La pelea por el espacio de la derecha

Vox busca un nuevo espacio frente a Feijóo: del sueño del sorpaso a imponer sus posiciones al PP

El líder de Vox, Santiago Abascal, interviene durante el debate sobre el estado de la nación.

Vox ganó escaños y votos en las elecciones andaluzas del 19J pero su estrategia, condicionar la investidura del candidato del PP, se disolvió como un azucarillo en la mayoría absoluta de Juanma Moreno. La razón de ser de la extrema derecha es forzar al partido de Alberto Núñez Feijóo a radicalizar sus posiciones. Lo ha sido desde que los electores les situaron en la posición de aliado natural del PP, a partir de las generales de 2019, así que el éxito de Juanma Moreno desconcertó a la dirección de Santiago Abascal. Si la estrategia de Feijóo funciona, y logra reunificar a todo el centro derecha bajo las siglas del PP, Vox habrá fracasado.

Esa es la razón por la que el partido de extrema derecha ha comenzado a buscar su espacio y tratar de frenar el trasvase de votantes hacia las filas del PP que reflejan casi todas las encuestas. Quieren condicionar a los de Feijóo antes de las elecciones.

No es, ni mucho menos, una declaración de guerra. En Vox no quieren dar ningún paso que comprometa una futura coalición con el PP para gobernar España. Pero no van a dejar pasar ninguna oportunidad de subrayar las tibiezas con las que, en opinión de sus dirigentes, está abordando Feijóo asuntos como el debate territorial o el Consejo General del Poder Judicial. 

Para poner a prueba al PP, Vox ha elegido la Ley de Memoria. Abascal celebró la semana pasada que Feijóo se haya comprometido públicamente a derogar la Ley de Memoria Democrática que se está tramitando en el Congreso y el Senado y le ha ofrecido el respaldo de sus diputados. Pero para demostrar que va en serio, exige al PP que derogue el decreto de memoria histórica que regula esta materia en Castilla y León y que haga lo mismo con la ley equivalente aprobada por los socialistas y que sigue en vigor en Andalucía. Completamente, sin sustituirla por una Ley de Concordia, como proponía Pablo Casado. No quieren medias tintas.

En Castilla y León, donde comparten gobierno, Vox hace días que puso la derogación del decreto encima de la mesa. Si Alfonso Fernández Mañueco no accede a anularlo, lo considerarán una prueba de que Feijóo no va en serio cuando promete que cuando gobierne derogará la Ley de Memoria Democrática. En Andalucía todo depende del PP, porque tiene mayoría absoluta, pero para Vox el razonamiento es el mismo: para ser creíbles los de Feijóo debe derogar la ley que en esta comunidad regula las exhumaciones y la retirada de símbolos franquistas.

Es una estrategia azuzada por la derecha mediática, especialmente por sus medios más radicales, que celebran la llegada de Feijóo a la presidencia del PP pero desconfían de que, cuando llegue el momento de gobernar, no derogue las leyes impulsadas durante los mandatos de José Luis Rodríguez Zapatero y Pedro Sánchez. “Lo importante es en qué medida estamos dispuestos a la demolición de la España que han construido el sanchismo y el zapaterismo”, razonó Abascal en EsRadio. “Rajoy no demolió las cosas que había prometido”, aseguró entre muestras de aprobación de los directores de El Mundo, Joaquín Manso, OkDiario, Eduardo Inda, y del conductor del programa matinal de Libertad Digital, Federico Jiménez Losantos. 

Feijóo sigue sin poner fecha a la reunión que le solicitó Abascal para coordinar estrategias y que los ciudadanos puedan visibilizar “una alternativa” formada por los dos partidos. Es una demora que incomoda en Vox, pero que se resisten todavía a criticar. “Estamos abiertos a una reunión para construir la alternativa”, reconoció este lunes el portavoz ultra, Jorge Buxadé. Pero “dos no se reúnen si uno no quiere. No podemos forzar a nadie”. 

