Últimos artículos de Javier Marías

Así que pasen treinta años - Javier Marías

Alfaguara, Madrid, 2025.

Al cumplirse tres años de la muerte de Javier Marías, ocurrida en el 2022, su editorial ha reunido en un volumen las 75 últimas columnas que publicó en El País Semanal, donde había empezado a escribir en el 2003. En todos estos años, casi veinte, publicó 939 artículos. En esta ocasión, el título, con ecos lorquianos, se lo debemos a Carme López Mercader, su viuda, siguiendo la tónica que había seguido Marías de darles a estas recopilaciones la denominación de uno de los artículos. Así las cosas, su significación se multiplica, puesto que el texto que le proporciona título al conjunto es un homenaje a Juan Benet, al cumplirse treinta años de su muerte, de quien Marías nos dice: “fue un amigo y un maestro. No tanto literario como vital”, que le “enseñó qué eran la rectitud y la decencia”, de quien aprendió no poco: “me enseñó a ver y oír mejor (pintura y música), y a leer mejor, a saber distinguir lo valioso de lo pretencioso y los recursos de buena ley de los de mala”, “me enseñó a discernir: quién tiene piedad (…), y quién no la tiene”. Además, para Marías, los artículos de Benet era “muy lúcidos y originales”, aunque no siempre estuviera de acuerdo con sus opiniones (p. 190). En ese artículo con que titula el conjunto se queja también de lo “irrespetuoso” que resulta que decidamos lo que un difunto hubiera hecho u opinado sobre un suceso actual de haber estado vivo (opiniones del tipo: hoy Shakespeare estaría escribiendo series), sin por ello dejar de preguntarse qué hubiera escrito Benet sobre la invasión de Ucrania, o Marías —añado yo— sobre el genocidio en Cisjordania y Gaza.  

Tanto los temas de que se ocupa como la manera de abordarlos son los suyos habituales. La retórica es la propia del autor, como lo es también el tono crítico que adopta cuando trata de política nacional e internacional, sobre los peligros que sufre la democracia, según la entendíamos hasta hace muy poco, el habitual, en este “bobo siglo”, como lo denomina. Una época que será recordada, nos dice, “por su pintoresquismo y su extrema ridiculez”, por el “cretinismo imperante” y por los numerosos “oportunistas lunáticos”; y remacha su opinión: “vivimos en una época particularmente enloquecida e idiota, en la que abundan los disparates (…), los ataques a la libertad y las injusticias”. Y confiesa que se siente impelido a señalar esos males, “procurando razonar y argumentar por qué me lo parecen” (p. 121).

Tampoco faltan en estos artículos los asuntos que solían interesarle: la literatura, el cine, la música, el fútbol (en pequeñas dosis), el cuestionamiento de lugares comunes (“la mejor literatura actual se está escribiendo en los periódicos”, p. 230), o la denuncia del mal uso del español, como ocurre en el titulado “Desprecio de la propia lengua”, en el que crítica que los anglicismos hayan invadido tanto el castellano de América como el nuestro, de lo que hace responsables a los periodistas, con TVE a la cabeza, a los políticos y a los publicistas (“escuela de lelos y cursis”, los denomina). Considera espurios ciertos usos de la lengua, como una tendencia “pedante-cateta”, quizá debida al “deseo irrefrenable de ser americanos”, estadounidenses (p. 125).

Además, se muestra contrario a la publicación de autobiografías, memorias, biografías, diarios y cartas privadas, puesto que “la prensa canallesca” solo destaca de ellas los comentarios malignos, hirientes, aunque me resulta imposible estar de acuerdo con esta opinión. Y, sin embargo, no le falta razón, en parte. En este mismo sentido, no creo que le hubiera hecho gracia la biografía que, dos años después de su muerte, en el 2024, le ha dedicado Manuel Adolfo Martínez Pujalte, aun cuando, a pesar de sus carencias y torpezas, ponga las bases para una futura biografía más atinada, si es que alguien se atreve tras conocer las opiniones del autor al respecto. Tampoco ha dado permiso Marías para que se publique su correspondencia con Herralde, explicando las razones. Y concluye: “la obra es sólo lo que ese escritor da a conocer en vida” (p. 53). Así, afirma contundente: “sólo son biógrafos los rencorosos, los oportunistas y los chismosos” (p. 180), opinión que tendría que haber matizado.

Más crítico aún, si cabe, se muestra con los móviles, “las cretinas redes” sociales (“en estas, hay poco más que invectivas, burlas, comentarios malsanos, malignidad hacia cualquiera…”, p. 48), y con las feministas de la denominada cuarta ola. A este propósito, comenta el caso de Amanda Gorman, joven poeta de raza negra, y la polémica que suscitaron las versiones de sus versos a otras lenguas. Se ocupa también de la pandemia, del coronavirus, de los buenos propósitos que suscitó en nuestras conductas y cómo fueron olvidados en cuanto la enfermedad desapareció.

