Religión

España camina hacia el laicismo

Preparativos en la Plaza de Colón para la misa de las familias, que se celebra este domingo.

La deriva es lenta, sí. Pero también constante. Y a la luz de los datos, España es un país que camina hacia la secularización. Aunque el catolicismo sigue siendo hegemónico, el número de españoles que dice profesar esta religión ha ido disminuyendo en los últimos años. Las encuestas muestran cómo se ha ido acelerando la desafección de los ciudadanos hacia esta religión. El 70,6% de los españoles se declararon católicos en noviembre de 2013, frente al 82,1% que lo hacían en 2001, lo que muestra casi 12 puntos de caída en 12 años según el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS). Más datos: uno de cada cuatro españoles se declara ahora no creyente o ateo.

Asimismo, las encuestas reflejan también una fuerte caída en la asistencia a celebraciones religiosas. Más de la mitad de los que se consideran creyentes (60%) señalan que "casi nunca" asisten a oficios religiosos sin contar las ocasiones relacionadas con ceremonias de tipo social como bodas, comuniones o funerales. Y sólo el 13,4% dicen ir a misa casi todos los domingos y festivos. Hace cinco años, esa cifra era 6,5 puntos mayor. Y hace 25, en 1988, el 33% de los que se decían creyentes iban a la iglesia al menos una vez a la semana, según recoge Alfonso Pérez-Argote en el libro Cambio religioso en España

Las causas de la secularización son variadas. Pero en esa tendencia que ya ha comenzado a quitarle a España la etiqueta de reserva espiritual de Occidente tiene mucho que ver, coinciden los expertos consultados, el alejamiento de los jóvenes, pues el 52% de los españoles de entre 15 y 29 años ya no se considera católico. "La influencia de las tradiciones persiste, pero de manera más diluida. Es muy posible que haya gente que tiene valores afines a la Iglesia pero que no se declara claramente católica. Se ha creado una situación de círculo vicioso en la que al haber menos vocación entre los jóvenes también entran menos visiones diferentes dentro de la Iglesia", señala Juan J. Fernández, profesor visitante de Sociología en la Universidad Carlos III de Madrid. 

Kerman Calvo, profesor de Sociología en la Universidad de Salamanca e investigador de un programa paneuropeo de religión y política, cree que sí ha habido una "transformación radical" entre los jóvenes, que ya no son "culturalmente católicos". Sin embargo, Calvo cree que esta tendencia secular es lenta y que incluso el alejamiento de esta generación de entre 18 y 24 años que ahora se ve lejos de la Iglesia se revertirá cuando abandonen su etapa de rebeldía y empiecen a configurar su propia vida de forma independiente o a formar una familia y adopten actitudes más conservadoras. El teólogo Juan José Tamayo no comparte esta visión. Considera que la "increencia" generalizada entre los jóvenes es "irreversible" y que el hecho de que no existan las presiones ambientales, educativas o sociales de antaño hará que estos, cuando lleguen a la adultez, no se acerquen a la Iglesia. 

Tampoco comparte el análisis de Calvo el profesor Juan J. Fernández, que no cree que este proceso de secularización sea patrimonio exclusivo de la juventud. "El proceso de secularización empieza en el siglo XIX y afecta a la población española en su conjunto, no sólo a los jóvenes. Hay más tolerancia respecto a temas como la homosexualidad, el divorcio o las relaciones fuera del matrimonio al tiempo que la Iglesia católica mantiene posiciones muy inmovilistas", añade Fernández. De hecho, el rechazo a algunos postulados de la Iglesia es ya mayoritario en España. Según datos del último macrosondeo del CIS sobre religión, elaborado en 2008, el 51.6% apoya las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo o el 58.9% defiende el aborto en caso de anomalías fetales. 

Además de este fenómeno de alejamiento vinculado especialmente a los jóvenes, el teólogo Juan José Tamayo también apunta otras causas como el proceso de secularización de todo Occidente al que España se apuntó, con gran celeridad, en el postfranquismo. Con la muerte del dictador acabó también el catolicismo obligatorio. Los fieles redujeron su compromiso y las iglesias comenzaron a vaciarse. España pasó de ser un país católico a ser un país de cultura católica. "La secularización genera un proceso de increencia que acerca a las personas al ateísmo, el agnosticismo o la indiferencia religiosa. Ya no existen las condiciones de siglos pasados para reforzar las creencias, es una opción cada vez más personal", amplía Tamayo. 

