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Día de Todos los Santos

La muerte ya no es lo que era: hay un 38% de incineraciones y los entierros son más íntimos, aunque el rito católico resiste

Cementerio de Lloret de Mar (Girona).

La mayoría de las festividades que se celebran en España tienen su origen en la religión católica. La de este jueves, 1 de noviembre, no es una excepción. Si la mayoría de ciudadanos no ha ido a trabajar o a estudiar, es porque el papa Gregorio IV decidió, en el siglo IX, extender la celebración de este día a toda la Iglesia católica para conmemorar a los difuntos, considerados santos. Además, eligió este día para hacerlo coincidir con algunas fiestas paganas de los pueblos germanos, con lo que consiguió extender, además, el catolicismo. Tradicionalmente, este día se reserva, como indica su origen, para acudir a los cementerios a honrar a los familiares y amigos fallecidos, aunque también puede emplearse para el descanso.

Es una cuestión de costumbres o, también, de la religiosidad de cada uno. Pero aunque la sociedad española haya experimentado una paulatina y creciente secularización, lo cierto es que tiene el catolicismo muy presente a la hora de enfrentarse a la muerte. De hecho, quizá sea esta la característica que continúan teniendo en común la mayoría de ritos celebrados en España tras un fallecimiento. Ha cambiado la manera de enfrentarse a él, de homenajear al difunto y de decidir cuál será su final, pero la influencia de la Iglesia sigue teniendo casi el mismo peso. Así lo certifica la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) que, tras realizar una encuesta a 856 personas, ha comprobado que el 86% de ceremonias fúnebres son católicas. "No importa que vivamos en una sociedad más laica, las exequias culminan aún en la mayoría de los casos con un oficio religioso", apuntan. 

"Todo el mundo habla de la secularización, y no hay ninguna duda de que España se ha secularizado: la gente no va a misa, se casa menos y lo hace menos por la Iglesia", explica Jesús de Miguel, catedrático de Sociología y autor del artículo El último deseo. Para una sociología de la muerte en España. "Pero la religión sigue muy viva en la muerte porque explica una serie de cosas para las que no tenemos explicación", añade. Y más en un aspecto, afirma, tan tabú. "El tema de la muerte es un tema eterno, pero lo ocultamos y no lo queremos entender".

Pero la muerte, aunque siga íntimamente emparejada con la religión, ha cambiado. Así lo certifica al menos el último informe de Panasef, la asociación que representa a las empresas prestadoras del 70% de los servicios funerarios en España: cada vez hay más incineraciones y menos inhumaciones. Pero además, como indica la OCU, el fallecimiento se afronta cada vez de forma más íntima o privada

El cambio cultural y los problemas económicos hacen crecer las incineraciones

Cuando alguien fallece, los familiares deben enfrentarse, además de al duelo, a una pregunta: ¿inhumación clásica o incineración? No hay ninguna opción ni mejor ni peor, pero lo cierto es que la decisión es clave. Según han evidenciado Panasef y la OCU, la tendencia a la hora de decantarse por una o por otra ha cambiado y la segunda alternativa ha ganado terreno a la primera, aunque esta sigue siendo, indiscutiblemente, la más escogida

En este sentido, según el informe del sector, en 2017 hubo un 38,4% de incineraciones –un total de 162.806 fallecidos– y un 61,6% de inhumaciones –260.837 personas–. Sin embargo, en 2016 la primera opción fue elegida por el 36,9% mientras que la segunda lo fue por el 63%. En 2015, los porcentajes estaban todavía más alejados: hubo un 36,2% de incineraciones frente a un 63,7% de inhumaciones. 

Lo que explica esta tendencia es, según Juan José López Vivas, vicepresidente de Panasef, "la unión del cambio de la mentalidad de la personas y el desarrollo de los servicios". Pero esta última causa es la más influyente. "Hay poblaciones en las que la adquisición de un nicho o una tumba, por problemas de espacio, es muy cara", explica. "Sin embargo, en todos los cementerios se han hecho espacios para columbarios o esparcimiento de las cenizas que ahorran los costes". 

Aunque en esta elección también ha influido la presencia católica. Así, el hecho de que la Iglesia haya abierto poco a poco la mentalidad hacia la incineración también ha contribuido al aumento de esta práctica que, según López Vivas, no dejará de crecer. "En nuestro estudio, prevemos que en 2025 las incineraciones supongan sean de un 60%", apunta.

Porque además, las preferencias se inclinan hacia ellas. Así lo ha constatado, al menos, la encuesta de la OCU. Según el estudio de la organización, el 68% de los españoles ya prefiere la incineración al tradicional entierro, a pesar "de que ahora mismo el 58% –según los datos que manejan– de los españoles son enterrados sin incinerar", afirman fuentes de la asociación. "Además, entre aquellos que manifiestan preferir la incineración, el 45% desearía que sus cenizas se esparcieran en la naturaleza", añade el informe. Pero para De Miguel la incineración tan sólo es una forma de "hacer desaparecer" al difunto.

Mayor privacidad 

La muerte se ha trasladado del domicilio al hospital, es decir, del ámbito privado al público, según explica De Miguel. Lo dicen, también, los datos: según la OCU, el 53% fallece en un centro médico y el 30% en su propia casa.

Pero el velatorio, por su parte, ha experimentado lo contrario. "Atrás ha quedado la costumbre de velar en el hogar: ahora, los tanatorios son el lugar de encuentro para la inmensa mayoría antes del sepelio", afirma la organización. Concretamente, lo son para el 52% de los españoles, frente al 1% que prefiere el domicilio. La mayoría de los encuestados, además, prefiere hacerlo en un tanatorio privado –un 52%– que en uno público –un 42%–. 

"En la actualidad la muerte (propia o de los otros) es un tema prohibido, o tabú. En un mundo feliz postmoderno como el actual la muerte es evitada, retrasada al máximo, escondida. No se muere en casa rodeado de los hijos o hijas, sino en el hospital, incluso en un cuarto aislado (una unidad de cuidados intensivos), intubado, inconsciente", escribió De Miguel en su artículo. 

Esto tiene que ver, argumenta, con la mayor individualización del ser humano. "Vivimos en una sociedad muy individual que oculta la muerte, lo que antes se hacía con el sexo, que era un tema tabú", explica. 

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