Pero la mayor novedad del conjunto son los cuentos que publicó en la misma sección, La zona fantasma, al margen de que no están a la altura de los que incluyó en Mala índole (2012). Todos aparecen concentrados en la segunda mitad del libro, intercalándolos con los artículos, hasta un total de dieciséis narraciones, aunque la historia del profesor Pírfano de Lerma, del señor Cotta, escritor fracasado y editor, y de Catherine del Biombo, la guapa americana ennoviada con el “no tan joven BrendánGodínez, cuya acción transcurre en 1982, no pudo llegar a completarla, quedando inacabada. Lo que destacaría, además del humor, del tono zumbón, es que en ellos hace hablar, de manera creíble, verosímil, a Juan Benet y al rey Juan Carlos (que ya había aparecido en Mañana en la batalla piensa en mí). Y como dato curioso, tengo la impresión de que el personaje de Pírfano está inspirado, al menos en parte, en Francisco Umbral. Aun cuando la mayoría de los artículos sean independientes, en cuatro ocasiones compone series de dos (por ejemplo, cito solo un ejemplo, “Aquí no cabe ningún Marx” y “Tampoco caben Chaplin ni Keaton”), pero en el caso de los cuentos, es ahora, en el libro, cuando podemos seguir mejor el relato de los sucesos, inacabado por el fallecimiento del autor.

Decía que se muestra muy crítico tanto con los políticos españoles, de todas las ideologías, como con los principales gobernantes del resto de mundo, con Trump y Putin a la cabeza. El que Marías se defina de izquierdas no le impide cuestionar a Podemos, ni tampoco al PSOE, sobre todo por sus pactos con los nacionalistas catalanes (los independentistas se llevan los mayores varapalos) y vascos (con Otegi a la cabeza), y por sus alianzas con Podemos. El caso es que cuando hace pronósticos, no siempre acierta, como cuando dice, sobre unas futuras elecciones, que “Illa no podría ganar nada”. Pero lo importante es que varios de los políticos que critica hayan dejado de tener protagonismo en la vida española y en la internacional. En “Arrepentimiento simultáneo”, publicado en mayo del 2021, quizás el artículo con una mayor carga política, se explaya contra el PP (“al PP no lo votaré jamás”, p. 54), Vox, Podemos (“Podemos, simétrica con Vox”, p. 55) y el PSOE. Sobre este último, afirma que “votar hoy al PSOE equivale a votar a gente sin crédito y a meter en la gobernación de Madrid a los señoritos podemitas, Marx no lo tolere” (p. 56). Los reproches que les hace, en diversos artículos del libro, son numerosos y están bien fundamentados. Denuncia, además, la incapacidad de los electores al “no ver, no descifrar, no reconocer con claridad al otro”; tema tratado también en sus novelas.

Si tuviera que escoger algunos de estos trabajos (ante las recopilaciones, creo que el crítico está obligado a decantarse por una selección de las piezas que las componen), optaría por “Críticas y premios”, centrado en el cine y la literatura; o “Cine para ver mejor”, en el que se pregunta por qué fascinaron a las masas políticos tan ridículos como Hitler, Putin y otros, sin que falten los nuestros; mientras que en “Perrerías póstumas” confiesa que no cree en la posteridad, para cuestionar, asimismo, el paso de las obras literarias al dominio público, asunto del que también se había ocupado ya, para que se aprovechen de los derechos los versionadores y adaptadores de turno; en ocasiones, destrozando las obras, como en el caso que comenta de una versión de Otelo; “Mala índole” es un alegato en favor de los exiliados republicanos, ante unas desafortunadas declaraciones de Pablo Iglesias, que los igualaba con Puigdemont, opinión que Muñoz Molina ha calificado –con razón– de “vileza”; en “Aún lejos de mil” traza un balance de sus artículos en la prensa, y nos recuerda que Mano de sombra (1997) fue la primera recopilación de sus artículos; y “Día y noche, noche y día” nos habla de la casa de su padre, el filósofo Julián Marías, en la que él también vivió. No menos significativo resulta –aunque no estuviera previsto por Marías– que el libro se cierre con un elogio de la traducción literaria, “El más verdadero amor al arte”, en la que tanto empeño había puesto y tan buenos resultados había obtenido. 

Landero destilado

Las opiniones poco complacientes que aparecen en el libro (se cura en salud: “a estas alturas creo haberme ganado cierto derecho a la arbitrariedad, a las manías y al enfurruñamiento que tanto ofende a algunos”, p. 121), adquieren relieve en lo que señala en el artículo titulado “Los versos de mírame y no me toques”, que concluye diciendo: “no le veo sentido a escribir en prensa para no decir la verdad, o sólo para lo que tantos y tantas escriben: justamente, quedar bien” (p. 44); “siempre he escrito lo que pensaba y no lo que `quedaba bien´” (p. 122). O, añado yo, para cumplir con el papel que se les ha asignado, como –digamos– portavoces de un grupo social o ideología, de una tendencia, moda o minoría.

Siempre me han gustado las cubiertas de los libros de Marías, aunque, en esta ocasión, no ha debido de elegirla él, se mantiene en la misma línea de acierto que las anteriores. Se dice que el cuadro del pintor danés C.W. Eckersberg (“Vistas, a través de una puerta, de figuras en relieve”) procede del Statens Museum for Kunst, pero no se dice que se trata de la Galería Nacional de Dinamarca, en Copenhague. Javier Marías, que tenía una veta tiquismiquis, seguro que lo hubiera precisado. La publicación de estos últimos artículos, son veintitrés los libros de este género, la posibilidad de seguir leyéndolo, es un consuelo para quienes tanto admiramos su obra narrativa y ensayística.

*Fernando Valls es catedrático de Literatura española y crítico literario. 

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