Un 18% menos de fumadores y un 28% menos de infartos avalan a Sanidad para ampliar los espacios sin humo

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Año 2005. Los titulares recogían que el Congreso había aprobado la "ley más dura contra el tabaco": quedaba prohibido fumar, por ejemplo, en el trabajo. Cinco años más tarde, la norma se endurecía: adiós al humo en los espacios públicos cerrados como bares y en los accesos a hospitales o parques infantiles. "Una de las leyes más duras", se la calificó entonces también. Sacarla adelante le costó al Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero un año de debates y enmiendas, aunque siempre contó con el apoyo unánime del arco parlamentario. Sólo el PP madrileño fue —como es ahora en numerosas ocasiones— el verso suelto de la oposición al Ejecutivo. Aun así, las normas se implantaron.

Y dieron resultado. De 2009 a 2014 disminuyó un 7% el número de fumadores diarios y un 18% el de fallecidos por infarto agudo de miocardio. Hasta 2020, el último en el que se realizó la Encuesta Europea de Salud en España por el INE, esos porcentajes han caído mucho más: un 17,8% y un 28,3%, respectivamente.

En términos relativos, también se observa que cada vez hay menos fumadores diarios en nuestro país. Si en 2019 suponían un 26,2% de los mayores de 15 años, en 2014 eran un 23% y en 2020 un 19,8%. Además, estos no sólo cada vez son menos, sino que su consumo también ha disminuido. En los mismos datos del INE se observa que el porcentaje de quienes fumaban 20 cigarrillos o más al día ha caído desde el 39% en 2009 al 24,7% en 2020. Quienes consumen entre uno y nueve, en paralelo, han crecido: de suponer un 27,1% en 2009 han pasado a ser un 37,2% en 2020.

Aun así, se calcula que continúa habiendo alrededor de 54.000 personas que siguen falleciendo al año en España por el consumo de tabaco. Y según el Informe Anual del Sistema Nacional de Salud 2020-2021 del Ministerio de Sanidad, las restricciones a los cigarrillos ya no son tan efectivas. "El descenso en el consumo diario de tabaco en la población de 15 y más años se ralentiza desde 2011", aseguró.

Rafael Bengoa, exdirector de Sistemas de Salud la Organización Mundial de la Salud (OMS), afirma que ha ocurrido, pero lo achaca a una cuestión cultural. "Se ha ralentizado la bajada del consumo, sí, pero la ciencia ha seguido avanzando y mostrando evidencias del impacto mortal del tabaco. Un Gobierno tiene que tener eso en cuenta e ir en esa dirección. En diez años, incluso, habrá que avanzar más", dice. Pero las primeras medidas hay que tomarlas ya.

Así lo entiende el nuevo ministerio, encabezado por Mónica García. Durante una entrevista en la Cadena SER, la nueva titular del Departamento se reafirmó en lo que, precisamente, ya había trasladado unas horas antes durante un encuentro con periodistas: hay que seguir trabajando para disminuir el consumo de tabaco. Para ello, dijo, el primer paso consiste en desempolvar el Plan Integral de Prevención y Control del Tabaquismo 2021-2025, que lleva dos años guardado en el cajón. "Es un plan estratégico que lleva desde al año 2021 fraguándose y que básicamente tiene que ver con seguir en consonancia con los espacios libres de humo en este país", explicó ante los micrófonos.

¿Y qué espacios son esos? Distintos titulares han asegurado durante toda la semana que se trata, fundamentalmente, de las terrazas. Sin embargo, fuentes de Sanidad explican que no se ha detallado ni concretado, si bien es cierto que las mesas al aire libre de bares y restaurantes son uno de los objetivos contenidos en el plan elaborado en 2021. Aun así, insisten, el primer paso es recuperarlo. Luego, ver cómo se puede llevar a cabo.

Emprender estas medidas, añadió el secretario de Estado de Sanidad, Javier Padilla, es "de sentido común". Lo que se buscará siempre, añadió, es "proteger a las embarazadas, a los niños, simplemente a las personas que no quieran inhalar el humo y a los trabajadores que se ven expuestos a ese tabaco sin tener por qué".

Justo el día que pronunció esas palabras, se reunió con el Comité Nacional de Prevención del Tabaquismo (CNPT), que mostró su total apoyo a la medida. "Prohibir fumar en distintos espacios es efectivo, indudablemente", cuenta en conversación con infoLibre el representante de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG) en la CNPT, Andrés Zamorano. Él sí se refirió, concretamente, a las terrazas. Y se apoyó en datos.

Más del 90% de los entrevistados en la última encuesta de la Sociedad Española de Medicina Familiar y Comunitaria (semFYC) —que es anual— está a favor de ampliar los espacios libres sin humo. Además, el 71,6% de ellos respondieron que las terrazas son uno de los principales objetivos. Las paradas de autobús (70%) y las playas (60,7%) también, aunque ahí el consenso es menor.

El peligro del humo de segunda, tercera y hasta cuarta mano

La medida no sólo cuenta con un amplio consenso social, sino también con un aval científico. En las terrazas, explica Zamorano, existe un humo de segunda, tercera y hasta cuarta mano que perjudica, aunque no lo parezca, a todo el que está cerca del cigarrillo de un fumador. ¿A qué se refiere cuando habla de esto? Como explica la Fundación Española del Corazón, el primero es el que cualquier persona inhala, de forma involuntaria, al estar expuesto a ese ambiente. El segundo, por su parte, el que se deposita, por ejemplo, en la ropa, que puede mantenerse "durante mucho tiempo después" de haber apagado el cigarrillo. El último es el que tiene que ver con el impacto ambiental: básicamente, todo lo generado por las colillas.

