El abandono escolar se reduce un 43,5% en la última década por "motivos laborales"

El porcentaje de alumnos españoles que abandona los estudios tras la etapa obligatoria, es decir, la tasa de abandono educativo temprano, se ha consolidado tradicionalmente como uno de los problemas que más miradas acaparan dentro la esfera educativa. Si bien la tasa de abandono escolar ha ido experimentando un descenso progresivo en la última década –hasta alcanzar una caída del 43,5% entre 2008 y 2018–, lo cierto es que España se mantiene como el segundo país de la UE con peores cifras.

En una entrevista concedida al diario El País, la actual ministra de Educación, Isabel Celaá, afirmó que la Lomce "agravó el índice de abandono escolar temprano. Implantó los itinerarios para los alumnos de la ESO, lo que supuso dividir a los alumnos en función de sus resultados académicos a los 13 o los 14 años, una discriminación a una edad temprana en la que todavía no saben a qué se quieren dedicar. Para los repetidores sin visos de aprobar, crearon el programa de Formación Profesional Básica, que directamente los situaba en tierra de nadie. Buena parte de esa formación se convertía en abandono escolar". El exministro de Educación José Ignacio Wert enseguida respondió y tachó la afirmación de "absoluta y radicalmente contraria a la verdad". El índice de abandono escolar temprano, añadió, "era en 2011 del 26,3% y en 2015 se había reducido al 20,0%, es decir, disminuyó en términos relativos un 24%", de manera que "jamás se ha producido en nuestra historia una mejora de esa magnitud en ese indicador y por tanto una reducción tan importante de la mayor inequidad de nuestro sistema educativo".

Lo cierto es que el descenso que aprecia el exministro se corresponde con la realidad que reflejan los datos oficiales. Pero la bajada no es exclusiva del gobierno de los conservadores. Según la Encuesta de la Población Activa (EPA), el descenso es progresivo desde el año 2008, cuando la tasa de abandono educativo temprano alcanzaba el 31,7%. Desde entonces, el porcentaje ha experimentado una caída continuada hasta situarse en el 17,9% registrado en 2018.

Saturnino Martínez es profesor de Equidad y Educación en la Universidad de La Laguna y especialista en materia educativa. En conversación con infoLibre, explica que la ley impulsada por Ignacio Wert "comienza a tener efectos en el curso 2014 y la bajada de abandono se produce ya en 2008", de manera que "intentar atribuirse el mérito de una inercia histórica que venía de años antes" resulta "poco serio". Y sin embargo, la evidente bajada tampoco invita a celebraciones. "Hay que aclarar que somos uno de los países con mayor tasa de abandono", recuerda Martínez, lo que "no quita que seamos también el país que más rápido está bajando". Si bien las cifras continúan cada año marcando valores mínimos en la serie histórica –aunque el descenso es cada vez menos acusado–, los resultados todavía se alejan de la media europea. Al menos así ha sido año a año hasta 2017, con un 18,3% de abandono escolar entre el alumnado español, frente al 10,6% europeo. En 2017 España fue el segundo país con mayor tasa de abandono escolar, sólo por detrás de Malta.

Para el experto, aquello que fundamentalmente "ha llevado a la gente a las aulas es la cuestión del paro juvenil", de modo que el argumento "no es educativo, sino laboral". Es ése "el principal factor que explica la reducción desde 2008, no es una cuestión legislativa". Con él coincide Maribel Loranca, responsable de Enseñanza en UGT, quien entiende que, teniendo en cuenta el modelo productivo español, los jóvenes sin formación han tenido tradicionalmente facilidad para encontrar "trabajo no muy bien pagado". Pero con la llegada de la crisis económica "el acceso no era tan sencillo", lo que provocó "la vuelta de las personas que habían abandonado el sistema" y entendían que incorporarse al mercado laboral pasaba por reforzar su base formativa.

Francisco García, secretario general de Enseñanza en CCOO, opina igualmente que la reducción del abandono educativo temprano, "como no está anclada en políticas activas que retengan a los alumnos en el sistema educativo, está más bien vinculada a la evolución del ciclo económico". De esta manera, cuando es recesivo y los alumnos "no encuentran trabajo fácilmente, tienden a permanecer más tiempo en el sistema educativo que cuando llega una situación de bonanza económica", momento en el que "el mercado laboral atrae a jóvenes con poca formación que abandonan los estudios".

Además del ciclo económico y el escenario laboral, Saturnino Martínez observa también que "desde 2010 hasta el año pasado el descenso de inversión por estudiante ha sido cerca de un 25%". La conclusión es que "a más paro juvenil, menos abandono; y a más reducción de la inversión por estudiante, más abandono". Analíticamente, agrega, "uno puede separar los dos fenómenos", pero lo cierto es que "si no hubiese habido recortes, la reducción del abandono todavía hubiera sido más intensa".

El efecto de las leyes

Pero la caída del abandono escolar no es ajena a las políticas públicas. "Ha habido una reducción del abandono educativo temprano fruto de un artificio contable, que es que los egresados de la Formación Profesional Básica después de la Lomce pasaron a tener un título equiparable al nivel de Educación Secundaria Postobligatoria", recuerda García. Eso supuso, en consecuencia, "una reducción un tanto artificial porque se empezó a contar una cosa que antes no se contaba".

