Luces Rojas

Que gobierne Rajoy pero sin mi voto

Esta es la consigna. Rajoy, dirigente de un partido imputado hasta la cintura con los hilillos de plastilina de la corrupción, debe gobernar por responsabilidad. Es lo que dice el Partido Popular, también lo considera así Ciudadanos y notables dirigentes socialistas como Guillermo Fernández Vara, Susana Díaz, José Bono o Felipe González. Es lo que dicen las precisas preguntas de las encuestas de Metroscopia y los editoriales de la más nítida voz del poder económico del país. Lo responsable, parece ser, es no intentar alternativas que cuestionen el actual statu quostatu quo. El PSOE, dicen voces autorizadas, no puede optar al gobierno so pena de arriesgar la irrelevancia. Ciudadanos debe apoyar a Rajoy, pues facilitaría el gobierno. Y pactar con los nacionalistas es imposible e indeseable, salvo que lo hagan con el PP. Pero, a la vez, nadie quiere pagar el coste de investir al señor que pidió a Luis ser fuerte. En esencia, esta postura a favor de que gobierne Rajoy pero que no encuentra suicida que apoye su investidura, lleva al bloqueo y posiblemente a nuevas elecciones.

Pero ¿cómo es posible que hayamos llegado a esta situación en la que PSOE, Ciudadanos y los nacionalistas parecen asumir un gobierno de Rajoy… pero sin querer pagar el coste de ninguna manera? ¿Desde cuándo es más atractiva la oposición que el gobierno? ¿Cómo es posible que para el propio PP, e incluso para el PSOE, sea más atractivo arriesgar unas terceras elecciones que formar gobierno? Arriesguemos unas claves.

Nadie quiere gobernar hoy

Los partidos saben que, en breve, tendrán que asumir el recrudecimiento de una crisis económica que nunca se fue, incluyendo el coste político de los recortes o multas que vienen desde Europa insistiendo con más austeridad. Se ve indeseable entrar a gobernar con un empeoramiento económico en ciernes sabiendo que te culparán del mismo, que se afirmará sin rubor que sustituir al PP en los mandos de la economía explica el regreso de la crisis. No solo eso, tanto PSOE como Ciudadanos, creen que no hay alternativa a las actuales políticas económicas austeritarias planteadas desde el actual Consejo Europeo alemán. Sea porque piensan que es indeseable presentar batalla en Europa o porque creen que es deseable disciplinar a la población para ser más europeos. Si tiene que ser así, por lo menos que no sean ellos los responsables.

Los partidos de gobierno no quieren gobernar con “inestabilidad” 

Que la próxima legislatura será breve, es algo asumido por todos salvo por Rajoy, que ha hecho de la resistencia política una seña de identidad y que se demostraría rocoso durante cuatro años, gracias a las limitaciones que impone nuestra moción de censura constructiva. Pero esta percepción de la “dificultad” que supone gobernar desde la minoría y el pacto, está también en el corazón del desinterés de parte del PSOE para plantear una alternativa al PP pactando con Podemos: Susana Díaz ya dijo que “con 85 escaños, no se puede gobernar” y dentro del partido se repite que “nos han colocado en la oposición”. No hay tradición, no hay cultura política en España en el ámbito nacional de pacto, de tener que acordar la acción de gobierno o de gobiernos de coalición. Pero esa imposibilidad para gobernar desde la minoría es una barrera cultural: en Barcelona, Ada Colau gobierna con el PSC y necesita pactar cada ley con al menos otros tres partidos. En Valencia, Ximo Puig gobierna junto con Compromís y con el apoyo de Podemos. En otras democracias europeas la política del pacto y la negociación se considera inevitable. Nada hay que haga imposible o terriblemente inestable un gobierno en minoría.

Cultura política patrimonial del Estado

Y es que esta negativa a pactar coaliciones, este planteamiento del “apóyame gratis”, del “gobierno yo y tú apóyame desde fuera”, ese “lo tomas o lo dejas”, revela una concepción profunda de la política, cultural, de práctica política, muy ligada al sistema de partidos tradicional, al poder concentrado en dos partidos que se turnan y tienen derecho a gobernar, interiorizado durante los 40 años de sus gobiernos. Para el PP y para el PSOE, la política nacional siempre ha sido alternarse y, el resto de partidos, solo pueden matizar u obedecer, pero no considerarse iguales. Pactar, salvo detalles con los nacionalistas, es indeseable e incluso humillante. Que un partido plantee que quiere entrar en el gobierno o pida una vicepresidencia, es una afrenta. Tanto es así, que votar en contra de tu investidura con todos los grupos de la cámara menos PSOE y Ciudadanos es percibido, ¡y vendido!, por el PSOE como un apoyo a Rajoy y al PP. Por lo mismo, Rajoy exige que le apoyen “por responsabilidad”, o sea, gratis: En ambas ocasiones se define como “un deber” de los partidos nuevos apoyar los gobiernos de PSOE o PP, como si no hubiera nada que negociar con ellos, definiéndoles como comparsas. Pareciera que el PP y el PSOE entienden que ceder, que pactar, alimentaría la creencia de que votar a Podemos o a Ciudadanos sirve para algo. Por encima de todo, hay que asegurarse de que el partido nuevo que compite por tus votantes se perciba como inútil para vehicular las demandas políticas.

