Navarra

Rubalcaba impide al PSOE navarro presentar la moción de censura contra Barcina

Alfredo Pérez Rubalcaba, el pasado 25 de febrero en el Congreso, en el debate del estado de la nación.

No habrá moción de censura en Navarra o no la habrá, al menos, consentida por Ferraz. Al final, la dirección de Alfredo Pérez Rubalcaba frenó esta noche la operación contra la presidenta foral, Yolanda Barcina, aguando la expectativa que tenían sus compañeros del PSN. La Comisión Ejecutiva Federal (CEF) del PSOE acordó "no formalizar la presentación de una moción de censura en el Parlamento navarro y no votar a favor de ninguna moción que puedan presentar otros grupos, tras comprobar la imposibilidad de que esa iniciativa pueda salir adelante sin los votos de Bildu". Un hecho este, que no había ninguna posibilidad de tumbar a la jefa del Ejecutivo foral sin el concurso de la izquierda abertzale, que ya se sabía desde el principio, porque los números en la Cámara son los que son. Barcina, que apeló al secretario general del PSOE para que impidiera la iniciativa del PSN, se salió así con la suya. Podrá estar al frente de la comunidad hasta las autonómicas de mayo de 2015, sin más apoyos que los de sus diputados de UPN. 

En la mañana de este miércoles, Roberto Jiménez, líder de los socialistas navarros, finalizó su ronda de contactos con los grupos. Los últimos interlocutores fueron los representantes de Aralar-NafarroaBai, porque el PP declinó a última hora participar en los encuentros. A todos los partidos les dijo lo mismo: sí a la moción, pero faltaba el plácet del PSOE. Jiménez tenía previsto viajar a Madrid para intentar persuadir a Ferraz de que no había otra salida que la moción de censura para salir del atolladero en el que se había convertido la situación política en Navarra, tras un durísimo dictamen de la comisión de de investigación del Parlamento foral que señalaba con el dedo a Barcina y a su número dos, Lourdes Goicoechea, y de las que pedía su cabeza. 

Pero ese desplazamiento a Madrid no llegó a producirse. Ya desde por la mañana Ferraz dejó claro a sus compañeros navarros que no toleraría la censura contra Barcina, como había venido avisando en los últimos días, así que el viaje se abortó. Según las fuentes consultadas, la dirección federal se sintió obligada a reaccionar por la presión del PSN, claramente posicionado a favor de la moción. Y porque la hora del Comité Regional, el máximo órgano de dirección, se iba acercando: está convocado para mañana jueves a las 18 horas. Pamplona ya había advertido del sentir mayoritario, proclive a echar a Barcina, incluso usando los votos de Bildu. 

No hubo fractura en UPN ni en el PP

Y Ferraz dictaminó. Se reunieron primero algunos miembros de la Comisión Permanente, el núcleo duro: Rubalcaba, Valenciano, el secretario de Organización, Óscar López, y el propio responsable de Política Institucional, Antonio Hernando. Después se trasladó al resto de la ejecutiva federal vía telefónica. El comunicado remitido a los medios llegó pasadas las 22 horas. La dirección se pronunció de forma rotunda, sin medias tintas. Acordó prohibir la operación y comunicarla a la ejecutiva navarra, al Comité Regional y a los nueve diputados del PSN. Pero esa decisión fue producto del consenso de la CEF, no de un acuerdo con Jiménez y los suyos, porque no lo pudo haber, pese a que Ferraz siempre había insistido –la última vez, este lunes– en que todos los pasos estaban dándose "de la mano" del PSN. En este último, el definitivo, no hubo entendimiento. En la nota, el PSOE reconoce que el PSN ha actuado "con responsabilidad, tratando de desbloquear la situación política provocada por el empecinamiento de una presidenta que ha puesto su propia conveniencia personal por delante de los intereses de los navarros".

