La venganza no buscada de Podemos

Víctor González Laria

La situación de acoso judicial que vive el PSOE está íntimamente ligada a la rivalidad y la desconfianza personal entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, así como a su incapacidad para construir una alianza duradera y verdaderamente genuina. Me explico. Sánchez e Iglesias siempre se han mirado de reojo y se han tratado con una rivalidad indisimulada. Sánchez no apoyó a Podemos cuando esta formación fue atacada de manera inmisericorde por parte de la ultraderecha mediática y judicial. Miró para otro lado suponiendo que la ofensiva ultra jamás alcanzaría al PSOE. La creación de un gobierno de coalición progresista en la primera legislatura de Sánchez fue el resultado de una absoluta necesidad más que de un convencimiento real. Solo la repetición de elecciones y la imposibilidad de un acuerdo con Ciudadanos posibilitó un acuerdo con Podemos como segunda opción. En aquella primera legislatura el PSOE se embarcó en una negociación con el PP para renovar el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), e incapaz de llegar a un acuerdo, rechazó el ofrecimiento de Podemos para consensuar una mayoría de vocales progresistas. El acuerdo de renovación tuvo que esperar a la segunda legislatura en la que ya era mucho más difícil un consenso de mayoría progresista. El PSOE, da la impresión que por agotamiento más que otra cosa, entregó el control real del CGPJ al PP.

El CGPJ ya ha dado muestras más que suficientes de que se va a mantener al margen y va a dejar a los jueces vía libre para instruir y juzgar a su aire

Ese error estratégico ha sido el mayor error del PSOE en estos ocho años y la causa de que ahora el partido del Gobierno esté contra las cuerdas. Sin un control real de la labor de los jueces por parte del Consejo, estos tuvieron y tienen las manos libres para actuar con total impunidad, pues nadie va a fiscalizar sus actuaciones. El CGPJ ya ha dado muestras más que suficientes de que se va a mantener al margen y va a dejar a los jueces vía libre para instruir y juzgar a su aire, independientemente de que su actuación sea claramente prevaricadora. ¡Y anda que no lo están haciendo! ¿O alguien cree que, si hubiera un CGPJ progresista, se seguiría instruyendo la causa contra Begoña Gómez o contra el hermano del presidente? ¿Se hubiera condenado al fiscal general si el CGPJ hubiera controlado la labor del señor Marchena y su mafia judicial? ¿Se estaría ahora instruyendo una causa contra Zapatero? Todos sabemos que ninguno de estos dislates estaría ocurriendo. Y todo ello deriva de un hecho muy sencillo: la rivalidad y la falta de confianza entre dos líderes de partidos “hermanos”, incapaces de poner por delante los intereses del país a los suyos propios.

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Víctor González Laria es socio de infoLibre.

Víctor González Laria

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