El "Benelux ibérico" reabre el debate sobre una alianza entre España y Portugal con Extremadura como eje

Entre Badajoz y Elvas, la localidad portuguesa más próxima a la frontera, apenas hay 20 kilómetros. Aunque el tránsito de personas entre ambas ciudades es diario y constante, no existe una ruta de autobús con horarios prácticos que dé cobertura a esa movilidad. Évora, la capital del Alentejo, con 55.000 habitantes y una importante universidad, está más cerca de Badajoz que de Lisboa: la separan de la ciudad extremeña unos 100 kilómetros por autovía. Sin embargo, ningún transporte público conecta a sus residentes, ni a los de los municipios de alrededor, con el aeropuerto pacense.

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“Son solo dos ejemplos para explicar que, aunque no hay frontera física, los territorios vecinos no comparten recursos. No hemos sido capaces de asimilar que la llamada La Raya es invisible”, expone Jesús Pérez-Mayo, profesor de Economía Aplicada en la Universidad de Extremadura (Uex). “Nadie en Badajoz monta un negocio sin pensar en los clientes que vendrán de las ciudades portuguesas vecinas, porque son fundamentales, y viceversa. Pero después, a la hora de llevar a la práctica esa puesta en común, no hay iniciativas”, añade.

Hace unas semanas, en un acto nacional de Nueva Economía Fórum celebrado en Madrid, el alcalde de Badajoz, Ignacio Gragera, volvió a poner sobre la mesa la idea de una alianza entre España y Portugal que pudiera traducirse en una potente nación de 60 millones de habitantes dentro de la Unión Europea. “Ojalá un Benelux Ibérico”, expresó ante los presentes de ese foro. Entre los asistentes se encontraba el embajador luso, José Augusto Duarte, que respondió así a esta propuesta: “Lo que sea bueno para Badajoz, lo será para Portugal”. Además, Duarte dejó claro que el proyecto de eurorregión es una prioridad para su país, aunque aseguró que su impulso depende de las administraciones locales.

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El profesor de la Uex matiza esa idea: “Pero es que el Benelux ya lo tenemos. Ese tratado de Bélgica, Países Bajos y Luxemburgo fue el germen de la UE; en este caso ya disponemos de moneda única y libre circulación. Ahora lo que hacen falta son decisiones políticas”. Pérez-Mayo sí aprecia una evolución de las relaciones económicas entre Extremadura y el Alentejo, dos regiones marcadas por el envejecimiento de su población y por situarse entre las más pobres de sus respectivos países.

Por eso insiste en la necesidad de implicación política a ambos lados de La Raya: “Porque España mira hacia el Mediterráneo y Portugal hacia el Atlántico; es necesaria una visión conjunta, global, para hacer contrapeso”.

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En el citado foro, Gragera resaltó también la importancia de avanzar en la línea de AVE Madrid-Badajoz-Lisboa (que acumula décadas de retraso) y en potenciar la Plataforma Logística del Suroeste Europeo, situada justo en la frontera. En ambos proyectos, la reclamada estación internacional Badajoz-Elvas será clave.

Pero más allá de las declaraciones del alcalde pacense y de la repercusión de sus palabras, no hay un plan concreto. Solo un deseo al aire y algunos antecedentes.

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El Plan Portugal

De la cooperación transfronteriza con Extremadura como protagonista se viene hablando desde hace décadas. Guillermo Fernández Vara, quien fuera presidente de la Junta, diseñó el llamado Plan Portugal durante su primera legislatura, hace casi 20 años. El objetivo principal era fortalecer relaciones e intereses comunes entre el país vecino y la comunidad autónoma en materia sanitaria, cultural y educativa.

En su segundo mandato, que arrancó en 2015, volvió a ponerlo sobre la mesa: "¿Dónde se construye más Europa? ¿En los grandes foros que nadie entiende o en las fronteras?", defendía entonces. La intención estaba ahí.

Hubo ejemplos de esa alianza llevada a la práctica, como el acuerdo sanitario entre Extremadura y el Alentejo, concretamente entre el área de salud de Badajoz y los centros hospitalarios de Elvas. En 2006 se firmó un protocolo de asistencia a la mujer embarazada que permitía el seguimiento de la gestación y la atención en el parto a aquellas que procedían de municipios cercanos al otro lado de La Raya. En aquel momento, el ala de maternidad elvense echaba el cierre y los vecinos lusos perdían un servicio básico.

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Entre 2006 y 2011 se atendieron en Badajoz 1.000 partos de mujeres portuguesas, además de 2.000 ingresos y unas 3.500 urgencias. El convenio daba cobertura tanto a los recién nacidos sanos como a los que presentaban alguna patología y debían quedarse ingresados.

Actualmente lo que queda es la normativa común europea, según la cual cualquier mujer deber ser atendida en Urgencias si está de parto. Pero ya no existe seguimiento previo ni atención posterior.

La desaparición de este protocolo supuso, por una parte, una descarga de trabajo para los sanitarios del área pacense. Pero, al mismo tiempo, el hospital de Badajoz perdió la posibilidad de acceder a programas europeos con los que, por ejemplo, pudo adquirir un TAC para el estudio de pacientes oncológicos.

La eurorregión

Lo que sí sigue generando actividad es la eurorregión Euroace, formada por Extremadura, el Alentejo y la región Centro de Portugal. Se creo en 2009 y desde entonces se encarga de potenciar las relaciones entre administraciones, universidades, empresas y organizaciones sociales, además de impulsar proyectos conjuntos financiados por la Unión Europea.

