Viajar con Trump
Como si fuera una excursión del cole. Trump se ha llevado a China a los poderosos empresarios del sector tecnológico y bancario. Y no se los ha llevado como “caballeros de compañía”. Se los ha llevado para hacer lo que mejor sabe hacer Trump y que nunca ha dejado de hacer, ni siquiera cuando ocupa el despacho oval de la Casa Blanca: negocios.
En ese grupito de elegidos, también están su hijo y su nuera. Y tampoco van como comparsa de un séquito, que también eso le gusta a Trump, tener un grupo de cortesanos a su alrededor, como un buen monarca, como el rey que se cree que es. Se lo ha llevado para que su hijo también cierre jugosos contratos con el gigante chino.
Oficialmente es para estrechar lazos comerciales pero la imagen dice mucho de cómo ve Estados Unidos a su eterno rival, China. Esa guerra por saber quién era el motor del mundo, quién era el líder económico, hace ya tiempo que la ganó China. Su economía sigue creciendo, sus empresas siguen siendo vanguardia en muchos sectores y se han convertido en el socio fiable que todos quieren cuando van a hacer negocios.
Prefiere llenar la cuenta de resultados de los suyos y su entorno a ganar la batalla por el relato
Y aunque eso deja en mal lugar a Estados Unidos y a la política de Trump, a él no le importa. Prefiere llenar la cuenta de resultados de los suyos y su entorno a ganar la batalla por el relato.
Y ahí hemos visto a Elon Musk, sin soltar el teléfono en ningún momento, ni cuando se bajó del avión, en la cena oficial de anoche, grabándolo todo como si se quisiera llevar un recuerdo gráfico de esa magnífica excursión que le ha preparado Daddy, como le llama Mark Rutte a Trump.
Los ricos han ido a China a seguir siendo ricos o, incluso, a poder ser, un poco más ricos. Y Trump ha ido a China a ver si se lleva un pellizco de todo eso y marcarse una gira con la que distraer a la opinión pública sobre el desastre de la guerra de Irán y de la subida de precios que están sufriendo los estadounidenses, justo lo contrario de lo que les prometió, que las cosas irían mucho mejor con él, que él sabía cómo manejar la economía y poner a América por delante de cualquier otro interés… ¿incluidos los suyos?
La megalomanía de Trump le ha arrastrado a buscar eso a lo que todos los poderosos aspiran, pasar a la historia. Él lo intentó con el Nobel de la Paz. Luego con anexionarse países como nuevos estados, el sueño de Groenlandia sigue ahí, aunque no hablemos de ello, y lo mismo pasa con Canadá.
Pero en ese intento de ser eterno se está enredando demasiado. Y nos está arrastrando a todos. Lo digo para que no se nos olvide. Que, a veces, parece que sí.
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