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    <title><![CDATA[infoLibre - Globalización]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/temas/globalizacion/]]></link>
    <description><![CDATA[infoLibre - Globalización]]></description>
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      <title><![CDATA[La lucha por el control de los minerales críticos, ¿nuevo extractivismo neocolonial?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/ideas-propias/lucha-control-minerales-criticos-nuevo-extractivismo-neocolonial_129_2088084.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/16201efd-319d-4765-886b-40dd2305a890_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La lucha por el control de los minerales críticos, ¿nuevo extractivismo neocolonial?"></p><p>Mientras el planeta intenta avanzar hacia una transición ecológica justa, asistimos a una carrera desenfrenada por controlar los recursos que la hacen posible. Los llamados <em>minerales críticos,</em> que engloban <strong>litio, cobalto, níquel, tierras raras o grafito, son hoy el petróleo del siglo XXI</strong>. Y, como en toda fiebre extractiva, el poder global vuelve a reordenarse en torno a su control. Estados Unidos, consciente de su vulnerabilidad, ha fijado su mirada en Asia, convertida en el epicentro de esta nueva pugna geoeconómica.</p><p>Durante décadas, el sistema internacional se articuló en torno a la energía fósil. Las guerras, las alianzas y los equilibrios diplomáticos se definían por el acceso al petróleo y al gas. Hoy, la transición hacia un modelo descarbonizado no ha eliminado la lógica extractiva sino que simplemente la ha transformado. Los <strong>combustibles fósiles </strong>dejan paso a los minerales necesarios para fabricar <strong>baterías, turbinas, semiconductores o paneles solares.</strong></p><p><strong>Estados Unidos,</strong> que durante buena parte del siglo XX disfrutó de autonomía energética y supremacía tecnológica, se encuentra ahora ante un escenario distinto, ya que depende de países terceros para acceder a recursos y procesos industriales clave. <strong>China</strong>, en cambio, ha logrado situarse como el principal actor en el refinado y procesamiento de muchos de estos materiales, acumulando una ventaja que no es solo económica, sino estratégica.</p><p><strong>No es casual que la mirada de Washington se dirija hacia Asia.</strong> Allí se concentran buena parte de las reservas, las plantas de refinado y los nodos logísticos que sostienen la cadena global de valor de los minerales críticos. Indonesia, Filipinas, Australia, Tailandia o Malasia se han convertido en escenarios de una diplomacia intensiva, donde <strong>la retórica de la “cooperación verde” oculta en realidad una lucha por el control geoeconómico.</strong></p><p>Estados Unidos intenta ahora replicar con los minerales la misma lógica que aplicó con los semiconductores, una reconfiguración de las cadenas de suministro para reducir su dependencia de China. Bajo la estrategia del <em>friend-shoring,</em> busca asegurarse materias primas en países aliados o políticamente afines, aun a costa de introducir <strong>nuevas asimetrías y tensiones regionales.</strong></p><p>La paradoja es evidente, en nombre de la sostenibilidad, las potencias reeditan <strong>viejas dinámicas coloniales</strong>. Washington, como Bruselas, promueve su autonomía estratégica sin abordar de fondo las condiciones sociales y ambientales de la extracción. Indonesia, por ejemplo, se ha convertido en un <strong>laboratorio del capitalismo verde global </strong>donde recibe inversiones masivas en níquel, clave para las baterías, pero a costa de graves impactos ambientales y conflictos laborales.</p><p>El discurso de la<strong> </strong>“transición limpia”<strong> </strong>se desmorona cuando las comunidades locales siguen pagando el precio del progreso ajeno. Lo que se libra en Asia no es solo una disputa tecnológica, sino también moral, en donde hay que preguntarse <strong>quién se beneficia de la descarbonización y quién soporta sus costes.</strong></p><p>Pero además, desde la perspectiva de la Casa Blanca, y pronto en el marco europeo, los minerales críticos son ahora una cuestión de seguridad nacional. El Departamento de Estado y el Pentágono los incluyen ya en su agenda estratégica, equiparando el acceso a estos recursos a la defensa del país. No se trata únicamente de mantener el liderazgo tecnológico, sino de<strong> evitar que China pueda “estrangular” las cadenas de suministro en caso de conflicto.</strong></p><p>Este enfoque securitario, sin embargo, encierra un riesgo que no es otro que el de convertir la transición ecológica en <strong>un nuevo frente de la rivalidad sistémica entre potencias.</strong> Si cada actor busca su propia “autonomía” mediante la acaparación de recursos, el resultado será una transición desigual, marcada por la fragmentación del comercio global y la desconfianza mutua.</p><p>En este contexto, los países del Sur Global, aquellos que poseen las reservas y sufren las consecuencias ambientales, corren el riesgo de quedar atrapados entre las ambiciones de las grandes potencias.</p><p>Desde Europa, observamos esta pugna con una mezcla de impotencia y pragmatismo. La Unión Europea intenta construir su propia estrategia de materias primas, pero llega tarde. <strong>Washington y Pekín llevan años tejiendo redes de influencia</strong>, mientras Bruselas aún debate sobre estándares y reglamentos. El resultado es una <strong>posición subordinada </strong>que la obliga a alinearse, una vez más, con la estrategia estadounidense.</p><p>Paradójicamente, la UE podría desempeñar un <strong>papel mediador y cooperativo</strong>, apostando por una gobernanza global de los recursos que priorice la sostenibilidad y la equidad. Pero la tentación de sumarse al juego geopolítico de la “seguridad de suministro”<strong> </strong>parece pesar más que la voluntad de redefinir las reglas del juego.</p><p>El <strong>control de los minerales críticos podría ser una oportunidad para repensar el modelo global de desarrollo. </strong>Sin embargo, la competencia por asegurarlos reproduce las mismas dinámicas extractivistas que nos han llevado a la crisis climática actual. Estados Unidos, en su intento de reducir dependencias, está construyendo nuevas. Y los países asiáticos, lejos de emanciparse de ese ciclo, se ven atrapados entre la necesidad de atraer inversión y la pérdida de soberanía sobre sus propios recursos.</p><p>La pregunta es si la transición ecológica será una oportunidad para la cooperación o una nueva carrera por la hegemonía. Por ahora, la respuesta no es alentadora. Las grandes potencias siguen actuando con la lógica del siglo pasado: la de <strong>quien controla el recurso, controla el poder.</strong></p><p>La pugna por los minerales críticos en Asia es solo el <strong>reflejo de un cambio de era</strong>. En el siglo XXI, el poder no se medirá únicamente por el tamaño del PIB o la capacidad militar, sino por el dominio de las infraestructuras tecnológicas y de los materiales que las hacen posibles. Washington lo sabe, y por eso ha puesto en marcha su nueva diplomacia de los recursos. Pero al hacerlo, reabre un debate más profundo:<strong> ¿es posible una transición energética global basada en la cooperación y la justicia, o estamos condenados a reproducir las mismas jerarquías bajo un barniz verde?</strong> De la respuesta a esa pregunta dependerá no solo el futuro de la economía mundial, sino también la credibilidad de un Occidente que dice querer salvar el planeta mientras perpetúa los mecanismos que lo condenan.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 28 Oct 2025 20:39:32 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Ruth Ferrero-Turrión]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Relaciones internacionales,Globalización,Estados Unidos,Medioambiente]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[El capital, los bloques y la crítica de la geopolítica]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/capital-bloques-critica-geopolitica_129_2041831.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/e1ff97e2-29a9-43d4-a908-7774b29608d9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El capital, los bloques y la crítica de la geopolítica"></p><p>El auge del tratamiento <strong>geoeconómico</strong> o geopolítico, geoestratégico —todo es geo— de los asuntos nacionales e internacionales, aunque siempre haya estado presente (la obrita <em>El imperialismo de Lenin</em> data de primeros de siglo XX), nos lleva a preguntarnos sobre sus formas y apuntar a su <strong>crítica</strong>.</p><p>Bajo mi punto de vista, aquellos que se preocupan por una <strong>explicación honesta </strong>de la realidad y aquellos que aspiran a actuar en la realidad con miras a la<strong> superación del capitalismo</strong>, deben reflexionar sobre el enfoque a adoptar en la discusión en torno a la lucha internacional de capitales y la dinámica de bloques.</p><p>En este sentido llamo la atención sobre<strong> tres enfoques</strong>, cada uno con alcance explicativo y consecuencias políticas distintos. </p><p>El primero sería el <strong>maniqueo</strong>, de buenos contra malos. Una versión <strong>Disney</strong>: aquí hay un bloque, el del bien, enfrente hay otro bloque, el malo; y ello por distintas razones (acuerdos comerciales o de inversión, chantaje o colaboración, armas o diplomacia, unos valores morales u otros). Entonces, se trata de <strong>posicionarse</strong> en función de ello, recopilando pruebas al efecto. </p><p>Este es un planteamiento que, al detenerse en la apariencia inmediata (la presencia de grupos de países capitalistas), tiene el inconveniente de que <strong>naturaliza su existencia</strong>, no se pregunta por qué existen. La crítica a este enfoque no obsta para sentir simpatías por uno u otro bloque, incluso posicionarse puntualmente con uno u otro, lo cual puede ser hasta inevitable; esta crítica solo debe servirnos para ser conscientes de las <strong>limitaciones</strong> y de la ingenuidad del enfoque.</p><p>Veamos el segundo planteamiento: todos los bloques son iguales, esta lucha de grandes capitalismos internacionales es un error, una <strong>equivocación</strong>, habría que aspirar a un orden internacional donde esta lucha <strong>se regule,</strong> o se elimine, lo cual podría materializarse en instituciones <strong>supranacionales</strong> tipo ONU, OCDE, BM, FMI, G7, G15 O G20, etc. </p><p>Esta visión que podemos denominar “ONU” o <strong>globalista</strong>, cuestiona la oposición entre capitalismos internacionalmente expansivos, en esto es un avance respecto al anterior. Pero, al presuponer la existencia de ese capitalismo (solo cuestiona su forma competitiva), sin enfrentarlo críticamente, con lo que también lo naturaliza. El <strong>capital</strong> es lo que hay, siempre lo ha habido y siempre lo habrá; y además, es mejor que cualquier otra alternativa que pueda surgir. (Algunos llegan a ver el origen del capital en el ADN humano. Spoiler: el capitalismo es social e histórico). Por tanto, hay que <strong>renunciar</strong> a la <strong>superación del capitalismo </strong>con todo lo que conlleva de <strong>resignación</strong> ante la <strong>pobreza</strong>, el atraso, el <strong>daño climático</strong> o las <strong>guerras</strong>, la retahíla de problemas que los organismos internacionales vienen denunciando reiteradamente sin ruborizarse.</p><p>Un enfoque alternativo a los dos anteriores consistiría en ver a los bloques capitalistas como formas del capital mundial, de modo que éste se expresaría, en cada lugar y en cada momento, como un<strong> imperialismo determinado</strong>. En esto puede coincidir con el planteamiento anterior. Pero, este tercero va más allá, porque no se detiene ahí, y se sigue preguntando sobre la <strong>necesidad</strong> del capital mundial.</p><p>Al enfrentar críticamente el capital como relación social mundial que regula la organización del sistema-mundo actual, que contiene en sí el <strong>antagonismo</strong>, ahora entre bloques o entre países, pero dentro de cada país entre capitales nacionales y entre clases sociales, abre paso a los planteamientos de <strong>avance</strong> de la humanidad hacia la superación del capitalismo.</p><p>Este cuestionamiento no debe quedar ahí sino que prosigue para preguntarse analíticamente sobre las formas concretas que preceden al capital mundial hasta llegar a la <strong>materia</strong> como forma concreta última. Así entiendo el enfoque materialista y dialéctico sobre el conocimiento objetivo del desarrollo internacional del capitalismo actual.</p><p>En cualquier caso, quiero pensar que la comprensión de los asuntos internacionales y la lucha (expresiones de contradicciones) que les da forma, atraviesen esta <strong>evolución</strong>: primero, empiezas posicionándote en un bloque; luego, los cuestionas a todos porque son iguales (buscan lo mismo y se comportan igual) y; terminas, pidiendo un <strong>cambio profundo </strong>que acabe con la raíz de los enfrentamientos mundiales y nacionales (la comunidad humana mundial regida por la ciencia, el socialismo).</p><p>El auge de las elaboraciones sobre geopolítica, geoestrategia o geoeconomía, que tienen de bueno que amplían el punto de mira al situarlo en lo global o mundial. Pero, pierden sentido si descuidan su <strong>conexión con lo nacional</strong>, regional o local. La unidad mundial del capital se fragmenta nacionalmente, pero no pierde esa unidad oculta que vuelve a expresarse en la <strong>constitución de los bloques</strong> y las relaciones entre estos; unidad presente en las cadenas globales de valor, cadenas que irrumpen en los espacios capitalistas nacionales desatando las más variadas luchas de clase, de capitales, de sexo, de cultura, de razas, de climas o incluso barriales, etc.</p><p>Estas cuestiones, y los debates que se desprenden, tienen que ver con los <strong>posicionamientos</strong> sobre la política internacional y su orientación, también con la posición de los distintos partidos y sus relaciones, con los debates sobre la unidad de la izquierda o la unidad nacional (frente al extranjero o al distinto); y al fin y al cabo tiene que ver con la <strong>acción política</strong> que lleva a cabo cada cual cuando h<strong>abla con un vecino</strong> sobre el genocidio palestino, el cambio climático, la carestía de los super o la corrupción. Tomar conciencia de lo que hay, un poco más atrás, de las palabras que expresan nuestro pensar, forma parte del avance de la superación del capitalismo.</p><p>El enfoque materialista y dialéctico puede parecer menos realista,<strong> más utópico</strong>, o mas alejado, pero es lo que tiene dejar de mirar el dedo cuando alguien te señala la luna. Diría más: al iniciar la comprensión de la <strong>unidad universal de la que formamos parte </strong>nos sentimos capaces de apartar el brazo señalizador, experimentando el gozo y la comunión que transmite contemplar la majestuosa magnitud del firmamento ante nuestros diminutos ojos.</p><p>_________________________________</p><p><em><strong>Pedro Andrés González Ruiz </strong></em><em>es licenciado en Ciencias Económicas por la Universidad de Sevilla.</em></p><p><em>En agradecimiento a Javier Angulo,</em> <em>joven amigo inquieto por la geopolítica</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 11 Aug 2025 04:01:27 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Pedro Andrés González Ruiz]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Opinión,Capitalismo,Geopolítica,Globalización]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Jesús Maraña participa en un curso para combatir la desinformación organizado por la Universidad de Jaén]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/medios/jesus-marana-participara-curso-combatir-desinformacion-organizado-universidad-jaen_1_2026895.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/362a6d6d-543c-4d65-9ab8-37ce7bedf6d9_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Jesús Maraña participa en un curso para combatir la desinformación organizado por la Universidad de Jaén"></p><p>En un momento en el que<strong> la desinformación campa a sus anchas </strong>y viaja globalmente a través de las redes sociales, es vital que la ciudadanía entienda y tenga las herramientas para combatirla. Así lo ha señalado la <strong>Fundación Internacional Baltasar Garzón (FIBGAR). </strong></p><p>Por ello, han organizado junto con la Universidad de Jaén un curso de verano bajo el nombre<em> Desinformación y Democracia: Retos y Soluciones en el Contexto Actual </em>con el objetivo de <strong>proteger la democracia y el Estado de derecho.</strong><em> </em>Los participantes podrán conocer los mecanismos necesarios para poder comprender el problema de la desinformación, su efecto en la sociedad y, sobre todo, cómo combatirlo. </p><p>Las noticias falsas han llegado de la mano de la sobreinformación, explican, haciendo <strong>tambalear el derecho a la información y a la participación ciudadana, </strong>con una falta de confianza por parte de los ciudadanos en las instituciones democráticas. No se trata solo de odio y polarización, denuncian desde la Fundación, sino de que también la desinformación se ha convertido en una herramienta estratégica en guerras y conflictos políticos. </p><p>El curso consta de dos jornadas en las que se realizarán distintas actividades o paneles con periodistas y expertos en la materia, como el propio <a href="https://www.infolibre.es/autores/baltasar-garzon/" target="_blank" >Baltasar Garzón</a> o <a href="https://www.infolibre.es/autores/jesus-marana/" target="_blank" >Jesús Maraña</a>, director editorial de <strong>infoLibre. </strong></p><p>En el tercer panel, <em><strong>El papel de los medios y las instituciones en la lucha contra la desinformación</strong></em><strong>, </strong>que tendrá lugar el lunes de las 16.30 h a las 17.45 h, Maraña charlará con Eduardo Martín de Pozuelo, referente del periodismo de investigación en <em>La Vanguardia y en TVE,  </em>sobre los retos de los medios y los periodistas en un contexto de desinformación constante. </p><p>Otros paneles tocarán temas como el impacto que ha tenido la desinformación en los<strong> derechos humanos y la democracia,</strong> a cargo de Felipe Morente Mejías y Carmen Muñoz, ambos profesores de la Universidad de Jaén; o como cuáles son los <strong>objetivos económicos </strong>de la desinformación, desde un enfoque de género que aportará la Presidenta de FIBGAR, María Garzón. </p><p>En vísperas de la clausura del curso, los asistentes podrán implementar los conocimientos adquiridos en un <strong>taller práctico</strong> que constituirá una simulación de posibles escenarios de desinformación y sus implicaciones, a cargo de Alessia Schiavon, directora de FIBGAR. </p><p>El curso está dirigido a las <strong>próximas generaciones, </strong>con especial hincapié en los estudiantes universitarios de Ciencias Sociales, Políticas, Jurídicas o de Comunicación, aunque también se espera a quienes ya están nutridos en esta materia, como profesionales del ámbito jurídico, periodístico y de la educación, o miembros de organizaciones de la sociedad civil y del sector público interesados en la lucha contra la desinformación.</p><p><strong>Te puede interesar:</strong></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 06 Jul 2025 11:56:50 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[infoLibre]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[desinformación,fake news,Periodismo,Periodistas,Globalización,Redes sociales]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Trump, el mundo a la espera de la revancha]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/segunda-vuelta/trump-mundo-espera-revancha_129_1894050.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/3d083ee9-09e8-4b39-8705-1aec51ae948a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Trump, el mundo a la espera de la revancha"></p><p>La rotundidad de la victoria de Trump y su vuelta a la Casa Blanca es el mayor movimiento sísmico en el corazón de Europa, un antes y un después. La cuestión más preocupante es si la venganza prometida será contra los demócratas o contra las democracias occidentales. Pueden ser ambas. Si el alineamiento de la primera potencia del mundo libre con las autocracias –los Milei, Le Pen, los Orban– se consolida y se traduce en un despliegue de una acción política autoritaria o queda en un populismo nacionalista de superviviencia de una potencia que pierde el liderazgo en un contexto geopolítico cada vez más hostil. Lo previsible es que también sean ambas. <strong>Trump vuelve con toda la fuerza. Con todos los poderes.</strong> Georgia Meloni e incluso Víktor Orban tienen el contrapeso de la UE. La victoria presidencial, el Senado, el voto popular y posiblemente la Cámara de Representantes, le da pleno control. <strong>Por su manera de ejercerlo, la mutación democrática y la amenaza al orden constitucional es real.</strong></p><p>Una mayoría de norteamericanos ha optado por no confiar en los demócratas, en los medios, en la ciencia, en las instituciones e incluso en la democracia como sistema de representación y han abrazado a “un hombre fuerte”, como menciona Lisa Lerer en el Times. Trump ya no es la excepción histriónica del primer mandato. Representa un nuevo <em>establishment</em>, radical, conservador, excluyente, vengativo, dispuesto a hackear la democracia desde dentro con la forma que más les beneficie. Utilizar el poder de la clase media blanca americana para ir de la mano de multimillonarios y grandes corporaciones, con Elon Musk como el artífice y apoyo más inquietante. “Estados Unidos nos ha dado un mandato poderoso”, dijo Trump en West Palm Beach celebrando la victoria. “Gobernaré con un lema simple: Promesas hechas, promesas cumplidas”. Si Trump cumple, será un <a href="https://www.nytimes.com/2023/12/05/us/politics/trump-fox-news-abuse-power.html" target="_blank">‘Dictador por 1 día’</a>, cerrará las fronteras, hará deportaciones masivas, perforará el país de la mano de las petroleras, acosará a las minorías, borrará el legado civil de Biden, con ello, derechos de las mujeres, LGTBi+ y una larguísima lista. </p><p>Habrá que analizar con los datos poselectorales cómo Trump ha conseguido conservar el número de votos y ganar terreno estratégico en estados y sectores clave. Harris ha perdido votantes jóvenes (11 puntos menos que Biden), también entre los latinos (reduce la brecha de 33 a 8 puntos), no ha habido voto de castigo de las mujeres –es más, las mujeres blancas han optado por Trump–</p><p> y el 57% de los blancos no universitarios optan por el movimiento MAGA, consolida el voto en las zonas rurales, gana entre los independientes y pierde entre las élites urbanitas. La diferencia de votos es abrumadora, si en 2016 Clinton tuvo tres millones más de votos, Trump supera a Harris en más de cinco millones. La brecha mayor es el voto Biden-Harris, 17 millones de norteamericanos han dejado de votar al Partido Demócrata en 2024 respecto a 2020.