También Martínez menciona la FP Básica y recalca asimismo que "el sistema educativo está mal diseñado porque expulsa a la gente". No obstante, recuerda que la Lomce sí puso algunos parches. "Con la Loe y la Logse si los alumnos no tenían el título de ESO no podían seguir estudiando" y además, otro de los problemas que "quedó resuelto con la Lomce es que hasta ese momento de la FP de grado medio no se podía pasar a la FP de grado superior, lo que la hacía poco atractiva porque era un callejón sin salida". Son, reconoce Martínez, "algunos elementos positivos que había aportado la Lomce".

El anteproyecto de ley sobre el que el Gobierno y la comunidad educativa llevan trabajando meses, conocido también como Ley Celaá, fue aprobado en el Consejo de Ministros el pasado viernes 15 de febrero. Sin embargo, la convocatoria de elecciones generales para el 28 de abril ha truncado la que fue la principal apuesta en materia educativa del Ejecutivo de Pedro Sánchez.

Los sindicalistas consultados, que han sido partícipes del proceso de elaboración de la nueva norma, creen que carece de sentido discutir las aristas de un proyecto cuyas posibilidades de salir adelante se han esfumado. Pese a ello, sí recuerdan la importancia de desarrollar "políticas educativas que tiendan a anclar a los jóvenes en el sistema durante más tiempo", mejorando de esta manera las medidas de apoyo, limitando las repeticiones o reforzando "la Formación Profesional, un instrumento de primera magnitud para que los jóvenes se inserten en el mercado laboral".

Género y nacionalidad

La tasa de abandono escolar muestra además importantes diferencias entre el alumnado. En el año 2018 se registró un abismo entre el dato relativo a los hombres y el de las mujeres: ellos abandonaron los estudios en un 21,7% de los casos y ellas en un 14%. El motivo es el práctico estancamiento masculino, que tan sólo disminuyó 0,1 puntos respecto al año anterior, frente a la disminución de 0,5 puntos que experimentaron ellas. Por contra, una perspectiva general revela que desde 2008 el abandono masculino es mayor, 16,3 puntos, que el femenino, 11,1 puntos.

Para Martínez, una posible explicación tendría que ver con que "las decisiones a las que se enfrentan chicos y chicas no son las mismas". Por un lado, expone, los varones sin estudios "tienen más posibilidades de encontrar empleo con una remuneración mayor que las chicas sin estudios". Por otro lado, "a nivel intuitivo, un chico que deja de estudiar normalmente no tiene presión para hacerse cargo de responsabilidades familiares, mientras que una chica sí". Por ello, advierte el experto, lo que las mujeres consiguen entrando en el sistema educativo son dos cuestiones: "Mejorar sus perspectivas de empleo porque sin estudios no tienen acceso al mercado de trabajo, y la otra es que mientras estudian se protegen de hacer trabajo de cuidados y doméstico no remunerado".

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Por nacionalidad, el porcentaje de abandono entre la población extranjera supera con creces al de la población española. Era así en 2008 –28,7% de abandono entre españoles, 47,6% entre extranjeros– y continúa siendo así en 2018: los españoles abandonan los estudios en un 15,3% de los casos, mientras que los alumnos extranjeros lo hacen en un 35,1%. La población extranjera, de hecho, rompió con la tendencia a la baja en el año 2016, ya que el abandono alcanzó un 37,6% frente al 36,9% del año 2015. Previamente también había experimentado un leve ascenso entre los años 2013 y 2014, pasando del 41,3% al 41,6%.

En este sentido tanto Maribel Loranca como Francisco García entienden que el contexto socioeconómico y cultural en que se mueve el alumno, unido a los recortes en la educación compensatoria, explican la alta tasa de abandono escolar del estudiantado extranjero.

Martínez, no obstante, advierte que "en términos educativos no existen los extranjeros", porque los países de los que provienen son diversos y sus características bien distintas. "A efectos educativos lo importante es el nivel cultural del país del que vienen", explica, pero también afecta el tiempo que lleven esos alumnos en el sistema educativo español. "El abandono se mide entre los 18 y 24 años, si el alumnos lleva a los 19, ese abandono no es responsabilidad de nuestro sistema educativo", ilustra. Finalmente, es importante en este escenario examinar el origen socioeconómico, además de la "intención del proyecto migratorio" del estudiante, factores que tienen a juicio del experto mayor poder explicativo.

El porcentaje de alumnos españoles que abandona los estudios tras la etapa obligatoria, es decir, la tasa de abandono educativo temprano, se ha consolidado tradicionalmente como uno de los problemas que más miradas acaparan dentro la esfera educativa. Si bien la tasa de abandono escolar ha ido experimentando un descenso progresivo en la última década –hasta alcanzar una caída del 43,5% entre 2008 y 2018–, lo cierto es que España se mantiene como el segundo país de la UE con peores cifras.

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