El 18 de diciembre, los vecinos advirtieron el color rojizo que había adquirido la laguna de Antela, en el municipio de Sarreaus, en la zona de una antigua mina de feldespato. A pesar de los efectos visibles en el agua dos meses después, y aunque todo apuntaba a un vertido causado por los restos de una embarcación de la antigua mina hundida en esta laguna, los primeros análisis realizados por la Confederación Hidrográfica del Miño-Sil (CHMS) alertaron de la proliferación de una cianobacteria de la especie Planktothrix rubescens.
Se trata de una cianobacteria distinta a la que desde hace tiempo tiñe de verde el agua del embalse de As Conchas —también en A Limia y a menos de 50 kilómetros— y provoca un olor característico derivado de la contaminación por nitratos de las aguas subterráneas, primero del río y después del embalse. Una de las consecuencias de la contaminación procedente de las macrogranjas y de la inacción por la que la Xunta y la CHMS fueron condenadas en una sentencia contundente e histórica que acaba de ser ratificada por el Tribunal Supremo, lo que vuelve a dejar en evidencia la postura de la Administración respecto a la contaminación hídrica de esta comarca.
La CHMS habla de una proliferación natural de esta cianobacteria, común en invierno en aguas estancadas y profundas, pero distintas organizaciones ecologistas alertan del "grave peligro" que supone esta especie "para los ecosistemas acuáticos, la fauna e incluso para el ser humano", según numerosos estudios científicos.
Esta nueva contaminación por cianobacterias se produce, como recuerda la asociación Amigas das Árbores, de nuevo en la laguna de Antela y de nuevo en A Limia, "en uno de los ecosistemas más dañados y contaminados de la Península Ibérica", una situación a la que, recuerdan, "ni la Xunta ni otras administraciones aportan soluciones".
Y esta vez en una zona concreta donde desde hace un lustro diversas entidades vienen denunciando "el vertido de todo tipo de escombros y residuos, plásticos, cauchos, lodos de depuradoras de pueblos y ciudades o ácidos altamente tóxicos procedentes de las antiguas explotaciones de feldespato", una situación de abandono y contaminación que continúa, como se puede comprobar en las fotografías actuales.
En un estanque cuyas aguas se utilizan desde 2021 para regar las fincas de la laguna de Antela, una práctica que, según varias asociaciones, supone un riesgo aún mayor debido a la posible expansión de la contaminación. Y en terrenos propiedad del grupo inmobiliario Aliseda, perteneciente al Banco Santander, que permanecieron en su poder tras la quiebra de Feldespatos Sarreaus. Tanto las prácticas de esta antigua empresa como la inacción de la inmobiliaria han sido denunciadas durante años sin solución, según señalan entidades y vecinos.
Este nuevo episodio de contaminación y enrojecimiento de las aguas en la cabecera del cauce principal de Antela fue analizado por agentes medioambientales de la Xunta, por el Seprona y por la CHMS, pero grupos como Amigas da Terra, Sociedade Galega de Historia Natural (SGHN) o Amigas das Árbores continúan esperando comunicación sobre la contaminación y lamentan que no se haya adoptado ninguna medida más allá de la recogida de muestras dos meses después.
Consultado por Praza.gal, el Ministerio de Medio Ambiente y Cambio Climático aún no ha informado sobre las actuaciones realizadas ni sobre la situación actual de esta zona de la laguna de Antela.
Ante esta situación, ya han trasladado el caso a la Fiscalía, solicitando que actúe ante lo que consideran "negligencia e inacción" de las administraciones, una vez más, debido a un nuevo episodio de contaminación "que no solo puede afectar a los animales y al ecosistema, sino que puede ser mucho peor". "En A Limia, episodios como este se repiten muchas veces sin que nadie encuentre una solución", recuerdan, centrando ahora la atención en la laguna de Antela, desecada hace más de 60 años y cuyo deterioro ha sido advertido y señalado en numerosas ocasiones por estudios científicos.
"No es un incidente aislado"
El BNG, ya a finales del año pasado, exigió al Gobierno central que interviniera y actuara de inmediato ante la situación de la laguna de Antela tras esta nueva proliferación de cianobacterias. "No se trata de un hecho aislado ni imprevisible, sino de la consecuencia de años de inacción y abandono institucional en un espacio natural extremadamente sensible", además de exigir la retirada de la embarcación que, con 5.000 litros de combustible, se hundió hace años y permanece en la laguna.
Como contexto, la ratificación por parte del Tribunal Supremo de la histórica sentencia judicial sobre lo ocurrido en el embalse de As Conchas, a 45 minutos en coche de la balsa de Sarreaus, y que pone el foco más allá de puntos concretos de contaminación, señalando la situación de toda la comarca de A Limia.
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La ejecución de la sentencia, según el decreto del Tribunal Superior de Galicia, señala a la Xunta y al Gobierno central y les obliga a garantizar la limpieza de las aguas y también a indemnizar a los vecinos, además de imponer "medidas correctoras" comenzando por "una moratoria específica" para la tramitación y concesión de nuevas licencias y autorizaciones para explotaciones de ganado porcino, vacuno o avícola, o para ampliar la capacidad de las ya existentes en la comarca de A Limia. Al menos hasta que se revierta la situación de degradación ambiental.
El pasado lunes, en rueda de prensa tras el Consello da Xunta, el presidente Alfonso Rueda anunció que el Ejecutivo adoptará medidas "normativas". "No criticaré a los jueces ni diré nada más que la sentencia debe cumplirse", aseguró, aunque previamente aclaró que su gobierno "tenía otra postura", distinta de una opinión que "puede ser más o menos aceptada".
Sin embargo, precisó que "hay un principal responsable, que es el Gobierno central, la CHMS", y admitió que "la Xunta de Galicia también debe adoptar medidas regulatorias". Por ello, pidió colaboración con el Ejecutivo español para "analizar y determinar qué nitratos proceden de la actividad agrícola y cuáles de otras fuentes" y así "delimitar bien nuestra responsabilidad, que tenemos tras esta sentencia".
El 18 de diciembre, los vecinos advirtieron el color rojizo que había adquirido la laguna de Antela, en el municipio de Sarreaus, en la zona de una antigua mina de feldespato. A pesar de los efectos visibles en el agua dos meses después, y aunque todo apuntaba a un vertido causado por los restos de una embarcación de la antigua mina hundida en esta laguna, los primeros análisis realizados por la Confederación Hidrográfica del Miño-Sil (CHMS) alertaron de la proliferación de una cianobacteria de la especie Planktothrix rubescens.