</p><p>Ambas citas y ambos mandatos comparten la economía y la insatisfacción por el impacto de la revolución tecnológica como razón de fondo. Pero no es la economía financiera, es la desigualdad. Estados Unidos es un país cada vez más roto, con unas clases medias sin ascensor social, incapaces de llegar a fin de mes o pagar un seguro médico. Trump ha utilizado a su favor el miedo a los inmigrantes y a la globalización, una receta que también funciona en Europa. ‘<em>You can´t eat democracy</em>', escriben quienes contraponen democracias y desarrollo.<strong> La democracia no se come pero la ausencia de democracia sí te puede comer a ti. </strong>Las recetas de Trump no corrigen la desigualdad. No lo hicieron en 2016 y no lo harán ahora. Cuando por fin se hablaba de tener tarjeta sanitaria o un salario mínimo, ahora es una agenda desaparecida. Se impone que cada americano se busque la vida, con sus medios y por cualquier fin. </p><p>Trump va a alterar el orden geopolítico, el estado de guerra que describe es posible que se perpetúe en la convivencia del país. Si le ha funcionado en campaña, si las urnas han marcado su vuelta con tal contundencia, el fondo y sus formas llegan para quedarse. No ganan las democracias, solo gana Trump. Ahora tendrá que hacer concesiones a quienes le han aupado, movimientos de extrema derecha, evangelistas y grupos ultras. Igual que el aviso de su vuelta confirma que Trump ya no es una excepción, la amenaza democrática tampoco lo es. </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 06 Nov 2024 20:25:57 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Pilar Velasco]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Donald Trump,Elecciones EEUU 2024,Desigualdad económica,Desigualdad social,Globalización]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Fredric Jameson, la desaparición de un intelectual esperanzado]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/cultura/friedric-jamesson-muerte-intelectual-esperanzado_1_1874871.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/146dc31e-e0f2-4069-83b5-ade36f185fa9_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Fredric Jameson, la desaparición de un intelectual esperanzado"></p><p><strong>Fredric Jameson</strong>, marxista irreverente en el país más poderoso de la tierra, <strong>murió el día 22 de septiembre a los 90 años</strong>. Hasta 2019 siguió como profesor emérito en la Universidad de Duke. Este incombustible teórico de la literatura y la cultura <strong>ha sido un referente mundial para la izquierda</strong>. En estos días se le dedican merecidos y amables elogios. Por mi parte, me limitaré a exponer algunos de los aspectos de su legado que invitan a reflexionar sobre nuestra situación real. Y por real entiendo aquello que nos lleva y nos trae; el trabajo, el hogar, el dinero para el hogar… Pero también la poesía y el compromiso que volcamos en la vida. Quizá sea esta la dimensión más real. <strong>Jameson se interna en el análisis de esa realidad a partir del vapuleado marxismo</strong>, y nos ofrece la esperanza de una sociedad más justa y mejor. Siempre que nos alejemos del entumecimiento imaginario y cerrado de los apocalipsis y distopías, tan a la orden del día en cualquier pantalla. Y si lo imaginario y lo real se fusionan para formar una hiperrealidad que confunde lo “real” y lo “ficticio”, la llamada al <em><strong>carpe diem</strong></em> —es decir, al mercado y sus placeres—  nos sumerge en el conformismo y la impotencia. La vida es algo más que esto.</p><p>Recordando al amable sabio, nos resulta más sorprendente que la anécdota de llevarse bajo el brazo a Don <strong>Benito Pérez Galdós</strong> cuando venía a nuestro país, la defensa teórica de <strong>Marx</strong> en pleno siglo XXI. Uno de sus libros, quizá el más leído, <em>Postmodernismo o la lógica cultural del capitalismo avanzado</em> (1991) da cuenta sobradamente de su posición. <strong>En él avanza un análisis del impacto del mercado global sobre la cultura y sobre la configuración de la ideología en un mundo globalizado</strong>. “Postmodernismo” para él no es simple moda, sino la nueva forma de producir ideología En esta forma aparece el “pastiche” como amalgama de estilos anteriores descontextualizados y sin historia, que promueven el esteticismo y la superficialidad en la literatura y en la obra de arte. A esto opone la “parodia”, que presupone la profundidad y conlleva una crítica de fondo. La imaginación está siendo invadida por imágenes que nos desligan de la realidad y nos sumergen en horizontes sin salida. Atisbos continuos en grandes o pequeñas pantallas, en la cobertura mediática, etc., <strong>que hacen del miedo y la violencia compañeros inseparables</strong>. <strong>Miedo, impotencia y despolitización marchan unidos</strong>. No hay más que asomarse a Hollywood o a cualquier cadena de televisión, sin mencionar los rifirrafes descarnados que circulan por la Red, versión X o Z. </p><p>Jameson supone en todo esto un cierto sustrato, un<strong> “inconsciente político”</strong> (noción discutible, pero interesante) que replica el automatismo y la proliferación del nihilismo y la deslegitimación de las grandes narrativas que daban sentido a la historia como las utopías. Otro aspecto que ofrece a la reflexión proviene del viejo Marx. Se trata de la tendencia al fetichismo de la mercancía como horizonte de felicidad. <strong>La postmodernidad</strong>, la nueva forma de fabricar cultura e ideología en la fase del “capitalismo tardío”, <strong>supone una “estetización” de la política</strong>, dicho de otro modo, una equiparación entre cultura de masas, cultura política y el arte “elevado”, nivelación en la que desaparece cualquier posición crítica. Dada la dinámica de mercantilización, todo va al mismo saco del consumo; <strong>el arte y la cultura y la crítica quedan integradas en esa dinámica, y la propia forma de globalizar vacía a lo local de significado y de peso simbólico</strong>. La experiencia humana, “a sabiendas que todo es intercambiable” (falso espejismo), está mediada por imágenes y símbolos que no tienen referencia real. El sujeto se soporta sobre ficciones alienantes.<strong> Tampoco el consumo deja residuos de reflexión</strong> o deseos <strong>de promover un cambio a una sociedad más justa e igualitaria</strong>. </p><p>La clase trabajadora ha cambiado en su composición —nos dice—, <strong>pero la explotación del trabajo por el capital sigue siendo una característica fundamental del sistema</strong>. Y el valor de la mercancía sigue estando determinado por la cantidad de trabajo socialmente (globalmente) necesario para producirla. Con la novedad de que en esta fase del capitalismo todo es susceptible de mercantilizar, y las tecnologías ayudan bastante a ello. Denuncia también la ficción asentada en nuestras sociedades de creer que los problemas sociales tienen soluciones “técnicas”, obviando la participación en el asunto. </p><p>Marx nos incumbe, su teoría es necesaria para entender cómo se genera la riqueza, cómo se distribuye, y cómo se redistribuyen (o no) las ganancias, sea en un régimen formalmente  democrático —la socialdemocracia simplemente gestiona el sistema como puede— o sea en uno dictatorial. <strong>Aunque Jameson defendió el régimen cubano frente al capitalismo</strong>, en los últimos tiempos no lo tenía tan claro. En <em>Arqueologías del futuro</em> (2005), Jameson explora la utopía y menciona a Cuba como un espacio interesante para pensar —pese a las dificultades económicas—  el intento de ofrecer una alternativa al capitalismo, lo cual no supone un apoyo a la deriva cubana. <strong>Porque el sistema económico capitalista admite variados modelos políticos, siempre que conserven el flujo libre de capital, de mercancía y de trabajo</strong>. Jameson aborda el problema de la socialdemocracia desde un punto de vista ya clásico: <strong>la redistribución no soluciona las contradicciones del sistema</strong>, tan sólo las aplaza. No hay cambios en el modo de producción ni en las relaciones sociales inherentes al mismo. Ahora bien, de momento no hay indicios de otro sistema que pueda poner en crisis al capitalismo.<strong> Las crisis han sido internas al propio sistema</strong> y no ha habido alternativa capaz de sustituirlo. A menos que se piense que Cuba supone el germen de una sociedad igualitaria, algo que no parece real.  </p><p>¿Qué hacer en la delgada línea que ocupan los grupos políticos a la izquierda de la socialdemocracia? <strong>Gobernar y ser socialdemócratas</strong>, o ensayar nuevas políticas desde fuera del sistema o desde dentro. Desde fuera, la dificultad es mayúscula y no parece que hayan tenido éxito.<strong> No hay una exterioridad revolucionaria, más bien es involucionista</strong>. Desde dentro, el campo parece más fértil, pues no es tarea menor espolear a la propia socialdemocracia allí donde existe, para ir más allá en la democratización, en la redistribución, en la organicidad orientada a las personas o en la consecución de conquistas sociales, igualdad y derechos humanos. <strong>Pero esta tarea es política y requiere un análisis y unas prácticas ajenas al tanteo electoralista y al oportunismo partidista.</strong> ¿Qué sentido tiene poner en jaque a un gobierno progresista en el momento de máxima debilidad, con una derecha dispuesta a arrasar con todo como alternativa? Entonces, <strong>¿cómo abordar los cambios sociales en una sociedad digitalizada, desterritorializada?</strong> ¿Cómo pensar la cultura y su valor desde un interior del sistema amenazado por su propio recrudecimiento y por una exterioridad troceada en corpúsculos irrelevantes o sumida en la desolación cuando no en la barbarie (Estados fallidos, sociedades subyugadas por la economía y la política de los narcos, etc.)? ¿Cómo pensar los cambios capaces de generar modos distintos de producir, para hacer impracticable todo intento de explotación? <strong>Una pregunta abstracta que puede volverse muy concreta cuando se pone el punto de mira en lo real</strong>; por ejemplo, la participación de los trabajadores en los consejos de administración de las grandes empresas o la necesidad de sustanciar acuerdos amplios y consistentes sobre los grandes temas que nos incumben como sanidad, Educación, etc. ¿Cómo pensar desde el presente una política de izquierdas que no sólo vea el capote y haga frente a lo más visible de la involución, sino que dé pasos hacia una sociedad más justa? Jameson deja sus aportaciones, pero no recetas. <strong>Nuestra tarea es sacarles jugo</strong>. Quizá una reforma de la ley de financiación de partidos y de la ley electoral nos permita ir más allá del oportunismo, los mantras y las consignas.</p><p><em><strong>Sergio Hinojosa</strong></em><em> es profesor de Filosofía. </em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 27 Sep 2024 10:44:13 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Sergio Hinojosa]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Karl Marx,Capitalismo,Comunismo,Socialdemocracia,Globalización]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[La brecha entre países ricos y pobres es más grande que nunca]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/mediapart/brecha-paises-ricos-pobres-grande_1_1747745.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/c549efa3-26ed-4a40-bb0e-990050c94c4f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La brecha entre países ricos y pobres es más grande que nunca"></p><p>En un momento en que emerge la noción de "Sur global", un informe del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) <a href="https://hdr.undp.org/system/files/documents/global-report-document/hdr2023-24snapshotfr.pdf" target="_blank">publicado el 13 de marzo</a> confirma que <strong>vuelven a aumentar las desigualdades mundiales</strong>. El informe ofrece una visión general de la evolución del <a href="https://hdr.undp.org/data-center/human-development-index#/indicies/HDI" target="_blank">Índice de Desarrollo Humano</a> (IDH), un indicador que intenta ir más allá del PIB <em>per cápita</em> para construir una imagen real del desarrollo. Esta medida añade a la renta nacional bruta <em>per cápita</em> un índice de escolarización y la esperanza de vida al nacer.</p><p><strong>El IDH </strong>dista mucho de ser perfecto, pero proporciona una medida algo más realista de las condiciones de vida desde la perspectiva del desarrollo. Este indicador, que no ha dejado de mejorar en los últimos 20 años, <strong>se ha visto muy afectado por la pandemia</strong>, retrocediendo significativamente en 2020 y 2021 como consecuencia del impacto combinado de la menor esperanza de vida, la suspensión de la escolarización y la caída del PIB.</p><p><strong>En 2022 y 2023, el IDH mundial se ha recuperado </strong>y, según las previsiones de las Naciones Unidas, debería alcanzar un <a href="https://hdr.undp.org/system/files/documents/global-report-document/hdr2023-24reporten.pdf" target="_blank">nuevo máximo histórico</a> de 0,739. Pero detrás de este aparente récord se esconden dos grandes problemas. En primer lugar, el IDH mundial para 2023 es sólo ligeramente superior al de 2019, que ya había sido previsto por el PNUD en 0,739.</p><p><strong>Pero estamos lejos de haber recuperado el tiempo perdido</strong>, ya que el IDH sigue estando muy por debajo de la tendencia anterior a la pandemia. Si tomamos la tendencia 2009-2019, el nivel de 2023 está más de diez puntos por debajo del nivel potencial del IDH. La tendencia es general: el informe señala que "todos los países están por debajo de la tendencia 2009-2019".</p><p>Existe, por tanto, un debilitamiento estructural en la tendencia global de desarrollo, que se puede apreciar en la otra cara de este "récord": el <strong>virtual estancamiento del índice global desde hace cuatro años</strong>. Semejante retroceso no será fácil de revertir, y el informe del PNUD advierte: "Si el valor del IDH mundial sigue cayendo por debajo de la tendencia anterior a 2019, como viene ocurriendo desde 2020, las pérdidas serán irreversibles".</p><p><strong>Antes de la pandemia, "el mundo iba en camino de alcanzar un alto nivel de desarrollo</strong> definido por un IDH de 0,800 para 2030", dice el informe, que añade: <strong>"Hoy, el mundo se ha desviado de este camino</strong>: para 2023, se espera que todas las regiones estén por debajo de su trayectoria anterior a 2019".</p><p>A este agotamiento global se suma otro dato aún más preocupante: <strong>la brecha entre los países con un IDH alto y el resto es cada vez mayor</strong>. Durante veinte años, esta brecha se había ido reduciendo, desde 2020, ha vuelto a aumentar, <strong>y lo que es peor, la divergencia parece acelerarse</strong>. Según este criterio, las desigualdades entre países ricos y pobres han perdido al menos diez años y han vuelto a su nivel de 2015.</p><p>Mientras que todos los países miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE, considerada como un "club de países ricos") habrán vuelto en 2023 a su nivel de IDH de 2019, no es el caso del 51% de los países menos desarrollados.</p><p>Este aumento de las desigualdades mundiales medidas por el IDH se ha puesto claramente de manifiesto en los últimos años. Desde 2021, muchos países en desarrollo han sufrido graves crisis económicas, como <strong>Sri Lanka, Zambia y Pakistán.</strong></p><p>Pero <strong>otros países se han visto duramente golpeados por la ola de inflación</strong>, y luego por las políticas neoliberales puestas en marcha como respuesta, con la bendición del FMI: <a href="https://www.mediapart.fr/journal/international/200224/en-argentine-l-effet-milei-c-est-d-abord-la-hausse-de-la-pauvrete" target="_blank">Argentina</a>, donde la pobreza se dispara, <a href="https://www.mediapart.fr/journal/economie-et-social/020324/au-nigeria-la-strategie-neoliberale-aggrave-la-crise-economique" target="_blank">Nigeria</a>, donde el hambre amenaza a una parte importante de la población, y <a href="https://www.mediapart.fr/journal/international/110324/l-egypte-passe-sous-la-coupe-du-fmi" target="_blank">Egipto</a>, que acaba de ceder a las exigencias del Fondo de Washington.</p><p>Lo sorprendente es que <strong>incluso los países que crecen</strong> y cuyos indicadores pueden parecer tranquilizadores experimentan dificultades en términos de desarrollo, entre otras cosas porque este crecimiento <strong>ya no basta para garantizar un desarrollo social armonioso</strong>. Pensemos en <a href="https://www.mediapart.fr/journal/international/130224/prise-dans-les-contradictions-de-sa-croissance-l-indonesie-se-choisit-un-nouveau-president" target="_blank">Indonesia</a>, donde los salarios reales siguen bajo presión, en <a href="https://www.mediapart.fr/journal/international/101123/au-bangladesh-les-travailleuses-du-textile-s-insurgent-contre-les-salaires-de-misere" target="_blank">Bangladesh</a>, que atraviesa una importante crisis social y política, o incluso <a href="https://www.mediapart.fr/journal/economie-et-social/220224/la-chine-menace-le-monde-d-une-guerre-des-prix-industriels" target="_blank">en China</a>, atrapada en la trampa de la "renta media" tan temida por Xi Jinping.</p><p>En casi todas partes, pues, la crisis es palpable y plantea claros retos de desarrollo. <strong>Parece desvanecerse la perspectiva de una gran recuperación</strong> o de que las economías converjan hacia los estándares occidentales. Además, no parece que ese sea el deseo de las economías occidentales, al menos no del líder, Estados Unidos, que ahora se ha fijado como prioridad impedir que China aumente su nivel.</p><p>También es cierto que la situación es crítica. La crisis ecológica plantea claramente la cuestión de la sostenibilidad de dicha convergencia mundial en el contexto del capitalismo globalizado. Paradójicamente, la convergencia en el desarrollo presupone la divergencia en el crecimiento para que sea sostenible. <strong>Los países avanzados deben dejar de perseguir el crecimiento y poner en marcha un sistema sostenible</strong> al que puedan sumarse los países del Sur Global.</p><p><strong>Pero esa perspectiva es incompatible con la globalización capitalista</strong>, que presupone tanto la interdependencia de los mercados como la competencia entre las naciones. Aunque la primera fase de la globalización pudo hacernos creer que se reducirían las desigualdades mundiales, este sistema entró en crisis en 2008, y esta crisis es claramente el producto de la apertura de los mercados.</p><p>Algunos de los países ricos están intentando recuperar el crecimiento que se ha transferido a los países más pobres, porque ahora se ven amenazados por ellos. Por no mencionar el hecho de que <strong>el régimen de crecimiento mundial se está debilitando</strong>. Cuando el pastel crece más lentamente, la lucha por una parte del mismo se hace más encarnizada.</p><p>Así pues, con el inicio de la década de 2020 ha comenzado una nueva fase en las relaciones económicas mundiales. Las desigualdades mundiales están aumentando de nuevo y se están repartiendo las cartas políticamente. <strong>China, y en menor medida Rusia, están bien situadas para presentarse como alternativas al modelo occidental de desarrollo</strong>, que parece cada vez más inalcanzable.</p><p>Sobre todo porque <strong>los índices de desarrollo </strong>son, como señala el propio informe del PNUD, un indicador "superficial". Al igual que los índices de pobreza, <strong>distan mucho de ser un reflejo perfecto de la realidad sobre el terreno</strong>. La disminución de la pobreza, medida por los ingresos en dólares que cacarean los neoliberales, no refleja el crecimiento de la mercantilización de la sociedad.</p><p>El informe señala que antes de la pandemia, a pesar del aumento de los índices de desarrollo y la caída de los índices de pobreza, "gente de todo el mundo declaraba altos niveles de estrés, preocupación y tristeza". Estos niveles aumentarán a medida que caigan los índices mínimos de desarrollo, como el IDH.</p><p>A esto <strong>se añaden los efectos de la crisis climática y las tensiones geopolíticas</strong>, que están teniendo un impacto masivo en estos países en desarrollo. Lo hemos visto recientemente con Pakistán, azotado por inundaciones catastróficas, y lo vemos con Ucrania, un país ya debilitado económicamente por el fin de la URSS y ahora asolado por la guerra.</p><p>La crisis ecológica y la crisis del capitalismo golpean, pues, duramente a los países no occidentales. Lógicamente, esto se traduce en un <strong>apoyo a las opciones autoritarias</strong>. El informe del PNUD señala que, por primera vez, la mitad de la población mundial apoya a líderes "susceptibles de socavar el ideal democrático", lo que refleja el deseo de encontrar una salida autoritaria a estas crisis. Pero esto no es exclusivo del Sur global, y también ocurre en los países occidentales cuyos modelos económicos están en crisis. </p><p>Y esto es un punto clave. Hasta la década de 2010, la desigualdad mundial disminuía, pero la desigualdad dentro de los países se disparaba. Ahora, la desigualdad mundial está aumentando de nuevo, mientras que la desigualdad dentro de los países sigue creciendo.</p><p>La noción de Sur global es una consecuencia natural de esta situación. <strong>El "modelo" occidental ya no es tan atractivo como antes</strong>. No sólo ofrece menos perspectivas de desarrollo, sino que no puede garantizar un desarrollo armonioso en el futuro.</p><p>Por tanto, los <strong>países en desarrollo</strong> están obligados a ser receptivos a una retórica que promete un desarrollo más centrado en las necesidades de la población, pero también a una <strong>defensa contra la depredación y las lecciones de Occidente</strong>. El problema es que los promotores de esas perspectivas siguen encerrados en sus propias contradicciones económicas y también tienen objetivos imperialistas.</p><p>El PNUD hace propuestas para "gestionar mejor la globalización", como desarrollar la noción de "bienes públicos mundiales", aumentar la "deliberación" en la toma de decisiones e intensificar la lucha contra el calentamiento global. Todas ellas serían útiles, pero parecen chocar con la lógica de las crisis que hemos definido anteriormente. <strong>Una cosa parece cierta: un mundo más desigual es un mundo más peligroso</strong>. Y ahora ese mundo es el nuestro.</p><p><strong>Traducción de Miguel López</strong></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 21 Mar 2024 15:13:50 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Romaric Godin (Mediapart)]]></author>
