El “gatillo” de Israel que no ve el PP

El penultimátum de Trump, el penúltimo gran TACO que anunciaba la muerte de “toda una civilización”, fue la antesala de la tregua frágil con Irán. Necesita ese acuerdo más que el régimen iraní. Si Trump quiere salvar algún mueble para las elecciones de noviembre y frenar el desmoronamiento de su propia base electoral, urge esa “victoria rápida” con un acuerdo –limitado, parcial– en pro de desactivar el polvorín encendido de Oriente Próximo. Más allá de los malentendidos y la precariedad de las conversaciones, EEUU e Irán tienen incentivos para ponerle fin. El problema de la política exterior de Trump es el “dedo en el gatillo” de Israel, el exterminio indiscriminado que va de Gaza al sur del Líbano tiene en común cómo Netanyahu consigue arrastrar a Trump. 

La operación Eterna oscuridad en el Líbano es buena metáfora de cómo Israel es el mayor actor de inestabilidad. Lanzada el día del acuerdo para sabotearlo, con el mayor número de bombardeos desde febrero, después de atacar el mayor yacimiento de gas y amenazar infraestructuras civiles. ¿Quién puede parar a Israel? El mismo que da alas y cobertura a Benjamin Netanyahu. Europa tampoco puede seguir evitando posicionarse frente a un vecino que arrasa con el derecho internacional. Netanyahu va por libre: no necesita la paz ni la estabilidad. Con una agenda expansionista, de ocupación de territorios y vulneración permanente de los derechos humanos, ha embarcado a Trump en una aventura que puede hundirlo.

El crimen de guerra es la manera de conducirse de Israel. Uno de los grandes aciertos de la UE, con todos sus titubeos, es haber dejado solo a Trump. Ahora tiene que repensar cómo dirigirse a Israel. El “No a la guerra” de Pedro Sánchez en Irán va seguido de la petición de sanciones a Israel por la masacre en Líbano. Otra apuesta, con resistencia de los socios, pero necesaria.

Ester Muñoz demuestra la frivolidad con la que se está moviendo el PP en política internacional

Es tan evidente la voracidad de Israel para abrir guerras como inexplicable la posición del PP. Por cargar contra Sánchez menosprecia y se ríe del ejército español. Ni Vox. El último capítulo de la portavoz Ester Muñoz demuestra la frivolidad con la que se mueve Feijóo en política internacional. En un momento geopolítico de alto riesgo en el que España ha conseguido tener voz, prefiere defender a las tropas israelíes antes que al “casco azul” español. Elige los intereses de Israel antes que los patrios. Comparar la detención del soldado, en misión internacional en Líbano, con un control de tráfico desacredita al PP.

Y hay algo peor en las declaraciones de su portavoz: reconocer que no tiene ni idea de lo ocurrido y decir que Israel no bombardea el Líbano, si no a Hezbolá. O desconoce que hay víctimas civiles en esos ataques o pretende justificar los crímenes de Netanyahu. Sabemos de la posición del PP por las palabras de Muñoz; de nuevo, el “no es legal pero es legítimo”. Y cada vez que parece moverse de ahí, vuelve al mismo sitio. 

El penultimátum de Trump, el penúltimo gran TACO que anunciaba la muerte de “toda una civilización”, fue la antesala de la tregua frágil con Irán. Necesita ese acuerdo más que el régimen iraní. Si Trump quiere salvar algún mueble para las elecciones de noviembre y frenar el desmoronamiento de su propia base electoral, urge esa “victoria rápida” con un acuerdo –limitado, parcial– en pro de desactivar el polvorín encendido de Oriente Próximo. Más allá de los malentendidos y la precariedad de las conversaciones, EEUU e Irán tienen incentivos para ponerle fin. El problema de la política exterior de Trump es el “dedo en el gatillo” de Israel, el exterminio indiscriminado que va de Gaza al sur del Líbano tiene en común cómo Netanyahu consigue arrastrar a Trump. 

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