Eutanasia

Asun, David y Ángel, iconos de la lucha por una muerte digna

Ángel Hernández junto a su compañera, María José Carrasco.

"Por fin empezaré el duelo y dejaré marchar a María José, porque la tengo constantemente en mi cabeza. He querido que fuera así para seguir luchando". El que habla es Ángel Hernández, el protagonista de una de esas historias que sacudió a la opinión pública y puso de manifiesto que la aprobación de una ley de eutanasia es un reclamo social casi incontestable. En abril de 2019 ayudó a morir a su "compañera", como la llama él, María José Carrasco, después de ser testigo del sufrimiento que le suponía la esclerosis múltiple que soportaba. Era la misma enfermedad que padeció durante cuatro largos años el técnico de televisión Luis de Marcos, que falleció en agosto de 2017 tras luchar por la aprobación de una ley que le permitiera marcharse sin el sufrimiento que también vivió, junto a él, su mujer, Asun Gómez. Una situación similar fue la que padecieron los familiares de Maribel Tellaetxe, la mujer vizcaína que, tras enterarse de que sufría alzhéimer, pidió a su familia que no la dejara llegar a la situación de no reconocerles, de no saber quiénes eran. Murió en 2019, después de que su familia también intentara cumplir ese deseo.

Ni María José, ni Luis, ni María José escucharán lo que se oiga en el Pleno del Congreso de este jueves, que previsiblemente aprobará la tan esperada y peleada ley de la eutanasia. Pero sí lo harán Ángel, Asun y David, hijo de Maribel. Lo harán felices y con la sensación de una victoria que no sólo es suya, sino de las muchas familias que han pasado por lo mismo y de todos aquellos que, mientras pudieron, lucharon por hacer de la muerte digna un derecho.

Ramón Sampedro murió a los 55 años, pero llevaba desde los 25 aquejado de una tetraplejia que le impedía vivir. Buscó por todos los medios un método para realizar un suicidio asistido sin que quien le ayudara no incurriese en ningún delito. Necesitaba, sí o sí, ayuda externa. Pero lo que pedía parecía un imposible. En 1998 consiguió que su amiga Ramona Maneiro le ayudara. Fue detenida, pero la policía no encontró elementos que la incriminaran. El plan había sido estudiado con mucha minuciosidad y en él colaboraron hasta un total de 11 personas, cada uno con una tarea específica. Siete años después, cuando el supuesto delito de ayuda al suicidio que se le podría haber imputado a Maneiro había prescrito, ella confesó. Fue el primer caso que removió las conciencias. Y quizá, el responsable de abrir el debate por primera vez. Ahora, 22 años después, parece que va a cerrarse. Aunque ha costado.

El Pleno de este jueves aprobará, previsiblemente, la ley para la despenalización de la eutanasia del PSOE, un texto que ya fue tomado en consideración en la Cámara Baja en dos ocasiones, pero cuyo avance impidieron las dos convocatorias electorales de abril y noviembre de 2019. La Comisión de Justicia del Congreso ya la aprobó la semana pasada con el apoyo de todos los grupos parlamentarios a excepción de PP y Vox. Ahora necesita la mayoría absoluta del hemiciclo, 176 votos, algo que parece ya asumible. Y que a las familias les genera dos sentimientos: alegría y alivio.

"Llego hasta aquí muy esperanzada, muy agradecida y muy consciente de lo que cuesta conseguir cada derecho. Ahora soy consciente de que no hay nada que se haya conseguido sin un esfuerzo ímprobo", dice Asun Gómez desde el otro lado del teléfono. Su voz denota alegría, pero también se quiebra. Las palabras se entrecortan cuando confiesa que también llega hasta aquí con "pena". "Pena" por no poder celebrarlo con Luis. "De repente hay una avalancha de recuerdos, y no todos son buenos. Luis sufrió lo indecible y de una manera absolutamente innecesaria", lamenta. Como otros "millones de personas", añade. En cualquier caso, será ahora cuando pueda decir "Luis, misión cumplida". 