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      <media:title><![CDATA[La brecha entre países ricos y pobres es más grande que nunca]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Economía,Desigualdad social,Globalización]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Uberización y desigualdad: ¿Nos tomamos en serio la democracia?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/uberizacion-desigualdad-tomamos-serio-democracia_129_1738406.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/fb1b7ef7-60a9-4d4b-a83c-10f241c89e48_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Uberización y desigualdad: ¿Nos tomamos en serio la democracia?"></p><p>Con frecuencia, los <strong>sedicentes liberales españoles</strong> suelen advertir sobre las derivas iliberales de nuestras democracias. El auge del populismo, los extremos antipolíticos y la degradación de la convivencia democrática conforman sin duda un <strong>cóctel indigesto</strong>. A la vista de la expansión de fuerzas de extrema derecha por toda Europa, de fenómenos como el bolsonarismo o el <em>trumpismo</em>, o del voto refugio en la derecha radical o identitaria de muchos conciudadanos de clase trabajadora, especialmente en la periferia europea desindustrializada, no parece que la advertencia esté exenta de fundamento. </p><p>Sin embargo, confieso que siempre me ha sorprendido que se pretenda contener el populismo y los repliegues identitarios o nacionalistas sin enfrentar las causas sociales y económicas de los que se alimentan. Por ejemplo,<strong> la desigualdad económica</strong>, realidad sangrante en España, <strong>y los efectos que la globalización</strong> ha tenido en el mundo del trabajo. </p><p>Recientemente, un grupo de Estados miembros de la <strong>Unión Europea</strong> unió sus fuerzas para bloquear de nuevo la <strong>ley de empleo en plataformas digitales</strong>. En las últimas décadas, el mercado de trabajo ha experimentado una evolución inquietante. La aparición de múltiples plataformas que operan a través de aplicaciones tecnológicas ha cambiado incluso el aspecto de las principales urbes. Su modelo de negocio, lejos de aportar valor añadido alguno ni ser el resultado de una gran innovación tecnológica, consiste en el <strong>abaratamiento de costes laborales</strong> y la más descarnada <strong>explotación laboral</strong>. </p><p>No son pocos los trabajadores forzados a salir de la esfera de protección del <strong>Estatuto de los Trabajadores</strong>, convertidos en falsos autónomos. No se trata de una cuestión simbólica ni nominal, sino un <strong>fraude</strong> con implicaciones tangibles: para los trabajadores, con unos derechos laborales completamente mermados, para la Seguridad Social y para el conjunto de la sociedad. A lo que con frecuencia se denomina economía colaborativa, deberíamos más bien denominarla <strong>economía depredadora</strong>: la que pone a competir al último contra el penúltimo en condiciones de precariedad más propias de finales de siglo XIX e inicios del XX. </p><p>Las condiciones de un repartidor de <strong>Glovo, Uber Eats o Deliveroo</strong> son un claro ejemplo de explotación laboral. Lo anacrónico no es su denuncia, sino el inquietante blanqueamiento de aquella por los que descartan esta crítica calificándola de populista, trasnochada o tecnófoba. Los avances tecnológicos pueden y deben ser un instrumento para la emancipación de las personas, pero sin regulación y al servicio de determinados intereses económicos son sólo un <strong>instrumento de servidumbre</strong> para muchos trabajadores. </p><p>La así denominada <strong>uberización </strong>es un fenómeno cada vez más generalizado que ha ido descomponiendo progresivamente algunas conquistas históricas del movimiento obrero, como la negociación colectiva. Muy ligado a nuestro modelo productivo desindustrializado y a un sector servicios que es hegemónico en la economía española, ha ido proliferando una economía repleta de <strong>microempresas y autónomos</strong>. </p><p>Indudablemente, en un contexto global tan convulso es importante proteger nuestra economía productiva frente a la economía financiera de carácter especulativo. Sin embargo, no podemos obviar que las transformaciones productivas y del mundo del trabajo han ido generando un escenario cada vez más fragmentado, donde <strong>el trabajador es presentado como un emprendedor.</strong> </p><p>Este <strong>relato tramposo</strong> es peligroso: necesitamos una economía dinámica donde el talento y la creatividad fluyan –para lo que es imprescindible el concurso del Estado en la producción y la redistribución–, pero el camino para eso no es la <strong>barra libre de trabajo basura</strong> y contratos en fraude de ley, sino la mejora de la productividad de nuestras empresas, un sustancial incremento en la inversión en I+D, y la sustitución definitiva de un paradigma de devaluación salarial por un modelo productivo mucho más sostenible y diversificado, que incremente el peso industrial sobre el PIB y la calidad del trabajo. </p><p>Considerar “emprendedor” a un falso autónomo víctima de la explotación laboral no sólo es una caricatura injusta, sino que revela una <strong>doble derrota</strong>: la incapacidad de proteger las condiciones laborales del trabajador por cuenta ajena y la de fomentar las condiciones empresariales de un tejido productivo con frecuencia sometido a la competencia desleal con corporaciones multinacionales especializadas en la evasión fiscal, el dumping laboral y el medioambiental. </p><p>¿Por qué algunos autoproclamados liberales silencian una realidad tan lacerante como la de la economía uberizada, absolutamente incompatible con los derechos fundamentales de las personas? Uno de los <strong>principios históricos del liberalismo</strong> fue la limitación del poder. El gran error dogmático de los fundamentalistas de mercado, por decirlo en palabras de <strong>Tony Judt</strong>, es abandonar esta directriz cuando se trata de limitar las arbitrariedades del poder económico. </p><p>Lo observamos cuando callan ante la descomposición del derecho laboral, cuyo carácter de protección de los trabajadores emana de una <strong>desigualdad estructural</strong> entre las partes, y su sustitución por el derecho privado. Este último se regula por la autonomía de la voluntad de las partes. Este principio está completamente ausente en las relaciones contractuales entre partes desiguales: ocurre en el derecho laboral y también en el derecho bancario o, en general, en la protección de los consumidores y usuarios. ¿Por qué muchos liberales aceptan el relato neoliberal falaz, según el cual, en un préstamo hipotecario o un contrato de transporte aéreo, repletos de cláusulas abusivas, el Estado no debe “interferir” al ser resultado del libre acuerdo entre las partes?</p><p>Una buena parte del liberalismo retórico no es sino un <strong>individualismo dogmático</strong> que responde a intereses económicos muy definidos en torno al rechazo del bien común y del Estado social. Un <strong>anarcocapitalismo</strong> cada vez más extendido entre <em>youtubers e influencers</em>, que inunda las pantallas y genera una hegemonía cultural sombría. La formación de ciudadanos sustituida por la manipulación de jóvenes, a los que se convence de que el éxito pasa por convertirse en <strong>aprendices de “criptobros”</strong><em>. </em></p><p>Desde luego, es un liberalismo impostado aquel al que no le importa la limitación de poder, puesto que <strong>promociona las concentraciones de capital</strong> a espaldas de parlamentos y gobiernos democráticos; el que no respeta la separación de poderes porque somete al Estado de derecho a la arbitrariedad de entidades financieras y plataformas tecnológicas, convirtiendo a los poderes del Estado en <strong>auxiliares del poder económico</strong>; el indiferente ante la falta de libertad de muchas personas cuyos derechos fundamentales nominalmente garantizados distan mucho de ser tangibles y reales; el que promueve importantes <strong>desigualdades y desequilibrios</strong> en un marco global de libre circulación de capitales y múltiples “refugios fiscales” y “jurisdicciones fiscalmente no cooperativas”<em>,</em> que son los habituales eufemismos con los que algunos eluden el vergonzoso escenario de paraísos fiscales dentro de una Unión Europea que se presume social y democrática. </p><p>El detector de <em><strong>iliberalismo</strong></em> debería, por tanto, orientarse de forma correcta. No se encuentra sólo en los reaccionarios de la identidad, también en los gobiernos que conforman el grupo de Visegrado, con formaciones políticas que niegan los derechos civiles, el laicismo o la libertad religiosa y que <strong>criminalizan con su populismo a los migrantes</strong>, o en aquellos que quieren definir las comunidades políticas en torno a peligrosos criterios étnicos, sustituyendo la condición de ciudadanos por la de “nativos”. </p><p>Es indudable que el nacionalismo étnico y el populismo identitario son verdaderas agresiones democráticas. Pero nunca los atajaremos si partimos de la aceptación acrítica o el blanqueamiento de un orden social y económico cada vez más desigual e injusto para las clases trabajadoras, así como convulso, incierto y carente de estabilidad para <strong>unas clases medias precarizadas</strong>, cuyas condiciones de vida se resienten al tiempo que los estragos de las diversas crisis económicas se vuelven crónicos a nivel social. La desigualdad creciente y la concentración de riqueza en pocas manos son una <strong>termita silenciosa y letal </strong>que corroe nuestro Estado social y democrático de derecho.</p><p><strong>________________________________</strong></p><p><em><strong>Guillermo del Valle</strong></em><strong> </strong><em>es secretario general de la Izquierda Española</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 12 Mar 2024 20:14:23 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Guillermo del Valle]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Uberización y desigualdad: ¿Nos tomamos en serio la democracia?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Uber,Globalización,Glovo,Deliveroo,Liberalismo político]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El AVE llega a Bruselas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/club-infolibre/librepensadores/ave-llega-bruselas_129_1443069.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>Hace unos años nos inundaron la cabeza entre unos y otros; unos decían, sin explicar muy bien por qué y cómo, que querían ser independientes de España, los otros decían que los primeros lo que querían era romper España. Lo que <strong>quisiéramos la gente no les importaba</strong>.</p><p>Durante unas semanas, los primeros y los segundos nos inundaron con la fuga de empresas. Para unos no era importante, para otros era gravísimo. La fuga era de Barcelona a Madrid o a Alicante, vamos, a tiro de AVE. Grandes entidades que todos conocemos y<strong> no hace falta mencionar</strong> se iban de Cataluña y esto iba a suponer un problema en la sociedad catalana. Las portadas de periódicos nos abrumaban con cifras de número de empresas que se iban y cuánto nos iba a costar eso, a los ciudadanos, claro, porque a las compañías no les costaba nada, al contrario, la <strong>excusa era perfecta</strong> para acudir a subvenciones públicas que les sacaran de la crisis bancaria que ellos mismos habían creado y de la que nosotros éramos los culpables.</p><p>Estos días leo con estupefacción cómo Ferrovial, empresa del IBEX35, que ha recibido ayudas públicas, que ha apoyado a partidos y candidatos políticos españoles, simplemente va a pagar impuestos a otro país. Cuando algunos youtubers de "renombre" se fueron a <strong>Andorra, el eco fue máximo</strong>, abrumador, en todos los programas de televisión se hablaba de ellos. Ahora, <strong>casi nadie dice nada</strong>.</p><p>No soy experto en economía, ni en comercio internacional ni nada que se le parezca, pero siento que se están riendo en nuestra propia cara. Seguro que no falta el que me dice que es distinto, que es un movimiento económico debido a la <strong>globalización</strong>, el cambio climático, que Argentina ganó el mundial y ya de paso que no me gusta el aguacate.</p><p>Más sorprendido me quedo ante la respuesta de nuestros políticos, todo es 'se estudiará', 'se planteará', 'se mirará', 'se analizará', pero nadie verbaliza el verbo hacer. Quizás es necedad propia, pero me resulta imposible creer que un gobierno no está protegido ante tales operaciones, si es el caso entonces significa que les viene bien y si no lo es significa que nuestra vida la<strong> dirigen personas a las que les importamos muy poco</strong>.</p><p>Cada vez estamos más en manos de las grandes compañías y los gobiernos de turno pierden su poder legislatura tras legislatura. En pocos años en lugar de elecciones celebraremos juntas de accionistas y escogeremos, si nos dejan, a nuestros CEOs. No sé cómo lo ven ustedes, pero creo que este movimiento representa el claro ejemplo de que el <strong>capitalismo agonizante</strong> en el que vivimos está dando paso a un sistema todavía más injusto que se cebará con las clases bajas (la clase media se están encargando de cargársela) de forma cruel, pero que no saquen mucho pecho porque la historia demuestra que las revoluciones cambian las cosas y no se puede estirar tanto del pueblo. Algún día nos pararemos a contarnos.</p><p>----------------------------------------</p><p><em><strong>Manrique García</strong></em> <em>es socio de </em><em><strong>infoLibre</strong></em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 07 Mar 2023 20:33:06 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Manrique García]]></author>
      <media:title><![CDATA[El AVE llega a Bruselas]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Globalización]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Vivir en "permacrisis": por qué la globalización de capitales, mercancías y personas nos hace sentir miedo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/economia/vivir-permacrisis-globalizacion-flujo-capitales-mercancias-personas-multiplicado-incertidumbres_1_1392790.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/d12d84d7-24d3-4e71-abd0-57ba900d24bf_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Vivir en "permacrisis": por qué la globalización de capitales, mercancías y personas nos hace sentir miedo"></p><p>Una idea que siempre se repite de los <em>milenials</em>, la generación nacida entre los años 80 y 90, es que no conocen otra cosa que no sea la crisis. Primero fue la <strong>crisis financiera</strong>, que coincidió con la incorporación de esta generación a un mercado laboral que estaba derrumbándose. Le siguió la <strong>Gran Recesión</strong>, que se alargó unos años más. En el momento de recuperación, llegó la <strong>pandemia </strong>y antes de que se resolviera, <strong>Rusia invadió Ucrania</strong> creando un sinnúmero de perturbaciones más en la economía. Es la “<strong>permacrisis</strong>”, un concepto que se ha convertido en la palabra del año, según el diccionario británico Collins. Pero, ¿es esto una novedad histórica? ¿Hay más crisis que antes?</p><p>“Los períodos de paz y tranquilidad se han ido acortando. Cuanto más dura una crisis, más probabilidad hay de que surjan otras”, explica a <strong>infoLibre </strong>el catedrático José Ignacio Castillo, que pertenece al departamento de Análisis Económico y Economía Política de la Universidad de Sevilla. “La globalización de capitales, mercancías y personas ha sido un éxito en muchos sentidos. Pero es como una medicina:<strong> no hemos leído el prospecto y tiene sus efectos secundarios</strong>. Hemos infravalorado los efectos negativos que tiene”, explica.</p><p>“Las crisis de subsistencia se han producido siempre y ahora hay menos. Estamos mucho mejor que antes de la revolución industrial”, apunta Estrella Trincado, que imparte Historia Económica en la Universidad Complutense de Madrid. “La globalización, sin embargo, implica que los cambios<strong> se sucedan mucho más rápidos</strong>. Gracias a esos cambios, hay menos crisis de subsistencia, pero produce en la población más miedo. Creo que hay un elemento psicológico importante”, añade la profesora.  </p><p>El catedrático Castillo coincide en este punto: “Es algo que se incrementa con la percepción. El concepto “permacrisis” se ha inventado en Reino Unido, que antes de la pandemia vivieron otro evento no previsto que tuvo efectos negativos sobre la población: el<em> </em><em><strong>Brexit</strong></em><em>. </em>En España también tenemos esta percepción, por el enorme efecto que tuvo la crisis financiera, que se alargó en mayor medida, respecto a otros países”, añade. </p><p>La globalización ha propiciado la inmediatez global de los movimientos de capitales. Este proceso se ha consolidado en los últimos años con la aparición de las llamadas <em><strong>fintech</strong></em>, las plataformas de compraventa de activos financieros apoyados en la tecnología y con apenas comisiones que han abierto las bolsas financieras a personas que no disponen de un gran capital.  </p><p>“En cuanto a capitales, la globalización es casi perfecta. La frecuencia y la intensidad ha aumentado muchísimo. Esto hace que cualquier mala noticia pueda provocar que el precio de una acción <strong>pueda desplomarse con mayor velocidad</strong>. Cualquier ciudadano, por ejemplo, en Corea del Sur, con darle a un botón de su móvil es capaz de deshacer sus posiciones financieras inmediatamente y trasladar ese capital a cualquier otro rincón del mundo”, explica el profesor.</p><p>Un ejemplo de cómo esto se traslada a la economía real, lo vemos en el reciente desplome de las compañías tecnológicas en la bolsa, como Meta (matriz de Facebook, Instagram y WhatsApp), Google o Netflix. La percepción de los inversores que estas empresas vivieron su época dorada en el mundo pandémico del confinamiento y el teletrabajo ha provocado una <strong>desinversión masiva</strong> que les ha hecho perder una capitalización mil millonaria. <a href="https://www.infolibre.es/economia/veloz-crecimiento-seguido-despidos-masivos-acordeon-laboral-tecnologicas-arrastra-espana_1_1358783.html" target="_blank">Esto se ha traducido en miles de despidos</a>.    </p><p>“Esto lo aprendieron muy rápido los países del sudeste asiático a finales de los años 90. Cuando empezaron las devaluaciones de sus monedas, vieron cómo el capital occidental desapareció muy rápido. Ante este riesgo de unas economías que estaban en pleno crecimiento, estas aprenden que la forma de ser resilientes es<strong> no depender del capital exterior</strong>. Es que es de cajón: ya existía entonces y ahora se ha multiplicado”, apunta el académico. </p><p>Castillo considera que, en general, no hay conciencia colectiva de la revolución que han supuesto las <em>fintech: </em>“No es necesariamente negativo, pero es verdad que<strong> aumenta los riesgos </strong>de que cualquier problema financiero se intensifique”. </p><p>“La globalización de los flujos de mercancías nos ha hecho más interdependientes, pero yo creo que en un primer sentido eso es positivo: nos ha permitido aumentar el nivel de producción global, una mayor cantidad de productos y además, los países interdependientes comercialmente <strong>son menos propensos a tener conflictos</strong>”, expresa José Ignacio Castillo. </p><p>“No obstante, esta interdependencia hace que cualquier problema que surja, como la pandemia, hace que las fábricas dejen de producir con la misma intensidad. Ha pasado con la<strong> escasez de semiconductores</strong> desde los países asiáticos, que ha provocado que se produzcan menos televisores o frigoríficos globalmente”, apunta.</p><p>Ante estas perturbaciones en el flujo mundial de mercancías, el catedrático resalta <strong>la experiencia de la Política Agraria Común</strong> (PAC) como precursora de todas las políticas públicas puestas en marcha en Europa tras la pandemia y la guerra: “Una de las conclusiones de estos años es que hay que tener las cadenas de producción un poco más cerca. Es decir, que si surge una pandemia, no tengamos que importar mascarillas. En Europa, tras la Segunda Guerra Mundial, se decidió poner en marcha la PAC para evitar la escasez alimentaria. Se desarrolló una agricultura subvencionada que ha sido un éxito. Pues <strong>ahora lo hemos hecho con las mascarillas</strong>, con los geles, cosas que no teníamos”, apunta.</p><p>“La Unión Europea se ha gastado mucho dinero en unas vacunas que ni existían, con el fin de no depender de otros países. Ahora se está haciendo con los fondos Next Generation para que, por ejemplo, produzcamos nuestros propios semiconductores. El modelo ya existía: es la PAC. Antes de la pandemia estaba muy cuestionada, pero ahora<strong> necesitamos esas capacidades estratégicas</strong> ante eventos que puedan surgir”, añade el catedrático.</p><p>El flujo global de personas está “menos globalizado” que los dos anteriores: los flujos están restringidos por las políticas migratorias y los controles de fronteras. No obstante, el turismo y los viajes de negocios no paran de crecer año tras año. “Esos servicios crecen gracias a la reducción del coste de los transportes, que han propiciado la movilidad dentro y entre los países. Esto obviamente no es negativo: responde ante <strong>nuestra aspiración y deseo de viajar y conocer.</strong> Es algo tan exitoso que no vamos a renunciar a ello”, expresa el profesor.  </p><p>“No obstante, esto también trae aparejados más riesgos. En un mundo en el que hay miles de millones de viajes, cualquier virus que antes hubiera tenido un efecto local ahora es más probable de que tenga un impacto global. Hace 100 años, por la equivalencia con la gripe española, <strong>quizás el coronavirus se hubiera quedado en Asia</strong>. Antes, cuando una comunidad pasaba una enfermedad, la pandemia se acababa. Ahora hemos tenido olas y olas. La estrategia de cerrarte para que el virus no pase no sirve de nada. Con esta movilidad los virus van a seguir fluyendo:<strong> la única solución son las vacunas</strong>”, explica el profesor. </p><p>La percepción de la población ante estos riesgos a los que estamos expuestos por la globalización de capitales, mercancías y personas es de inestabilidad, que puede llegar a producir una gran incertidumbre. “Esto especialmente ocurre porque estamos continuamente bombardeados por los medios de comunicación, por la necesidad de cambios constantes”, explica Estrella Trincado, investigadora de Historia Económica. “Yo no creo que estemos en crisis permanente, pero es cierto que al existir cambios más rápidos en el siglo XXI, <strong>es lógico que se produzca una sensación de crisis continua</strong>”, concluye la profesora.