El juicio del caso Kitchen en la Audiencia Nacional encara ya la recta final. Tras mes y medio escuchando testimonios, revisando documentos y repasando declaraciones judiciales y audios, los diez acusados deberán sentarse ahora frente al tribunal para dar su versión del supuesto operativo parapolicial sobre el extesorero Luis Bárcenas articulado con el fin de evitar que información comprometedora para el PP acabara en el caso Gürtel. El primero en hacerlo será el ex secretario de Estado de Seguridad Francisco Martínez. Y luego, quien fuera su jefe, el exministro del Interior Jorge Fernández Díaz. Ambos llevan enfrentados entre sí desde hace años. Pero durante el juicio han mantenido prietas las filas. Una estrategia defensiva común que las acusaciones dan por hecho que se mantendrá en esta última fase de la vista oral. "Todos de la mano", lanzan.
Las defensas nunca han negado el espionaje al entorno de Bárcenas. Básicamente, porque las vigilancias, que se extendieron fundamentalmente entre julio y octubre de 2013, están perfectamente documentadas en más de una veintena de informes policiales elaborados sobre las mismas. Ahora bien, han rechazado durante el juicio que formaran parte de, como dice la Fiscalía Anticorrupción, una "operación ilícita" para "obtener tanto información como pruebas materiales" que pudieran "resultar incriminatorias" para la formación conservadora y sus máximos dirigentes en Gürtel. Según el relato que han ido hilvanando, fue una "operación policial justificada y totalmente legal" para buscar cuentas bancarias en el extranjero que pudiera tener Bárcenas.
Una tesis que, sin embargo, ha sido puesta en entredicho por algunos testimonios recogidos en el juicio. Enrique Barón, quien fuera durante aquella época el mandamás de la Comisaría General de Información –en la que se encuadraba la Unidad Central de Apoyo Operativo (UCAO), que hizo el grueso de seguimientos–, aseguró que nunca recibió ninguna solicitud de apoyo para actuar sobre el entorno de los Bárcenas ni de la Comisaría General de Policía Judicial ni de la Unidad Central de Delincuencia Económica y Fiscal (UDEF), que jerárquicamente se ubica bajo la primera y que era la que llevaba la investigación del caso Gürtel.
Un testimonio al que se suma el de Manuel Morocho, inspector jefe del Grupo XXI de la UDEF e investigador principal de la trama corrupta, quien aseguró que nunca le "llegó" ninguna "nota informativa de inteligencia" procedente de la Dirección Adjunta Operativa (DAO), que entonces lideraba el comisario Eugenio Pino, ni nunca pidió apoyo a la UCAO para sus pesquisas. De hecho, aseguró que él se enteró de esa operación en 2015 –dos años después de llevarse a cabo–, cuando la cúpula policial registró la Kitchen en GATI, el fichero de inteligencia que realiza cruces entre investigaciones. Un movimiento con el que se buscaba, sostiene Anticorrupción, "enmascarar" el espionaje.
Algo de oxígeno dio a los acusados José Santiago Sánchez Aparicio, quien fuera comisario general de Policía Judicial y, por tanto, máximo responsable de la UDEF y de Morocho. En su declaración como testigo, dijo que cuando tomó posesión del cargo, Pino le informó sobre una operación de inteligencia sobre el entorno de Bárcenas. Él preguntó a sus subordinados si tenían constancia de ello, pero la respuesta fue negativa. Fue entonces cuando se reunió con el director adjunto operativo y el jefe de la UCAO, Enrique García Castaño, quien le explicó que se había iniciado dicha "línea de investigación" pero que, al final, no se había desarrollado.
Martínez, perseguido por 'El Gordo' y los audios de Villarejo
Un problema de salud libró García Castaño de sentarse en el banquillo de los acusados. Pero lo que dijo en fase de instrucción ha marcado las últimas sesiones del juicio. Sus declaraciones, reproducidas ante el tribunal de la Kitchen, ponen el foco, fundamentalmente, sobre el ex secretario de Estado de Seguridad. De hecho, fueron las mismas las que acabaron provocando la imputación de Martínez. Y cuentan con el aval de la Fiscalía Anticorrupción, que las utilizaba en su escrito de acusación –en el que, además, tenían en cuenta la "colaboración tardía" del comisario jubilado–.
Según la declaración de El Gordo, a él le hicieron varios encargos. Uno de ellos, que partió de Pino, estaba orientado a conseguir información sobre el patrimonio en el extranjero que pudiera tener Bárcenas. Pero luego Martínez introdujo un "plus" del que, aseguró durante sus comparecencias ante el instructor, también tuvo conocimiento el ex director adjunto operativo. El ex número dos de Interior le dijo que existía "preocupación" por unos "discos duros" que se habría llevado el extesorero con la "contabilidad". "Y todo lo que hacía en el partido: pagos en A, en B, donaciones...", concretó. "Estaba muy interesado", añadió.
García Castaño, quien llegó a decir que el objetivo del operativo era ocultar documentos comprometedores para el PP, también reconoció haber accedido al taller de restauración de la esposa de Bárcenas. Y haber hecho un volcado de varios dispositivos del extesorero que le facilitó su chófer, el topo en la operación. Una información que, afirmó, hizo llegar a Martínez: "El pendrive se lo entregué al secretario de Estado". Se lo dio, dijo, en su despacho, junto con un ordenador comprado con cargo a los fondos reservados para que no utilizara el oficial.
