romper no es un incentivo a futuro.
No sabemos cuántas vidas tiene una legislatura, pero sí que el PSOE tiene que depurar responsabilidades y explicar qué están pidiendo los jueces y qué saben. Solo así podrá empezar a separar la señal del ruido. Es un momento donde la oposición ha elevado a máximos el intento de destrucción del enemigo y arrasar a la izquierda. Pero hay señales. Y graves. El PSOE necesita empezar a verlas. Eso es más importante que debatir si se vota en otoño o en 2027, si habrá un superdomingo o se repetirá el adelanto de Zapatero.
Santiago Pedraz fue el juez que escribió aquella frase a modo de frontispicio del pos-15M: “La consabida decadencia de la clase política”. Con esas palabras archivó la causa contra las protestas alrededor del Congreso, argumentando que el descontento social estaba motivado por esa descomposición de la clase política. La policía había montado una operación con numerosas diligencias de dudosa legalidad y nula proporcionalidad para acusar de un delito de asalto a las instituciones del Estado a los manifestantes de aquel “Rodea el Congreso” (25-S). En aquel momento, la izquierda no tenía visos de gobernar en mucho tiempo. Catorce años más tarde, paradojas de la vida, el descontento se extiende en la izquierda por la decadencia de unos pocos.