</p><p>Este miedo latente en la población ha llevado, según el catedrático José Ignacio Castillo, a demandar una mayor seguridad por parte de las autoridades: “Los debates económicos se centran en la creación y distribución de la riqueza. Según el sesgo ideológico de cada uno, está más inclinado hacia un lado o hacia otro. Pero ahora se está demandando al estado que también <strong>provea de protección económica</strong>”.</p><p>El profesor explica que esto enraiza con el origen mismo de las ciudades: “La ciudad es el origen de las administraciones públicas y del Estado. La ciudades se hicieron para protegernos de invasiones y guerras. <strong>Nos juntamos, ponemos murallas, y evitamos que nos invadan. </strong>El Estado luego va adquiriendo funciones de crear y distribuir riqueza, pero ahora se le demanda que nos proteja. Que tenga vacunas si hay pandemia. Que haya subvenciones si se dispara la inflación. <strong>Volvemos a las funciones primigenias</strong> de la ciudad”, señala el profesor. </p><p>Castillo, en este sentido, cree que la pandemia lo ha cambiado todo: "<strong>El</strong><em><strong> Brexit </strong></em><strong>fue una respuesta muy del </strong><em><strong>Titanic</strong></em>: que los de primera clase huyan en bote mientras se hunde el barco. Ahora es un escenario fantástico para que organizaciones supranacionales como la UE o la ONU puedan desarrollar un mayor papel. Europa ha respondido rápido y con fuerza. El éxito de estas políticas ha hecho que los ciudadanos vean a la UE como un elemento más necesario. El tamaño de <em>shocks </em>como la pandemia o la guerra hacen que<strong> las estrategias de cooperación sean más exitosas</strong> que las de la primera clase del<em> Titanic</em>", concluye el profesor.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 22 Dec 2022 19:32:33 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Javier Guzmán]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Vivir en "permacrisis": por qué la globalización de capitales, mercancías y personas nos hace sentir miedo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Globalización,Mercados]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Zapatero alerta de una "peligrosa" pendiente en el incremento del gasto en defensa]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/politica/zapatero-alerta-peligrosa-pendiente-incremento-gasto-defensa_1_1341914.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/544b6404-66c0-45d1-919b-28c41a5fccca_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Zapatero alerta de una "peligrosa" pendiente en el incremento del gasto en defensa"></p><p>El expresidente del Gobierno, <strong>José Luis Rodríguez Zapatero</strong>, ha alertado este lunes sobre el <strong>incremento del gasto militar</strong> en las sociedades que está experimentando una pendiente al alza que ha calificado<strong> como "peligrosa"</strong>, según informa Europa Press. </p><p>Así lo ha señalado durante su intervención en la jornada <em>Liderazgo político y reglobalización en América Latina, España y Europa</em> en Casa de América que ha organizado <em>Thinking Heads</em>, en la que ha aportado su visión sobre el contexto internacional.</p><p>Además, ha mencionado que ante la actual crisis que sufre el proceso de globalización existe una "tentación hacia la desglobalización liderada en parte por los países occidentales", según ha advertido.</p><p>"Nosotros somos economías abiertas y además sociedades envejecidas demográficamente, por tanto necesitaremos un mundo abierto, global", ha defendido. Así, ha indicado que esta corriente de desglobalización se está haciendo "bajo el pretexto de garantizar las reservas estratégicas" y tener "autoproducción", pero que a su juicio es "inútil" y <strong>repercutirá negativamente en las economías y en las sociedades. </strong></p><p>En esta misma línea ha indicado que existe una "gran paradoja" por esta tendencia que está presente en los países mientras que la sociedad actual es "más global que nunca" al igual que son globales los retos a los que se enfrenta como la lucha contra el cambio climático, la pandemia de coronavirus, como ha mencionado.</p><p>Además, Zapatero ha afirmado que<strong> el sistema político internacional esta actualmente "roto"</strong> porque se ha visto la "debilidad absoluta" del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas ante la intervención de Rusia en Ucrania.</p><p>También porque el "gran objetivo" de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), terminar con el hambre para el año 2030 está en este momento en una situación "muy delicada, cuando no de retroceso", ha apuntado.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 17 Oct 2022 16:06:42 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[infoLibre]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Zapatero alerta de una "peligrosa" pendiente en el incremento del gasto en defensa]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Política,Armamento,Armas,Economía,Guerra,Globalización]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Paradojas digitales en el mundo de ayer]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/paradojas-digitales-mundo-ayer_129_1234047.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/3a2d644d-67c9-4caa-9d4d-2bf2891ea8a5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Paradojas digitales en el mundo de ayer"></p><p>Una de las cosas más llamativas de la revolución digital es la paradoja de que en dicha situación <strong>somos nosotros mismos quienes determinamos el grado de vigilancia que queremos padecer</strong>, sometidos por el nuevo panóptico (con nombres muy eufónicos, por cierto: Alexa, Siri), celebrando incluso como un gran avance todos los daños colaterales que resultan de la misma y considerando como cosas pequeñas las mentiras que nos encontramos en el proceso de búsqueda de cualquier información.</p><p>También, la complicidad con la que en sitios tan dispares como la administración o la banca, se da por bueno el "vuelva usted mañana" en versión moderna, en <strong>un proceso imparable de deshumanización de los puestos de trabajo</strong> mientras se promueve la desatención telemática en cualquiera de sus versiones frente al fomento de las relaciones humanas y sociales de la atención personal.</p><p>A la forma de racionalidad que prescinde de la comunicación, <strong>Byung-Chul Han la denomina racionalidad digital</strong>. En ella, el discurso se sustituye por los datos. La cuestión es que los "influencers" de las ideas Red, <strong>los </strong>"<strong>dataístas</strong>", <strong>afirmarían incluso que la inteligencia artificial escucha mejor que los humanos</strong>: "La racionalidad digital sustituye el aprendizaje discursivo por el <em>machine learning</em>".</p><p>Nuestro punto de partida ha de ser que el impulso digitalizador que la pandemia ha producido en los sistemas sanitario y educativo era difícil de evitar, incluso fue beneficioso en algún aspecto. Pero algunos de sus estigmas más significativos deberían poder revertirse a medida que nos encaminamos hacia tiempos de relativa normalidad. El <strong>hipertecnologismo</strong>, el uso masivo de las nuevas tecnologías, que hay que recordar que forma parte, también, de los postulados de la "<strong>nueva pedagogía</strong>", donde se le asocia con el abandono de los libros en general y de los libros de texto en particular, era inaceptable antes del covid y lo sigue siendo ahora, cuando un importante número de alumnos, aún sin cuantificar, <strong>han quedado rezagados en el sistema educativo por la brecha digital o directamente por razones relacionadas con el miedo al contagio</strong>.</p><p>Ya se sabe que la sanidad y la enseñanza públicas mantienen un importante liderazgo en la sociedad. Pero no hay que olvidar que durante la pandemia se han establecido rutinas que dificultan las relaciones personales y agrandan las distancias entre los ciudadanos y la administración. <strong>Y hay un peligro claro de acentuar la deshumanización en la medicina, sustituida por la tenaza que supone quedar atrapados entre el "coaching" y la robótica</strong>. Por eso, la urgencia de superar la crisis de la atención primaria y la salud mental.</p><p>Paralelamente, no hay que olvidar otro dato preocupante, y es que<strong> la revolución digital coincide en el tiempo con una contrarrevolución reaccionaria contra los ideales y valores de las democracias occidentales</strong>, liderada por personajes siniestros como <strong>Putin y Trump</strong>, que está poniendo en peligro no solo nuestro modo de vida, sino también la propia existencia del planeta.</p><p><strong>Estas primeras décadas del siglo XXI hemos vivido, además, una gran expansión, ahora en un cierto retroceso, de una globalización capitalista desenfrenada</strong> que, junto a la conexión en red, ha socavado de una manera importante los controles democráticos de los cada vez más sobrepasados y superados Estados-nación, sustituyendo el pluralismo y el diálogo por los metadatos y la simplificación populista de la complejidad y la incertidumbre.</p><p>Dentro de un tiempo, con el paso de los años, los analistas del futuro estudiarán nuestra época y determinarán las<strong> secuelas que habrá dejado esta hipertecnológica sociedad actual</strong>, que los grandes autócratas utilizan en su beneficio para que su poder se base en manipular la historia con una reescritura falsa de los hechos. Seguramente la inteligencia artificial, que ya empieza a determinar muchas de las decisiones que nos afectan diariamente, seguirá siendo una tecnología necesaria para ayudar a resolver los problemas para los que sea creada, y ojalá sea para el beneficio de todos. Pero, preguntémonos cómo explicarán dentro de un tiempo lo sucedido en las décadas pasadas, y esperemos que lo analicen todo desde la óptica de los que son hoy críticos con la <strong>deriva individualista y antisocial propiciada por las nuevas técnicas</strong>. Desde la mirada de hoy no es fácil saber si será fácil remontar el vuelo y dar un giro radical a una andadura que parece que nos va llevando hacia el abismo. Es posible, también, que una ciudadana del futuro de cualquier país que intente hacerse una idea de lo que pasaba en nuestra época, piense que estábamos ante algo muy parecido al mundo a punto de despeñarse que describió Zweig en uno de sus grandes libros:<em> El mundo de ayer</em>. Lo cierto es que la inestabilidad se va haciendo protagonista mientras las ideas democráticas, las democracias y la democracia como idea misma, que pasan por uno de sus períodos más difíciles, van perdiendo terreno y se afianza en el imaginario la sensación de que algo muy grave puede ocurrir en cualquier momento.</p><p>_____________________________</p><p><em><strong>Gaspar Llamazares Trigo</strong></em><em> y </em><em><strong>Miguel Souto Bayarri </strong></em><em>son médicos y autores, junto a la psicóloga Gema González López, del libro 'Salud: ¿derecho o negocio? Una defensa de la sanidad pública'.</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 17 May 2022 19:50:50 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Gaspar Llamazares Trigo | Miguel Souto Bayarri]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Paradojas digitales en el mundo de ayer]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Tecnología digital,Capitalismo,Globalización]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Península ibérica: ¿radial o policéntrica?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/peninsula-iberica-radial-policentrica_1_1213256.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/c7d134ba-1606-49bd-8673-6efe6ea547d1_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Península ibérica: ¿radial o policéntrica?"></p><p><strong>Megaciudades y globalización</strong></p><p>Nueva York y Londres son las dos principales <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Ciudad_global" target="_blank">ciudades globales</a> del mundo según distintos rankings disponibles. Quizás por serlo mantienen, respecto a sus países, <strong>posiciones cosmopolitas</strong> ante una rampante globalización que las distancian de buena parte del conjunto de la ciudadanía de los mismos.</p><p>Estas mega-ciudades encajan como un guante en el indisimulado afán de la globalización neoliberal<strong> por saltarse y debilitar los Estados y sus soberanías</strong> (financieras, fiscales, arancelarias, ambientales, laborales, etc.). Para ello <strong>concentran</strong> los servicios financieros y empresariales avanzados, jurídicos, administrativos, innovación, diseño de productos, administración, recursos humanos, gestión de producción, mantenimiento, transporte, comunicaciones, logística, publicidad, seguridad, almacenamiento, etc.</p><p>Son al mismo tiempo <strong>centrífugas</strong> a escala global para las actividades manufactureras, hacia paraísos laborales lejanos por medio de sus inversiones en el extranjero. Pero son centrípetas para atraer inmigración de mano de obra barata en los numerosos servicios personales que <strong>su aristocracia profesional pueda costearse</strong>. Un esquema que se cumple para Londres, Nueva York o, entre nosotros,<strong> Madrid</strong>.</p><p>También son <strong>centrípetas para atraer y concentrar los flujos turísticos</strong> que reciben los países en que se ubican, todo ello debidamente engrasado con un despilfarro aéreo monumental y una oferta residencial gestionada por plataformas digitales de grandes inversores globales. Con la consecuencia de una marea de gentrificación y vaciado de barrios para negocios y servicios.</p><p>Gentrificación reforzada aún más por<strong> el uno por ciento mundial </strong>que cuenta con residencia en muchas de estas ciudades globales en barrios exclusivos a golpe de jet privado. Atraídos por argumentos de <strong>dumping u opacidad fiscal</strong> (como en España es la <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Visado_de_oro" target="_blank">Golden Visa</a>) para complementar su secesión fiscal en los paraísos correspondientes.</p><p>Y así tenemos el cóctel completo del hipercapitalismo del siglo XXI:<strong> deslocalizaciones de manufacturas a paraísos laborales, </strong>gestión del mundo desde las ciudades globales, suspensión y vaciado de los Estados en las que se insertan, movilidad garantizada (residencial y turística) para las rentas altas y barreras a nivel de trata para los inmigrantes.</p><p><strong>Una península ibérica radial-centrípeta</strong></p><p>El<strong> despegue de Madrid como megaciudad global </strong>encaja como un guante con el análisis anterior. No voy a reiterar aquí dos análisis míos previos en tal sentido (uno <a href="https://www.publico.es/luzes/revista-luzes-mega-madrid-market.html" target="_blank">aquí</a> y otro <a href="https://www.infolibre.es/noticias/opinion/plaza_publica/2021/05/14/en_tramoya_mega_madrid_market_120405_2003.html" target="_blank">aquí</a>). A sus éxitos indudables en nivel de crecimiento se asocian <strong>debilidades rotundas en resiliencia, sostenibilidad ambiental y exclusión social</strong>. También un papel muy desequilibrador en la apertura exterior del comercio internacional español. Como sin duda su dinamismo no es un factor positivo para la soberanía y autonomía en nuestros abastecimientos más básicos, dado su encaje en la lógica de los inversores y cadenas globales de valor. En buena medida su conexión oceánica pasa por Valencia para lo físico y por hacer también <a href="https://www.eldiario.es/tecnologia/nube-ordenador-alguien-cerca-imaginas_1_1156434.html" target="_blank">centrípeto</a> el big data.</p><p>Ante tal mastodóntico intermediario global los otros dos motores económicos de España han derivado a un papel subalterno. Por un lado<strong> el área metropolitana de Barcelona</strong>, con su puerto global, buscando en el corredor mediterráneo hacia Valencia una opción no radial y no centrípeta. Y, por otro,<strong> el sistema auto centrado de ciudades vasco</strong>; con Bilbao como puerta de entrada global marítima y Victoria-Gasteiz aérea.</p><p>Tan potentes son las dinámicas centrípetas y globalistas madrileñas que en los últimos meses el primer ministro portugués <strong>António Costa </strong>se ha visto en el brete de enfriar el eje Madrid-Lisboa razonando que <strong>“una península radial no nos interesa”</strong> (lo anota Antón Baamonde en su<a href="https://editorialgalaxia.gal/produto/unha-nova-olanda-de-ferrol-ao-porto-cidades-galegas-e-o-norte-de-portugal-no-escenario-global/" target="_blank"> último ensayo</a>). En este caso abriéndose a priorizar en la agenda peninsular portuguesa el corredor atlántico Porto-Ferrol y la conexión andaluza con el Algarve portugués.</p><p>De manera que a Barcelona, Bilbao o Lisboa no les queda otra que <strong>reclamar la apertura de un policentrismo no radial</strong> (centrífugo por tanto) en la península ibérica, que la dinámica del megamarket madrileño (centrípeto) considera<strong> cosas de perdedores de la globalización</strong>. Pues ellos navegan en la nube del big data (aunque sus cables sean submarinos) y de Barajas.</p><p>No deja de ser sintomático que sea justo <a href="https://www.lavanguardia.com/local/valencia/20210927/7749335/ximo-puig-pide-impulsar-espana-polifonica-supere-estructuras-radiales.html" target="_blank">desde Valencia</a> (puerto del megamarket centrípeto y del corredor mediterráneo a un tiempo) que se demande reducir la presión centrípeta que ejerce la capitalidad de España, por <strong>considerarla anacrónica</strong> en un país cuasi federal en su deriva autonómica.</p><p>Poniendo como ejemplo a imitar la localización de <strong>la Corte Suprema, de la de Finanzas, la Laboral o del propio Banco Central, de la Bolsa o del BCE en Alemania</strong>. Cosas algo más sustantivas que las <a href="https://elpais.com/espana/2021-11-15/el-gobierno-ubicara-fuera-de-madrid-la-mayoria-de-los-nuevos-organismos.html" target="_blank">ocurrencias descafeinadas</a> de las que estos días se habla.</p><p>Por todo lo que precede no me sorprende que en <a href="https://www.espana2050.com/dialogos" target="_blank">los diálogos</a> sobre el futuro del <strong>“proyecto de país” para España 2050</strong>, que impulsa la Oficina Nacional de Prospectiva y Estrategia, no se focalice ninguno de ellos sobre estos asuntos. Así en Barcelona se hablará de digitalización, en Bilbao de innovación, en Alicante del agua, en Galicia -en Santiago de Compostela- sobre envejecimiento, … y la clausura será en … ¿lo adivinan?</p><p>______________</p><p><strong>Albino Prada</strong> es investigador de <a href="http://ecobas.webs.uvigo.es/" target="_blank">ECOBAS</a>, miembro del Consejo Científico de Attac España y autor del ensayo <a href="https://www.amazon.es/EL-REGRESO-CHINA-%C2%BFCHIM%C3%89RICA-DIGITAL/dp/B08XXZWQCZ" target="_blank">El regreso de China</a>.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 21 Nov 2021 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Albino Prada]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Península ibérica: ¿radial o policéntrica?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Globalización,Madrid]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La vacuna, el 'Gran Farma' y nuestra hipocresía]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/columnas/buzon-de-voz/vacuna-gran-farma-hipocresia_1_1192971.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/fee8a285-f460-48ec-9823-32e66195650c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La vacuna, el 'Gran Farma' y nuestra hipocresía"></p><p>cke_bookmark_248E<em>“El mundo de las multinacionales farmacéuticas me atrapó al entrar en él, y ya no pude dejarlo. El 'Gran Farma', como se le conoce, tenía de todo: las esperanzas y los sueños que depositamos en él; su enorme potencial </em>–<em>en parte llevado a la práctica</em>–<em> de hacer el bien, y su lado más oscuro, alimentado por inmensas cantidades de dinero, una hipocresía rampante, corrupción y avaricia”.</em></p><p><strong>John Le Carré </strong>(18 de febrero de 2001)</p><p>Este viernes por fin hemos conocido (es un decir) el <strong>contrato firmado por la Unión Europea con la farmacéutica AstraZeneca</strong> para el suministro de su vacuna contra el covid. Lo ha hecho público la Comisión Europea tras varios días de alta tensión con la multinacional anglo-sueca después de que esta comunicara una reducción de hasta un 60% de las entregas comprometidas para el primer trimestre. Lo que podemos leer del contrato (<a href="https://static.infolibre.es.bbnx.pro.bitban.com/infolibre/public/content/file/original/2021/0129/12/aqui-puedes-consultar-el-contrato-de-la-ue-con-astrazeneca-50e19ac.pdf" target="_blank">ver aquí</a>) desmiente como mínimo <strong>dos patrañas que el laboratorio se había inventado</strong> para justificar el incumplimiento de su compromiso: <strong>1) </strong>Las plantas de producción del Reino Unido se consideran expresamente en el territorio de la UE "a los efectos de esta disposición" (apartado 5.4). <strong>Y 2)</strong> En el apartado 13.1 del acuerdo, AstraZeneca "garantiza" que "no tiene ninguna obligación, contractual o de otro tipo, con ninguna persona o tercero respecto a las dosis iniciales" pactadas con la UE. De modo que <strong>no se sostiene por ningún lado la excusa de que Reino Unido tenía un acuerdo previo que le daría prioridad a la hora de hacerse con la producción de la vacuna</strong>.