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Crisis del coronavirus

Las ocho zonas de Madrid con la incidencia por las nubes que se salvan de las restricciones con la excusa de preservar la economía

Una mujer camina este viernes por la calle del Campo de la Paloma, en el distrito de Puente de Vallecas.

Dentro de la ciudad de Madrid: Villaamil, Tetuán. San Isidro, en Carabanchel. Canillejas, distrito de San Blas-Canillejas. Lavapiés, en el centro. Fuera de la capital: Las Fronteras, en Torrejón de Ardoz. Sierra de Guadarrama, en Collado Villalba. El municipio de Villa del Prado. Y Alcalde Bartolomé González, en Móstoles. Cinco en el norte, tres en el sur. Son las tres Zonas Básicas de Salud con una incidencia de más de 1.000 casos por 100.000 habitantes en los últimos 15 días que, pese a tener más casos en proporción que la inmensa mayoría del territorio ya no solo español sino europeo, solo tienen prohibidas las reuniones de más de seis personas y el ocio nocturno, entre otras restricciones menores.

El Gobierno de Isabel Díaz Ayuso no las ha incluido en la ampliación de su confinamiento perimetral, que ha anunciado este viernes. No cumplen todos los requisitos, ha explicado el viceconsejero de Salud Pública, Antonio Zapatero: o bien no tienen una evolución negativa o bien, como la mayoría de ellos, no están cerca de otras zonas con restricciones, por lo que la vigilancia policial se complica. Sin embargo, tanto los epidemiólogos como el Gobierno central llevan días insistiendo en que los barrios sin limitaciones de movilidad no tienen datos aceptables, sino todo lo contrario, que la detección y el rastreo han fracasado en la Comunidad de Madrid y que el confinamiento tanto de la gran urbe como de varios municipios o de toda la región es inevitable. "Hay que ser muy cautos a la hora de plantear medidas que puedan afectar al estado socioeconómico", ha asegurado el viceconsejero, en respuesta a las palabras del ministro y reconociendo que no es una cuestión únicamente sanitaria.

El viceconsejero ha explicado que no solo barajan la incidencia para decidir confinar perimetralmente una Zona Básica de Salud: también la cercanía con otras zonas ya confinadas y la tendencia durante la quincena previa. Son las limitaciones de un modelo que, según la Asociación Madrileña de Salud Pública (Amasap), "contribuye a la estigmatización de sus habitantes y a la crispación social". La asociación coincide con otros expertos y con el criterio del Ministerio de Sanidad: hay que tomar medidas drásticas que reduzcan de manera considerable la movilidad en toda la ciudad de Madrid y en los municipios más afectados, abandonando el sistema basado en las Zonas Básicas de Salud. Salvador Illa aseguró que el Ejecutivo central recomienda confinar las zonas con una incidencia mayor a 500 casos: eso incluiría no solo los barrios y los municipios del Sur, sino toda la urbe capital y más de 60 poblaciones al completo, entre los que se encuentran la mayoría de los que cuentan con más de 50.000 habitantes.

Las recomendaciones del Gobierno fueron expresadas por Illa en una rueda de prensa convocada a la misma hora a la que Zapatero y la directora de Salud Pública, Elena Andradas, anunciaban las ocho nuevas zonas que se incorporarían al confinamiento perimetral que aplica desde el pasado viernes la Comunidad de Madrid. Zapatero contestó tajante: no acepta imposiciones y no apuesta por restricciones más generalizadas, ya que "hay que ser muy cautos a la hora de plantear medidas que puedan afectar al estado socioeconómico". Sin embargo, los expertos consultados tanto para este reportaje como para otros previos, realizados a lo largo de la semana, son tajantes: es demasiado tarde. La intervención quirúrgica en zonas más golpeadas tiene sentido cuando hay una gran diferencia entre ellas y el resto en cuanto a incidencia. Ya no. En el caso de la capital, todos los barrios tienen una incidencia que, como mínimo, quintuplica las recomendaciones del Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades (ECDC, siglas en inglés) para declarar una zona como "de riesgo". Aún sin la virulencia de marzo, en la gran mayoría de grandes municipios de la región se puede hablar de transmisión comunitaria, el escenario a evitar por cualquier estrategia de vigilancia epidemiológica de cualquier pandemia. 

Amasap, en un comunicado, lo explica así: "Los confinamientos selectivos podrían tener sentido para aislar zonas con alta transmisión comunitaria de otras donde la transmisión está más o menos bajo control. Sin embargo, dado que la transmisión está fuera de control en toda la Comunidad de Madrid, con tasas de incidencia diaria por encima de 25 casos/100 000 en todos los distritos de Madrid y en la práctica totalidad de los municipios de más de 50.000 habitantes, es necesario aplicar restricciones de la movilidad y las relaciones sociales, similares a las de las fases 1 y 2 del Plan para la transición hacia una nueva normalidad, en todo el territorio y no de forma diferenciada en los distritosPlan para la transición hacia una nueva normalidad".