Una de las personas más implicadas en promover esta eurorregión desde el ámbito académico es Luis Fernando de la Macorra, profesor ya jubilado de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Uex y experto en las relaciones entre España y Portugal.

Lo primero que plantea De la Macorra es que el nombre más adecuado para definir esta alianza sería Consejo/Conselho Ibérico. “Podría seguir el ejemplo del Benelux o del Consejo Nórdico de los países escandinavos e Islandia”, explica.

Desde su punto de vista, no se debe reducir solo a la suma de dos economías, “sino a la creación de un espacio capaz de aprovechar mejor sus recursos, su situación geográfica y sus capacidades humanas y tecnológicas”. Considera que la posición estratégica entre Europa y el Atlántico permitiría una fuerte competitividad internacional.

“No sería diluir las identidades nacionales, sino construir una comunidad de intereses con más oportunidades para ambos países”, aclara.

En este contexto, Extremadura se convertiría en ejemplo de “cómo cambia la geografía cuando se adopta una perspectiva ibérica”: dejaría de ser solo un territorio de paso para convertirse en un espacio de encuentro.

Tres pilares

Para De la Macorra, ese Consejo Ibérico debería levantarse sobre tres pilares. El primero, institucional y político, basado en la coordinación entre administraciones. El segundo, social y ciudadano, con un papel activo de universidades, asociaciones, empresas y sindicatos, entre otros. Y el tercero, el cognitivo o estratégico, concebido como un laboratorio de ideas con especial atención a la inteligencia artificial y la transición energética.

“No se trata de crear una nueva burocracia ni se plantea una unión política, sino la construcción progresiva de un espacio cada vez más profundo y eficaz”, subraya. Y añade: “La cooperación económica, científica, tecnológica, educativa y cultural puede avanzar mucho antes que cualquier debate institucional”.

En cuanto al papel de las infraestructuras, este docente de la Uex asegura que son esenciales “porque convierten la alianza en una realidad tangible”. De ahí la importancia de la alta velocidad entre Madrid y Lisboa y de la Plataforma Logística del Suroeste Europeo, que conectaría con los puertos atlánticos portugueses. Se conformaría así un eje vertebrador en el espacio ibérico.

No obstante, advierte, “las infraestructuras son una condición necesaria, pero insuficiente si no se integran en una estrategia más amplia de colaboración económica, científica, educativa y cultural”.

De la Macorra destaca acciones que ya se han puesto en marcha y pueden servir como paradigma, como Transcom Euroace, una iniciativa que apuesta por comunidades energéticas transfronterizas y redes compartidas de autoconsumo.

Cree que ese es el camino, pero insiste en la defensa de una idea global para que el Consejo Ibérico funcione: “Seguimos demasiado centrados en proyectos sectoriales sin apostar por un verdadero espacio funcional”. Dentro de ese espacio, considera primordial la creación de un mercado laboral transfronterizo: “Hay muchas barreras administrativas para que un extremeño trabaje en Portugal o un portugués en Extremadura”.

Las identidades y la prioridad nacional

Hasta ahora, el debate se ha centrado sobre todo en análisis políticos y económicos. Pero la perspectiva sociológica influye igualmente en la idea de unión. “Las fronteras europeas son inexistentes, hay libre circulación de personas y mercancías, pero los muros que tenemos son identitarios, porque el sentimiento nacionalista, el sentimiento de pertenencia a valores comunes, manda”, expresa Manuela Caballero, socióloga y profesora de la Uex.

Y recurre a las huellas de la historia para explicar las relaciones a ambos lados de La Raya: “La alianza militar de Portugal fue con Inglaterra, se sentían defendidos por este país”, recuerda. Y en cuanto al papel de España, el país vecino, bromea: “Solo hay que mirar hacia donde apuntan los cañones de la fortaleza defensiva de Elvas…”.  

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“Siempre ha habido proyectos para limar asperezas —prosigue Caballero—, pero continúan existiendo grandes diferencias cuando se habla de esa idea de crear la gran Iberia”.

No obstante, sí destaca programas de colaboración con la Universidad de Évora. También afirma que ya es habitual que en sus clases haya alumnos portugueses. Para esta profesora de la Uex, la evolución es evidente, “sobre todo porque en Extremadura y el Alentejo tenemos muchas cosas en común, por ejemplo, el peso de la agricultura”.      

En este contexto de impulso a un especio ibérico basado en la cooperación y las alianzas, Caballero lanza una última reflexión sobre otro concepto defendido desde Extremadura, la llamada prioridad nacional: “Llegan estas ideas de replegarse a las esencias, que a algunos les viene bien para diferenciarnos, pero a la vista está que son mensajes contradictorios”.

Entre Badajoz y Elvas, la localidad portuguesa más próxima a la frontera, apenas hay 20 kilómetros. Aunque el tránsito de personas entre ambas ciudades es diario y constante, no existe una ruta de autobús con horarios prácticos que dé cobertura a esa movilidad. Évora, la capital del Alentejo, con 55.000 habitantes y una importante universidad, está más cerca de Badajoz que de Lisboa: la separan de la ciudad extremeña unos 100 kilómetros por autovía. Sin embargo, ningún transporte público conecta a sus residentes, ni a los de los municipios de alrededor, con el aeropuerto pacense.

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