</p><p>El documento publicado aparece con insistentes (y cutres) tachaduras, que ocultan al menos dos datos fundamentales del contrato: <strong>el precio por dosis y el calendario concreto de entregas y su volumen</strong>. Para escribirlo pronto y sin rodeos: es inadmisible que una empresa privada imponga a la Unión Europea la opacidad en un contrato que es fruto en buena parte de la inversión pública de la propia UE y de los Estados miembros para facilitar la investigación, producción y distribución de esa vacuna. Es más, una de las pocas cuestiones que están claras, respecto a AstraZeneca y las demás grandes farmacéuticas competidoras en la carrera por hallar un remedio preventivo contra la actual pandemia, es que <strong>la propia UE ha asumido los principales riesgos económicos que pudieran derivarse de la aceleración de todos los procesos para obtener las vacunas</strong>. Las razones aducidas para intentar justificar el velo de la censura (cuestiones de seguridad o información confidencial, ver aquí) ofenden a la inteligencia: ni los precios de cada dosis ni los plazos acordados para su entrega tienen absolutamente nada que ver con la seguridad o la confidencialidad protegidas por las leyes vigentes. Según <em>Der Spiegel</em>, el coste para la UE del citado y semicensurado contrato es de <strong>870 millones de euros que incluyen "todos los gastos directos e indirectos" incurridos por AstraZeneca</strong> en la producción y distribución de la vacuna (<a href="https://www.infolibre.es/noticias/mundo/2021/01/29/bruselas_astrazeneca_coste_contrato_870_millones_116055_1022.html" target="_blank">ver aquí</a>). O sea que si el laboratorio tuviera pérdidas, aquí estaremos todos para cubrirlas. Ya saben. Es costumbre neoliberal instaladísima. (<a href="http://www.infolibre.es/noticias/lo_mejor_mediapart/2021/01/30/asi_han_burlado_los_laboratorios_los_estados_europeos_116044_1044.html" target="_blank">Aquí detalla</a> nuestro socio editorial <a href="https://www.mediapart.fr/" target="_blank">Mediapart</a> la burla a la UE ejercida por grandes laboratorios, lo cual merece una <strong>severa autocrítica también por parte de los negociadores</strong> de la Comisión Europea).</p><p>De modo que una vez semidesvelado el contrato, quedan aún más abonadas las <strong>sospechas sobre intereses políticos de AstraZeneca en favor del Reino Unido e intereses puramente crematísticos en favor de Israel</strong> (el país más avanzado del mundo en la vacunación contra el covid), pero sobre todo a beneficio puro y duro del propio laboratorio (<a href="http://www.infolibre.es/noticias/mundo/2021/01/30/astrazeneca_farmaceutica_que_guerreaba_contra_cancer_hasta_que_recibio_regalo_forma_vacuna_116033_1022.html" target="_blank">ver aquí</a> un retrato empresarial de la farmacéutica anglo-sueca).</p><p>Desde que el recientemente fallecido <strong>John Le Carré</strong> escribió <a href="https://www.casadellibro.com/libro-el-jardinero-fiel/9788401341564/751692" target="_blank">El jardinero fiel</a> y publicó el impagable artículo del que se extrae la cita que encabeza estas líneas (<a href="https://elpais.com/diario/2001/02/18/domingo/982467988_850215.html" target="_blank">ver aquí</a>), han pasado veinte años. Sería injusto ocultar que <strong>se han dado pasos importantes para frenar la codicia insaciable de la industria farmacéutica</strong> y las prácticas de corrupción que empleaba en todo el mundo, y que ingresaban en el territorio de lo criminal en lo que se refiere a experimentación y expolio en los países más pobres. Pero también sería ingenuo creer que el poder del llamado <em>big pharma</em> y su capacidad de influir en los gobiernos han disminuido cuando <strong>su labor comercial sigue marcada por la opacidad</strong> y cuando siguen gozando de enormes privilegios en la explotación de sus productos gracias al <strong>sistema de patentes</strong> (<a href="https://www.infolibre.es/noticias/politica/2021/01/29/opacidad_patentes_eternas_beneficios_por_encima_todo_crisis_con_astrazeneca_revela_manga_ancha_sobre_poder_farmaceutico_116000_1012.html" target="_blank">ver aquí</a>).</p><p>Ya en febrero de 2001 se preguntaba Le Carré: <em>"¿Qué es lo que oigo? ¿La vieja y manida excusa de las farmacéuticas de que necesitan tener grandes beneficios con un fármaco para poder financiar la investigación y el desarrollo de otros? Entonces, que alguien me diga, por favor, ¿cómo es que invierten el doble en comercialización que en investigación y desarrollo?"</em>. No han perdido vigencia esas preguntas, especialmente respecto a las vacunas contra el covid, cuya aceleración y éxito son mérito de la ciencia bajo financiación, protección y asunción de riesgos de las arcas públicas. Es decir, <strong>con el dinero de todos y cada uno de nosotros y nosotras</strong>. Debería ser sencillo entender que una pandemia en la que los Estados vuelcan todo su potencial, armados con nuestra caja común y nuestro endeudamiento futuro, no puede admitir que ningún particular, sea un empresario audaz o una multinacional, establezca prioridades a beneficio privado de sus ejecutivos y accionistas.</p><p>La UE se juega mucho, y la Comisión Europea está <strong>obligada a demostrar que no ha sido engañada por un vulgar trilero</strong>. Pero más allá de esta (grave) crisis provocada por AstraZeneca, convendría que aprendiéramos algo de todo esto. ¿Qué tal si nos ponemos en la piel de los pueblos de África, de Asia o de Latinoamérica? Porque, una vez que pasen los latigazos de esta tercera ola y se superen las artimañas de algunas farmacéuticas, lo cierto es que <strong>en España y en el resto de Europa recibiremos, seguro, las vacunas que frenarán </strong>–<strong>veremos cuándo</strong>–<strong> la pandemia</strong>. Porque pertenecemos al club de los privilegiados que concentrarán la recepción de más del 90% de las dosis disponibles en los próximos meses. Millones de ciudadanos del Tercer Mundo no tendrán esa suerte. Allí se les requiere más a menudo para ensayos clínicos de nuevos medicamentos mientras se les ponen mil obstáculos para fabricar genéricos que les permitan acceder a ellos. De modo que no seamos hipócritas: <strong>lo que hoy exigimos a AstraZeneca para nosotros es lo que desde siempre reclaman con toda justicia 'los nadies' del resto del mundo</strong><em>los nadies</em>. Lo ha expresado con absoluta claridad el Director General de la Organización Mundial de la Salud (OMS): "Tengo que ser franco. El mundo está al borde de un <strong>catastrófico fracaso moral</strong>, y el precio de ese fracaso se pagará en vidas y medios de subsistencia en los países más pobres del mundo" (<a href="https://es.euronews.com/2021/01/18/la-oms-advierte-de-un-fracaso-moral-catastrofico-por-la-falta-de-acceso-a-vacunas-en-paise" target="_blank">ver aquí</a>).</p><p>Hace dos décadas quizás aún fuera posible poner nombres y apellidos a los desaprensivos del <em>Gran Farma</em>. Hoy es más complicado. Como ocurre en tantos otros sectores de la economía globalizada, <strong>la propiedad se concentra en manos de fondos de inversión cuyos tentáculos suelen perderse en paraísos fiscales</strong>, infiernos más bien para el interés común. Lo cual no quiere decir que debamos caer en la "impotencia democrática" (con permiso de Ignacio Sánchez Cuenca). Entre los muchos escombros que asoman a la superficie con el cenagal de la pandemia, uno de los más evidentes es el <strong>poder incontrolado de las grandes corporaciones</strong> que se burlan por distintos cauces de la autoridad democrática. Ni una broma más. Cada euro público destinado a una empresa particular (sea de una familia aristócrata o de un fondo buitre) exige <strong>absoluta transparencia</strong>. El pulso con AstraZeneca, o con cualquier otro socio del club de las farmacéuticas, sólo puede y debe ganarlo la UE que nos representa a todos. Y a partir de ahí, cuando pase lo peor, deberemos resetear todo eso de las patentes y las regulaciones de la investigación científica, empezando por nuestro presupuesto. Como decía en <a href="https://www.infolibre.es/noticias/politica/2020/12/05/mariano_esteban_una_vacuna_como_pfizer_moderna_no_hace_mismo_efecto_que_una_que_utiliza_vehiculo_virus_nuestro_impacto_mucho_mayor_114129_1012.html" target="_blank">estas mismas páginas</a> el virólogo <strong>Mariano Esteban</strong>, investigador de la muy esperanzadora vacuna española: <strong>"No somos los primeros porque no tenemos los mismos recursos"</strong>. Si se los traspasamos vía UE a una multinacional, lo mínimo es exigir que cumplan lo firmado y no nos tomen por idiotas.</p><p><strong>P.D.</strong> Hay muy diferentes vías para frenar la codicia de los <em>artistas</em> del capitalismo global. Lo han demostrado los <strong>miles de jóvenes de #WallStreetBets</strong>, que han causado en los últimos días <strong>pérdidas millonarias a fondos de alto riesgo</strong> que habían decidido devorar a una empresa de venta física de vídeojuegos (<a href="http://www.infolibre.es/noticias/economia/2021/01/30/gamestop_reddit_bolsa_116048_1011.html" target="_blank">ver aquí</a>). Si se quiere, se puede. </p><p>{c}cke_bookmark_863s</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 30 Jan 2021 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Jesús Maraña]]></author>
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      <media:title><![CDATA[La vacuna, el 'Gran Farma' y nuestra hipocresía]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Globalización,Vacunas,Unión Europea,España,Crisis del coronavirus]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Vacunas: solidaridad, no indiferencia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/vacunas-solidaridad-no-indiferencia_1_1192686.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/7a405f99-4cc9-4ac8-8526-dadccb2df892_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Vacunas: solidaridad, no indiferencia"></p><p>En el mundo son ya más de 90 millones de personas infectadas por el covid-19 y más de 2 millones de personas fallecidas. Cifras abrumadoras sobre todo cuando tomamos conciencia (o no) de que <strong>en todas las latitudes del planeta no pueden afrontar esta crisis sanitaria de la misma manera</strong> y sobre todo, con los mismos recursos. </p><p>Lo sabemos. Nos enfrentamos al <strong>mayor reto que ha afrontado la comunidad internacional desde la Segunda Guerra Mundial </strong>y por eso se requiere una respuesta concertada a escala global. Es una cuestión de salud pública global, pero también de solidaridad.</p><p>Por eso hace ya muchos meses que la acción de solidaridad internacional de la sociedad española se puso en marcha. Se establecieron tres prioridades desde la Cooperación Española: salvar vidas, reforzando la salud; proteger y recuperar derechos y capacidades humanas –muy especialmente a la alimentación, educación e igualdad de género–; y<strong> preservar los medios de vida, la protección social y los sistemas socioeconómicos</strong>.</p><p>Pero no cabe duda. Esa primera cuestión, la de la crisis en su vertiente sanitaria, solo se podrá dar por finalizada cuando se rompa la cadena de transmisión, cuando un porcentaje suficiente de la población mundial esté inmunizada. <strong>Es el momento de desplegar todas las capacidades y recursos</strong> para asegurar y extender la inmunización a nivel global.</p><p>El objetivo inicial marcado por la Organización Mundial de la Salud es lograr la vacunación prioritaria de todo el personal sanitario y de la población vulnerable que hay como media en todos los países del mundo, lo que se corresponde con al menos el 20% de la población mundial, equivalente a <strong>vacunar a más de 1.500 millones de personas</strong>: más de 260 millones estarían en África y 130 millones en América Latina y Caribe.</p><p>Pero por ahora las cifras son tozudas: de los 39 millones de dosis de la vacuna anti-covid que se han administrado ya en el planeta, <strong>solamente 25 unidades (es decir, un 0,00006%) han sido inoculadas a personas en países empobrecidos</strong>.</p><p>Lo decía el director de la OMS: “Es <strong>un fracaso moral catastrófico </strong>y el precio de ese fracaso se pagará con vidas y empleos en los países más pobres".</p><p>Y es cierto. Conforme ha evolucionado la situación de la pandemia y se han ido dando progresos científicos en el desarrollo de las vacunas, el equilibrio entre el aseguramiento del suministro por parte de cada país y el acceso equitativo global según los criterios epidemiológicos ha ido ajustándose progresivamente. Y como resultado, tal y como se lamenta el director de la OMS, nos encontramos con <strong>un aseguramiento del suministro de la vacuna desigual en el mundo</strong>. Algunos países –entre los que se encuentran España y los demás estados miembros de la Unión Europea– han podido asegurar la compra suficiente y con rápida disponibilidad para alcanzar la inmunidad de grupo, mientras muchos otros países enfrentan un escenario de más difícil acceso.</p><p>Es evidente. Desde un punto de vista ético y también práctico, esta situación requiere asegurar la disponibilidad de vacunas para la población propia, al tiempo que<strong> parte del volumen inicial se dedique a terceros países</strong>.</p><p>Ya lo establece la Estrategia de Respuesta Conjunta de la Cooperación Española a la Crisis del covid-19 como una de sus prioridades fundamentales: “Asegurar el <strong>acceso universal y equitativo a la vacuna de covid-19,</strong> y a todas las vacunas, y preparar a los sistemas de salud para su distribución a toda la población, incluyendo los lugares más remotos con especial atención a los colectivos que sufren discriminación o exclusión social y aquellos colectivos con discapacidad, garantizando el acceso a la misma de todas las mujeres y niñas”. </p><p>Hace unos días el presidente del Gobierno, junto con la ministra González-Laya, presentaban el Plan de Acceso Universal: Compartiendo las Vacunas contra el covid-19, elaborado conjuntamente por el Ministerio de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación y el Ministerio de Sanidad. Y sinceramente, me pareció todo un acierto. España debe estar ahí: en la defensa de la <strong>vacunación como un bien público global y garantizando que su acceso sea equitativo, universal y asequible</strong>. El objetivo general es el de contribuir a la vacunación de este significativo porcentaje de la población mundial mediante el apoyo al acceso rápido a la vacuna de los países y las personas con mayor dificultad de hacerlo, utilizando también para ello dosis provenientes de la dotación de vacunas adquiridas por España, sin perjuicio del proceso de vacunación del conjunto de la población española.</p><p>Reforzando los sistemas de salud para que <strong>tengan un suficiente nivel de preparación para adquirir y gestionar vacunas</strong>, el Plan pone especial foco en los países prioritarios de la Cooperación Española. Además refuerza el multilateralismo en la respuesta. En la medida de lo posible, la implementación debe articularse a través de mecanismos multilaterales ya establecidos, así se podrá asegurar la máxima eficacia y coordinación internacional.</p><p>Y por supuesto. Debe ser crucial el liderazgo, el protagonismo, de los países más vulnerables en la evaluación de sus necesidades y en la implementación de las políticas de vacunación. La distribución y administración de las vacunas deberá ser como regla general responsabilidad de las autoridades sanitarias locales, teniendo en cuenta el papel de las agencias de Naciones Unidas y otras entidades multilaterales sobre el terreno en los contextos en que haya población que no esté al cargo de ninguna autoridad estatal. Y todo ello con transparencia, seguimiento y rendición de cuentas mutua. Es necesario que los mecanismos utilizados para la distribución de las vacunas<strong> cuenten con la máxima transparencia y permitan dar seguimiento de la correcta distribución</strong> de las mismas.</p><p>Ahí debe estar España. Impulsando respuestas multilaterales y comprometiéndose con la Cooperación y la Solidaridad. Haciendo de esa Política de Cooperación una verdadera Política de Estado. Porque si algo nos ha enseñado una pandemia como la que nos está tocando vivir y sufrir es que <strong>el mundo está interconectado, que somos una única comunidad global</strong>. Por ética, y también por eficacia práctica, todos los países de este planeta roto deberíamos ser solidarios unos con otros. Nos necesitamos fuertes, todos, los más privilegiados y los que sufren las consecuencias de este mundo tan desigual. Ningún país puede salir por sí solo de esta crisis, es un ejercicio de responsabilidad apoyarnos en lo comunitario desde el concepto del bien común. El sufrimiento es universal y el miedo compartido; por eso, en una pandemia global las soluciones y la solidaridad deben ser globales. Necesitamos solidaridad, no indiferencia. </p><p>_________________________________________</p><p><strong>María Guijarro</strong> es Portavoz de Cooperación Internacional del Grupo Socialista en el Congreso </p>]]></description>
      <guid isPermaLink="false"><![CDATA[8e7a69aa-108d-4949-9a34-8798c3a254ba]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 25 Jan 2021 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[María Guijarro]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Vacunas: solidaridad, no indiferencia]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Globalización,Tercer mundo,Solidaridad,Relaciones internacionales,Crisis del coronavirus]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un cambio inevitable: empieza otra era]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/club-infolibre/librepensadores/cambio-inevitable-empieza_1_1192682.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/a9ca73fd-45b4-425c-a8af-f490e85c0739_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Un cambio inevitable: empieza otra era"></p><p>Mi profesión aeronáutica ya en jubilación me hizo ver el nuevo mundo que llegaba. En aviación parece que los avances técnicos ocupan un lugar preferente o primario por lo que en aquellos 80 del siglo pasado fuimos viendo que las cosas cambiaban. El año 89 fui a hacer el curso técnico del avión A320 a Toulouse y nos encontramos con una máquina totalmente nueva. Habíamos trabajado en aviones mecánicos principalmente y llegaba el avión totalmente electrónico siendo un cambio ya profundo para aquellas épocas. Todo eran siglas de componentes con un software dentro que se unía a unas siglas desconocidas que tuvimos que ir aprendiendo. No era un curso norma al que habíamos acudido antes en otras flotas. Y cuando llego el avión <strong>tuvimos que vivir unos tiempos duros de adaptación a ese nuevo modo de operar o de mantener</strong>. Pilotos, ingenieros y mecánicos tuvimos un aprendizaje muy positivo para pensar que lo que llegaba con aquel cambio era muy profundo.</p><p>Si vemos que eso ocurrió antes del año 90 y estamos en el 21 habrán pasado ya 30 años desde aquello. En esos años se ha realizado un camino duro, pero en muchos casos positivo para un país como el nuestro en donde existe una creatividad enorme, algo importante para esa nueva era que un día se le dará un nombre, pero que ya es un periodo distinto en nuestras vidas. El covid-19 nos ha hecho ver este cambio de una forma más positiva a los ciudadanos, donde se han producido cambios en nuestras vidas, no ya por la tecnología, sino por la pandemia, que ha hecho cambiar muchas costumbres, pero entre ellas se ha generalizado ya el teletrabajo, algo que no es de ahora pero a lo que casi nadie se adaptaba. Pues bien, eso ha venido para quedarse por culpa de la pandemia. Pero es que al mismo tiempo ha servido para que veamos que el cambio en nuestras vidas es muy urgente. Y es un cambio que hará que alguien con empatía, con carácter, con carisma y con apoyos tenga que hacer de este país algo nuevo. <strong>La política ha lastrado demasiado tiempo los cambios necesarios </strong>y ahora es aún peor con la llegada de una ultraderecha nacionalista que nos quiere llevar a tiempos demasiado lejanos ya, pero Europa o el mundo nos llevara al nuevo lugar en el que luchan muchos empresarios pequeños de gran valor que están mejorando la digitalización de sus empresas con esfuerzo personal, únicamente, pero con casi nulo apoyo politico porque ese mundo esta a otras cosas perdiendo un tiempo precioso y hablando cada día sobre si son galgos o podencos.</p><p>Y estos cambios deben entrar en velocidad de crucero para no perder un tren que ya está pasando y al que hay que subirse. Los temas del cambio son fáciles de decir, aunque difíciles de hacer, pero siempre con líderes técnicos en cada materia. No podemos esperar a que los políticos se junten y decidan tal como ahora está ocurriendo en que solo la izquierda junta puede realizar algún avance, pero siempre con el no de la derecha. Hay que hacerlo dentro de la empresa, de las Universidades, de los Sindicatos si se despolitizan, del Deporte, de la Sanidad, la Cultura... Pero con gente dispuesta a ello y abierta su mente. Es, en resumen, preparar el proyecto y darlo terminado a aquellos que lo deben aprobar después. Porque ese es el problema. Tenemos demasiadas hipotecas y tabúes en nuestro país que hay que romper. Por ejemplo, el nacionalismo español, ese que solo tiene en su mente la palabra España y la bandera. Todos los que aquí vivimos<strong> somos españoles de un país plural y no de ese que quieren imponer</strong> que, con lo que viene, a veces da pena escuchar a sus profetas hablando de cosas que parecen de la Edad Media. No admiten ni siquiera bromas con sus excesos y ese es el tabú que nos impide avanzar entre otros nacionalismos. Pero hay otros, siempre pegados a la política, y eso impide llegar a cualquier acuerdo porque el secesionismo en la época de lo digital que ha roto fronteras es dieciochesco. Por eso creo que las circunstancias que pueden hacer cambiar a nuestro país<strong> deben ser a través de personas que sean capaces de llevar adelante profundas modificaciones</strong> sin rubor. </p><p>La enseñanza puede ser lo más difícil mientras existan esos complejos de la derecha, incluso con el apego a la religión que, por cierto, pasa por una crisis profunda como de hecho hace suponer el comportamiento de Francisco, un Papa que no gusta a nuestros ultras porque le consideran un poco rojillo. Y que está en silencio, pero haciendo pequeños cambios necesarios con el cuidado y temor a lo que tiene al lado, en su misma residencia, con un poder que no quieren perder, y es, vuelvo a lo mismo, el de una derecha ultra política que esta confundida en sus colaboradores con su misma doctrina. Jesús no creo que fuera fascista o similar para aquella época. Lo que se dice de él no lo avala, por lo que el comportamiento de la Iglesia Católica en su interior nada tiene que ver con aquel hombre que nos contaron. Igual que la política ultra que se niega a la eutanasia, pero les importa poco la muerte de hambre de muchos niños y personas mayores en el mundo. Por eso creo que debemos <strong>apartarnos de ellos para cambiar España, esa que aman tanto, pero para cambiarla de arriba abajo</strong>. Y cito la religión porque siempre está detrás de muchas pegas morales que hoy puede que haya que actualizar.