Talento a la fuga

“En Pekín estamos expuestos a retos, obstáculos y estímulos”

“En Pekín estamos expuestos a retos, obstáculos y estímulos”

Curar la nostalgia de su tierra y acercar distancias a golpe de click en las pantallas de sus móviles y portátiles, se ha convertido en una actividad casi imprescindible para los expatriados españoles. Sin embargo, enviar un correo electrónico o intercambiar mensajes y opiniones por Facebook o Twitter, es una tarea casi imposible para Eva López. Por eso, esta enfermera y estudiante de medicina china afincada en Pekín desde el año 2013, recomienda emplear otros medios para conversar con infoLibre, una circunstancia a la que parece estar acostumbrada. Pese a las dificultades, esta andaluza de 28 años, logra conversar con este diario para acercarnos a la realidad de un país que pocos españoles se atreven a escoger como destino.

Con un pie puesto en lo que aprendió como estudiante de enfermería en España y con el otro en las milenarias técnicas médicas del país que la acoge, esta andaluza reconoce las dificultades de adaptarse a un entorno muy distinto al occidental. “Cuando llegas aquí, la sensación es que estás fuera de la sociedad, incluso cuando ya hablas un poco de chino y te defiendes. Recuerdo al principio ir andando por la calle y no saber por dónde vas, no poder leer nada, no entender nada. Tenía que hacer cosas como fotografiar la parada de autobús en la que me tenía que bajar o comunicarme por señas”. Una carrera de obstáculos que, como explica, convierte en un reto cualquier trámite que te propongas. "Cosas que en España me parecían una tontería y no les daba importancia, como conseguir una tarjeta de móvil o abrir una cuenta bancaria, aquí se me hacían un mundo" resume.

Dar la vuelta o poner del revés los puntos de vista a los que estaba acostumbrada es una actitud a la que Eva se ha habituado tras años de entrega a la medicina tradicional china. Pionera en el estudio de una disciplina que continúa siendo desconocida en su país natal, aspira a abrirse paso en España con una concepción de la salud que, según afirma, complementa los logros científicos de "la enfermería occidental" con una visión que pone en el centro el cuerpo y la enfermedad “como aliados”. “Falta mucho tiempo para que el sistema sanitario occidental asimile aspectos de la medicina china. Eso para mí sería ideal”, reconoce al tiempo que asegura que, de momento, tan solo contempla la opción de desarrollar su especialidad cuando regrese a España. “Le tengo mucho respeto a la profesión de enfermería, y quizás termine ejerciendo como tal, pero si me preguntas por lo que deseo, es ejercer la medicina china”.

Becada por la Universidad de Medicina Tradicional China de Beijing (Pekín), donde recibe todas las clases en mandarín, Eva ha llegado a aparecer en una televisión china en español como ejemplo de “diplomacia ciudadana”. “Estoy muy agradecida por la oportunidad que me está dando este país, en todos los sentidos, quizás más de lo que me hubiera imaginado”, afirma. Sin embargo, es consciente de que vive en un país donde las deficiencias democráticas no dejan de hacerse notar. “Si me preguntaras qué aspecto es el que menos me gusta de China, sin lugar a dudas es ese, la sensación de control por parte del Gobierno. Algo que se nota también en la falta de espíritu crítico en la población general”, explica. “Hay rasgos en la cultura china muy arraigados que facilitan este tipo de estructuras sociales. Una de ellas es la disposición jerárquica de la sociedad. La relación entre jefe y trabajador, estudiante y profesor, o incluso entre amigos, está muy jerarquizada”.

Tras más de dos años en China, Eva desgrana una realidad que, sin embargo y, paradójicamente, no le ha impedido sentirse más libre que nunca: “Es una sensación que te da el venir sola, que nadie te conozca, ese anonimato, esa impresión de soledad”. Una impresión que esta andaluza ha esquivado rodeándose de gente hispano hablante con la que ha hecho comunidad: “Poco a poco te vas dando cuenta de las grandes diferencias culturales que hay, las asumes y las aceptas. Tengo amigas chinas, sí, pero, por motivos obvios, el concepto de ocio que tienen, la forma de entender la vida, las conversaciones, hacen que, cuando necesitas una conversación importante, o desahogarte, o simplemente compartir sensaciones, termines compartiendo más tiempo con gente que hable español”.

Observadora privilegiada de un país que todavía se debate entre su reciente pasado como país en desarrollo, y un futuro al que se postula como candidata a primera potencia mundial, Eva no puede dejar de sentirse fascinada por los contrastes fruto de un desarrollo económico acelerado: “Cuando regreso de las vacaciones de España, vuelven a sorprenderme pequeñas cosas como el encontrarme a un anciano haciendo deporte con su mujer en la esquina de una calle cualquiera, llena de coches y contaminación”. Una imagen que, como sugiere, ejemplifica la contradicción entre la China tradicional y el reflejo de la contemporánea, marcada por un capitalismo desbordante: “Basta comparar a los ancianos, gente muy humilde y abierta, con la generación de sus hijos. Obviamente hay de todo, pero sí que es verdad que se nota un materialismo muy fuerte entre la gente de mi edad: Para ellos es muy importante tener dinero, un buen coche y la imagen que se proyecta. La sensación es que están logrando una crecimiento económico muy grande frente a una sociedad que evoluciona más lentamente”.

Desde China, Eva comparte impresiones con los compatriotas y compañeros de viaje con los que ha hecho comunidad. ¿Os da miedo el regreso? “Tememos más al aburrimiento. En Pekín estás expuesta a retos personales, obstáculos y estímulos externos constantes, y eso da una sensación de intensidad permanente. He llegado a pensar que puedo hacerme adicta a eso, y creo que lo vamos a echar mucho de menos”.

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