Entre los factores que explican este alejamiento, los analistas también coinciden en resaltar la "lejanía" con la que jerarquía católica es percibida por gran parte de la población. "Influye el comportamiento poco solidario de la Iglesia católica, muy preocupada por defender sus dogmas, principios morales y privilegios. Estamos ante un modelo de Iglesia distinto del movimiento igualitario de hombres y mujeres que puso en marcha Jesús", señala Tamayo, que vincula este proceso con el fenómeno de la apostatasía como "renuncia pública a la creencia religiosa". 

En este contexto, políticas laicistas del anterior Gobierno socialista como el matrimonio entre personas del mismo sexo, el apoyo a la diversidad familiar, la agilización del divorcio o la ley de plazos del aborto dieron también un empujón a "grupos de corte neointegrista más preocupados por la evangelización a través del poder y por la espiritualidad personal que por la dimensión social", tal y como los define Ángel Luis López Villaverde en el libro El poder de la Iglesia en la España contemporánea. Se trata de organizaciones nacidas entre el segundo y el tercer cuarto del siglo XX, pero que se han desarrollado en las últimas cuatro décadas.

Opus Dei, Legionarios de Cristo, Camino Neocatecumenal son algunos de los grupos a los que se refiere López Villaverde y en los que la Iglesia se apoya para movilizar a los católicos con el altavoz de un sector mediático afín y el amparo de asociaciones religiosas del ámbito educativo como la Federación Española de Religiosos de Enseñanza (FERE) y la Confederación Nacional de Padres de Familia y Padres de Alumnos (Concapa). Grupos como los kikos –así se conocen los miembros del Camino Neocatecumenal, en honor al nombre de su fundador, Kiko Argüello–, dice Calvo, han cambiado radicalmente las dinámicas dentro de la Iglesia. "Es un movimiento social muy poderoso en un momento de incertidumbre como el actual que ha importado las protestas a la americana y ha sido capaz de sacar a la jerarquía a la calle, un lugar en el que los obispos nunca se han sentido cómodos", señala. 

La realidad es que a pesar de que la España de hoy es la menos católica de la historia, los obispos no solo mantienen sino que acrecientan bajo el actual Gobierno su influencia en aspectos como la educación, el concepto de familia tradicional o la limitación de los derechos civiles. Y eso a pesar de que el 53.6% de los españoles creen que las autoridades religiosas no deberían influir en las decisiones del Gobierno, según el CIS. El borrador de la nueva ley del aborto, más restrictiva que de la de 1985 porque elimina el supuesto de malformación además de eliminará la libre interrupción del embarazo hasta las 14 semanas, es buen ejemplo de cómo la jerarquía mantiene sus cotas de poder. 

La ley educativa impulsada por el ministro José Ignacio Wert incluye viejas reivindicaciones de la jerarquía católica como que la calificación de la asignatura de Religión cuente para hacer media y para acceder a becas –esto no ocurría desde 1990– y que ésta tenga una alternativa fuerte. O que desaparezca Educación para la Ciudadanía, materia que se implantó en 2006 con el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero y que es considerada por los obispos como un instrumento que utiliza el Estado para adoctrinar ideológica y moralmente a los alumnos.

Una autofinanciación aparcada 

Los colectivos laicistas como Europa Laica señalan que la manera "más objetiva" de diagnosticar el respaldo real de la Iglesia católica es observar el número de personas que marcan la X en la casilla correspondiente de la declaración de la renta para el sostenimiento de la institución. En la declaración de la renta presentada en 2012 sólo un 34,83% de los contribuyentes (7.357.037 personas) marcaron esa casilla, frente al 35,71% que lo hicieron en 2011. 

La realidad es que el punto angular de las prebendas de las que todavía goza en España la Iglesia católica a pesar de este avance secularizador es la financiación de sus actividades, pues, sean o no católicos, todos los contribuyentes sostienen con sus impuestos a una religión concreta a pesar de que, según la Constitución, España es un Estado "aconfesional". El Estado abonará 159,6 millones de euros a la jerarquía en 2014 como anticipo del IRPF, aunque la cantidad total que recibirá por esta asignación se complementará con la liquidación de lo recaudado el año anterior. El adelanto es la misma cantidad que en 2012 y 2013 a pesar de que los ingresos previstos por impuestos sobre la renta y cotizaciones sociales caen un 0,7%, según las previsiones del Ejecutivo.

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