</p><p>He comentado el problema de la enseñanza porque<strong> hay que volver a pensar en la ética y los valores humanísticos</strong>, porque, aunque parezca que nada tienen que ver con la tecnología, si la tiene y mucho. Los algoritmos y los datos que se manejan para cada cosa hoy en día los maneja un ser humano para llegar a un fin y si esa persona o lobby no tiene ningún principio básico y quiere forzar un resultado a su medida, ahora lo puede hacer. Porque ese es el problema de la IA para pasar a ser la IAG, o sea, la Inteligencia Artificial General, o total. Hoy se encuentra en profundos estudios como generar una IA con sentimientos humanos y ahí existe un parón que quizá se aclare pronto. El peligro es que esa IAG puede superar al hombre y hay que establecer un link capaz de poder dominar a esa fiera que nos puede vencer. Pero están en ello los científicos que estudian el proceso tecnológico a Altísimo nivel, como el manejo de la 5G o de la 6G que podría continuar. Es imparable el crecimiento de este proceso por lo que, repito, seguir en la política actual de nuestro congreso, sería <strong>morir pronto como nación competitiva</strong>.</p><p>Otro problema que hay que romper con inteligencia es los acuerdos con los grandes poderes nacionales. Creo que el poder supremo de USA se desvanecerá pronto con el legado de un Trump nacionalista ultra que se ha creído con el poder mundial, entre otras tristezas con ayuda en España de <strong>un Abascal que piropeaba a Trump en contra de España y sus decisiones,</strong> cuando hoy China tiene un potencial enorme aun de crecimiento con una población dispuesta a ello y a erigirse en la primera potencia mundial Eso unido a una Rusia que tiene una política particular y que puede estar a un lado o a otro según interés, hace que esos acuerdos comerciales existentes es necesario renovarlos sin complejos. </p><p>Podríamos seguir citando cambios. Pero todos los conocemos. La ecología y las energías renovables, los nuevos materiales en marcha, los países que detentan poder natural y que hasta ahora han sido tratados con demasiada arrogancia como África, la migración inevitable a la que es necesario darle una solución que les de una vida digna en sus propios territorios, a la larga…. en fin, una serie de problemas creados por la tecnología y la globalización en los que no podemos quedarnos atrás, y <strong>la derecha de este país va a tratar de evitarlo con una política nefasta del no a todo</strong>, pero, sobre todo, con unas ideas obsoletas en todos los terrenos que hay que separar de las decisiones que vengan. El problema es muy serio y difícil, pero es inevitable para no quedarnos mirando de nuevo a ver si son galgos o podencos.</p><p><em>César Moya Villasante es socio de infoLibre</em></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 24 Jan 2021 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[César Moya Villasante]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Un cambio inevitable: empieza otra era]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Educación,Globalización,Gobierno,Iglesia católica,Tecnología digital,España]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Hombre cabreado, nacionalista y con dinero explota con el 'procés': una investigación académica radiografía a Vox]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/politica/hombre-cabreado-nacionalista-dinero-explota-proces-investigacion-academica-radiografia-vox_1_1184484.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/ebc51bd4-41cf-45fa-a8df-c6b11a182a6d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Hombre cabreado, nacionalista y con dinero explota con el 'procés': una investigación académica radiografía a Vox"></p><p>Si hubiera que resumir en una imagen, una sola, al votante de Vox, podría ser la siguiente. Un hombre de mediana edad, urbano, con dinero en la cuenta corriente e ingresos garantizados,<strong> católico de derechas</strong>, conservador en lo moral y liberal en lo económico, se sienta ante la televisión. Ya viene muy cabreado. Y encima se encuentra una noticia sobre el <em>procés, </em>el tema que lo saca de sus casillas. “<strong>Hasta aquí hemos llegado</strong>”, se dice dando un golpe sobre la mesa, mientras agarra una bandera rojigualda con una mano y una papeleta con el nombre de Santiago Abascal con la otra.</p><p>Se quedan, obviamente, muchos matices fuera. Pero ahí estaría lo sustancial.</p><p>La pregunta sobre quién y por qué vota al partido <a href="https://www.infolibre.es/noticias/politica/2019/06/29/partido_normal_diez_pruebas_del_ultraderechismo_posfascista_vox_96246_1012.html" target="_blank">ultraderechista</a> erigido en<strong> tercera fuerza política en el Congreso</strong> circula desde el 2 de diciembre de 2018, cuando irrumpió en el Parlamento andaluz y puso fin al espejismo de la “excepción española”. La necesidad de respuesta ha ganado urgencia desde las generales de abril de 2019, cuando obtuvo 24 escaños, y más aún desde la <a href="http://www.infoelectoral.mir.es/infoelectoral/min/busquedaAvanzadaAction.html;jsessionid=760825664F39A5EFD7E2F19DCAB1216B" target="_blank">repetición electoral de noviembre</a>, cuando cosechó 3.656.979 votos, el 15,08%, y 52 escaños. El artículo <a href="https://www.tandfonline.com/doi/full/10.1080/2474736X.2020.1781543" target="_blank">The Baskerville's dog suddenly started barking: voting for VOX in the 2019 Spanish general elections</a> (<em>El perro de los Baskerville empezó a ladrar de repente: el voto a Vox en las elecciones generales de 2019 en España</em>, un título que hace un guiño a la novela de Arthur Conan Doyle), que se presenta como la “primera evaluación del apoyo electoral a Vox a nivel nacional”, busca claves cruzando datos de la primera encuesta postelectoral del CIS tras la entrada de Vox en las Cortes Generales. Y encuentra respuestas, que podríamos resumir así: un votante sin apuros económicos, harto de la política, católico y de derechas, cataliza su hartazgo hacia la situación política dando rienda suelta a su nacionalismo a través de <strong>un voto que es a la vez de protesta y de reafirmación identitaria.</strong> Ni son perdedores de la globalización, ni son movidos por el rechazo a la inmigración. Hay que insistir: hay de todo, por supuesto, pero el artículo detecta qué rasgos son los que hacen más probable el apoyo a Vox. Y en el cóctel tiene poca importancia la inmigración.</p><p>Firmado por <strong>Stuart J. Turnbull-Dugarte (Universidad de Southampton), José Rama (King's College) y Andrés Santana (Universidad Autónoma de Madrid),</strong> se trata de un artículo publicado en la revista <em>Political Research Exchange</em>, del <a href="https://ecpr.eu/" target="_blank">Consorcio Europeo de Investigación Política</a> (ECPR, por sus siglas en inglés). Los autores –partiendo tanto de la probabilidad de votar a Vox como del recuerdo de haberlo hecho según edad, sexo, ingresos y visiones políticas y económicas– elaboran una tabla que radiografía al seguidor del partido, ubicado en la “derecha radical”. “La probabilidad de votar por Vox es mayor entre los hombres de mediana edad, los votantes de derecha, los católicos y los que frecuentan la iglesia, así como entre los que más se identifican con el Estado nacional español y los que tienen una evaluación negativa de la situación política”, resumen los autores. Ahí está el cogollo [ver <a href="https://www.tandfonline.com/doi/full/10.1080/2474736X.2020.1781543" target="_blank">aquí</a> en <em>Table 1: Modelling support for Vox</em>].</p><p>El artículo identifica rasgos que hacen más o menos probable el apoyo a Vox. Ser mujer hace menos probable el voto al partido en todos los modelos, como ocurre con formaciones similares en el entorno europeo. <strong>“Sin duda alguna la base electoral de Vox es masculina”,</strong> explica a infoLibre <a href="https://twitter.com/JoseRamaC?ref_src=twsrc%5Egoogle%7Ctwcamp%5Eserp%7Ctwgr%5Eauthor" target="_blank">José Rama</a>. Las conclusiones también apuntan a una mayor inclinación por la derecha radical del votante urbano, en contraste con partidos europeos similares. Los que ganan más de 900 euros son más propensos a votar a Vox que los que ganan menos. Y aún más propensos lo son los que ganan más de 1.800 euros al mes. De modo que la situación económica, a diferencia de sus pares en la UE, “tiene el efecto inverso”, “ya que es más probable que las personas que se encuentran en el extremo superior de la distribución de los ingresos hayan votado por Vox”.</p><p>También hay resultados consistentes para afirmar que los que cuentan con <strong>educación secundaria</strong> tienen más posibilidades de votar a Vox que los que sólo tienen primaria. No hay una mayor propensión significativa entre los que tienen estudios universitarios, aunque sí algo más. Es decir, es más probable votar a Vox si tienes estudios universitarios que sólo de primaria, pero no tanto como si tienes secundaria.</p><p>A su vez, <strong>la ideología derechista y la asistencia h</strong><strong>abitual a la Iglesia</strong> determinan claramente una mayor posibilidad de votar a Vox. Y, por supuesto, la identificación nacionalista, mezclada con una visión negativa de la política. El votante del partido de Abascal se siente <strong>interesado por la política</strong> y tiende a seguirla <strong>por redes sociales.</strong></p><p>“Los ingresos aumentan la atracción por Vox. Pero esto no quiere decir que sean de clase alta. Más bien se trata de pequeños empresarios, que no tienen por qué tener una muy elevada educación”, indica Rama, que pone un ejemplo hipotético a título explicativo, sin ánimo de señalar un gremio concreto: “Un carnicero con dos empleados al que le va bien, con ingresos mensuales dignos, y un sentimiento español exacerbado”.</p><p><strong>Nacionalismo</strong></p><p>Aquí hemos llegado a un punto clave: el nacionalismo. <strong>La “identidad nacional desempeña un papel importante”, en un fenómeno de reacción al </strong><em><strong>procés</strong></em><strong> independentista catalán, </strong>según las conclusiones del informe. Pero ojo, no por sí solo: “El efecto de la identidad está condicionado por las <strong>evaluaciones negativas de la situación política en España”,</strong> añade. El votante de Vox es, según las conclusiones del artículo, un nacionalista español <a href="https://www.infolibre.es/noticias/politica/2019/08/10/el_bloqueo_dispara_desafeccion_politica_tras_diez_anos_cebandose_con_crisis_corrupcion_97801_1012.html" target="_blank">cabreado con la política</a>. En palabras de Rama, hay un componente de “voto protesta”. “No basta con el nacionalismo, sino que hay que activarlo [para que se decante por Vox con el potencial movilizador del conflicto territorial”, señala Rama.</p><p>El artículo repasa cómo, en España, las crisis económicas, políticas o de refugiados no dieron lugar a la aparición de un partido radical de derecha, como en otros países. Citando a otros investigadores, los autores señalan cómo “la primera crisis, la de la economía, fue canalizada por Podemos; la segunda, la de la política y la democracia, fue canalizada tanto por Podemos como por Ciudadanos, y la tercera, la crisis de los refugiados, no tuvo un gran impacto en España, al menos hasta hace muy poco”. “Más bien, la ventana de oportunidad para el éxito de un partido radical de derechas español fue proporcionada por una <strong>importante crisis territorial”,</strong> afirman.</p><p> Gráfico del artículo con la ubicación de Vox con respecto al resto de partidos españoles de ámbito estatal.</p><p>El “efecto del nacionalismo” resulta de “suma importancia”, aunque el “efecto significativo en el apoyo electoral a Vox” se da entre aquellos que además observan “la situación política como negativa”. Al mismo tiempo, existe “un claro vínculo entre las valoraciones políticas negativas y el conflicto territorial” vinculado a la crisis catalana. “Los que son más propensos a ver su identidad nacional de manera centralista van a Vox cuando sienten que la situación política es mala, posiblemente porque consideran que la situación política <strong>pone en riesgo la unidad de España”,</strong> señalan los autores.</p><p>Muy resumido: Vox sería resultado de la suma de un nacionalismo desatado más un hartazgo de la política. Eso como actitud. En cuanto al corte socioeconómico, los autores “descubren notables patrones de divergencia en términos de geografía y, en cierta medida, de ingresos y educación”, con respecto a Europa. “Los electores de Vox son más burgueses” y se encuentran en mayor medida entre “residentes urbanos”, no rurales, y entre los que tienen “altos niveles de ingresos”. “En contraste directo con nuestras hipótesis y con el apoyo existente a la derecha radical en otros Estados, en lugar de los votantes rurales y de bajo nivel educativo, son en realidad los residentes urbanos y los votantes de mayor nivel educativo los que declaran una mayor probabilidad de votar a Vox”, señala el artículo.</p><p><strong>¿Inmigración? ¿Perdedores de la globalización?</strong></p><p>El artículo rechaza la extendida hipótesis del apoyo a los partidos de derecha populista como resultado entre los “perdedores de la globalización”. No hay evidencia de esta tesis. “Las percepciones socioeconómicas no parecen haber desempeñado un papel en la explicación de la elección del voto para Vox en 2019”, señala el estudio.</p><p>Tampoco la inmigración es identificada como un factor clave. “No podemos proporcionar una prueba empírica directa del papel de las preocupaciones de la inmigración o las actitudes hacia la integración en la UE en nuestros modelos dada la falta de instrumentos de encuesta concretos que midan estas variables de actitud en la encuesta postelectoral del CIS”, señala los autores.</p><p><strong>Comparaciones</strong></p><p>Sobre la base de su comportamiento político, Turnbull-Dugarte, Rama y Santana ubican a Vox en la “derecha radical”, con una posición “euroescéptica blanda” y la retórica más “populista” de los grandes partidos de ámbito estatal. Vox es también ubicado como el más derechista y el que se sitúa en posiciones de liberalismo más extremo en el terreno económico entre sus pares europeos [ver <a href="https://www.tandfonline.com/doi/full/10.1080/2474736X.2020.1781543" target="_blank">aquí</a> en <em>Figure 1: Ideological placement in Spanish party system</em>].</p><p>Los autores sitúan a Vox como el más conservador y el más a la derecha de los cuatro partidos de extrema derecha comparados, siendo los otros tres Alternativa para Alemania, Rassemblement National (los <em>lepenistas</em> del antiguo Frente Nacional) y el Partido de la Libertad de Austria. De los cuatro, Vox es –aunque con escasa diferencia– el que menos uso hace de la retórica populista, según los autores [ver <a href="https://www.tandfonline.com/doi/full/10.1080/2474736X.2020.1781543" target="_blank">aquí</a> en <em>Figure 2: Ideological placement among European contemporaries</em>].</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 24 Jun 2020 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Ángel Munárriz]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[Cataluña,Extrema derecha,Globalización,Inmigración,Derecha]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[¿Qué clase de mundo habitaremos pasada la tormenta?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/tintalibre/clase-mundo-habitaremos-pasada-tormenta_1_1183661.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/7e965d1b-ea87-497f-a029-efb5068afc1b_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Qué clase de mundo habitaremos pasada la tormenta?"></p><p>Nada está escrito en las estrellas. Así que no es inexorable que el mundo posterior al coronavirus consolide los aspectos más sombríos de la pandemia: la fragilidad de los sistemas públicos de salud tras años de recortes neoliberales, la pérdida simultánea del puesto de trabajo y de libertades individuales, el espíritu de delación vecinal asociándose con la omnipresencia policial, el cultivo partidista del bulo y el ansia de poder del nuevo fascismo. Pero tampoco está garantizado que sobrevivan <strong>las escasas luces de la primavera</strong> de pesadilla del año 2020: la reducción del consumismo y la revaloración de lo auténticamente imprescindible, la disminución de los vehículos humeantes y la reaparición del canto de los pájaros, la solidaridad vecinal y el heroísmo del pueblo salvando al pueblo.</p><p>¿Qué clase de mundo habitaremos pasada la tormenta? ¿Un nuevo capítulo del libro kafkiano y orwelliano que la humanidad está escribiendo en lo que llevamos de siglo XXI; un nuevo paso por la senda del capitalismo salvaje, el autoritarismo político y el apocalipsis climático? ¿O, por el contrario, el comienzo de una regeneración que haga compatibles las libertades individuales con la primacía del interés general sobre el particular; un decidido cambio de rumbo hacia la salvación del planeta y el reverdecimiento de los ideales de libertad, igualdad y fraternidad? No lo sé. Nadie lo sabe. Lo que ocurra depende de nosotros, o para decirlo con mayor precisión, depende de la correlación de fuerzas entre nosotros. Pensar que todos tenemos los mismos intereses y los mismos sueños es una ingenuidad que a estas alturas, al mismísimo borde del precipicio, no podemos permitirnos.</p><p>Sabemos quiénes empujarán para que tomemos la primera dirección, la de un Estado aún más autoritario, una economía aún más capitalista y una sociedad aún más egoísta y desigual. Serán aquellos que no tienen más patria que su dinero, gente que cuenta con poderosos instrumentos de propaganda para sumar mesnadas a su causa. Esta vez, sin embargo, tienen algo importante en su contra: su sistema ha fracasado espectacularmente en esta crisis. De hecho, su globalización sin otras normas que su propia conveniencia, su adoración fundamentalista de lo privado y su odio irracional a lo público han sido la semilla y el abono de esta crisis. Y los retratos de su fracaso, la mortandad en las residencias de ancianos que ellos explotaban como un negocio, y la sangre, el sudor y las lágrimas derramados en los hospitales públicos que ellos amputaron a conciencia. </p><p>Pero que nadie se haga la menor ilusión, intentarán repetir el truco que tan bien les salió en la <strong>Gran Recesión de 2008</strong>: marear la perdiz hasta conseguir que las víctimas paguen la factura de sus estafas y también aprueben y financien la ampliación de su casino. Esta vez, con la novedad de algo ya ensayado en el último lustro: el neofascismo. Sabemos cómo lo venderán: culpando de todos los males a rojos, inmigrantes, feministas y homosexuales; proponiendo otra vez a la empresa privada que no se atiene a regla alguna ni paga el menor impuesto como panacea económica; ofreciéndoles a los idiotas el himno y la bandera como talismanes mágicos.</p><p>¿Y nosotros? ¿Qué haremos los demás, es decir, la mayoría? ¿Nos habrán paralizado tanto la vulnerabilidad y el miedo que ni siquiera daremos la cara? ¿Nos atreveremos a expresar en voz alta nuestros intereses y nuestros sueños? En este segundo caso, quizá pudiéramos reclamar un Estado menos mandón y costoso y más rápido y eficaz en la protección de la salud y otros asuntos vitales; un mundo menos frívolo, acelerado y competitivo y más justo, placentero y cooperativo.</p><p>Pienso en el Madrid de aquellos primeros días en que pudimos salir a estirar las piernas tras varias semanas de confinamiento, y en lo mucho que me gustaron unas cuantas cosas que valdría la pena conservar. Las calles sin apenas coches y <a href="https://www.infolibre.es/noticias/politica/2020/05/30/dos_los_cinco_distritos_mas_poblados_madrid_solo_tendran_una_calle_peatonalizada_pero_dos_los_mas_ricos_tendran_tres_106624_1012.html" target="_blank">tomadas por paseantes</a>, corredores y ciclistas. El disfrute de placeres sencillos y gratuitos como la caminata al atardecer y, aunque fuera a distancia y enmascarados, el reencuentro con los vecinos. El gozo de estar vivos, en suma. Juntos y vivos.</p><p><strong>Un nuevo contrato social</strong></p><p>Hemos salido todos los días a las ocho de la tarde a las ventanas para aplaudir a unos trabajadores sanitarios que se enfrentaban al coronavirus con los escasos recursos que le habían dejado tantos años de recortes presupuestarios. Para muchos esa liturgia era también una forma de abrazo que, en mi opinión, deberíamos convertir en un nuevo contrato social. El anterior, el redactado con las ideas de la Ilustración y como respuesta a las matanzas del siglo XX, fue roto unilateralmente por el capital en la Gran Recesión. Hora es de escribir y suscribir uno nuevo, ¿no les parece?</p><p>Permítanme que formule ahora algunas propuestas para el debate sobre ese nuevo contrato social. Empezaré con la más obvia: el <strong>blindaje de la sanidad pública</strong>, su consideración de bien común prioritario, de los que hay que preservar y mejorar caiga la que caiga. No me gustan los Estados demasiado grandes, poderosos e intrusivos. Pero si hay algo de lo que un Estado debe ocuparse es de la salud y la educación públicas. Eso es costoso, ya lo sé, así que habrá que habrá que aplicar ciertas medidas.</p><p>Una primera, la desaparición de todos los <strong>gastos superfluos del Estado</strong>: desfiles, cargos absurdos, duplicidad de administraciones, mamandurrias, prebendas y corruptelas varias. En el mundo posterior al coronavirus todos deberíamos vivir con mayor sobriedad, también los Estados. Una segunda, esa reforma fiscal que haga que los más ricos paguen porcentajes semejantes a los de la inmensa mayoría de los ciudadanos. ¿O es que los ricos nunca pueden apretarse el cinturón?</p><p>Pero no todo vale, ni tan siquiera en nombre de la salud. Dos ideas potencialmente peligrosas se han abierto camino en esta pandemia. Una es la del gobierno de los expertos; la otra, la del <a href="https://www.infolibre.es/noticias/mundo/2020/04/24/la_division_entre_los_metodos_para_elaborar_una_app_rastreo_pone_riesgo_desescalada_coordinada_europa_106129_1022.html" target="_blank">control telemático de la población</a>. En cuanto a la primera, cabe recordar que tecnocracia no es lo mismo que democracia. Sean economistas de los bancos centrales o doctores en epidemiología, los expertos ni han sido elegidos por el pueblo ni es seguro que tengan una visión global de la condición humana. Así que, por competentes y simpáticos que nos parezcan, los gobiernos democráticos deben consultarlos, escucharlos atentamente y luego tomar sus propias decisiones teniendo en cuenta sus consejos y todas las demás variables. Como dijo Clemenceau, la guerra es un asunto demasiado serio para dejárselo a los militares.