Por qué Trump podría haber perdido la guerra en Irán

Alto el fuego en Oriente Medio. La guerra regional no cesaba en su escalada tanto en intensidad de los ataques como en el rango geográfico de los mismos. Trump y Netanyahu por un lado amenazaban con llevar el infierno a Irán, mientras desde la República Islámica señalaban con precisión los objetivos de sus represalias.

Ambas estrategias iban encaminadas a disuadir a su rival y a lograr que se cediera en los objetivos de la guerra de manera más rápida y menos costosa, es decir, sin tener que llevar a término los ataques masivos.

No obstante, la dificultad para alcanzar este fin para ambas partes estaba en el tamaño de los órdagos que lanzaban. Si Estados Unidos quería propiciar un cambio de régimen real, extraer el uranio enriquecido y desbloquear el Estrecho de Ormuz por la fuerza, necesitaba destinar muchos más recursos.

Irán prometía volar en respuesta todas las grandes infraestructuras energéticas del Golfo si eso ocurría, con posibilidad de un cierre definitivo de Ormuz y de la extensión del bloqueo al mar Rojo.

El evidente atolladero que dicha escalada habría supuesto era un escenario por evitar. Pero la necesidad de vender éxitos era imprescindible para que la Administración Trump pudiera hallar una salida a la guerra.

Negociar sobre seguir negociando

Vistas las listas de exigencias de ambos gobiernos, no se iba a conseguir un acuerdo político. Estábamos encaminados hacia la escalada. Y esta debía alcanzar unas expectativas cada vez más peligrosas.

Por ese motivo, el único punto que han logrado acercar mediadores como Pakistán era el de ampliar el margen temporal que Trump se había autoimpuesto como límite para llevar a cabo el gran ataque prometido. La noche del famoso martes 7 de abril ya solo se hablaba de dar más margen a la diplomacia, no de negociar una solución política en sí misma.

Con la aceptación in extremis del nuevo rango temporal de dos semanas también se abrió la puerta a iniciar una negociación de verdad a través de Pakistán. Y Donald Trump no desaprovechó la oportunidad para vender la victoria asegurando que Irán había transigido.

Pero, como se veía venir, todas las partes clamaron victoria, incluso actores árabes claramente golpeados como Emiratos Árabes. En Israel, que había sido excluido de las negociaciones, es donde más se hizo notar el pesar por el alto el fuego.

Las listas de deseos de Irán y Estados Unidos

A pesar de lo prometedor de que se haya evitado una escalada de inciertas dimensiones, el acuerdo de paz parece lejano aún. Irán no está dispuesto a aceptar un simple parón que permita a sus rivales reanudar la guerra como pasó tras el parón de 2025.

La lista de 15 puntos estadounidense y la de 10 puntos iraní se encuentran en posiciones difícilmente reconciliables por el momento. Pero Trump ha asumido que el listado iraní serviría de base para la negociación política y ha reposteado la declaración del ministro de Exteriores iraní, Abbas Araghchi.

Sin embargo, esto demuestra que no había un objetivo claro en la guerra por parte de Washington más allá de las promesas israelíes de que Irán colapsaría rápidamente. La evidencia está en que cualquiera de las condiciones planteadas por Irán, de llevarse a término, supondría una victoria iraní en distinto grado.

La reapertura de Ormuz bajo los términos iraníes implicaría el cobro de peajes de hasta 2 millones de dólares por barco

Y a pesar de que Trump venda una victoria, es difícilmente creíble que ese final fuera tan deseado en la Casa Blanca como para motivar el lanzamiento de la guerra en un primer momento.

Las propuestas de Estados Unidos no eran mucho más ambiciosas que la reapertura del Estrecho de Ormuz y la firma de un nuevo acuerdo nuclear que eliminase el enriquecimiento de uranio por parte de Irán a cambio de un levantamiento de sanciones. Todo ello habría sido sencillo de lograr en las conversaciones de febrero sin necesidad de ir a la guerra.

Washington dejaría para más adelante, según fuentes israelíes, el control de la seguridad regional, el programa balístico iraní y exigiría el fin de las principales instalaciones nucleares del país.

Pero los 10 puntos planteados por Irán son ostensiblemente más ambiciosos. También se incluye la firma de un acuerdo nuclear que limitase los niveles de enriquecimiento de uranio pero Irán conservaría ese derecho, así como el levantamiento de todas las sanciones establecidas durante décadas.

La reapertura de Ormuz bajo los términos iraníes implicaría el cobro de peajes de hasta 2 millones de dólares por barco, por lo que si la paz se alcanzase solo con estas cláusulas ya supondría una notable mejora de la situación de Teherán con respecto al inicio de la guerra.

Pero además de estos asuntos compartidos de forma parcial, Irán exige reparaciones de guerra, garantías de seguridad para evitar ser el foco de nuevas guerras, el fin de las resoluciones internacionales en su contra, la retirada de las fuerzas estadounidenses y la extensión de la paz a sus socios regionales, con énfasis en la operación israelí en Líbano.

Si todos estos asuntos se cerrasen siguiendo la línea iraní, su victoria sería aplastante, propiciando una de las mayores derrotas estadounidenses desde Vietnam, si no la más pronunciada. Pero es difícil que Estados Unidos y, sobre todo, Israel, asuman estos términos. De hecho ni siquiera se ha logrado una implementación inicial del alto el fuego o la reapertura de Ormuz por las discrepancias en torno al recorrido político y a la situación de Líbano.

Así que la disyuntiva ahora se encuentra en saber cuántas cocesiones están dispuestas a asumir las partes para evitar una escalada que prometía mayores consecuencias aún para la región y para el mundo.

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Alejandro López Canorea dirige el medio Descifrando la Guerra. Antropólogo, profesor, escritor y analista de política internacional en prensa, radio y televisión.

Alto el fuego en Oriente Medio. La guerra regional no cesaba en su escalada tanto en intensidad de los ataques como en el rango geográfico de los mismos. Trump y Netanyahu por un lado amenazaban con llevar el infierno a Irán, mientras desde la República Islámica señalaban con precisión los objetivos de sus represalias.

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