Su secretaria, la experta en Salud Pública Pilar Serrano, considera que el baremo de la incidencia igual o superior a 500 casos propuesto por Illa "es razonable, es sensato", incluso "un poco más conservador" con respecto al criterio que recomienda el Instituto de Salud Global de Harvard, que considera digno de alerta los 400. Ayuso ha dejado fuera barrios de 1.000 casos por cada 100.000 habitantes en los últimos 14 días. Serrano, cuya organización lleva dos semanas recomendando el confinamiento generalizado, no solo cree que las acciones tienen que ampliar los umbrales que manejan para ponerse en marcha, sino que el confinamiento perimetral "es extraño y no se acoge a ninguna recomendación científica. Hay que limitar la movilidad y aplicarlo a todo el territorio, sin esperar a los 1.000". Rechaza que se distinga entre barrios del mismo municipio con situaciones distintas frente al covid, ya que es muy difícil controlar el tránsito de personas y la efectividad se pone en duda: más del 85% de los habitantes de los barrios cerrados del sur salió a trabajar esta semana. Además, opina, se generan "muros para personas que quedan dentro prácticamente abandonadas". 

En todo caso, explica Serrano, su organización no apuesta por un confinamiento duro similar al de marzo, abril y mayo: son firmemente partidarios de mantener colegios, institutos y universidades abiertos. Con respecto a los bares y restaurantes, reconoce que es "una situación bien delicada porque conlleva daños en la economía y, por ende, en las personas. Pero se hace difícil sostener que los espacios cerrados se mantengan abiertos". Coincide el experto en gestión sanitaria Javier Padilla, que en una entrevista con TV3 utilizó los mismos términos que Amasap: "Es muy probable que tengamos que acabar volviendo a una especie de Fase 1 con aspectos mixtos de Fase 2 pero limitando la movilidad de cara a fuera y dentro del conjunto de la comunidad". Así lo defendió para este periódico el pasado jueves 17, antes de la confirmación oficial de las nuevas medidas de la región.

Serrano llama a la colaboración entre las distintas administraciones "para volver a lanzar apoyos económicos a los trabajadores" que se vean afectados por las medidas drásticas destinadas a controlar la segunda ola, que incluirían el cierre de establecimientos. Dicha colaboración, al menos entre el Ejecutivo central y el madrileño, ha saltado este viernes por los aires solo cuatro días después de anunciar un "espacio de cooperación" entre instituciones. 

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Una situación inédita en Europa

Madrid tiene una incidencia (casos/habitantes) muy superior a lo registrado en todo el continente europeo. Pero también destaca por su ausencia de medidas, en comparación a su gravedad. Alemania establece un umbral de 50 contagios en los últimos siete días por cada 100.000 habitantes, 100 por cada dos semanas, para comenzar con las restricciones. Mandó a toda una región al completo al confinamiento por un brote en un matadero en el que se detectaron 1.500 casos: algo más de la mitad de los que notifica en estos días la Comunidad de Madrid cada 24 horas. Italia, epicentro mundial de la pandemia durante las primeras semanas de alerta sanitaria, no ha tenido que dar marcha atrás en ninguna zona concreta, más allá de las cuarentenas ultralocalizadas por las que apuesta cuando se detectan brotes y gracias a una red de rastreadores mucho mejor nutrida. En Francia, Marsella es la capital de su segunda ola y esta semana se decretó el cierre de los bares y restaurantes de toda la ciudad, mientras que los parques siguen abiertos, y sin diferencias entre distritos.

En Reino Unido, el norte está siendo más afectado: el 31 de julio, aún con cifras mucho más bajas que las actuales, el Gobierno británico pidió que más de 4 millones de personas se juntaran solo con sus círculos habituales. Y la semana pasada, los ciudadanos de Newcastle, Northumberland, North Tyneside, South Tyneside, Gateshead, Sunderland y County of Durham solo pueden ir a bares y restaurantes con cita previa. Sunderland es la más afectada del grupo... y cuenta con una incidencia de 100 casos por 100.000 habitantes. Dublín, en la República de Irlanda, se confinó perimetralmente y cerró los interiores de bares y restaurantes, entre otras acciones, por una incidencia de 140. De entre los países europeos con más contagios durante la segunda ola, ninguno ha esperado tanto como España, y en concreto como Madrid, para actuar, a pesar de los riesgos de perjudicar al tejido económico. 

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