Baño de realidad

En Vox ya no hablan de sorpaso. Ni de conseguir la presidencia del Gobierno. Lo de Andalucía ha supuesto un baño de realidad y ahora Abascal admite que “ganar está ahora mismo alejado” de sus “posibilidades más inmediatas”. Así que evitan la cuestión que hasta hace poco estaba en el centro de sus mensajes políticos: “Lo importante no es vender la piel del oso antes de cazarlo”, asegura ahora Buxadé. 

Lo verdaderamente importante es construir una alternativa con el PP para un cambio real, no un simple relevo en la Moncloa. Un cambio “completo” de “reconstrucción de España” que incluya la derogación de leyes como la de Memoria Histórica, la ley trans, la reguladora de la eutanasia e incluso la del aborto. Aunque en relación con esta última Abascal se mostró por primera vez la semana pasada dispuesto a llegar a alguna clase de entendimiento si el PP plantea volver a la normativa de Felipe González. 

Lo que Vox quiere es plantear que la situación es los suficientemente grave como pera no aceptar que una alternativa con el PP se limite a gestionar la herencia recibida. Quieren que busque un cambio mayor, “radical”. ¿Cómo de radical? Dependerá de qué peso otorguen los electores de la derecha al PP y a Vox en las elecciones generales de 2024. Cuanto más a favor de la formación de Abascal, más insistirán en hacer valer sus propuestas.

Entre ellas destaca una con la que Vox quiere presionar a la justicia para que no bloquee una hipotética ilegalización de los partidos que defienden la independencia de sus respectivos territorios, especialmente en Cataluña, Euskadi y Galicia. Abascal reveló la idea esta semana: someter a referéndum su prohibición. De ese modo, razona el líder de Vox, con el aval “de la soberanía nacional”, poner fuera de la ley a estos partidos no podrá ser cuestionado ni siquiera por el Tribunal Constitucional. “A ver quién es capaz de oponerse a la voluntad del pueblo español”, advierte.

En cualquier caso, y a la espera de acontecimientos, en Vox aseguran sentirse cómodos en su papel de conciencia crítica del PP. Su responsabilidad es obligar al PP a decir si “de verdad” está dispuesto a participar en una alternativa al Gobierno de Pedro Sánchez y en qué términos. Y demostrarlo allí donde gobierna. 

Es una estrategia incompatible con la de Feijóo, así que todo hace suponer que la convivencia dentro del espacio de la derecha de aquí a las elecciones no será fácil. El PP, sobre todo después de la mayoría absoluta de Andalucía, cree más que nunca en sus posibilidades de ganar las generales con una mayoría suficiente como para gobernar en solitario. Sin descartar el sueño de una mayoría absoluta. Porque, subrayan, si fue posible en Andalucía puede serlo también en toda España.

Para Vox el futuro pasa, en cambio, por forzar al PP a retratarse. Y hacer creíble la idea de que el único modo de que Feijóo, una vez en el Gobierno, no se escore al “consenso progre”, es que la extrema derecha tenga el mejor resultado posible. Más allá del deseo común de “echar a Pedro Sánchez” de la Moncloa, explica Abascal, de lo que se trata es de saber si el PP está de acuerdo con Vox en “acometer una profunda reconstrucción de España en materia de unidad nacional, de fortalecimiento del Estado, seguridad en las fronteras, viabilidad económica” y “oposición a las leyes verdes que nos están empobreciendo”.

“El cambio que propone Vox es más grande que el que propone el PP”, pero son los españoles quienes“ tendrán que decidir si quieren un cambio pequeño o uno profundo” para “alterar el rumbo” de España. Todo dependerá, sostiene Abascal, del peso que PP y Vox tengan en el resultado global de la derecha.

No es el único cambio estratégico que se ha propuesto poner en marcha la dirección de Vox tras el fiasco andaluz. Por primera vez, los ultras designarán a sus candidatos meses antes de unas elecciones, algo que habían rehuido hasta ahora. Antes de fin de año se conocerán los nombres de los aspirantes de la extrema derecha a las principales alcaldías y a la presidencia de las comunidades autónomas que renuevan sus parlamentos en mayo de 2023 para que así tengan más tempo para darse a conocer.

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