Trabajo doméstico

Mujer, inmigrante y precaria: las trabajadoras del hogar dan un paso al frente para luchar por sus derechos

Los empleados de hogar no tienen derecho a prestación por desempleo.

Dedican horas a trabajar entre las cuatro paredes de una casa. El desgaste físico y psicológico es tal, que las dolencias tienden a convertirse en consecuencia ineludible de su trabajo. Este viernes 30 de marzo se les homenajea a través del Día Internacional de las Empleadas del Hogar en una celebración que no es tal. Denuncian no sólo ser invisibles, sino también las raíces y consecuencias de la invisibilización impuesta. Mujeres en su mayoría que se encuentran relegadas a un segundo plano que las castiga con precariedad normalizada y condiciones extremas.

Son, según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), al menos 67 millones en el mundo. En España, tal y como indica el Instituto Nacional de Estadística (INE) en base a datos del cuarto trimestre de 2017, la cifra de empleados domésticos es de 641.000, de los que el 87,8% son mujeres. De ellos, no obstante y según datos de febrero de 2018 del Ministerio de Empleo, sólo 419.00 están dados de alta en la Seguridad Social. Un 34,6%, por tanto, se encuentra trabajando sin cotizar.

Hasta el año 2012 no era obligatorio en suelo español que las trabajadoras domésticas estuvieran dadas de alta en la Seguridad Social si no superaban un número concreto de horas trabajadas, pero la reforma de 2011 las incluye en el Régimen General y obliga a los empleadores a pagar las cotizaciones desde la primera hora contratada. La nueva ley, no obstante, ignora el subsidio por desempleo, de modo que aquellas trabajadoras que se queden sin empleo no podrán cobrar el paro, circunstancia especialmente sangrante para las cuidadoras de personas mayores, quienes corren el riesgo de quedarse sin ingresos cuando la persona a la que cuidan fallece.

"La incorporación al Régimen General supuso un avance extraordinario en el reconocimiento de sus derechos y hubo un crecimiento de la afiliación enorme". Habla Joaquín Nieto, director de la oficina de la OIT en España. Pese a lo positivo del avance, agrega, "todavía hay asuntos pendientes". Se refiere a aquellas que no están afiliadas, "un volumen muy superior al de cualquier otro sector". También apela a la imposibilidad de cobrar prestación por desempleo: "Son las únicas trabajadoras que no tienen ese derecho" de modo que sería "el mayor avance de las cuestiones pendientes".

Una de las fórmulas que con más probabilidad supondría mejoras para las empleadas del hogar –así lo reclaman sindicatos, organizaciones y las propias trabajadoras– es el Convenio 189 de la OIT. El acuerdo, impulsado en el año 2011 y cuya entrada en vigor se produjo dos después, ha sido ratificado ya por 25 países –Portugal, Alemania o Suiza entre otros–. Su principal finalidad es equiparar el trabajo doméstico al resto de empleos a nivel de derechos, pero España no está entre los países que se han sumado a la ratificación. Joaquín Nieto cree que es el momento para dar el paso. "La demanda es muy amplia y tendría grandes beneficios, no sólo para las trabajadoras, sino también para la economía del país". Además, señala, "habría amplio consenso político en las Cortes y sería aprobado por unanimidad".

"No tenemos ni nombre"

La Asociación de Empleadas del Hogar - Etxeko Langileen Elkartea elabora una estadística anual en base a los casos que asesora como plataforma afincada en Bilbao. Las conclusiones de la organización no distan de la visión que de forma generalizada relatan las trabajadoras de diferentes puntos territoriales. "La gran mayoría de las internas realiza el trabajo en condiciones ilegales en materia de jornada y descansos", de manera que el 71,56% de ellas está a disposición de la parte empleadora por más de las 60 horas semanales, mientras que el 29,36%, además, no disfruta de ningún descanso diario, entendido como "la libertad de salir de la vivienda para dedicarse a sus propios asuntos".

