Del fracaso de Pemex y la reconversión naval a la fábrica de SAIC: el nuevo futuro industrial en Galicia

Miguel Pardo (Praza.gal)

La petición formal de la empresa china SAIC Motor de instalarse en Ferrol y As Pontes para crear un gran polo logístico de montaje y distribución de sus coches en Europa, y la declaración de la iniciativa como proyecto industrial estratégico (PIA) por parte de la Xunta, abre nuevas expectativas industriales en Ferrolterra y en todo el norte gallego, castigado desde hace años por la desindustrialización, unas comunicaciones precarias, el abandono o una importante crisis demográfica.

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La apuesta del gigante asiático de la automoción consolida el camino de la recuperación que emprendió el naval tras los duros efectos de la crisis de 2008 y la frustración por el fracaso de Pemex, y abre otra vía para la comarca vecina del Eume, donde el inexorable fin del carbón vació de empleo y actividad las antiguas instalaciones de la central térmica de Endesa.

La llegada del gigante asiático a Galicia profundiza en la apuesta por la diversificación, la economía verde, la menor dependencia de combustibles fósiles y la movilidad sostenible que impulsa la UE. Una fábrica de coches eléctricos con base principal en el puerto exterior de Ferrol que podría abastecerse en parte con la instalación solar fotovoltaica para autoconsumo prevista, a la que la Xunta acaba de dar su visto bueno ambiental.

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Será en el mismo lugar donde hasta hace poco Endesa recibía, a través de enormes buques, miles de toneladas de carbón que se almacenaban en el muelle para luego ser quemadas en la central térmica de As Pontes. Una instalación que fue la industria de mayor impacto climático de Galicia, la más contaminante del Estado durante años y una de las que más contribuyó al calentamiento global en Europa. Uno de los mayores focos emisores de dióxido de carbono (CO2), el principal gas de efecto invernadero.

El cierre de la térmica levantó un abanico de ideas, promesas y proyectos. Algunos de ellos, como la bioplanta de fibra reciclada que lidera Ence, tiene previsto comenzar a operar el próximo año, mientras que Endesa propuso también la instalación de varios nuevos parques eólicos o de instalaciones fotovoltaicas. La idea es que As Pontes sea ahora también base del centro industrial y logístico de SAIC y punto clave de la infraestructura del gigante chino en Galicia, una iniciativa que parece encarrilada salvo sorpresa.

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En plena recuperación de Navantia

El otro, el principal, estará en Ferrol, donde MG —una de las principales marcas del grupo de automoción— prevé una planta “que integrará investigación y desarrollo de vehículos, fabricación avanzada, suministro de componentes clave y operaciones logísticas inteligentes, configurando un ecosistema industrial totalmente conectado de principio a fin”.

La ciudad departamental y su entorno —y por extensión todo el norte gallego— reciben así un nuevo impulso después de que los astilleros de Navantia se recuperasen de la crisis que trajo la sufrida en 2008. Los nuevos y abundantes encargos llegaron por la vía de la especialización en buques militares de alta tecnología, con importante carga de trabajo por la construcción de las nuevas fragatas F-110 y otros buques, tanto del Estado como de otros países.

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La buena salud en los astilleros contrasta con la situación de crisis que vivían cuando en 2012 la Xunta anunciaba y apadrinaba la firma de los contratos con la petrolera mexicana Pemex para la construcción de dos floteles: uno con Navantia y otro con Barreras. Unos contratos que la empresa mexicana acabaría negando para luego reconocer un acuerdo con el Gobierno gallego que, según el entonces presidente de la Xunta, Núñez Feijóo, supondrían la salvación del naval gallego.

A aquellos floteles les seguirían, según la Xunta, la construcción en Galicia de quimiqueros, tres buques tanque, un atunero, un barco de apoyo a plataformas petrolíferas, varios remolcadores, la renovación de parte de la flota azteca, entre otros proyectos.

Las más de veinte embarcaciones de la cuenta quedaron en la polémica adjudicación y construcción de dos floteles y en la compra por parte de la petrolera mexicana de Barreras, histórico astillero que acabó quebrado.

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Para el flotel construido en Navantia, entregado en febrero de 2017, Feijóo habló de “3.000 empleos para dos años” y el astillero rebajó a unos 2.000, una previsión que luego quedaría en 900. Finalmente, fueron unos 500 operarios.

Casi una década después, Navantia rebosa trabajo. Además, la planta de Fene continúa manteniendo una ingente fabricación de estructuras para la eólica marina, además de la reparación y modernización de diferentes tipologías de buques.

Precisamente, y en el mismo ámbito, el proyecto conjunto de los puertos de A Coruña y Ferrol (Golfo Ártabro-Offshore Wind) recibirá casi 100 millones de euros del Ministerio para la Transición Ecológica para la habilitación de punta Langosteira y Caneliñas con el objetivo de ser referencia en fabricación y montaje de aerogeneradores marinos.

Con la esperanza de la iniciativa de SAIC encima de la mesa, el alcalde de Ferrol, el popular José Manuel Rey Varela, celebró este lunes que la ciudad esté “en el mapa de las grandes decisiones”. “Este proyecto es una oportunidad para la diversificación de la que llevábamos hablando tantos años”, dijo en redes sociales sobre lo que la empresa china califica de “hito histórico”.

La planta, según MG, “traerá a Europa tecnologías líderes a nivel mundial mediante la fabricación localizada y la I+D, apoyando la transición hacia un futuro de movilidad más sostenible en línea con los objetivos de cero emisiones de la UE para 2035”, añade la empresa, que recuerda su estrategia “en Europa, para Europa”, que esconde también la importancia de evitar el pago de aranceles que supone la exportación desde Asia de sus productos.

La petición formal de la empresa china SAIC Motor de instalarse en Ferrol y As Pontes para crear un gran polo logístico de montaje y distribución de sus coches en Europa, y la declaración de la iniciativa como proyecto industrial estratégico (PIA) por parte de la Xunta, abre nuevas expectativas industriales en Ferrolterra y en todo el norte gallego, castigado desde hace años por la desindustrialización, unas comunicaciones precarias, el abandono o una importante crisis demográfica.

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