Desilusión a la izquierda del PSOE

Ángel Viviente Core

No se está hablando lo suficiente, o tal vez tan solo de pasada, de los grandes problemas de la ciudadanía: de la pérdida del poder adquisitivo, del trabajo precario, de la vivienda, de las dificultades de la juventud para alcanzar una vida digna, de la sanidad, del cuidado de la infancia y de los mayores, de los inmigrantes, del auge de la derecha en la juventud y, sobre todo, no se está haciendo una autocrítica profunda de lo que se ha podido hacer mal en el pasado en los espacios a la izquierda del PSOE, algo que debería ser el punto de partida para no repetir errores.

Lo que se percibe es echar balones fuera y culpar a los otros, impregnado todo ello de viejos rencores: "tú me hiciste, yo te hice". Palabras que provocan hartazgo en muchos que lo escuchan y que, si bien para los que las pronuncian son importantes, se olvidan de que para mucha gente esas disputas les son ajenas y lejanas. Es mirarse el ombligo y no mirar para afuera. Todo ello, a sus posibles votantes les trae sin cuidado, con la que está cayendo y les puede caer.

Lo que se ve, lejos de una acción real, reparadora e ilusionante, es un reparto de cromos que tan solo satisface a los posibles e hipotéticos beneficiarios

De lo que se habla es de quién debe liderar los procesos de unidad, del reparto de circunscripciones, de posiciones en las listas, asumiendo que con este teatro la gente los va a votar y dando por hecho porcentajes del pasado que se pueden quedar en la nada o en la marginalidad. Es como montar un castillo de naipes sin una base real y profunda.

¿Y creen que esas discusiones pueden ilusionar a la gente? Lo que se ve, lejos de una acción real, reparadora e ilusionante, es un reparto de cromos que tan solo satisface a los posibles e hipotéticos beneficiarios. Gran cosa es para ellos pasar de uno a dos diputados, cuando para la futura práctica transformadora eso es totalmente irrelevante.

El votante de la izquierda del PSOE quiere realidades y quiere unas acciones que ilusionen, movilicen y atraigan y, si no, muchos preferirán o tirar el voto en la abstención o entregarlo al mal menor para que su voto no se pierda, como lo ocurrido en CyL.

Lo que debería verse es generosidad y una intención real de unidad, olvidándose de disputas del pasado, ha de verse honradez en las posiciones, ha de verse que el reparto de cromos es lo último de lo que debería hablarse, porque, entiéndanlo, señores, al ciudadano le importa un bledo quién esté aquí o allá, lo que le importa es que la unidad real se plasme en un proyecto político claro y definido, con unos pocos puntos básicos que ilusionen y sean aceptados por todos y se construyan los mecanismos necesarios para sacarlos adelante y que la gente los apoye y sepa lo que vota, no a quién vota, que es un tema posterior y de menor calado.

Los procesos históricos del pasado de generación de frentes populares, en diferentes épocas y países, nacieron con unas premisas claras y eso debe aportar enseñanzas, que parece nadie quiere retomar. Esas enseñanzas, matizadas con las condiciones actuales, deberían ser la base y el principio del trabajo.

Esas enseñanzas nos dicen que se precisa asumir que las fuerzas que compongan ese proceso unitario no ejerzan ningún papel preponderante en su gestación. Participan, pero no deciden, es la ciudadanía la que toma decisiones y elige a quienes la representarán, en un proceso bien definido y transparente, posterior a un acuerdo programático común.

Pero no se está hablando de todo esto, no, de lo que se habla es de liderazgos. El mensaje que se trasmite es el de una lucha de poder sin más, con independencia del interés general de ese espacio común. Se está construyendo la casa empezando por el tejado.

El hartazgo de esta izquierda, o como se le quiera llamar, pone los pelos de punta y lo que se está generando con esta dinámica es desilusión, mucha desilusión.

Pongámonos a ello. Todavía hay tiempo.

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Ángel Viviente Core es miembro de la Sociedad de Amigos de infoLibre.

No se está hablando lo suficiente, o tal vez tan solo de pasada, de los grandes problemas de la ciudadanía: de la pérdida del poder adquisitivo, del trabajo precario, de la vivienda, de las dificultades de la juventud para alcanzar una vida digna, de la sanidad, del cuidado de la infancia y de los mayores, de los inmigrantes, del auge de la derecha en la juventud y, sobre todo, no se está haciendo una autocrítica profunda de lo que se ha podido hacer mal en el pasado en los espacios a la izquierda del PSOE, algo que debería ser el punto de partida para no repetir errores.