En otra bravuconada más del rey payaso de este circo, Donald Trump ataca Irán para liberarlo, una nueva guerra preventiva para evitar la guerra, en otro ejercicio de ingeniería sociolingüística para controlar la narrativa. En el fondo, Furia épica, esa nueva guerra en Irán y el Líbano que se extiende por el mundo entero sumando muertos, es por el control de la energía y el petróleo, es la vieja guerra por el poder y el dinero. Y ya está. Trump, payaso rey y títere a la vez, apretado por Netanyahu, el Golem semítico, pide ayuda a Putin, el muñeco de hielo, para que no suban los precios de los mercados con el estrecho de Ormuz bloqueado. ¿Cuánto puede durar esta guerra y hasta dónde puede llegar? Cualquier atentado puede pasar en cualquier parte del mundo en cualquier momento. Moros y cristianos, enfrentados de nuevo. Las Fiestas de Alcoy en su verdadero origen dantesco. El nuevo ayatolá iraní –dure lo que dure– lleva el asesinato de su padre en su mandato. Y el odio sigue aumentando. ¿Y los otros bandos? Si Rusia calla es por llevarse tajada en Ucrania, y si China es moderada es por quedarse con Taiwán. En fin, con Trump, con un niño de 7 años a los mandos del videojuego mundial matando a los malos -el próximo Cuba quizá-, se puede esperar cualquier cosa. El miedo, la inseguridad y la incertidumbre siguen siendo los medios más usados de lavado de cerebro y de manipulación de masas. Y el personaje títere que representa Trump propicia todo esto como agente del caos.
La aventura en Oriente Medio de Trump, esa misión especial por el amigo Israel, sus secretos y su dinero, afecta al precio de los carburantes y con ello a todo el resto. Eso llega a tu bolsillo. La reciente liberación histórica de reservas de 400 millones de barriles de petróleo para contener los precios es sólo un parche temporal. La inflación, el turismo, la muerte de niños e inocentes, el dolor físico y el sufrimiento espiritual son para Trump pequeños sacrificios necesarios para la seguridad y la paz mundial en este incipiente Nuevo Orden Mundial, al que también Europa se tiene que adaptar como ya reconoce la presidenta de la Comisión Europea. La guerra no se termina, nunca se acabó, pero ahora con Trump se expande y se normaliza como espectáculo pop televisivo: la Casa Blanca enviando reels de Bob Esponja soltando misiles a Irán. La guerra con Trump se ha vuelto un meme, algo que copia deforme la realidad, queriendo hacer de lo macabro algo gracioso. O dicho de otro modo: porno rosa para menores mentales. La guerra ya no se argumenta o justifica, con Trump se alardea y se presume de ella. No, señor Trump, no “hemos ganado”. Está alucinando. En el fondo nadie gana en una guerra… Ya veremos cuando empiecen a llegar soldados en cajas a Norteamérica…
La guerra ya no se argumenta o justifica, con Trump se alardea y se presume de ella
¿Podría este Señor de la Guerra de inestable salud mental ser el próximo Nobel de la Paz? El que Trump quiera tanto el Nobel de la Paz no es sólo un ejemplo baladí de su narcisismo sociópata. El que lo haga a través de la guerra, y sobre todo que el resto del mundo lo aplauda y consienta, es un síntoma de la decadencia total de nuestra civilización y sus valores, y otro ejemplo más de la enfermedad terminal de nuestra vieja civilización occidental ante la gestación de una nueva ontología de la realidad. Pero detrás del escenario, tras el humo de distracción y las cortinas del decorado, está esa guerra más sutil entre las élites por el control de la narrativa de la agenda, está la lucha por el dominio del juego del lenguaje predominante en este naciente Nuevo Orden Mundial que surgirá tras el caos provocado por el personaje Trump.