</p><p>En <a href="https://www.lavanguardia.com/internacional/20200405/48285133216/yuval-harari-mundo-despues-coronavirus.html" target="_blank">El mundo después del coronavirus</a>, un artículo publicado en España por <em>La Vanguardia</em>, el historiador y filósofo <strong>Yuval Noah Harari </strong>reflexionó sobre la segunda de las ideas peligrosas esgrimidas en nombre de nuestra salud: la que sugiere que todos llevemos brazaletes biométricos o aplicaciones en nuestros móviles que informen permanentemente a las autoridades de nuestro estado físico y ubicación. Como a Harari, esta fórmula no me hace la menor gracia. Ya sé que los servicios secretos, las telefónicas, las tarjetas de crédito y corporaciones como Google, Amazon o Facebook cosechan a cada instante una indecible cantidad de información sobre nosotros. Pero de ahí a regalarles también los detalles más íntimos de nuestra condición física… </p><p>“Presumiblemente”, escribió Harari, “semejante sistema sería capaz de detener en seco la epidemia en un plazo de días. Maravilloso, ¿verdad? El inconveniente, claro está, es que legitimaría un nuevo y espantoso sistema de vigilancia”. Pues sí. En primer lugar, es ilusorio pensar que esta medida sería solo transitoria; en su condición de ciudadano israelí, Harari sabe bien que “las medidas temporales tienen la desagradable costumbre de durar más que las emergencias”. En segundo, el control de nuestra temperatura, presión y ritmo cardíaco permitiría sin demasiados problemas tecnológicos saber también cuáles son nuestras filias y fobias, lo que nos enfada o nos asusta, lo que nos hacer reír o llorar. Y en tercero, este método de control terminaría cayendo en manos de partidos y empresas, que así “llegarían a conocernos mucho mejor de lo que nos conocemos nosotros mismos”. Seríamos sus marionetas.</p><p>Rechacemos, pues, las tentaciones de Big Brother y sigamos haciendo propuestas. Salvo en los medios de ultraderecha (mucho más amplios de los que se reconocen sin complejos como tal), otra que podría ser ampliamente asumida es la garantía a todos los miembros de la comunidad de unos <strong>niveles mínimos en materia de renta y vivienda</strong>. A partir de ahí, por supuesto, a nadie se le niega el derecho a ser más ambicioso, a ganar más y poseer más siempre y cuando pague los correspondientes impuestos. En el siglo XXI no hay excusa racional para no erradicar la pobreza.</p><p>Hay quien piensa que la pandemia del coronavirus ha sido una especie de activación del freno de emergencia por parte de un planeta al borde del colapso. No sé si es una idea con fundamento científico, pero, desde luego, es una verdad poética. El crecimiento demográfico desmesurado, la explotación sin freno de los recursos naturales y el empleo de energías y materiales contaminantes ya nos habían llevado a certificar la existencia de un cambio climático de perspectivas apocalípticas. Pero poco o nada se hacía para intentar frenarlo. Ningún Gobierno tenía el valor de proponer seriamente a su población los sacrificios temporales que ello implica.</p><p>El mundo parece haberse parado porque nosotros no queríamos pararlo. Entonces, ¿por qué no ponerlo en marcha de nuevo desde una <strong>perspectiva verde</strong>? Que las empresas de automóviles los fabriquen <a href="https://www.infolibre.es/noticias/economia/2020/05/26/coche_electrico_europa_107109_1011.html" target="_blank">eléctricos</a>. Que los ayuntamientos coloquen en las aceras tantos puntos de recarga como plazas de aparcamiento. Que se adapten también las gasolineras. He aquí la posibilidad de crear millones de empleos en España y Europa para hacer frente al tremendo desempleo provocado por la pandemia. Y la misma creación masiva de riqueza y empleo podría conseguirse reconvirtiendo al verde a la producción de electricidad y a la eficiencia energética nuestros hogares. Ofrezcámosles a las empresas que se pongan en ello los beneficios que se les ofrecieron en el siglo XIX a las que promovían ferrocarriles. La ecología no es solo la salvación de la casa común de la humanidad, es también el gran negocio del siglo XXI.</p><p><strong>Otra globalización</strong></p><p>Construyamos <a href="https://www.infolibre.es/noticias/tintalibre/2020/05/29/el_covid_globalizacion_107196_1042.html" target="_blank">otra globalización</a>. La del capitalismo salvaje, cuyos referentes son el crecimiento del PIB de los países y el de los beneficios de las empresas, es un puto disparate. Como ha demostrado la lucha contra un virus que no conoce fronteras, no necesitamos nacionalismo, sino, al contrario, internacionalismo. Pero el internacionalismo no es en absoluto incompatible con mayor autosuficiencia local en las cosas más básicas. Por ejemplo, ha resultado penoso que grandes países industriales tuvieran que importar angustiosamente mascarillas de tela de China. Tampoco es contradictorio el internacionalismo con una mayor descentralización política y económica, ni con una muy necesaria ruralización. </p><p>La buena noticia es que hemos encontrado un gran aliado para estos objetivos durante el confinamiento. La digitalización ha funcionado, ha resistido una repentina e inmensa demanda de comunicaciones. Hemos teletrabajado desde nuestros hogares. Nos hemos descargado libros, periódicos, series y películas a mansalva. Hemos conversado por videoconferencia con nuestros amigos y familiares. Hasta hemos creado colectivamente a distancia, cada cual en su casa. Hemos cantado canciones de este modo y hemos confeccionado periódicos y programas de televisión. </p><p>No estoy proponiendo un universo donde no salgamos de nuestras casas. En absoluto. Ya lo dije al principio, el confinamiento nos ha hecho saborear cosas como el primer paseo por la calle sin necesidad de coartada, y nos ha hecho soñar con placeres naturales como el primer baño en el mar que tanto valoraba el epicúreo <a href="https://www.infolibre.es/noticias/medios/2013/11/07/camus_periodista_rebelde_9538_1027.html" target="_blank">Albert Camus</a>. Lo que estoy diciendo es que quizá no haya necesidad de que todos gastemos tanto tiempo y tanta energía en el transporte al lugar de trabajo. Que quizá no haya que usar el muy contaminante avión para todo, incluidos caprichos de fin de semana. Quizá todos podamos llevar una vida más frugal, pero mucho más libre y feliz si aprendemos las lecciones de la peste. Las lecciones del inmenso valor de la libertad y su hermana la responsabilidad que nos interesan a nosotros, no a los de siempre.</p><p>Salud, ciudadanos. Nada está escrito en las estrellas. Pidamos, pues, la luna. </p><p><em>* Este artículo está publicado en el número de junio de </em>tintaLibre<em>, a la venta en quioscos. Puedes acceder a todos los contenidos de la revista haciendo clic aquí o suscribirte aquí.</em><a href="https://www.infolibre.es/index.php/mod.usuarios/mem.detallesuscripcion" target="_blank">aquí</a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 08 Jun 2020 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Javier Valenzuela]]></author>
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      <media:title><![CDATA[¿Qué clase de mundo habitaremos pasada la tormenta?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Globalización,TintaLibre,Crisis del coronavirus]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[El covid-19 y la globalización]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/tintalibre/covid-19-globalizacion_1_1183531.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/4b0c37d9-2263-46b1-8f97-abeb6c11d216_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El covid-19 y la globalización"></p><p>Uno de los interrogantes<strong> </strong>inéditos que nos plantea este experimento social involuntario de la <a href="https://www.infolibre.es/suplementos/coronavirus/40b50_coronavirus.html" target="_blank">pandemia</a> es si entramos en un periodo de desglobalización o si la globalización continuará como hasta ahora. Hay en esa pregunta un poco de irrealidad, como si la globalización fuera un proceso que pudiera detenerse y la hubiéramos puesto en marcha con una decisión expresa en algún momento determinado. Los seres humanos no decidimos en asamblea entrar en la Edad de Hierro ni abandonar el Renacimiento. ¿Por qué se suscita ahora esta pregunta que parece otorgarnos una soberanía que no tenemos? Probablemente porque nos dejamos llevar por la seducción de tener un gran control sobre la realidad debido a que acabamos de hacer algo que se asemeja mucho a decidir parar el mundo: el confinamiento y la detención de buena parte de la economía. No ha sido algo similar a las recesiones o crisis económicas que hemos padecido, de las que ya tenemos una gran experiencia, sino <strong>una detención de nuestra habitual movilidad y una hibernación de la economía</strong> que resultan de decisiones que adoptamos forzados a ello por una amenaza sanitaria, pero voluntariamente. La radicalidad de las medidas adoptadas para combatir la pandemia puede engañarnos con el espejismo de que somos capaces de controlarlo todo, incluido algo muy parecido a parar el mundo.</p><p>La otra cara de pensar que hay actores soberanos es la de que deben existir culpables cuya torpeza o maldad lo explique todo. Nos encanta buscar culpables para las crisis y deberíamos moderar ese impulso si es que queremos hacer buenos diagnósticos (que incluirán, sin duda, identificar elementos de irresponsabilidad). La globalización se nos presenta ahora como el comodín de todas las explicaciones. Que el coronavirus se haya expandido globalmente nos lleva a pensar que tiene algo que ver con la globalización, pero <strong>desglobalizarse no es sencillo ni está claro qué puede significar.</strong> De entrada, el virus no parece haberse extendido principalmente por el comercio sino por el turismo. ¿Deberíamos prohibir las peregrinaciones a La Meca o el turismo en Florencia? Esa idea de que el virus nos pasa ahora la cuenta de una globalización desordenada es una media verdad. Hubo pestes ya en el siglo XIV y la interdependencia creciente tiene aspectos muy positivos también a la hora de combatir estas pandemias (como la cooperación científica, la agilidad de la información o la comunicación de experiencias exitosas). Si el virus llegó de China y tuvo efectos tan devastadores no fue por la excesiva globalización sino porque globalizaron el virus, pero nacionalizaron la información. </p><p>Hay que diagnosticar bien de qué tipo de constelación política procede el <a href="https://www.infolibre.es/noticias/cultura/2020/05/27/daniel_innerarity_pandemocracia_107129_1026.html" target="_blank">coronavirus</a> y a qué interacciones obedece. Sostener que es un virus de la globalización sería una simplificación que no se corresponde con el hecho de que vivimos en un mundo más complejo, en el que hay dimensiones de nuestra existencia que se han globalizado mucho, otras que lo han hecho menos e incluso algunas que han experimentado una retracción. La cuestión es que debemos acompasar los riesgos que extendemos con la puesta en común de las informaciones, tecnologías e instituciones que necesitamos para hacerles frente. El objetivo es <strong>una globalización equilibrada</strong>, algo que está a nuestro alcance y no una desglobalización que está totalmente fuera de la realidad.</p><p>Como consecuencia de la sacudida de la pandemia han vuelto a la agenda política las grandes cuestiones, yo diría que incluso con un punto de grandilocuencia, como si el futuro del mundo estuviera en nuestras manos de una manera que no corresponde a nuestras limitaciones. Se plantea un debate entre unos interlocutores que podríamos denominar los contraccionistas y los expansionistas, entre quienes defienden que esta crisis aconseja desglobalizar y quienes sostienen que hay que impulsar la globalización dotándola de las estructuras políticas adecuadas.</p><p>La gestión de la crisis ha seguido en un primer momento una lógica contraccionista: cierre de fronteras, reserva de los propios recursos para los ciudadanos nacionales, confinamiento, mayor demanda de proteccionismo hacia los Gobiernos, interrupción de las cadenas globales de suministro y movilidad. Al mismo tiempo, pasada la reacción instintiva de repliegue, se producían fenómenos que implicaban una apertura mayor: configuración de una opinión pública mundial más unificada que discute de las mismas cosas, avance de la digitalización, el <a href="https://www.infolibre.es/noticias/politica/2020/05/16/la_urgencia_regular_teletrabajo_impone_tras_estado_alarma_para_velar_por_los_derechos_laborales_106836_1012.html" target="_blank">teletrabajo</a> y la <a href="https://retina.elpais.com/retina/2020/03/22/innovacion/1584868868_589467.html" target="_blank">educación online</a>, exigencias de intervención a la Unión Europea, una carrera desesperada por encontrar una vacuna a través de la cooperación científica internacional, una comparación de las estrategias de los diversas países que nos situaba en un marco de buenas prácticas o <em>benchmarking</em> global.</p><p><strong>Expansión y contracción</strong></p><p>El hecho de que ambas posiciones parezcan tener razón según los ejemplos que se aduzcan y la perspectiva desde la que se observe nos está diciendo mucho acerca de la naturaleza de la globalización; es algo inevitable, un destino, pero ambivalente e incluso contradictoria, con movimientos que se contradicen, aunque la resultante sea un incremento de la interconexión. Hablar de globalización es también mencionar su contrario, como la sombra que nos acompaña. En ocasiones, para que los globalistas vuelvan a tener razón hay que retroceder en lo que podría ser interpretado como dar la razón a los partidarios de cerrarle el paso. Basta una rápida mirada a la historia de la globalización para comprobar que ha oscilado siempre entre la expansión y la contracción.</p><p>Hay un caso en el debate actual que se aduce como ejemplo del éxito de la desglobalización. El parón económico ha tenido efectos inmediatos beneficiosos en la calidad del aire, los ríos y los mares, por razones obvias derivadas del cierre de industrias y la disminución de la movilidad. Es cierto que el confinamiento, la hibernación de muchas actividades económicas y la disminución del comercio internacional por causa de la pandemia han supuesto una disminución de la contaminación y la emisión de gases de efecto invernadero, pero sería un error pensar que esta contracción reduce los riesgos del cambio climático más allá del horizonte inmediato. Las emisiones volverán a aumentar cuando se recupere la actividad y, si la pandemia provoca una grave crisis económica, mucho dinero y mucha voluntad política serán detraídos de la lucha contra la crisis climática. La situación podría agravarse incluso porque la atención a las amenazas inmediatas de la pandemia nos distraería de las <strong>amenazas climáticas que son más latentes y de largo plazo</strong>. </p><p>Pensemos, además, en efectos como la dificultad de las empresas para invertir en la transición hacia proyectos sostenibles; que la bajada de los precios del petróleo encarecerá los vehículos eléctricos (algo de ello indica la bajada de las acciones de <a href="https://www.elconfidencial.com/mercados/2020-05-01/tesla-se-hunde-en-bolsa-despues-de-que-musk-asegure-que-el-precio-esta-muy-alto_2576108/" target="_blank">Tesla</a>); podría interrumpirse la cadena de suministro de la energía renovable, muy dependiente de la producción en China de ciertos elementos; el miedo generalizado hacia los riesgos sanitarios y financieros concentrarán toda la atención y los del cambio climático quedarán en un segundo plano. En cualquier caso, el hecho de que el clima mejore durante la pandemia porque mucha gente muere y disminuye el trabajo no parece que sea el mejor procedimiento para resolver los problemas de la crisis climática. Deberíamos encontrar soluciones que permitan compatibilizar todos los bienes que están en juego (la vida, la economía, el planeta), más allá de la promesa sacrificial de que deteniendo el mundo se arreglan necesariamente los problemas asociados a su movimiento.</p><p>Mi conclusión a este debate es que la globalización no se va a detener porque así lo decidamos o lo decreten los Gobiernos. Sin embargo, están en nuestras manos un conjunto de decisiones que, de hecho, equivalen a impulsar o ralentizar la globalización. Será algo parecido al experimento de arreglar un barco en plena navegación. No disponemos de un gran paréntesis o una interrupción intencional de la historia y nos vemos obligados a reflexionar mientras estamos en movimiento. Una cuarentena es una eliminación de los contactos por un periodo determinado, pero el concepto de desglobalización apunta a que debemos suprimir las relaciones que hemos establecido o, al menos, del modo como se han ido configurando desde que hablamos de este fenómeno. Tendríamos que distinguir entre aquellas que deberíamos limitar, las que deben ser modificadas y aquellas a las que no parece razonable renunciar.</p><p>Esta reflexión colectiva no nos hará deliberar en torno a una palanca de emergencia para detener el mundo, sino que nos incita a pensar en su redimensionamiento. El gran debate consiste en redimensionar los ámbitos de decisión en función de la naturaleza de los riesgos que nos amenazan. Hemos de redefinir las escalas y los niveles adecuados de gestión y producción: local, nacional, internacional, supranacional, transnacional y, por último, global. Esta crisis sanitaria ha puesto de manifiesto principalmente la fragilidad de la apertura global, tanto en lo que se refiere a esa movilidad que ha favorecido la expansión de la pandemia como a ciertas dificultades a la hora de hacerle frente cuando había que abastecerse de mascarillas o respiradores, y comprobamos nuestra enorme dependencia en el suministro de bienes y servicios básicos (artefactos cuya producción habíamos deslocalizado y no parecían tener un especial valor añadido ni más relevancia para la seguridad que el sofisticado material militar). Nuestra primera reacción es revalorizar los mercados regionales, interrumpir las cadenas globales de suministro, volver a las protecciones clásicas y la escala local; pero también se han revalorizado el cosmopolitismo de la comunidad científica, el fortalecimiento de una opinión pública global y las ventajas de la digitalización precisamente para que no todo se detenga. A la globalización nerviosa le tiene que seguir la <em>glocalización</em> sostenible.</p><p><strong>El coronavirus no va a acabar con la globalización</strong> (si es que esta idea tiene algún sentido). La cuestión es qué forma de organización es la más apropiada para reequilibrar un mundo que ya presentaba muchas descompensaciones que esta crisis no ha hecho más que evidenciar. Si fuera posible, la regresión a los mundos cerrados no contribuiría a dotar al mundo global de una mejor gobernanza, sino que lo dejaría sin contrapesos de instancias y actores que equilibren su dinámica descontrolada. Tendremos que distinguir la interdependencia ventajosa o inevitable de las dependencias que suponen amenazas serias para la seguridad. En vez de oscilar entre disciplina y desorden, regresión y aceleración, lo que esta globalización necesita es más regulación. Antes y después de la pandemia sigue siendo cierto que los bienes públicos exigen instituciones globales, cooperación, soluciones globales. </p><p><em>* Este artículo está publicado en el número de junio de </em>tintaLibre<em>, a la venta en quioscos. Puedes acceder a todos los contenidos de la revista haciendo clic aquí o suscribirte aquí.</em><a href="https://www.infolibre.es/index.php/mod.usuarios/mem.detallesuscripcion" target="_blank">aquí</a></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 31 May 2020 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Daniel Innerarity]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El covid-19 y la globalización]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cambio climático,Globalización,TintaLibre,Crisis del coronavirus]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Una parte de la socialdemocracia busca en los valores de la izquierda la receta para poner fin a su declive electoral]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/politica/parte-socialdemocracia-busca-valores-izquierda-receta-poner-declive-electoral_1_1177787.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.infolibre.es/clip/19f8ccc5-818a-42f6-81e1-c4c446c8d0c6_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Una parte de la socialdemocracia busca en los valores de la izquierda la receta para poner fin a su declive electoral"></p><p>¿Está girando la socialdemocracia hacia posiciones más a la izquierda? La <a href="https://www.infolibre.es/noticias/mundo/2019/11/30/el_spd_gira_izquierda_con_una_nueva_cupula_critica_con_gran_coalicion_que_sostiene_merkel_101542_1022.html" target="_blank">llegada</a> de Norbert Walter-Borjans y Saskia Esken al liderazgo del Partido Socialdemócrata alemán (SPD) el pasado 30 de noviembre no sólo amenaza la estabilidad del gobierno de la gran coalición alemana sino que parece abonar la estrategia de <strong>los partidarios de un rearme ideológico</strong> para poner fin al progresivo retroceso de los partidos que durante décadas sirvieron de contrapeso a las políticas democristianas en casi todo el continente.</p><p>Walter-Borjans tiene 67 años y Esken 58. El primero fue ministro de Finanzas en Renania del Norte-Westfalia, y la segunda es una diputada experta en el mundo digital. Juntos encarnan el deseo de las bases del SPD de <strong>cambiar la relación de sumisión</strong> en la que el partido entró a través de la gran coalición con la derecha de Angela Merkel y afrontar la decadencia electoral que les sitúa por debajo del 15% de los sufragios, claramente por debajo de Alianza90/Los Verdes, que amenazan con sustituir definitivamente a los socialdemócratas como la fuerza hegemónica de la izquierda germana.</p><p>La nueva dirección del SPD atribuye la pérdida de apoyo electoral de los últimos años a la decisión de haber abrazado las políticas neoliberales. Eso es algo que comparten con Jeremy Corbyn, el líder del Partido Laborista británico, elegido en 2015 también en elecciones primarias con el mandato de devolver a la formación <strong>su perdida identidad de izquierdas</strong> tras años de fidelidad a las políticas centristas de la tercera vía de Tony Blair.</p><p>Corbyn, un político de 70 años forjado en el sindicalismo, el pacifismo y el activismo en defensa de los derechos humanos, enfrenta estos días el desafío de vencer a los conservadores de Boris Johnson con <strong>un programa que él mismo califica de “radical”.