"Nuestro lema siempre era 'hasta la victoria'. Siempre dijimos que no íbamos a parar y yo he seguido todo este tiempo porque se lo prometí a él y porque creo firmemente en este derecho. Dijimos que íbamos a por ello y gracias a muchas personas estamos aquí", expresa. Por eso "prevalece sobre todo la tranquilidad" de haberlo conseguido. Porque la aprobación de la eutanasia, coincide Lorente, es casi "terapéutica". Recuerda todo lo recorrido desde el fallecimiento de su ama como un "periodo muy duro". "Con la lucha" por la muerte digna "no había tiempo" para desconectar, "el nivel de trabajo era brutal, no hay descanso". "La carga de estrés, de cansancio físico y psicológico provocaba un agotamiento brutal", recuerda. Pero también ganas de continuar. "Si luchas cuando ves que te pisan y te provocan sufrimiento, esa rabia e impotencia desaparece", explica. Así que siguieron luchando. Y ahora, rozando la victoria, siente "alivio" y "descanso". 

Es lo mismo que siente Hernández. "Es una victoria y un descanso porque ha sido muy duro. Que esto ocurra ahora es como que me baja la tensión", dice. Ya no a nivel judicial —la Fiscalía Provincial de Madrid le pidió seis meses de prisión por ayudar a morir a su compañera—, sino emocional. Cuando la eutanasia sea una realidad en España, confiesa, dejará marchar "poco a poco" a María José, permitiéndose recordarla de una manera más relajada. "Desde que murió —hace casi dos años— no he movido nada. La habitación está tal cual la dejó ella porque así cuando la miraba me acordaba de que no había que olvidar lo que había pasado y que había que seguir luchando por la eutanasia. Cuando se apruebe, eso se irá yendo", dice. 

El apoyo social

Tanto el PP como Vox se han posicionado en contra de la ley. Los ultras llegaron a calificar la norma de "criminal" y por eso anunciaron que la recurrirán al Tribunal Constitucional. Los conservadores, en cambio, aseguraron que no responde a una "demanda social" sino al "proceso transformador" del PSOE en una "izquierda radical". Pero los datos no dicen eso. Tal y como recoge la asociación Derecho a Morir Dignamente en su página web, todas las consultas que se han realizado hasta ahora han demostrado que más de la mitad de los españoles está a favor de regular la eutanasia. El primer sondeo que elaboró este asunto fue elaborado por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) en el año 2009 y los resultados fueron tajantes: el 76,3% de la ciudadanía estaba a favor de regularla por ley. Sólo el 10,3% lo rechazaba con "total seguridad". Casi una década después, los apoyos a la muerte digna se incrementaron. Según datos del barómetro Ipsos sobre neurociencia y sociedad, en 2018 un 85% de la población se mostraba a favor de la regulación

También parece que hay unanimidad entre los médicos. Los colegios profesionales de Bizkaia, Gran Canaria y Madrid —que engloban a aproximadamente el 24% de la profesión— realizaron cuatro encuestas para conocer qué opinión tenían los médicos sobre la regulación de la muerte digna. El apoyo fue mayoritario. 

Aun así, según recuerda Hernández, siempre habrá voces en contra. "La gente que no está de acuerdo será difícil que lo esté", critica. Sólo contempla que cambien de opinión si lo viven de cerca. O, más bien, si lo sufren de cerca. "Se darán cuenta cuando tengan un familiar en las condiciones en las que yo tuve a María José. No creo que sean tan crueles de tener a un familiar así cuando les esté pidiendo no sufrir", afirma. En ese momento, dice, verán que la eutanasia "es un derecho, no una obligación". Lo mismo en lo que insiste Gómez. "Es tan simple como eso, es algo que pide la persona para ella misma, no para un tercero. Quien no quiera, no tiene porqué acudir a la eutanasia", dice. 

Gómez quiere, a toda costa, que se apruebe la ley. Y que empiece a funcionar. Si algo no marcha o es mejor modificarlo, que se haga. Pero que la eutanasia sea una realidad ya. Lorente, por su parte, sólo tiene palabras buenas hacia el texto, que considera muy garantista y plural. "Se han hecho bien las cosas porque se ha debatido y ha habido aportaciones de todas las partes y de todo el espectro social", celebra. 

De aprobarse, España se convertirá en uno de los miembros de ese pequeño grupo de países que avalan el derecho a una muerte digna. Y eso hará, sentencia Hernández, que este sea un país "más grande, más libre y más democrático". "Esto es lo que realmente hace grande a un país, leyes civiles como esta que den más libertad para poder hacer nuestra vida", afirma. 

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