Los cuidados, por su parte, son proporcionados "en condiciones ínfimas de seguridad y salud laborales". De hecho, el 30,69% de las internas "no llega a tener diez horas de descanso nocturno, porque las personas atendidas necesitan cuidados diversos". Por otro lado, las trabajadoras han señalado "dolencias derivadas de la ausencia de información, formación y medios auxiliares". Un tercio de las internas, por otro lado, queda en paro "de un día para otro" y sin prestación de desempleo debido al fallecimiento o ingreso residencial del empleador. En cuanto al trabajo externo, la asociación percibe que la falta de cobertura de Seguridad Social en los empleos de pocas horas "continúa siendo alta".

Carolina Elías forma parte del Servicio Doméstico Activo (Sedoac) y mantiene intacta en su memoria la lista de obstáculos a los que las trabajadoras como ella se enfrentan cada día. En términos generales, relata en conversación con infoLibre, existe una "desvalorización del trabajo porque se nos ve como a la chacha, no tenemos ni nombre". Existe, por otro lado, una discriminación latente también hacia las extranjeras, que siguen siendo mayoría. "La ley también nos discrimina en comparación al resto de trabajadores porque no tenemos derecho a prestación por desempleo" y tampoco existe un plan específico de "prevención de riesgos laborales", sino que queda en manos de "los jefes nada más", así que se produce una "desprotección" evidente.

El problema de la falta de derecho a las prestaciones por desempleo, recalca Elías, resulta especialmente acusado para las internas. Puede suceder, por ejemplo, que cuando una de ellas sea despedida "no tenga sitio donde dormir y acabe literalmente en la calle". Si además "no tiene redes de apoyo" la dificultad es extrema. En este sentido, sostiene, su principal reivindicación es la eliminación del régimen de internas. "Se sienten esclavas de ese tipo de trabajo" porque "durante toda la semana están encerradas". Las incidencias, dice, a nivel psicológico son elevadas, especialmente porque no tienen tiempo para estar con su familia ni para ellas mismas. En esta cuestión coincide también Irene Gómez, miembro de la Asociación de Mujeres Inmigrantes de Castellón (Amuinca) y del Grupo Turín. Gómez apuesta por abolir el régimen de internas, que considera "una forma de explotación y prácticamente un sistema esclavista". Llama, asimismo, no sólo a "ratificar el Convenio 189" sino también a "mejorar las condiciones laborales y lograr derechos iguales para todos los trabajadores".

En cuanto a los problemas a la hora de que estas empleadas puedan darse de alta en la Seguridad Social, existen, a juicio de Elías, dos formas de economía sumergida. Por un lado la que afecta a aquellas mujeres que no están dadas de alta "porque los jefes así lo deciden o porque no tienen papeles", y por otro lado aquellas que "trabajan por horas y sólo les dan de alta en un sitio pero en el resto no". 

Prevención de riesgos

Elena Blasco, secretaria de Mujeres e Igualdad de CCOO, atribuye el alto porcentaje de trabajadoras que no están afiliadas a la Seguridad Social a la "infravaloración laboral, las condiciones de trabajo mal reguladas, la falta de un control administrativo y la inaplicación de la Ley de Prevención de Riesgos Laborales en las empleadas del hogar". La Ley 31/1995 de Prevención de Riesgos Laborales no es de aplicación a este sector, porque está pensada para las empresas y el hogar familiar está expresamente excluido de la propia norma. Es, por tanto, el empleador quien está "obligado a cuidar de que el trabajo del empleado de hogar se realice en las condiciones adecuadas de seguridad y salud", según indica el Ministerio de Empleo.

Las mujeres, tal y como señala Blasco, dependen de "la voluntad y la actitud del empleador y esto puede dar lugar a situaciones de acoso laboral, sexual, accidentes encubiertos, lesiones graves no declaradas como accidentes de trabajo o enfermedades profesionales que quedan en la esfera privada". La ley, a su entender, "ha de amparar a estas trabajadoras en los mismo términos que a cualquier otro trabajador, con los mismos derechos".

