El destrozo de la IA

Todo lo que nos dijeron que iba a pasar de aquí a un tiempo está pasando ya, mucho antes de lo previsto. La revolución que la inteligencia artificial iba a traer se ha materializado. Cada vez más, escuchamos cómo procesos que antes nos exigían horas de trabajo, de consulta de documentos, de pagar a especialistas, la IA lo ha solventado, en apenas minutos y sin cobrar. Y lo que parece una ayuda se ha acabado convirtiendo en una amenaza. Hay puestos de trabajo que empiezan a ser prescindibles y las empresas ya lo saben.

Sólo en el sector tecnológico y sólo en nuestro país, en un año se han dejado de contratar 40 mil puestos de trabajo. Precisamente los que más ayudaron al desarrollo de la IA son los primeros perjudicados por esa supereficacia de la IA. Y no serán los únicos. Esto no ha hecho más que empezar. Muchos consultores empiezan a temblar. Las Big Four saben que pueden ahorrarse cientos de puestos de trabajo porque la IA lo puede hacer más rápido, con menos procesos y mucho más efectivo. Se ahorran tiempo y se ahorran dinero. Y eso, en empresas en las que el beneficio está por encima de todo, es oro puro. ¿Para qué pagar sueldos de consultores que llevan años si me lo puedo ahorrar? Por mucho que nos digan que hay que saber interpretar los datos, por mucho que se intente defender que la profesionalidad y la experiencia humana siguen siendo necesarias, la realidad nos va demostrando que no.

Habrá que repensar las profesiones, los empleos, las estructuras de las empresas. Todos los que se queden sin trabajo porque la IA lo hace mejor y más rápido, ¿a qué se van a dedicar?

Y esto es sólo un ejemplo. Hay cientos de puestos amenazados. Y, precisamente ahora, cuando muchos chavales están decidiendo qué van a estudiar, yo, en su lugar, miraría bien en qué carrera me embarco. Porque en 4 ó 5 años, el tiempo que tardarán en salir al mercado laboral, puede que lo que estudien esté obsoleto. Leía un ranking de esas carreras que empezarán a ser prescindibles con la evolución de la IA y asustaba comprender el número de chicos y chicas que van a tirar tiempo y dinero estudiando carreras que, en muy poquitos años, van a ser un objeto decorativo porque la IA podrá hacer ese mismo trabajo con más “experiencia” (recordemos que aprende según va avanzando) y con más recursos, todas las bases de datos a las que puede acceder.

Y esto nos lleva a otro gran problema: ¿cómo vamos a sustentar el sistema si cada vez necesitamos más mano de obra porque la IA hace lo suyo y lo de 10 como él o ella? ¿Habrá que empezar a pensar en cotizaciones por sistemas inteligentes? Eso podría solucionar parte del problema pero no todo. Habrá que repensar las profesiones, los empleos, las estructuras de las empresas. Todos los que se queden sin trabajo porque la IA lo hace mejor y más rápido, ¿a qué se van a dedicar? En el caso de los que están a punto de empezar una carrera parece, o se puede presuponer, que pueden tener una mejor adaptación, incluso están a tiempo de reconducir su futuro, pero ¿qué pasa con los mayores de 45-50 años? Nadie va a invertir en su “reciclaje” laboral. Dependerá exclusivamente de ellos poder reengancharse al mercado laboral con otro tipo de habilidades que hagan atractiva su contratación. Y sólo los que puedan costearse ese “reciclaje” lo podrán hacer y ni siquiera eso les garantizará un nuevo trabajo, un nuevo empleo.

El futuro ya está aquí y, con él, todos los riesgos con los que amenazaba ese horizonte lejano. El problema es que está llegando mucho antes de lo que esperábamos y que, como siempre, nadie ha hecho nada para preparar un plan B frente a este tsunami.

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