La dirección federal ofreció como argumento para vetar la moción que comprobó "la imposibilidad" de que pudiera prosperar sin los votos de Bildu. Como reconocía un miembro del equipo de Rubalcaba, no deja de ser una "excusa absurda", en la medida en que la composición del Parlamento foral es conocida desde los últimos comicios, de mayo de 2011: 19 escaños de UPN –que gobierna en minoría–, 4 del PP (que no habría apoyado la censura), 9 del PSN, 7 de Bildu, 6 de Aralar-NafarroaBai, 3 de Izquierda-Ezkerra (suma de IU y Batzarre) y 2 de Geroa Bai. Según Ferraz, "no es que no se supiera el reparto de escaños, lógicamente", sino que se esperaba la fractura de UPN –el expresidente Miguel Sanz había emplazado públicamente a Barcina a disolver la Cámara– y la división en el PP. "Pero es evidente que eso al final no cuajó". La propia presidenta ya había vuelto a subrayar hoy en Los desayunos de TVE que no se iría

El frenazo de Ferraz es total. Según confirmaron ambas partes, la ejecutiva del PSOE dio orden al PSN de que se garantizase que no habrá votación mañana en el Comité Regional, porque carecería de validez, dada la resolución adoptada esta tarde. Aunque esa precisión no aparece en el comunicado hecho público. La precisión no es baladí: Rubalcaba es consciente de que si hay votación, correría el riesgo de que los dirigentes navarros desobedeciesen el mandato federal. Se visualizaría a las claras el desacuerdo con Madrid. Y entonces sí que habría un choque de trenes. 

La tercera desautorización de Madrid

El diktat del aparato federal fue recibido con absoluta consternación por el PSN. "Estamos muertos en Navarra, no sólo ya política y socialmente, porque la gente no nos va a creer, sino a nivel personal. Hemos empeñado nuestra palabra y nos hacen esto. Yo desde luego tengo claro lo que voy a hacer: irme. Hasta aquí hemos llegado. Que venga Ferraz y lo arregle", señalaba a este diario un diputado que ha estado al tanto de todas las negociaciones, con la voz rota. Los socialistas navarros se han hartado de decir que no han "pactado" ni pactarán con Bildu, que sólo querían desalojar a Barcina para que un Gobierno técnico convocase elecciones anticipadas para el 25 de mayo, porque 15 meses así, con una Barcina aislada y acusada de prácticas supuestamente corruptas, era insostenible. También han puesto en evidencia cómo UPN sí ha "pactado" con los abertzales en distintos municipios, igual que el PP. Pero nada ha bastado. "La única razón real es que hay elecciones europeas el 25-M", aducía este parlamentario. Y el PSOE no se la quiere jugar ahora, cuando vislumbra su recuperación, con una campaña incesante de la derecha, lo que podría agrietar las posibilidades de la flamante candidata, Elena Valenciano.

La pregunta es qué pasará mañana y en los días siguientes. Para empezar, si Jiménez aguantará el tipo o presentará su dimisión como secretario general, tras recibir un inmenso varapalo de Madrid. La segunda duda es qué hará la ejecutiva navarra y, justo después, el Comité Regional. "Puede pasar cualquier cosa. Va a haber una movida tremenda", coincidían todos los dirigentes contactados. La presión la tiene no sólo la dirección, sino también los nueve diputados que, en caso de no acatar el mandato de Ferraz, se expondrían a la expulsión.

Responsables del PSN, y del PSOE, reconocían que este episodio no saldrá gratis. Y no sólo electoralmente, sino de puertas para dentro. "Habrá una estampida de medio partido", calculaba un miembro del equipo de Rubalcaba. "La gente está cansada de que los ciudadanos saquen la conclusión de que la derecha gobierna en Navarra por nuestra culpa, porque el PSN de una forma u otra la ha ayudado a mantener el poder", añadía esta fuente. 

Porque llueve sobre mojado. En 1996 el PSOE impuso una comisión gestora tras el estallido del escándalo Otano. Y en agosto de 2007, el todopoderoso José Blanco frenó un acuerdo de gobierno con IU y Nafarroa Bai, y ordenó que se dejase gobernar a UPN. Aquello supuso la dimisión del entonces candidato a la Presidencia y líder parlamentario, Fernando Puras. Al año siguiente, Jiménez se convirtió en el nuevo secretario general. El mismo que ahora puede caer por la tercera desautorización de Madrid.

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Comunicado de la ejecutiva federal del PSOE sobre la moción de censura (PDF)

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