La mala estrella de Hu Chunhua

Cuando, en 2012, Xi Jinping fue elegido secretario general del PCCh, dos figuras emergían a diez años vista como relevo “natural” en virtud del proceso informal de la sucesión denguista: Sun Zhengcai y Hu Chunhua. Sin embargo, esa línea de sucesión naufragó abruptamente.

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Sun Zhengcai, víctima de la corrupción

La caída de Sun Zhengcai (1963) constituyó uno de los episodios políticos más significativos de la China de Xi Jinping en la antesala del XIX Congreso del PCCh (2017). Considerado durante años como una de las figuras más prometedoras de la llamada “sexta generación” de dirigentes, Sun había desarrollado una carrera meteórica: ministro de Agricultura, secretario provincial en Jilin y, posteriormente, máximo dirigente del Partido en Chongqing, un puesto de enorme visibilidad política tras el caso de Bo Xilai. Su relativa juventud, perfil tecnocrático y rápida promoción alimentaron durante años las especulaciones sobre una eventual incorporación al núcleo dirigente supremo.

Sin embargo, en julio de 2017 fue abruptamente destituido y sometido a investigación disciplinaria. Meses después sería expulsado del Partido y condenado por corrupción, acusado de aceptar sobornos millonarios. Formalmente, su caída se presentó como una nueva demostración de la campaña anticorrupción impulsada por Xi Jinping. No obstante, resultó difícil desvincular el caso de la lógica de la lucha política interna. Sun no era únicamente un dirigente corrupto sino también un cuadro asociado a redes clientelares vinculadas a etapas anteriores y potencialmente situado fuera del círculo de confianza de Xi.

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La corrupción funcionó así no sólo como causa jurídica sino también como instrumento de disciplinamiento político y recentralización del poder. Y con su caso, Xi avisaba a navegantes: ningún liderazgo alternativo, ni siquiera potencial, quedaría al margen de la reconfiguración del sistema político. Su caída marcó además el final de las expectativas asociadas a una sucesión más o menos institucionalizada y confirmó la progresiva concentración del poder personal en torno al actual liderazgo chino.

Hu Chunhua, el heredero malogrado

Hu Chunhua (1963), sin embargo, siguió adelante con su carrera, considerándosele el representante más visible de la corriente asociada a la Liga de la Juventud Comunista (Tuanpai), vinculada políticamente a Hu Jintao y también al primer ministro Li Keqiang a quien, en cierto modo, estaba llamado a sustituir. Su trayectoria siguió el itinerario clásico de los cuadros jóvenes promovidos desde la Liga: comenzó en Hebei, desarrolló buena parte de su carrera en el Tíbet —donde llegó a ser el dirigente más joven de una región autónoma china— y posteriormente fue transferido a Mongolia Interior como secretario del Partido. Más tarde asumiría la dirección de Guangdong, una de las provincias económicamente más estratégicas del país.

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Su gestión en Guangdong consolidó su reputación como dirigente eficaz y pragmático. Allí combinó crecimiento económico, gestión relativamente estable de conflictos sociales y adaptación a las prioridades centrales de modernización. Su desempeño impresionó a las autoridades centrales e incluso fue públicamente elogiado por Xi Jinping. Entre 2012 y 2022 fue miembro del Buró Político y, en 2018, fue nombrado viceprimer ministro en el gobierno de Li Keqiang, ocupándose especialmente de la reducción de la pobreza, la modernización agrícola y proyectos ligados a la Iniciativa de la Franja y la Ruta.

Durante años, Hu Chunhua fue considerado un posible heredero político, en buena medida por las similitudes de su carrera con las de Hu Jintao y Li Keqiang, con origen en la Liga Juvenil, ascenso provincial, perfil tecnocrático y relativa juventud. Hubo fuertes especulaciones sobre su incorporación al Comité Permanente del Buró Político tanto en 2017 como en 2022. Sin embargo, ninguna de ellas se materializó.

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El XX Congreso del PCCh, celebrado en octubre de 2022, marcó el final de esas expectativas. Aunque con apenas 59 años seguía siendo uno de los dirigentes más jóvenes y con mejor perfil administrativo de la élite china, fue apartado sin miramientos y relegado a posiciones institucionales secundarias en la Conferencia Consultiva Política del Pueblo Chino. Su desplazamiento coincidió además con la simbólica salida a trompicones de Hu Jintao del plenario final del Congreso, una imagen que ha quedado para la historia. A diferencia de otros dirigentes marginados, Hu Chunhua no fue acusado de corrupción ni sometido a campañas disciplinarias. Su exclusión respondió más bien a la progresiva concentración de poder en torno a Xi Jinping y al debilitamiento sistemático de las redes políticas alternativas, especialmente las asociadas a la Liga de la Juventud Comunista.

