La geopolítica actual ya no trata de acuerdos de paz, ni de instituciones supranacionales para el cuidado de la población. Pura presión y poder de negociación: así es como funcionan los acuerdos internacionales ahora. La noticia saltó la semana pasada, cuando Washington y Nueva Delhi firmaron su acuerdo comercial. A priori solo comercial, pero nada más lejos de la realidad. Se trata de un ataque directo a Rusia, eliminando por entero cualquier posibilidad de venta de crudo ruso a refinerías ubicadas en la India.
El pacto anunciado por Trump, caracterizado principalmente por una reducción de aranceles a productos indios del 50% al 18% a cambio de cerrar el grifo del petróleo ruso, es la maniobra perfecta para dañar a la principal fuente de financiación del Kremlin: su petróleo. Para Putin, India no era un simple cliente, era la máquina de ventilación que mantenía vivo a un cuerpo malherido tras el portazo europeo a su gas natural.
India era la protagonista de más del 30% de las exportaciones rusas, llegando a recibir en torno a los 2,2 millones de barriles diarios. Ahora se espera que esto cambie de inmediato, haciendo que Nueva Delhi cierre totalmente la puerta a Moscú. La consecuencia es clara: si Moscú deja de ser un socio estratégico de la India, ¿ahora qué destino van a coger esos dos millones de barriles que cada día iban a puertos indios?
De seguro, esa cantidad de petróleo no va a desaparecer de la noche a la mañana. No esperemos que las grandes petroleras rusas dejen de producir, si bien es cierto que este asunto les va a suponer reestructurar su estrategia, no ya de producción, sino más bien de exportación y logística. ¿Qué país nos queda en el terreno geopolítico que pueda verse beneficiado de esto? Como en Casablanca, “siempre nos quedará China”. El gigante asiático debe de estar ya trazando su estrategia para exigir descuentos masivos y así conseguir petróleo barato, aprovechando el ahora maltrecho petróleo ruso. ¿La logística? Sencilla: echarán mano de su shadow fleet –su flota de petroleros en la sombra– para reconfigurar las rutas de exportación hacia los puertos chinos.
India acepta pagar una multa millonaria y sacrificar el acceso a energía barata con el fin de evitar un castigo comercial mayor
Volvamos a la India, poniéndonos en la piel del primer ministro Modi. Si le cierro el grifo a Rusia, ¿ahora de dónde saco los millones de barriles para hacer crecer al país con mayor población del mundo? Aquí entra nuestro amigo Trump y su jugada maestra (a la par que arriesgada, por cierto). Para convencer a Modi, quien se ha comprometido a comprar productos estadounidenses valorados en 500.000 millones de dólares, Washington le ha asegurado un sustituto al petróleo ruso: Venezuela.
Y aquí es donde discrepo particularmente. La Casa Blanca está vendiendo la piel del oso antes de cazarlo. Han cazado a Maduro, sí. Pero la industria petrolera en Venezuela está lejos (muy lejos) de poder afrontar la demanda energética de la India, la cual se estima en 6,64 millones de barriles diarios para el 2030. Es sencillamente inviable. India demanda más petróleo a Rusia en la actualidad que lo que Venezuela es capaz de exportar en este momento (800.000 barriles diarios). Pretender llenar el vacío que deja Rusia con las promesas de una industria en ruinas es un acto de fe que las refinerías indias, creo, no han meditado especialmente bien.
Lo que estamos presenciando es una reconfiguración forzosa del mapa geopolítico y energético. India acepta pagar una multa millonaria y sacrificar el acceso a energía barata con el fin de evitar un castigo comercial mayor. Pero mientras tanto no puede quedarse de brazos cruzados esperando a que la industria venezolana resucite de sus cenizas. Entiendo que volverá a girar la mirada al Golfo Pérsico, o a contentarse con el shale oil americano a precios mucho más caros que los descontados por las sanciones a Rusia.
Trump ha dado a India un regalo envenenado con el fin de quitarse de encima a Moscú y presionarla financieramente. Moscú se queda sin dinero, India sin sus descuentos en petróleo y, mientras tanto, el mundo observa cómo Trump sigue haciendo y deshaciendo a su antojo. Difícil situación, sin duda.
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Antonio Jesús García-Amate es profesor de finanzas en la Universidad Pública de Navarra (UPNA) e investiga sobre energías renovables y gas.
La geopolítica actual ya no trata de acuerdos de paz, ni de instituciones supranacionales para el cuidado de la población. Pura presión y poder de negociación: así es como funcionan los acuerdos internacionales ahora. La noticia saltó la semana pasada, cuando Washington y Nueva Delhi firmaron su acuerdo comercial. A priori solo comercial, pero nada más lejos de la realidad. Se trata de un ataque directo a Rusia, eliminando por entero cualquier posibilidad de venta de crudo ruso a refinerías ubicadas en la India.