Partiendo de esa base, y como informa el Ministerio de Sanidad, "se ha demostrado que las personas que respiran el aire contaminado por tabaco también corren riesgos". "Inhalar el aire contaminado por el humo del tabaco incrementa el riesgo de padecer las mismas enfermedades de corazón y de pulmón que los fumadores. Además, si padecen problemas alérgicos, asmáticos o cardiovasculares, pueden ver agravada su sintomatología. Estos riesgos son especialmente significativos en el caso de las mujeres embarazadas y los niños. Durante el embarazo existe un riesgo superior de aborto espontáneo, de nacimiento prematuro o de bajo peso al nacer. En los niños, la exposición al humo del tabaco aumenta el riesgo de muerte súbita del lactante y se incrementa el riesgo de infecciones respiratorias, asma, neumonía y otitis", especifica.

Durante la pandemia ya hubo un simulacro de lo que podría ser la medida. La pandemia obligó a prohibir el humo de los cigarrillos en las terrazas, una medida que de hecho en Baleares y la Comunitat Valenciana se resistieron a eliminar, hasta que el pasado mes de agosto acabaron con ella. "Las terrazas no dejaron de estar llenas", recuerda Raquel Fernández Megina, presidenta de la asociación Nofumadores.org, que precisamente ha conseguido sumar ya 188.000 apoyos en Change.org para que el Ministerio de Sanidad dé el paso adelante con la restricción.

Como explica, entiende que la medida esté generando revuelo en la hostelería. "Ya pasó en 2010", recuerda. Pero los bares no se vaciaron entonces y, augura, no lo harán ahora. "Es nuestra manera de socializar. De hecho, es necesario que desvinculemos el ocio al tabaco. Hay que desnormalizar el consumo", señala. Zamorano coincide. "Los más pequeños no nos deberían ver fumar", sentencia.

Casi 13 años de ley desactualizada

Otros países han avanzado más rápido. Y lo han hecho, igual que debe hacerlo ahora España, en el marco del Convenio de la OMS para el Control del Tabaco, firmado en 2003. Bengoa lo vivió de cerca. "Fue la medida de salud pública más fuerte que ha hecho la ONU. Todos los países que lo firmaron debían realizar una legislación específica, y por eso España realizó la suya", recuerda.

Otros países han avanzado más que el nuestro en ellas. El último ha sido Reino Unido, que el pasado 5 de octubre anunció prohibir la venta de tabaco de por vida a los nacidos a partir de 2009. El objetivo, señaló el Gobierno conservador de Rishi Sunak en el congreso anual del Partido Conservador, es crear una "generación libre de humo" y ahorrar a la economía británica los alrededor de 17.000 millones de libras actuales que cuestan los fumadores.

Por su parte,  Nueva York lleva años con una legislación muy restrictiva respecto al tabaco en la que se pohíbe fumar en las terrazas, en los parques, en algunas plazas y hasta en las playas. Y Suecia, desde 2019, tampoco permite el consumo de tabaco ni en el espacio al aire libre de los bares ni en las paradas del transporte público. 

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En cualquier caso, organizaciones como Nofumadores.org piden ir incluso más allá. Recuerdan, por ejemplo, que la OMS señala la subida del precio como una de las medidas más efectivas para disminuir el número de fumadores y, sobre todo, para evitar la entrada al consumo de jóvenes. Según este organismo, un aumento de los precios del 10% se relaciona con un 5% de disminución del consumo.

Los precios de tabaco en España se encuentran entre los más bajos de toda Europa, con un precio medio de cinco euros por una cajetilla. Por ello, Nofumadores indica la necesidad de aumentar su tasa impositiva "drásticamente" hasta alcanzar los 10 euros que cuesta en Francia, país que, por otra parte, ya ha anunciado la subida a 13 euros en los próximos dos años. En Reino Unido la cajetilla cuesta en la actualidad 13 euros y ya se ha anunciado que la cajetilla pasará a costar 23 euros. "No podemos ser el estanco de Europa", se queja Fernández.

Por último, hay que atacar "la entrada" al tabaquismo. Es decir, tomar medidas para los más jóvenes en línea con la adoptada en Reino Unido. La ONG afirma que en España el primer contacto con el tabaco se tiene a los 13,9 años y casi la mitad de los adolescentes han probado los cigarrillos electrónicos, una nueva forma de fumar que resulta igual de nociva que la tradicional. Estos aparatos, además, están libres de impuestos especiales al tabaco y se venden en Internet y tiendas a menores de edad. Sanidad también los tiene en el punto de mira: "En consonancia con Europa, habrá que regularlos con el tabaco. A la población que más hay que proteger es a los menores", dijo Mónica García en la Cadena SER.

Año 2005. Los titulares recogían que el Congreso había aprobado la "ley más dura contra el tabaco": quedaba prohibido fumar, por ejemplo, en el trabajo. Cinco años más tarde, la norma se endurecía: adiós al humo en los espacios públicos cerrados como bares y en los accesos a hospitales o parques infantiles. "Una de las leyes más duras", se la calificó entonces también. Sacarla adelante le costó al Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero un año de debates y enmiendas, aunque siempre contó con el apoyo unánime del arco parlamentario. Sólo el PP madrileño fue —como es ahora en numerosas ocasiones— el verso suelto de la oposición al Ejecutivo. Aun así, las normas se implantaron.

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