Una promoción no solo meritocrática

El caso de Hu Chunhua ilustra además un cambio importante en la lógica de promoción política de la China contemporánea. Durante décadas, el sistema chino proyectó hacia dentro y hacia fuera una cierta imagen meritocrática, alabando la experiencia provincial, capacidad de gestión, resultados económicos y trayectoria administrativa como los principales criterios de ascenso. Hu Chunhua reunía prácticamente todos esos atributos, con formación tecnocrática, experiencia en regiones complejas como el Tíbet y Mongolia Interior, gestión exitosa en Guangdong y una carrera ascendente sostenida dentro del aparato.

Sin embargo, su estancamiento político mostró que, en la China de Xi Jinping, la meritocracia por sí sola ya no resulta suficiente. El alineamiento político, la lealtad personal y la pertenencia al círculo de confianza del liderazgo se han convertido en activos decisivos para acceder a las posiciones superiores del poder. Más que premiar únicamente la competencia administrativa o los resultados de gestión, el sistema prioriza cada vez más la fiabilidad política y la adhesión al núcleo dirigente.

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Más que premiar únicamente la competencia administrativa o los resultados de gestión, el sistema prioriza cada vez más la fiabilidad política y la adhesión al núcleo dirigente

En este sentido, la marginación de Hu Chunhua tuvo un fuerte valor simbólico al evidenciar que incluso un dirigente joven, competente y con una trayectoria aparentemente ejemplar podía quedar excluido del núcleo del poder si no formaba parte del entramado político de confianza construido en torno a Xi Jinping.

¿Otra China con Hu Chunhua?

La hipótesis de un Hu Chunhua convertido en primer ministro ha alimentado numerosas especulaciones sobre la posibilidad de una orientación más tecnocrática, pragmática o incluso relativamente aperturista en la gestión económica china. Su perfil administrativo, su experiencia territorial y su vinculación a la tradición de la Liga de la Juventud Comunista parecían situarlo en una línea distinta a la representada por Li Qiang, mucho más identificado con la lógica de proximidad política a Xi Jinping.

Sin embargo, es probable que las diferencias reales hubieran sido menores de lo que a menudo se supone. La evolución del sistema político chino bajo Xi ha reducido considerablemente los márgenes de autonomía del primer ministro y del Consejo de Estado frente al núcleo dirigente del Partido. La experiencia de Li Keqiang resulta particularmente reveladora en este sentido. Aunque inicialmente se le asoció a enfoques más favorables a la liberalización económica y a la agenda reformista reflejada en el proyecto “China 2030”, elaborado junto al Banco Mundial, durante sus dos mandatos acabó desempeñando un papel cada vez más subordinado, sin capacidad efectiva para orientar estratégicamente la política económica del país.

El caso de Hu Chunhua probablemente habría seguido una lógica similar. Incluso ocupando la jefatura del gobierno, difícilmente habría alterado las grandes prioridades definidas por Xi Jinping, ya nos refiramos a la centralización política, primacía de la seguridad nacional, fortalecimiento del control del Partido y subordinación de la racionalidad económica a objetivos estratégicos más amplios. Más que una “otra China”, su eventual nombramiento quizá habría ofrecido matices de estilo o gestión, pero no una modificación sustancial del rumbo político general.

¿Recuperación?

Aunque Hu Chunhua conserva todavía su condición de miembro del Comité Central, no parece previsible una recuperación significativa de su figura en el XXI Congreso del PCCh previsto para 2027. Más bien al contrario, la evolución reciente del sistema político chino apunta en una dirección poco favorable a la rehabilitación de dirigentes asociados a equilibrios internos anteriores o a culturas políticas más próximas al consenso y a la dirección colectiva.

La lógica dominante en la China de Xi Jinping prioriza cada vez más el alineamiento absoluto con el núcleo dirigente, la disciplina política y la cohesión ideológica de las élites. En este contexto, perfiles como el de Hu Chunhua —aunque técnicamente competentes y políticamente prudentes— han perdido centralidad frente a cuadros definidos ante todo por su proximidad personal y política a Xi.

Ello se acentúa además en un momento en que China considera que afronta una etapa decisiva de aceleración de su modernización bajo fuertes presiones externas y crecientes desafíos estratégicos. Desde esa perspectiva, el liderazgo entiende que la consecución de objetivos tecnológicos, económicos y geopolíticos exige no sólo eficacia administrativa sino también un blindaje político sin fisuras en la cúspide del sistema. La pluralidad limitada, los equilibrios entre facciones o la coexistencia de sensibilidades internas distintas —rasgos que en cierta medida caracterizaron etapas anteriores— tienden así a ceder espacio ante una concepción mucho más centralizada y cohesionada del poder.

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Xulio Ríos es asesor emérito del Observatorio de la Política China.

Cuando, en 2012, Xi Jinping fue elegido secretario general del PCCh, dos figuras emergían a diez años vista como relevo “natural” en virtud del proceso informal de la sucesión denguista: Sun Zhengcai y Hu Chunhua. Sin embargo, esa línea de sucesión naufragó abruptamente.

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