Crisis del sistema de partidos que hay que superar 

Los partidos saben que seguimos en un momento clave, en una crisis del sistema político, y que el sistema de partidos se puede reconstruir con ellos dentro o con ellos fuera. Es por eso que la batalla no es tanto por estas elecciones como por el futuro del partido a 20 ó 30 años. La convicción tanto para el PP como para el PSOE es que si asfixian ahora a Ciudadanos y Podemos, el efecto mecánico del sistema electoral recolocará todo en su lugar con el tiempo, convirtiendo a Ciudadanos en el próximo UPyD y a Podemos en esa “IU algo más fuerte”, que serviría para apoyar (o ni eso) al PSOE de vez en cuando, pero en ningún caso para cuestionar su papel al mando del país. Es por ello que a gran parte del PSOE le interesa que gobierne Rajoy, sí, pero evitando un apoyo que confirmaría el discurso de Podemos. Es por ello que PP exige a Ciudadanos que le apoye a cambio de nada, indicando a su electorado que votar Ciudadanos es inútil. Es por ello que tanto PP como PSOE, en vista de los resultados de las últimas elecciones, no ven con malos ojos unas terceras elecciones que, creen, acabarían de laminar a los nuevos partidos desencantando a todas aquellas personas que se politizaron pensando que la solución eran los nuevos partidos.

Interés de partido por delante del interés público

Porque los partidos que pueden formar gobierno no están pensando en las demandas de la ciudadanía o en las políticas públicas a aplicar. Están buscando, principalmente, el interés del partido y, en el caso de esos dos partidos, el interés de partido hoy no está alineado con las demandas de la ciudadanía, de su electorado o con el beneficio colectivo. Si asumimos que la ciudadanía demanda un gobierno cuanto antes que dé solución, vía políticas, a los problemas existentes, que el interés de los partidos y el interés de la ciudadania no estén alineados solo se puede explicar si estos partidos piensan que: 1) Es imposible solucionar los problemas económicos, pues se deciden en Europa; 2) Es complejo e indeseable gobernar ahora, con el recrudecimiento de la crisis económica y sin mayorías suficientes para imponer tu acción de gobierno; 3) Se les debe un apoyo gratuito, pues son los legítimos propietarios del poder en España; 4) Pactar con los partidos nuevos supondría legitimarles y consolidarles; 5) El riesgo fundamental es perder el papel hegemónico en un sistema de partidos bipartidista; y 6) Las expectativas, en caso de repetición de elecciones, posiblemente les favorezcan.

Lo nuevo no acaba de llegar, lo viejo no acaba de cambiar 

Aunque el interés de los partidos nunca está alineado perfectamente con el de la ciudadanía o sus electorados, que se haya desviado de tal manera hasta ser contrapuestos, muestra que estamos ante una peligrosa anomalía democrática. Hay unas demandas ciudadanas, de gobiernos y de políticas públicas que den solución a la crisis y los partidos hegemónicos mayoritarios están priorizando lineas de actuación directamente opuestas a dicho interés. Más que buscar gobiernos o políticas, están pensando en las siguientes elecciones.

Pero, en realidad, ni es imposible para el PP formar gobierno apoyándose en Ciudadanos y los nacionalistas, ni lo es para el PSOE haciendo lo propio con Podemos y los nacionalistas. Si nada de esto ha sucedido todavía es porque, aunque vivimos ya en un sistema de partidos con un resultado electoral diferente, la cultura política sigue siendo la del sistema de partidos tradicional. Estamos viendo en directo cómo una cultura política, unas tradiciones, usos y valores de actuar en política, ahormados con los años, se imponen a los resultados electorales, hasta tal punto que si los partidos tradicionales se niegan a dar juego político a los nuevos partidos, mientras estos no los superen en escaños y puedan ponerse de acuerdo entre sí, su papel será limitado y el sistema político, en consecuencia, será disfuncional tanto en representatividad como en trasladar el interés ciudadano a las políticas públicas.

Lo nuevo no acaba de llegar y lo viejo no acaba de cambiar. La parte de la ciudadanía que ha perdido con la crisis quiere cambios que los partidos mayoritarios no desean implementar pues supone incorporar a nuevos actores políticos que compiten con ellos. Es preferible que gobierne Rajoy, que ahora no me viene bien hacerlo yo pero, eso sí, que gobierne sin mi voto.

La ciudadanía se merece algo más 

PD: Hay una wild card en todo este bloqueo: Pedro Sánchez. Su supervivencia depende de gobernar. Veamos si su deseo de supervivencia logra imponerse a los deseos de amplias capas de su partido y a sus propios miedos a Podemos.

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Rivera devuelve la presión a Rajoy

Ignacio Paredero

Ignacio Paredero es sociólogo y politólogo por la Universidad de Salamanca #dts iframe {display:none!important;} #dts #txt iframe, #dts .col8-f1 iframe {display:block!important;}

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