María Jesús Montero: carne de meme

El 17 de mayo se celebrarán las próximas elecciones en Andalucía. Como dijimos la semana pasada, Juan Manuel Moreno Bonilla encendió el fuego de San Telmo y dio por concluidos los caucus de la derecha en Extremadura, Aragón y Castilla y León. En ese proceso, Feijóo fue capturado por Vox en dos de las tres primarias celebradas. Siria entró en Soria y después Trump dejó de cotizar en el complejo España. 

Las andaluzas de mayo y las municipales que se disputen un año después son otra cosa: conforman un díptico político unido, sólo separado por un prolongado espacio de tiempo, un año de teórico mutismo electoral. Pero sendos procesos constituyen los prolegómenos de unas generales que apuntan hacia julio de 2027. Hasta qué punto la política del Madrid D.F. y el Washington D.C. reverberarán en las elecciones andaluzas es algo que comenzaremos a conocer a partir de esta semana.

Moreno ha perfilado una Andalucía convertida en refugio del viejo mundo. Su atractivo no es otro que la prudencia, las reglas, el derecho y la certeza. En la guerra cognitiva, España es un territorio donde han combatido, hasta el momento, dos conceptos: autoridad y regularidad. No obstante, conviene tener en cuenta que la estabilización de Vox se enfrenta a la estabilidad del PP del Sur, y entre ambos ocupan la mayor parte del espacio político. 

El presidente andaluz busca repetir otra mayoría absoluta. Si ampliamos ese marco, lo mismo se puede predicar entre ese Sur estable y el convulso Madrid D.F. El jefe del gobierno andaluz ha levantado una barrera contra la lógica perversa, violenta y nihilista que se ha instalado en la comunidad gobernada por Ayuso, con singular crudeza en el tejido de la espesura digital y la era de Trump, donde se ha instalado la idea tan absurda como comúnmente aceptada de que el poder político y económico justifica la hostilidad y el desprecio

En el marco de la guerra cognitiva, la campaña de los socialistas en Andalucía expresa, por el momento, una narrativa frustrada

María Jesús Montero, en la penumbra. Conviene, pues, situar las piezas que componen este tablero de ajedrez. Moreno puede aniquilar a Montero más allá de las autonomías si se comprueba que el PSOE pierde primero más diputados regionales (hasta dos) y desaparece en más ayuntamientos y gobiernos regionales un año después. Hasta la fecha, resulta muy difícil atisbar una estrategia en el PSOE andaluz que le permita contraatacar la estabilidad de Moreno y la autoridad de Abascal. Dicho de un modo más crudo: en la guerra cognitiva que se juega en Andalucía, Montero corre el serio riesgo de convertirse en carne de meme.

Sabemos todo lo que el PSOE es capaz de aglutinar en España en torno al NO –‘no es no’ y ‘no a la guerra’ pueden ser dos buenos ejemplos–, pero aún queda por saber qué es capaz de movilizar Montero en torno al SÍ en las ocho provincias andaluzas. En el marco de la guerra cognitiva, la campaña de los socialistas en Andalucía expresa, por el momento, una narrativa frustrada, quizá porque estas elecciones son un acto de decantación de nuevos liderazgos que no presenta aún ningún papel protagonista en la izquierda, presa de la hegemonía de Pedro Sánchez. Mientras tanto, el presidente del Gobierno logra emitir señales nuevas. Ha vuelto a mudar de piel al nombrar al primer ministro de Hacienda plurinacional: Arcadi España. Es un mensaje importante pero alejado del Sur. Nos dice que Valencia importa.  En Compromís también lo saben, y Mónica Oltra podría disputar la alcaldía de Valencia a Pilar Bernabé. Toda vida es un proceso imparable de deterioro que los físicos denominan entropía. El desorden prevalece y la política es un buen escaparate de las escalas de una decadencia. Por lo tanto, separada la mena de la ganga, el espacio de María Jesús Montero en estas elecciones corre el riesgo de ser capturado en ese imparable camino hacia la disolución de la armonía.

A su izquierda, la red que teje la izquierda es débil, articulada en torno a tres ménades exaltadas en el exilio de la penumbra parlamentaria: Podemos, Adelante Andalucía y Por Andalucía. Antonio Maíllo y la ínclita Izquierda Unida pondrán en valor su veteranía, que les ha permitido verlas de todos los colores desde el ‘no a la OTAN’ hasta hoy. Los de Ione Belarra se integrarán en sus listas, lo que no deja de ser otra forma de apagar los rescoldos políticos que aún perviven del viejo ciclo Podemos en España. Pablo Iglesias ya ha comunicado su decepción. Hace tiempo que se terminaron los botellines. Un nuevo pacto estatal requerirá algo más que buenas intenciones.

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