Comunidad de Madrid

El riesgo de 'sorpasso' de Vox en Cataluña hace que Casado pase de estar incómodo con la estrategia de Ayuso a lanzarla a por el voto ultra

La presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso, junto al candidato del PP en Cataluña, Alejandro Fernández.
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En ocho meses de pandemia, ni un solo presidente regional ha tratado de vender fuera de su territorio la gestión que ha hecho de la crisis sanitaria. Hasta ahora. La líder del Ejecutivo madrileño, Isabel Díaz Ayuso, desembarcó este jueves en Barcelona para reunirse con los principales colectivos afectados por el zarpazo del coronavirus y compartir con ellos “la fórmula” madrileña, esa que “busca el equilibrio entre salud y economía”. Sin embargo, el viaje va mucho más allá. La visita, en la que no está en agenda ninguna reunión oficial con ninguna autoridad regional, se enmarca en un contexto muy concreto. Ayuso pisa suelo catalán cuando quedan poco más de dos meses para los comicios autonómicos. Y esa especie de ambiente de campaña quedó patente en sus declaraciones a su llegada a la estación de Sants. “Adoro Barcelona, me encanta Cataluña. Pocas cosas me gustan más que venir aquí a hablar con ciudadanos que necesitan representación institucional”. Con un perfil duro, se convierte en la punta de lanza del PP para intentar atajar la fuga de votos hacia la extrema derecha en la comunidad autónoma. Y eso que hace solo unos meses la baronesa incomodaba en Génova.

Periodista de formación, Ayuso fue una apuesta personal del líder del PP, Pablo Casado. Es evidente que no era la candidata perfecta, y así lo reflejó el recuento de votos en las autonómicas de 2019 –el peor resultado de su historia–. Pero consiguió mantener el Ejecutivo para los conservadores, con la proyección política que eso trae aparejado. El problema es que en uno de los momentos más complicados que se recuerdan en el país, con una pandemia que ya ha arrebatado la vida a decenas de miles de españoles y que ha puesto la economía contra las cuerdas, la presidenta madrileña decidió volar en solitario y apostó por generar un clima de guerra permanente. Y eso empezó a preocupar a barones territoriales y a incomodar a una parte de la dirección nacional del partido. La hipérbole, la exageración y el victimismo empezaron a trufar todos los mensajes que salían de la Puerta del Sol. Si un día señalaba que el Gobierno de Pedro Sánchez era el “más autoritario” de la historia democrática, otro se agarraba a la existencia de una supuesta madrileñofobia y confrontaba abiertamente con otros barones conservadores. Y esto provocaba que su mensaje perdiese fuerza.

Esta estrategia colocó al Ejecutivo madrileño de forma continua bajo el foco mediático. Y llevó a la presidenta a las primeras planas de los periódicos, tanto nacionales como extranjeros. En el PP no preocupaba tanto que Ayuso terminase eclipsando a su líder, Pablo Casado. El problema estaba, señala un dirigente regional, en que su estrategia “impedía colocar bien el mensaje” que se lanzaba desde el partido a nivel nacional. Al final, Madrid terminaba por arrastrarlo todo, complicaba el trabajo de oposición a los conservadores y condicionaba de forma permanente a Casado. Si el líder del PP intentaba vender en el Congreso de los Diputados que su partido hubiera gestionado mejor la pandemia si estuviera en Moncloa, desde la izquierda no tardaban en poner sobre la mesa la debacle de las residencias en la Comunidad de Madrid, los aviones con material sanitario adquiridos por Ayuso que no llegaban o los enfrentamientos continuos dentro del Ejecutivo madrileño entre socios de gobierno. La agenda propia de la presidenta se adueñaba de todo el debate político.

Ahora, sin embargo, Ayuso ha dejado de generar incomodidad dentro de las filas conservadoras y se ha convertido en la punta de lanza del PP para intentar recuperar músculo en el Parlament, donde en las últimas autonómicas se tuvo que conformar con cuatro escaños –su peor resultado desde 1992–. Las encuestas les dan una ligera subida. Al menos, la última elaborada por el Centre d’Estudis d’Opinió (CEO) de la Generalitat. Este sondeo, publicado hace una semana, otorgaba a los conservadores una horquilla de entre 8 y 9 asientos en la Cámara. A pesar del tímido ascenso, en el PP temen que los comicios puedan cerrarse con un sorpasso de Voxsorpasso. El CEO pronostica que la formación liderada por Santiago Abascal irrumpirá en el Parlament con entre 7 y 8 diputados, prácticamente en empate. Un agujero por el flanco derecho que explica la presencia de un perfil duro como el de Ayuso. De hecho, la llegada de la presidenta madrileña a Barcelona ha coincidido con el primer acto de Santiago Abascal en la Ciudad Condal. Casi a la misma hora que ella se bajaba del tren, el líder ultra cargaba contra “los veletas de distintos colores” a tres kilómetros de allí.

