Agua, tiempo y libertad

El agua en muchas partes del mundo es un elemento tan cotidiano que muchas veces se da por sentado su acceso. Se abre un grifo y fluye, sin pensar en cuántas vidas aún dependen de largos viajes diarios a fuentes lejanas, sin grifo ni garantía de potabilidad.

En un contexto de crisis climática y creciente presión sobre los recursos hídricos, el acceso al agua segura se ha convertido en uno de los grandes desafíos sociales y ambientales de nuestro tiempo. Según la ONU, alrededor de 1.800 millones de personas en el mundo no tienen acceso a agua potable segura en sus hogares, y en dos de cada tres hogares son las mujeres quienes asumen la mayor parte de su recolección. En esas condiciones, se estima que juntas dedican 250 millones de horas a buscar agua cada día en países donde no están garantizados ni el acceso al agua ni servicios sanitarios adecuados. Es más del triple del tiempo que dedican hombres y niños a esta tarea.

Cuando el agua deja de ubicarse a kilómetros de distancia y entra por una tubería o una fuente más cercana, se libera tiempo, mejora la salud y surgen nuevas oportunidades

Para quienes viven esta realidad, el acceso seguro al agua no es solo una mejora técnica: es un cambio en el orden de sus vidas. Cuando el agua deja de ubicarse a kilómetros de distancia y entra por una tubería o una fuente más cercana, se libera tiempo, mejora la salud y surgen nuevas oportunidades.

Las horas que antes se invertían en caminar para llenar bidones se convierten en horas para estudiar, trabajar, emprender o simplemente descansar. Las mujeres dejan de exponerse a riesgos físicos y de seguridad —en muchos contextos, caminar largas distancias las hace vulnerables a agresiones— y cuentan con agua más limpia y adecuada para la higiene y la alimentación, reduciendo enfermedades vinculadas al agua contaminada.

En Ayuda en Acción conocemos bien esta realidad gracias a los proyectos que desarrollamos, especialmente en comunidades rurales. Por eso, en 2025, nuestras iniciativas permitieron que más de 70.000 personas accedieran por primera vez a agua potable segura: aproximadamente 25.000 en América Latina y 45.000 en África. La mitad de ellas son mujeres, que ahora no solo utilizan el agua, sino que también participan en su gestión y, en muchos casos, se han convertido en lideresas de sus comunidades.

Son mujeres como Carmen, de Azuay, Ecuador. En su localidad, hoy es presidenta de la junta de agua y lidera la gestión de los sistemas de agua potable. Gracias a la formación que recibe en la Escuela Nacional del Agua, Carmen y otras mujeres administran los sistemas, planifican el uso sostenible del recurso y lideran iniciativas ambientales, como la protección de páramos y fuentes hídricas.

Benedita Manuel, de 48 años, es agricultora y vive en el barrio Ntuttu, zona A, en el distrito de Ancuabe (Mozambique). Antes de la intervención de Ayuda en Acción, su barrio no contaba con ningún pozo de agua. Las únicas fuentes disponibles eran las aguas de los arroyos, lo que la obligaba a caminar durante horas para encontrar fuentes seguras. Además de la distancia, tenía que enfrentarse a largas filas y a mucha competencia por el agua. Con la apertura de un pozo en la comunidad, la distancia para recoger agua potable se redujo significativamente. Ahora Benedita tiene mayor acceso a agua segura, lo que ha reducido los casos de enfermedades en su familia. El tiempo que antes dedicaba a buscar agua ahora lo emplea en actividades generadoras de ingresos, mejorando así su calidad de vida.

Sus historias muestran que el acceso al agua no solo resuelve una necesidad básica. También transforma el papel de las mujeres en sus comunidades. Cuando el agua llega cerca de casa, se liberan horas, se abren oportunidades y muchas mujeres pasan de ser quienes cargan el agua a ser quienes lideran su gestión.

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Andrés Oleas es especialista en Gestión Social y Ambiental del Agua de Ayuda en Acción Ecuador.

El agua en muchas partes del mundo es un elemento tan cotidiano que muchas veces se da por sentado su acceso. Se abre un grifo y fluye, sin pensar en cuántas vidas aún dependen de largos viajes diarios a fuentes lejanas, sin grifo ni garantía de potabilidad.

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