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Telepolítica

El PP, los socialdemócratas, Leguina y Redondo

José Miguel Contreras nueva.

Uno de los principales escollos que tiene una discusión es el de entender bien cuál es tu posición en la contienda. Cuando los roles de cada uno están claros, el debate fluye con más facilidad. Sabes quién eres y lo que defiendes. A la vez, te ocurre lo mismo respecto a tu oponente. Sin embargo, todo se descoloca cuando alguien pierde su rol y ya no se sabe ni a quién apoya, ni con qué objetivo, ni con qué argumentos. Esta reflexión viene a cuento del debate público establecido entre Gobierno y oposición en estas últimas semanas. La campaña electoral madrileña parece haber trastocado el sentido común a algunos portavoces.

El enredo madrileño

En las últimas elecciones, todo se lió y aún dura el enredo. El Gobierno de Sánchez y la oposición en el Congreso tenían a sus partidos con los papeles cambiados en Madrid. En este caso, el Gobierno era Ayuso y a los socialistas les tocaba hacer oposición. El embrollo se complicaba más aún teniendo en cuenta que el Gobierno de Ayuso decidió presentarse a las elecciones como la oposición a Sánchez. A la vista del resultado, los más perjudicados fueron los socialistas encabezados por Gabilondo, que al final ya no consiguieron saber qué eran, si los representantes del Gobierno central, la oposición en la Asamblea o, como finalmente parece que ocurrió, ni una cosa ni la otra.

En las series de televisión existe un término en la jerga profesional denominado crossover. Este concepto de cruce se refiere a cuando dos series mezclan sus personajes y sus argumentos en algún episodio especial creando un espacio común siempre atrayente para el espectador. De alguna manera, las elecciones autonómicas acabaron por ser un crossover con la vida política nacional del que aún algunos personajes parecen no haberse repuesto. Da la sensación de que ya no saben muy bien quiénes son ni dónde trabajan realmente.

Llamada a subirse a la ola

Estos días, podemos escuchar a portavoces de la derecha mediática y política nacional pasearse por los platós televisivos convocando a los españoles a que se suban a la ola de cambio político que, según ellos, se vive. No dudan en enumerar a los convocados. En esta creciente ola afirman que se encuentran desde todos los conservadores y liberales, cabe suponer que con los votantes de Vox incluídos, a los auténticos socialdemócratas. Ahí es nada. Diferentes encuestas, algunas de muy dudosa fiabilidad, animan el llamamiento.

Con el fin de contribuir al debate público más sensato posible, convendría que cada uno empiece a resituarse en su auténtica posición. Díaz Ayuso es la presidenta de Madrid y le corresponde ahora formar un Gobierno para los próximos dos años, que deberá ser apoyado por Vox, y que tendrá que intentar servir a todos los madrileños. La oposición formada por los tres partidos de izquierdas, Más Madrid, PSOE y UP deberá defender los intereses de sus respectivos votantes con el fin de que, en la medida de lo posible, sus puntos de vista puedan ser tenidos en cuenta.

Sánchez y Casado, cada uno en su sitio

En el caso del Parlamento nacional, puede decirse algo parecido. El Ejecutivo de Sánchez es el Gobierno de España y, por tanto, debe intentar administrar el proceso de vacunación que pueda dar por finalizada la pandemia. Además, debe poner en marcha el plan de reconstrucción nacional cimentado sobre los fondos europeos que la UE destina a nuestro país, no a un partido concreto. Sánchez tiene como prioridad fundamental llevar adelante asuntos que afectan a todos los españoles sin distinción partidista o territorial.

Por el contrario, al PP le corresponde encabezar una oposición parlamentaria fragmentada en la que cada grupo se representa a sí mismo. El PP será el indiscutible portavoz de sus seguidores durante los próximos dos años. Alguien debería recordar a Pablo Casado que todavía no ha ganado elección alguna y que su papel no es el de liderar a todos los españoles. Bastaría con que consiga servir a quienes le apoyan. Entendiendo su desinteresada acción benéfica, no parece que los socialdemócratas españoles necesiten que defienda sus intereses, de momento. A cambio, tampoco habrá inconveniente en que le cedan a Joaquín Leguina y a Nicolás Redondo.

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