“Ahora se mueve dentro del timing correcto”timing

El desembarco se ha producido en un momento en el que la dirigente regional es la cara visible de la línea de oposición conservadora al Ejecutivo de Pedro Sánchez y, a diferencia de lo que ocurría durante la pandemia, casi nadie en el PP se atreve a cuestionarla. Una estrategia que tiene dos ejes fundamentales. El primero, el económico, que se sostiene sobre el rechazo feroz a la reforma fiscal que el Gobierno ha pactado con ERC para armonizar los impuestos. Esto obligaría a Madrid, como mínimo, a revisar tributos como el de Patrimonio, bonificado en la actualidad al 100%, acabando así con el laboratorio neoliberal que los conservadores llevan más de una década levantando en la región. Y el segundo, el educativo, que se sujeta sobre la férrea oposición a la Ley Celàa. Un asunto que, además de alrededor de la concertada, vehiculan también a través de la “defensa del idioma español”. Dos cuestiones, los impuestos y la lengua –clave en el debate político en Cataluña– que forman parte del ADN de los conservadores. “Ahora se mueve dentro del timing correcto”timing, dice un dirigente regional del PP al ser preguntado por la presidenta madrileña.

Encuentro de Ayuso con empresarios de la hostelería en Barcelona. | PP

A poco menos de tres meses de las elecciones, la idea de una suerte de España Suma en suelo catalán ya está completamente descartada. Ahora, parece que para el PP lo que suma es el perfil duro de la propia Díaz Ayuso, que este jueves ha aprovechado su primer día en Barcelona para reunirse con el candidato del PP catalán a los comicios, Alejandro Fernández, y para vender a bombo y platillo su modelo quirúrgico durante la pandemia –eso sí, olvidándose de sombras como la de que Madrid ha sido un auténtico agujero negro de contagios durante las dos primeras olas–. Con los datos epidemiológicos a su favor, intentará colocar el mensaje de que se puede perfectamente surfear la ola sin dañar la economía. El campo de cultivo para sembrar esta semilla es especialmente fértil en Cataluña, donde bares y restaurantes se han visto obligados a bajar la persiana durante más de un mes por la subida de los contagios. “Hay que buscar la mesura, escuchar al que sabe y tomar medidas sensatas”, trasladó este viernes a un grupo de empresarios de la hostelería durante un almuerzo mantenido en la Ciudad Condal.

“Arrebatar” votos a Vox y rascar en Cs” votos a Vox y rascar en Cs

Sin un proyecto de España Suma, Casado, que hace justo un mes decidió poner tierra de por medio con los ultras votando no en la moción de censura y escenificando un giro hacia la moderación del partido, fía la reunificación de la derecha a imponerse a Vox y Ciudadanos, a quienes los sondeos dan un retroceso importante, en las urnas. Pero, ¿es Ayuso el perfil indicado para pescar en un caladero de votos con tantas particularidades como puede ser el catalán? A ojos de un veterano cargo público conservador que cuenta con varias campañas electorales a sus espaldas, depende del objetivo que la formación tenga en mente. “Si se trata de arrebatar votos a Vox e, incluso, algunos a Ciudadanos, sí”, dice. Es decir, si lo que se pretende es ganar el liderato del centro derecha, la presencia de un perfil duro como el de la presidenta madrileña arropando al candidato del PP puede ayudar. Pero, añade, si lo que se quiere es ampliar la base electoral del partido en la región, Ayuso no le parece que pueda ser la mejor opción.

Por el momento, las encuestas ponen al PP en una batalla directa con la ultraderecha en Cataluña. Pero tampoco lo sitúan muy lejos de Ciudadanos. El último sondeo del Centre d’Estudis d’Opinió coloca a los naranjas tres puntos por encima de los conservadores –un 10% de estimación de voto y entre 13 y 14 escaños–. Un resultado que supondría un batacazo tremendo para el partido liderado por Inés Arrimadas, que pasaría de ser la primera fuerza política en el Parlament a ser la cuarta en representación. Por tanto, los comicios catalanes también serán un buen medidor de temperatura para una formación que gobierna con el PP en la Comunidad de Madrid –y otras tres regiones más– y que, a pesar de los desencuentros públicos por la gestión de la pandemia, no se atreve a dar el paso para terminar de romper con los conservadores. De hecho, en el PP creen que los naranjas cada vez tienen menos argumentos para hacerlo. Primero, dicen, porque los datos epidemiológicos van a mejor. Y segundo, completan, porque la popularidad de la presidenta no para de crecer.

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