Blasco duda que "la Inspección haga un trabajo a fondo en este campo, no por falta de implicación o de ganas, sino porque la legislación tiene un vacío enorme que no les permite realizar su labor y además carecen de los medios humanos y materiales para hacerlo". De ahí, dice, "la importancia de que todo el entramado institucional y administrativo tenga las mismas capacidades que en el resto de centros de trabajo para poder actuar, tanto a nivel de prevención como de control y sanción".

Sindicatos, sociedad civil e instituciones

Uno de los principales problemas para estas trabajadoras es que, a menudo, se encuentran al margen de la acción sindical. "La afiliación de las empleadas del hogar ha ido creciendo con el paso de los años, pero sigue siendo muy baja", reconoce Blasco. La sindicalista interpreta que "su forma de trabajo no les permite relacionarse entre ellas como pueden hacerlo otros colectivos de trabajadores, con lo que el sindicalista de referencia tiene muy difícil la localización y la cercanía con ellas". El hecho de que la mayoría sean mujeres e inmigrantes, además, propicia que se queden "en muchas ocasiones en situaciones de sobreexplotación laboral, con salarios o tiempos de trabajo muy por debajo de los establecidos o expuestas de abusos y acosos de todo tipo". "Sin derecho a desempleo, ni a pensión, sin derecho a la protección en salud laboral y sin derecho a la negociación colectiva", lamenta.

Aunque a nivel sindical se han realizado talleres y conferencias específicas, "el problema principal es que no se sienten trabajadoras en sentido estricto porque no tienen la protección jurídica y laboral de una trabajadora o trabajador estatutario, con lo que eso dificulta el acercamiento al sindicato".

Carolina Elías reconoce no tener buenas experiencias con los sindicatos mayoritarios. "Nos piden que llevemos a 200 empleadas para formar la sección sindical, pero ¿de dónde voy a sacar a 200 empleadas que quieran pagar mensualmente la cuota sindical?", se pregunta, si bien Elena Blasco insiste en recordar que su sindicato ya cuenta con una federación que engloba al trabajo doméstico y una campaña específica al respecto. En todo caso, la trabajadora reclama mayor protagonismo no sólo en cuanto a la acción de los sindicatos, sino también en relación a los movimientos sociales que desde el 8M han ganado espacio en la agenda pública.

Pero sobre todo dice estar "decepcionada con el Gobierno español", esencialmente por su quietud a la hora de ratificar el Convenio 189. "No hay ninguna iniciativa que estudie la forma para que en 2019 podamos tener igualdad, no hay ninguna esperanza", denuncia. Aunque "los partidos de izquierda se han mostrado muy abiertos" a escuchar sus demandas, las trabajadoras del hogar siguen "esperando más acciones". Está convencida, Carolina Elías, de que "en cuanto haya un cambio de Gobierno se podrá conseguir algo".

Trabajadoras en sus propios hogares

Si bien las duras condiciones laborales que soportan las empleadas domésticas obligan a poner el foco en el trabajo remunerado, lo cierto es que la carga no termina tras las puertas de sus propios hogares. Precisamente uno de los objetivos de la Comisión 8M durante el Día Internacional de la Mujer fue llamar a una huelga de cuidados con el fin de visibilizar el trabajo gratuito que diariamente desempeñan las mujeres. Y es que sus labores de cuidados y tareas del hogar funcionan como pilar para sostener la vida y, por tanto, tienen un impacto clave en el mantenimiento de la cadena productiva.

Según el INE, en base a datos de 2016, los hombres otorgan una media de 23 horas a la semana al cuidado de los hijos, once a labores domésticas, catorce al cuidado de personas dependientes menores de 75 años y otras catorce al cuidado de mayores. El tiempo que dedican las mujeres es, en todos los casos, superior. Respecto al cuidado de los hijos, ellas emplean una media de 38 horas semanales, 20 para las labores domésticas, otras 20 para el cuidado de personas dependientes menores de 75 años y un total de 18 para los mayores de 75 años. La falta de corresponsabilidad no sólo lastra la vida laboral de las mujeres, sino que impone una carga de trabajo que no termina nunca.

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