Desde Sócrates hasta Wittgenstein, los mejores pensadores críticos nos han advertido del valor y el poder de las palabras. Pero ahora tenemos a un rey payaso octogenario que habla como un niño de 7 años. Trump reduce el lenguaje al mínimo y se adapta al ritmo de TikTok de mis alumnos y su generación digital con frases cortas y tontas (de zoquete que va de gracioso en clase por su falta de atención en casa), cambiando de tema cada 10 segundos cuando le haces preguntas directas y le encaras. Retórica básica y dual de buenos y malos, feos y guapos, moros y cristianos. Me gusta y no me gusta. Poco más. Alardear de no leer como hace Trump para acercarse a las clases trabajadoras es fruto de la ignorancia. Y es que aún sigue habiendo universidades y colegios públicos, como en el que trabajo yo como docente de secundaria. La ingeniería lingüística social es tan antigua como el mismo ser humano, es el arte de la persuasión y la manipulación a través de la magia y el juego de las palabras. Y son estos juegos del lenguaje de la narrativa oficial los que quieren definir nuestra forma de vida actual y la forma de ver nuestra realidad. Con Trump en el poder, el oxímoron en el lenguaje es institucional, dice una cosa y su contraria, y aquí no pasa nada. Y mientras las bombas caen, él baila…
Pero más allá del personaje que representa Trump, la idea de fondo aparece ya más obvia: si los juegos del lenguaje se empobrecen, las formas de vida también se estrechan y se pierden. Es otra forma de deshumanización por el olvido de lo que somos. Pero recuerda, querido lector, que aunque la ontología de nuestra realidad se encoja al tamaño de un eslogan, tu espíritu no cabe en un meme. En las aulas donde trabajo compito contra un scroll infinito por el tiempo de atención de mis alumnos. Los papeles de Epstein ya no forman parte de la narrativa actual, obviamente una guerra mundial requiere nuestra atención mucho más. La atención es selectiva pero también los milagros pasan todos los días: un simple cambio de percepción es posible a cada momento y eso puede cambiar una mente, y también un nuevo mundo naciente. Las bombas no caen sobre mapas, los muertos no son cifras, son seres humanos de carne y hueso tan inocentes e ignorantes como tú y como yo. ¿Cuánto cuesta esta guerra al mundo? ¿Y a nuestros bolsillos? ¿Es ésa la pregunta importante de verdad? Apelo a la conciencia de tu espíritu y a tu corazón en tu humanidad, querido lector que hasta aquí has llegado ya. Es hora de despertar.
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Alejandro Roselló Nadal es profesor catedrático de filosofía del IES Cotes Baixes (Alcoy).
En otra bravuconada más del rey payaso de este circo, Donald Trump ataca Irán para liberarlo, una nueva guerra preventiva para evitar la guerra, en otro ejercicio de ingeniería sociolingüística para controlar la narrativa. En el fondo, Furia épica, esa nueva guerra en Irán y el Líbano que se extiende por el mundo entero sumando muertos, es por el control de la energía y el petróleo, es la vieja guerra por el poder y el dinero. Y ya está. Trump, payaso rey y títere a la vez, apretado por Netanyahu, el Golem semítico, pide ayuda a Putin, el muñeco de hielo, para que no suban los precios de los mercados con el estrecho de Ormuz bloqueado. ¿Cuánto puede durar esta guerra y hasta dónde puede llegar? Cualquier atentado puede pasar en cualquier parte del mundo en cualquier momento. Moros y cristianos, enfrentados de nuevo. Las Fiestas de Alcoy en su verdadero origen dantesco. El nuevo ayatolá iraní –dure lo que dure– lleva el asesinato de su padre en su mandato. Y el odio sigue aumentando. ¿Y los otros bandos? Si Rusia calla es por llevarse tajada en Ucrania, y si China es moderada es por quedarse con Taiwán. En fin, con Trump, con un niño de 7 años a los mandos del videojuego mundial matando a los malos -el próximo Cuba quizá-, se puede esperar cualquier cosa. El miedo, la inseguridad y la incertidumbre siguen siendo los medios más usados de lavado de cerebro y de manipulación de masas. Y el personaje títere que representa Trump propicia todo esto como agente del caos.