Los papeles de Bárcenas

El exgerente del PP, convencido de que hubo donativos opacos y de que Rajoy permitió que Bárcenas siguiera de tesorero

Alicia Gutiérrez/Tono Calleja

Cristóbal Páez, gerente del PP entre mediados de 2008 y de 2010, no solo procalmó ante el juez Pablo Ruz su convicción de que los cobros en negro que él mismo recibió procedían de “donativos que no se declaraban”, sino que, con lujo de detalles, relató cómo el cese de Luis Bárcenas como tesorero tras su imputación en el verano de 2009 fue un paripé que Mariano Rajoy conocía a la perfección. ¿Qué funciones tenía Bárcenas tras su apartamiento formal del cargo? "Las mismas", respondió Páez. Las de tesorero.

Tras reconocer que trabajó como asesor externo del PP a mediados de los noventa y que jamás presentó factura, lo que abona la idea de una caja B, Páez fue taxativo en cuanto a los dos cobros de 6.000 euros que, a modo de compensación extrasalarial, recibió en 2007 y 208: "A mí me pagan un dinero y yo veo que me pagan un dinero que no se declara, yo entiendo que es dinero de los donativos que no se declaran". "Pero yo -añade casi a renglón seguido- no soy un policía".

La transcripción de su declaración como testigo constata que, pese a su insistencia en que jamás supo nada de una hipotética –aunque posible, terminó admitiendo- contabilidad B, Páez tenía la convicción de que los dos pagos de 6.000 euros en negro que recibió en 2007 y 208 procedían de la caja oculta: Sus primeras colaboraciones con Bárcenas, asesoramientos esporádicos a mediados de los años noventa, también se cobraron sin que hubiera factura. “Me daban una cantidad y yo firmaba un recibo”. Así funcionaba.

Despedido en 2010 con 560.000 euros –su indemnización legal más dos anualidades completas- tras un año de “guerra” entre Bárcenas y María Dolores de Cospedal, que había asumido formalmente la tesorería, Páez explicó que buscó el auxilio de Rajoy. “Ya en 2010 le dije a Rajoy: oye, estos me vuelven loco, no quieren el uno que despache con el otro (…). Bárcenas me amenazó y hablé con el presidente. Me dijo que despachase con la secretaria general, pero no cambió nada”.

Según sus palabras, la bicefalia entre Bárcenas y la secretaria general del PP se alargó hasta la llegada de José Manuel Romay Beccaría a la tesorería del PP, “en abril de 2010, abril o mayo”. Pero tampoco cortó ahí el PP su relación con el exsenador ahora encarcelado. “Lo que supe después de irme es que él seguía allí”.

El hombre que durante varias semanas tras el estallido del caso Gürtel en febrero de 2009 ocultó las “hojas de Excel” con apuntes contables que Bárcenas le pidió que guardase –no vio, sostiene, lo que decían esos papeles, pero le “estorbaban”, le “quemaban”, dijo- aportó otro dato significativo: ni quiso saber jamás nada de las donaciones –de las legales, que se llevaban con “discreción”-, ni entró “nunca” en cuánto era el importe de los sobresueldos asignados a los altos cargos del partido: “Se pagaban y ya está”. Cuando uno de los letrados de la acusación popular le inquirió si lo que eso significa es que sus competencias iban “de ahí para abajo”, Páez asintió.

Páez, cuyo contrato quedó roto en mayo o junio de 2010, asegura que no tuvo la menor intervención en el pacto que aseguró a Bárcenas lo que el PP sigue llamando un finiquito con “indemnización en diferido”. Entonces no había más tesorero que María Dolores de Cospedal. Fue ella quien le comunicó su despido, aunque Páez acudió de nuevo a Rajoy, quien adujo que se abría una nueva etapa. 

Aun atrincherado en que nunca supo de donaciones ocultas ni de sobresueldos a dirigentes en B, Páez acudió a un argumento peculiar para explicar por qué no incorporó a s declaración de renta los 12.000 euros en negro que percibió en 2007 y 2008. “Si los incluía estaba delatando a mi empresa”. Y, según sus datos, la jurisprudencia laboral ampara al trabajador que no declara esos ingresos porque, si lo hace, “pone en riesgo su pueto de trabajo”.

Según Páez, pese a que poco antes del congreso del PP de junio de 2008 ascendió a gerente mientras Bárcenas tomaba las riendas como tesorero, jamás quiso gestionar ni conocer nada sobre las donaciones. Sus funciones reales siguieron siendo las mismas que cuando era adjunto al gerente.

Era Bárcenas quien tomaba las decisiones y continuaba controlando el presupuesto, los en torno a los casi 30 millones anuales que, según sus cálculos, maneja el PP. El testigo describió de manera gráfica la situación en su respuesta a una pregunta sobre Álvaro Lapuerta, tesorero del partido entre 1993 y 2008. “Le conocía porque era la persona que firmaba los pagos, los cheques…, conversaba con él porque era una persona amable y de buen trato y tampoco tenía mucho que hacer, en fin, que le gustaba conversar”.

Sobresueldos variables para lograr un techo fijo

Camuflados como gastos de representación, así funcionaban los sobresueldos y así lo remachó Páez, como una “nómina” cuyo pago, por tanto, no se visaba con antelación. El sistema era simple: se establecía un sueldo por categorías –secretario general, vicesecretarios, etc.- y el partido pagaba a cada uno la diferencia entre el techo fijado y el sueldo que cada cual cobrase del Congreso o el Senado. 

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