</strong> Con él quiere <a href="https://www.infolibre.es/noticias/mundo/2019/11/21/corbyn_giro_radical_laborismo_lanza_programa_con_medidas_sociales_nuevo_referendum_sobre_brexit_101229_1022.html" target="_blank">cambiar</a> el país apostando por una “transformación verde” de la economía, renacionalizando sectores como el ferroviario, el de agua, la energía o el servicio de correos y aplicando medidas como una subida del salario mínimo y una reforma impositiva dirigida a que los “milmillonarios” ayuden “a financiar servicios públicos de primer nivel”.</p><p>No lo tiene fácil. El debate gira, sobre todo, en torno al <em>Brexit</em>, y ahí Corbyn ha optado por una posición ambivalente. Ha prometido que si gana convocará un segundo referéndum en seis meses, aunque él mismo se niega a apoyar la salida o la permanencia, lo que según algunos analistas está alimentando el voto de los liberaldemócratas, nítidamente partidarios de seguir en la UE. Los británicos <strong>votarán el próximo jueves </strong>y, según las <a href="https://electomania.es/tag/reino-unido/" target="_blank">encuestas</a>, los laboristas están lejos de poder ganar a los conservadores.</p><p>  El dilema del Partido Demócrata en EEUU enfrenta a los partidarios de las políticas progresistas con los que creen que sólo podrán ganar a Trump desde posiciones centristas</p><p>A menudo los analistas citan a Pedro Sánchez en España y a António Costa en Portugal como dos ejemplos de éxito de la vuelta a las esencias de la vieja socialdemocracia después de años de sequía electoral. Y creen que el debate interno en el Partido Demócrata en Estados Unidos se desarrolla en el mismo eje: los partidarios del rearme ideológico se disponen a dar la batalla, con la ayuda de las bases, para abandonar las posiciones centristas y <strong>recuperar la identidad de izquierdas,</strong> un objetivo que lideran claramente los precandidatos demócratas Bernie Sanders, de 78 años, y Elizabeth Warren, de 70 años, ambos con escaño en el Senado.</p><p>En Estados Unidos la discusión se desarrolla en dos ámbitos: la defensa de posiciones que apoyen a los más desfavorecidos y que además sirvan para enfrentar la creciente desigualdad del país y el dilema de si es posible ganar a Donald Trump <strong>abandonando el centro político, </strong>el espacio en el que militan Joe Biden y Michael Bloomberg.</p><p>  </p><p> Bernie Sanders y Alexandria Ocasio-Cortez, en un mitin en Iowa.</p><p>Más discutible parece, en principio, situar en esta tendencia la aplastante victoria del gobernador de la región del Lazio,<strong> Nicola Zingaretti, </strong>en las primarias para elegir al nuevo secretario general del Partido Democrático italiano. Zingaretti, de 54 años, representa el ala más izquierdista del partido, si bien el proceso de redefinición de esta formación —en horas muy bajas en términos electorales— se está viendo condicionado por el <a href="https://cincodias.elpais.com/cincodias/2019/08/28/economia/1566975464_140222.html" target="_blank">acuerdo</a> de gobierno alcanzado con el M5S. Un pacto obligado por la necesidad de evitar las elecciones anticipadas que busca el líder de la ultraderecha italiana, Matteo Salvini, primero en todas las encuestas.</p><p><a href="https://twitter.com/jfalbertos?lang=es" target="_blank">José Fernández Albertos,</a> politólogo e investigador del Instituto de Políticas y Bienes Públicos del CSIC, confirma que “en este momento concreto hay un descrédito de las posiciones más moderadas” de la socialdemocracia, las que “han ocupado más posiciones de poder en épocas recientes” y “que están siendo respondidas <em>pendularmente</em> por un creciente atractivo de las fuerzas más izquierdistas”. No obstante, advierte,<strong> “no está claro que estas fuerzas izquierdistas no sean vulnerables</strong> a los mismos problemas que los <em>moderados</em> han sufrido en estos últimos años”.</p><p>La también politóloga de la UAM e investigadora de la Universidad Carlos III de Madrid <a href="https://twitter.com/sandraleon_?lang=es" target="_blank">Sandra León</a> sostiene que lo que está pasando en la socialdemocracia en Alemania, Reino Unido, España y Portugal, así como en el Partido Demócrata en EEUU, obedece a lógicas distintas, aunque “un elemento explicativo común es el <strong>progresivo deterioro del apoyo electoral </strong>de esos partidos, sobre todo desde la Gran Recesión, aunque la socialdemocracia en Europa experimenta un continuo deterioro desde los años ochenta”.</p><p><strong>Reconectar con el electorado</strong></p><p>León coincide con Fernández Albertos en que la pérdida de apoyo electoral está en el origen de las tensiones internas que dan lugar a la búsqueda de nuevas vías para<strong> “reconectar con el electorado,</strong> recuperar la credibilidad” y distanciarse “de los <em>errores</em> cometidos por el partido en el pasado”. Pero en su opinión “no está claro que el giro a la izquierda pueda reportarles mayores réditos electorales”. Ha sido así “en algunos casos, como el portugués”, pero no el de otros, “como por ejemplo, Corbyn”. Al menos de momento.</p><p>En el mismo sentido, <a href="https://twitter.com/IgnacioJurado" target="_blank">Ignacio Jurado, </a>formado en ciencia política en la Universidad de Oxford y profesor visitante de la UC3M, no se atreve a concluir si lo ocurrido en el SPD es “una tendencia”, aunque “tampoco parece un caso aislado. Para mí es una evidencia de<strong> las tensiones que hay dentro de la socialdemocracia</strong> entre mantener un compromiso centrista que en las circunstancias actuales supone ser parecidos en algunas políticas a los partidos de derechas o marcar un perfil más izquierdista y desviarse del consenso”. No obstante, “cómo se produce ese desvío todavía no está claro”: en algunos casos parece “un desvío más populista” y en otros tiene los rasgos “de la socialdemocracia clásica”.</p><p>  </p><p> Mette Frederiksen, primera ministra danesa, a su llegada a una reunión de la OTAN en Londres.</p><p>Es verdad que la tendencia hacia la izquierda no está teniendo lugar en todos los países. Hace pocos meses los socialdemócratas daneses, liderados por Mette Frederiksen, de 42 años, se <a href="https://elpais.com/internacional/2019/06/05/actualidad/1559734856_836176.html" target="_blank">impusieron</a> en las elecciones con un programa que combinaba <strong>medidas sociales y ambientales y mano dura contra la inmigración.</strong> Eso sí: con el apoyo externo de varios partidos situados a su izquierda. De hecho, Fernández Albertos no ve “un patrón muy claro en el grado de <em>izquierdismo</em> o <em>moderación</em> de los más exitosos”, aunque sí opina que “los que logran permanecer mejor en el poder son los más capaces de integrar, bien en su seno, bien mediante coaliciones de gobierno, a las fuerzas emergentes”, desde los ecologistas a la nueva izquierda.</p><p>En opinión de Sandra León, y más allá del caso danés, existe la percepción de que la socialdemocracia “no ha querido o no ha sabido responder” a los cambios que se han ido produciendo durante los últimos treinta años, como la globalización, una estructura productiva donde la relación entre capital y trabajo se ha desequilibrado a favor del capital, el aumento de las desigualdades y la falta de movilidad social. “La socialdemocracia se encuentra ante <strong>el reto de dar una respuesta a esos desequilibrios </strong>en un entorno mucho más complicado, debido a que la soberanía nacional está más limitada”.</p><p>Jurado atribuye a<strong> “cuestiones culturales” </strong>el hecho de que en algunos sitios los partidos socialdemócratas se hayan escorado a la derecha adoptando un discurso menos favorable a la inmigración. “Esto ha ocurrido en Dinamarca. En Austria también hemos visto que su nueva líder ha movido el partido al centro”.</p><p>No obstante, puntualiza, “tampoco creo que haya habido una tendencia a la derechización en los últimos años. Los partidos socialdemócratas <strong>llevan tiempo perdiendo su identidad </strong>y eso permite que algunos sientan que deben competir con la extrema derecha con posiciones reaccionarias en el eje cultural”.</p><p>¿Y qué pasa allí donde los partidos socialdemócratas tradicionales se han hundido, como Francia y Grecia? ¿Podrán recuperarse algún día? León cree que la transformación del espacio político de la izquierda como consecuencia de la fragmentación y la volatilidad de los votos todavía está en marcha, de manera que <strong>es arriesgado “hablar de ‘consolidación’ de ‘hegemonías’</strong> entre los partidos políticos”.</p><p>  “Una vez que aparecen nuevos actores, articulando mejor que la socialdemocracia tradicional las demandas izquierdistas, se le hace difícil a la socialdemocracia tradicional ocupar es espacio”, señala Fernández Albertos</p><p>Fernández Albertos piensa también que “son pocos casos para dar respuestas definitivas. Es cierto que una vez que aparecen nuevos actores, articulando mejor que la socialdemocracia tradicional las demandas izquierdistas, se le hace difícil a la socialdemocracia tradicional ocupar es espacio”. Pero <strong>hay diferencias</strong>, advierte: “en el caso de Grecia es más una sustitución; en el caso francés es más una división” entre la izquierda liberal moderada que se ha ‘macronizado’ frente a la izquierda contestataria de Jean-Luc Mélenchon.</p><p>Jurado comparte este criterio.<strong> “Es pronto para decir” que se trata de un cambio consolidado.</strong> El de Francia “aún parece un espacio en transformación”, aunque en Grecia, admite, sí parece que Syriza “ha absorbido gran parte del electorado del Pasok y se ha convertido en el nuevo partido de la socialdemocracia”, en parte también porque “se ha moderado notablemente”.</p><p>En este contexto resulta difícil establecer referentes. Las bases tradicionales de la socialdemocracia “están cambiando, algunas de ellas expresan intereses difíciles de compatibilizar, y aparecen nuevos temas en la agenda y nuevos competidores que aspiran a canalizarlos”, señala Albertos. “Mi sensación”, añade Sandra León, “es que, en la búsqueda de un nuevo modelo a seguir, las fórmulas son<strong> más autorreferenciales y retrospectivas</strong>—regreso a las <em>esencias</em> del partido— que prospectivas y basadas en un líder o modelo actual”.</p><p>No obstante, añade Jurado, aunque “puede que haya algunas nuevos líderes que empujen hacia la izquierda, son homologables. No creo que cada vez haya más diversidad. Los casos que hemos comentado son todavía pocos y <strong>aún podemos encontrar un patrón común</strong> en el conjunto de la familia socialdemócrata”.</p><p>Una identidad todavía reconocible</p><p>En el mismo sentido, Fernández Albertos sostiene que los socialdemócratas siguen siendo “uno de los grupos más reconocibles”, como se puede observar en el Parlamento Europeo. “Por supuesto que en este proceso de realineamiento”, con “nuevos temas de competición y nuevos partidos, sus estrategias son diferentes y ocupan un espacio deliberadamente ambiguo y cambiante, pero <strong>no diría que se han quedado sin agenda”.</strong> Tampoco en el pasado, recuerda, las estrategias eran similares y estaban muy incluidas por las coyunturas nacionales.</p><p>Ignacio Jurado cree que “la socialdemocracia lleva en un estado catártico al menos dos décadas”. El último impulso, señala, se lo dio la tercera vía de Blair y fue hacia el centro. ¿Cuándo perdió su identidad? “Ha sido un proceso progresivo que responde tanto a factores sociales como económicos”, responde. Por un lado, las bases tradicionales de la socialdemocracia “se han ido erosionando”. “Los socialdemócratas eran una alianza entre ciudadanos educados y la clase trabajadora”, pero la clase trabajadora “ya no existe como la conocíamos” y los ciudadanos de mayor educación “han virado hacia opciones distintas como los partidos verdes”. Para colmo, la creciente globalización económica y las restricciones supranacionales como las que marcan el terreno de juego de la Eurozona “delimitan mucho el margen de acción). “Ambos procesos han sido progresivos y <strong>han ido dejando fuera de juego a la socialdemocracia”,</strong> sentencia.</p><p>Sandra León coincide con la opinión de Jurado. Lo que ha perdido la socialdemocracia “es el modelo económico sobre el que se sustentó su éxito político”, asegura. Ese modelo se basó hasta los años ochenta en una globalización limitada, el equilibrio entre capital y trabajo y en un crecimiento económico que permitió la expansión del Estado del Bienestar. “Pero <strong>ese modelo económico se ha disipado</strong> con la llegada de la hiperglobalización, el cambio en el sistema productivo y el consiguiente desequilibrio entre capital y trabajo”.</p><p>Estos cambios, precisa, “han dado lugar a sociedades más fragmentadas, a un mayor distanciamiento entre los intereses de las distintas clases sociales”. De manera que la socialdemocracia se ve obligada a “apelar con un mismo discurso a <strong>intereses crecientemente divergentes”. </strong>Y ese es un desafío “que va más allá del reto que supone atender a las demandas de distintos colectivos —mujeres, inmigrantes, LGTBI,— desde la defensa del principio de no-discriminación”.</p><p>Albertos cree que el “declive estructural” que enfrenta la socialdemocracia “tiene que ver con la erosión de sus bases electorales tradicionales y con <strong>la aparición de nuevos competidores</strong> que <em>beben</em> de parte de sus votantes tradicionales”. Recuperar los niveles de apoyo del pasado parece complicado pero, en su opinión, “la socialdemocracia sigue jugando un papel central y relevante en la mayor parte de nuestras democracias y la fragmentación política y la necesidad de pactos la ponen en una posición en cierto sentido privilegiada para influir en las políticas”.</p><p>Tampoco Jurado “firmaría todavía su certificado de defunción”. “Es cierto”, admite, “que vivimos en tiempos difíciles, acompañados de mucha fragmentación. Pero la socialdemocracia <strong>puede todavía aspirar a reconstruir un espacio</strong> que agrupe a ciudadanos con perfiles distintos” y “que tengan unos intereses compatibles”.</p><p>Sandra León apunta que la creciente fragmentación de los sistemas de partidos en toda Europa y el menor peso parlamentario de las formaciones socialdemócratas europeas les obligará a “avanzar su agenda necesariamente <strong>en colaboración con otros partidos,</strong> como las formaciones a su izquierda o los partidos verdes”. A su juicio, “una cuestión esencial para entender la competición entre los partidos del ámbito de la izquierda durante los próximos años” será “quién consigue capitalizar la previsible politización de la crisis climática”.</p><p>Las implicaciones de la <a href="https://www.infolibre.es/tags/temas/cambio_climatico.html" target="_blank">crisis climática</a> son tan variadas —afectan a asuntos tan distintos como el modelo de producción o las migraciones— que dan a este asunto un “gran potencial para crear coaliciones transversales de electorados. El partido que consiga capitalizar políticamente la crisis climática estará mejor preparado para <strong>generar coaliciones de intereses</strong> con capacidad de sostener mayorías electorales” concluye Sandra León.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 07 Dec 2019 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Fernando Varela]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Una parte de la socialdemocracia busca en los valores de la izquierda la receta para poner fin a su declive electoral]]></media:title>
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      <title><![CDATA[Derecho a la transparencia y libertad religiosa en un mundo global]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/derecho-transparencia-libertad-religiosa-mundo-global_1_1176017.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p>El radicalismo religioso está demasiado extendido en esta aldea global en la que vivimos, en la cual debería prevalecer ante todo el hecho de que los ciudadanos que la habitamos formamos parte de una sola familia:<strong> la familia humana.</strong></p><p>Convendría recordar algunas<strong> realidades en este ámbito de las confesiones religiosas:</strong> una persona nacida en España es altamente probable que profese, o haya profesado, la religión católica. De la misma forma, una persona nacida en Inglaterra, muy probablemente profese o haya profesado la religión anglicana<em>;</em> y algo similar ocurrirá con una persona nacida en Alemania, en relación con la religión protestante<em>,</em> o una persona nacida en Grecia, en relación con la religión ortodoxa<em>.</em> Y ello sería similar en otras zonas de esta aldea global, por lo que una persona nacida en la India muy probablemente sea o haya sido de confesión hinduista<em>,</em> y una persona nacida en Arabia Saudí profesará o habrá profesado la religión islámica.</p><p>Ello quiere decir que según su<em> </em>lugar de nacimiento<em>,</em> los seres humanos, al venir a este mundo, están<strong> predestinados a pertenecer nominalmente a una determinada confesión religiosa</strong>, y en función de que ésta luego les convenza suficientemente, podrán a lo largo de su vida ser practicantes de la misma, o bien ignorarán y se olvidarán totalmente de la religión. Parece así que en cada lugar del mundo, cuando nace un ser humano, se le sube en el tren de la inercia, el cual le ofrece sólo dos estaciones: La primera, <strong>conocer y practicar la religión oficial</strong> de ese lugar o zona del Globo; o bien, alternativamente, <strong>ignorar la misma</strong>, y llegar a la segunda estación, la de los <strong>no creyentes</strong>, que parece ser que está cada vez más llena<em>,</em> sobre todo en algunos países. Creemos en este sentido que a todo ser humano, hoy día, se le debería proporcionar un mayor nivel de libertad real (no sólo nominal), y brindarle un trayecto con más estaciones; y eso sólo se puede hacer a través de la información y de una proyección básica de esta última, que es la educación<em>.</em></p><p>Ahora que van cayendo muchas fronteras de la opacidad<em>,</em> ahora que se camina hacia una <strong>transparencia global</strong>, ahora que los medios informáticos y de comunicaciones hacen posible la transmisión libre y rápida del conocimiento y la información, ahora puede ser el momento de abordar uno de los mayores desafíos del ser humano:<strong> la transparencia religiosa</strong>, esto es, informarle y proporcionarle la posibilidad de un conocimiento abierto y libre del universo de las diversas ideas y creencias religiosas. Esta sí sería una educación realmente libre en esta materia.</p><p>No podemos seguir con el <strong>nivel de incultura religiosa actual;</strong> ni podemos continuar desconociendo lo que piensan, lo que sienten, por lo que viven –y <strong>a veces por lo que mueren</strong>– otros muchos ciudadanos del planeta. No podemos dejar que muchos ciudadanos estén abocados a que los fundamentalistas de unas u otras religiones traten de imponer con hierro y sangre<em> </em>su interpretación radical de las correspondientes doctrinas religiosas. No podemos, en definitiva, seguir permitiendo que el ser humano, cuando pasa por este mundo, no haya tenido la oportunidad de conocer las confesiones y prácticas religiosas de otros seres humanos.</p><p>En estos momentos, y aunque algunos juzgarían esto como algo escandaloso o sacrílego, no vemos por qué a los niños españoles, por ejemplo, no se les puede enseñar o informar de las cuestiones básicas de la religión budista, o de la religión islámica, o de las restantes religiones cristianas practicadas en Europa distintas a la católica. De la misma forma, no veo razón para que a los niños árabes, o a los niños chinos, o a los niños de la India, no se les pueda informar en las escuelas sobre los principios básicos del cristianismo<em>,</em> o de otras religiones. Una postura contraria a esto implica <strong>una posición realmente sectaria</strong>, esto es, la que caracteriza a aquellos exclusivistas que manifiestan que sólo su religión es la verdadera, y que sólo a través de ella se puede alcanzar la salvación de las almas. Estas posturas optan claramente por defender contra natura –en una época de apertura y de globalización– la permanencia a rajatabla del monopolio religioso imperante hoy día en muchos países.</p><p>La globalización actual no debería limitarse a lo económico, o a lo social, sino que este siglo XXI habría de ser igualmente el de la<strong> globalización religiosa</strong>, de forma que el ser humano sea libre para conocer, primero, y para elegir, después, la confesión religiosa que le parezca mejor, o pueda incluso elegir prácticas comunes a varias religiones, o en su caso, optar, como lo puede hacer ahora, por ser no creyente y por tanto no practicar ninguna religión.</p><p>Esta sería, en definitiva, la verdadera <strong>libertad religiosa de los ciudadanos del mundo,</strong> más que la que existe actualmente. Esta libertad podría contribuir a que los seres humanos, si ya desde niños pueden conocer lo que sienten y en lo que creen los demás seres humanos, podrán entenderse mucho mejor con ellos, podrán darles la razón en muchas más cosas, y desde luego no pelearse –y menos matar o morir– por discrepancias en estas creencias, tal como sucede hoy día en muchas partes del mundo, con conflictos políticos y militares por razones fundamentalmente religiosas, en los que mueren tantas personas realmente ajenas a las causas de los conflictos.</p><p>En algún momento debería imperar en esta aldea global<strong> la tolerancia religiosa</strong> y el respeto a las demás creencias o confesiones, o a la no confesionalidad, así como en todo caso el firme rechazo de los exclusivismos, los radicalismos y más todavía de la violencia en base a estos credos religiosos.</p><p>Esperemos que este siglo sea por tanto un verdadero<strong> Siglo de las Luces en materia religiosa.</strong> ________________</p><p><strong>Jesús Lizcano Álvarez</strong> es catedrático de la Universidad Autónoma de Madrid y cofundador y expresidente de Transparencia Internacional España</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 22 Oct 2019 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Jesús Lizcano Álvarez]]></author>
      <media:title><![CDATA[Derecho a la transparencia y libertad religiosa en un mundo global]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Ateísmo,Enseñanza religiosa,Globalización,Ley Libertad Religiosa,Religión]]></media:keywords>
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