Dos de los agentes con los que García Castaño fue a ver a Martínez ya han declarado durante el juicio. Durante su comparecencia como testigos, confirmaron que acudieron a la Secretaría de Estado con el comisario. Y que manejaron un ordenador. Ahora bien, aseguraron que la visita nada tenía que ver con el volcado de los teléfonos. "Fuimos por un tema que no tiene nada que ver en absoluto con el que estamos hablando", resaltó uno de ellos. "La información que contenía dentro [del equipo] no provenía de los volcados que se realizaron, con toda certeza", aseveraron.
A Martínez también le persiguen los audios del comisario jubilado José Manuel Villarejo reproducidos a lo largo de la pasada semana en Sala. En uno de ellos, el primero habla de unos "recibos", no sabe si firmados por Bárcenas o por Mariano Rajoy, "cosas" que es "interesante tener", como "el ordenador ese que tienen". "Cuando vea mañana o pasado al Gordo le preguntaré si ya ha hecho lo de la entrada", se escucha a Villarejo, algo que puede guardar relación con el registro reconocido del taller de restauración de la mujer del extesorero. En los audios, Martínez también pregunta "quién paga" al "cocinero", que es como se referían al confidente.
Fernández Díaz, atado a un Martínez que evita el enfrentamiento
Otra de las grabaciones reproducidas en la Sala recogía una reunión del 16 de diciembre de 2012 entre Fernández Díaz, Pino y Villarejo en la que se abordaba la posibilidad de presentar varias denuncias contra dirigentes independentistas y de la que el exministro no quería que se supiera absolutamente nada: "Yo negaré incluso bajo tortura que esta reunión ha existido". "Con el fiscal jefe del Estado se ha hablado", llega a decir en aquel encuentro, una cita que recuerda mucho a aquel "la fiscalía te lo afina" que pronunció en otro encuentro con quien fuera director de la Oficina Antifraude de Cataluña.
Dos son los elementos que salpican al exdirigente conservador en Kitchen y que lo sitúan como conocedor de la operación. Por un lado, el testimonio que dio en fase de instrucción el ex secretario de Estado de Seguridad Francisco Martínez. Y, por otro, los mensajes que éste protocolizó ante notario en junio y octubre de 2019, cuando la investigación judicial estaba bajo secreto. En la primera tanda, destacaba uno fechado el 13 de julio de 2013: "Chofer. B: Sergio Javier Ríos Esgueva (ahora hace esa función con su mujer)". Y en la segunda, otro del 18 de octubre de ese año en el que se señalaba que la "operación" se había hecho "con éxito": "Se ha volcado todo (2 iPhone y 1 iPad). Mañana tendremos el informe".
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Las fechas son clave. La primera vigilancia a la familia Bárcenas de la que existe constancia documental se produjo el 25 de julio de 2013. Y el volcado de los dispositivos electrónicos de Bárcenas, confirmado por dos agentes durante el juicio, se produjo a mediados de octubre. Los mensajes, según comprobaron los dos notarios que dieron fe de los mismos, fueron enviados desde un número que Martínez tenía guardado en su terminal con el nombre de "Jorge Fernández Díaz". Pero el exministro siempre ha negado su existencia.
Tiene, en este sentido, algunos elementos a su favor. Por ejemplo, el "borrado" de los mensajes que llevó a cabo Martínez tras documentarlos ante notario impidió a la Policía acceder a los mismos, algo que tampoco pudo hacerse a través de los dispositivos del exministro –no disponía del teléfono que usaba por aquellas fechas–. Durante su declaración como testigos, los dos notarios reconocieron que solo dejaron constancia de lo que vieron y de lo que les dijo Martínez, pero no aseguraban que el teléfono desde el que procedían los mensajes fuera el del exministro del Interior. Los investigadores, no obstante, sí comprobaron durante la instrucción que el titular de aquella línea telefónica era en 2013 el Ministerio del Interior y, a partir de julio de 2019, Jorge Fernández Díaz.
Aquellos mensajes provocaron un tenso careo durante la fase de investigación. Un enfrentamiento que, sin embargo, no ha aflorado durante el juicio de Kitchen. Los acusados han mantenido hasta el último minuto prietas las filas. Y buena prueba de ello es el silencio del abogado de Martínez durante el interrogatorio al perito propuesto por la defensa de Fernández Díaz para sembrar dudas sobre dichos mensajes. "Hay elevados indicios de que algo no cuadra y de algún tipo de manipulación", dijo el testigo de parte. El ex secretario de Estado, además, ha renunciado a su propio perito informático durante el juicio, dejando vía libre a la estrategia de defensa de su exjefe.
El juicio del caso Kitchen en la Audiencia Nacional encara ya la recta final. Tras mes y medio escuchando testimonios, revisando documentos y repasando declaraciones judiciales y audios, los diez acusados deberán sentarse ahora frente al tribunal para dar su versión del supuesto operativo parapolicial sobre el extesorero Luis Bárcenas articulado con el fin de evitar que información comprometedora para el PP acabara en el caso Gürtel. El primero en hacerlo será el ex secretario de Estado de Seguridad Francisco Martínez. Y luego, quien fuera su jefe, el exministro del Interior Jorge Fernández Díaz. Ambos llevan enfrentados entre sí desde hace años. Pero durante el juicio han mantenido prietas las filas. Una estrategia defensiva común que las acusaciones dan por hecho que se mantendrá en esta última fase de la vista oral. "Todos de la mano", lanzan.