La prueba definitiva para el periodismo

Ismael Nafría

En la nueva era de la inteligencia artificial –escrito así, en minúsculas, porque no es un nombre propio (solo las siglas IA sí se escriben en mayúsculas)– el periodismo se está jugando su ser o no ser. Y, con ello, todas las personas nos estamos jugando que el periodismo pueda seguir ejerciendo el rol esencial que ha tenido, durante décadas, en la vida democrática de nuestra sociedad y de nuestras naciones.

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Dada la intensidad de los desarrollos de la IA, parece que ha pasado ya una eternidad desde que la IA generativa irrumpiera en nuestras vidas con la promesa de revolucionarlo todo. Pero, en realidad, han pasado solo tres años y medio desde que OpenAI anunciara al mundo, el 30 de noviembre de 2022, el lanzamiento de una herramienta con un nombre muy poco atractivo, ChatGPT, pero que en este tiempo ha conseguido hacerse un hueco en el imaginario colectivo y atraer a casi mil millones de usuarios semanales.

Como ha sucedido anteriormente con otras revoluciones, son muchas las voces que anuncian que ya nada va a ser como era antes, que todo va a cambiar de manera radical, que quien no se adapte al nuevo entorno estará acabado y que debemos abrazar esta nueva tecnología casi sin cuestionárnosla.

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Pero creo que lo que debemos hacer es muy distinto. De hecho, la IA estará bien utilizada en el periodismo si sirve para potenciar el trabajo humano y diferencial de los periodistas, para mejorar nuestra capacidad para descubrir y explicar historias, para apoyar nuestro criterio a la hora de decidir qué es noticia y qué no, o qué es relevante para nuestras audiencias y para la sociedad en general. En definitiva, si nos ayuda a crear medios más solventes y útiles para los usuarios, y más rentables para sus propietarios, porque eso será lo que asegurará su continuidad en las mejores condiciones posibles.

Riesgos de la IA

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Pero el uso de la IA encierra también numerosos riesgos para la actividad periodística.

La IA generativa está ya provocando un aumento espectacular de la producción editorial, realizada de manera automática por numerosos actores que, en la inmensa mayoría de los casos, no persiguen los objetivos del buen periodismo, sino simplemente generar negocio con la producción y explotación comercial de contenidos sin que importe su calidad o veracidad.

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Estos contenidos no aportan realmente valor, pero sí un ruido cada vez más ensordecedor en el mercado de la información. Además, las herramientas de IA generativa se alimentan, para sus respuestas, de lo que otros han publicado. Si la base de contenidos se deteriora, se generará una espiral negativa de retroalimentación que empobrecerá las respuestas y la información facilitada a los usuarios. Este es un punto crucial: sin creadores de calidad, la IA perderá su materia prima para ofrecer un producto realmente bueno.

Por otra parte, al menos de momento, se ha demostrado que la IA no es fiable al 100%. De hecho, las propias herramientas de IA se encargan de recordárnoslo cada vez que las utilizamos, y por eso nos piden que verifiquemos la información con fuentes solventes. Es un tema realmente sorprendente, que supone un riesgo claro de que muchos usuarios puedan tomar por correctas informaciones que son total o parcialmente falsas. Varios estudios realizados por entidades diversas así lo demuestran. Por ejemplo, la Unión Europea de Radiodifusión y la BBC revelaron en un amplio estudio que el 45% de las respuestas sobre noticias facilitadas por algunas de las principales herramientas de IA –ChatGPT, Copilot, Gemini y Perplexity– contenían errores serios.

Por otra parte, algunos medios que han creído ver en la IA generativa una opción para generar contenidos de manera rápida y barata han sufrido dolorosas consecuencias para su credibilidad cuando han publicado errores o se ha descubierto que hacían pasar por creaciones humanas lo que eran artículos escritos 100% por la IA. Si un medio utiliza la IA sin criterio ni supervisión, puede poner en grave riesgo su reputación y, por tanto, su supervivencia. Sin el valioso e imprescindible activo de la credibilidad, un medio o un periodista tienen muy poco que aportar.

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El pago por el periodismo que entrena y usa la IA

A todo esto debemos sumar uno de los elementos más conflictivos en la relación que mantienen las compañías de IA con los medios de comunicación: el uso de los contenidos de los medios para entrenar a las herramientas de IA y para elaborar respuestas a las consultas de los usuarios. 

Esta relación se está desarrollando de manera simultánea en varios escenarios de signo muy distinto. Por un lado, las compañías de IA y principales medios de comunicación de distintos países, generalmente líderes o jugadores destacados en su mercado o sector, han firmado acuerdos millonarios que contemplan los mencionados usos y que implican remuneraciones económicas relevantes para los medios, a veces por períodos de varios años. 

Por otro lado, algunos medios han denunciado ante los tribunales a las compañías de IA por vulnerar sus derechos de autor al hacer uso, sin permiso, de sus contenidos. El caso emblemático es la denuncia presentada a finales de 2023 por el diario The New York Times contra OpenAI –propietaria de ChatGPT– y Microsoft. El caso está todavía en los tribunales, y de lo que se decida puede depender en buena parte el modelo en el que se basará esta relación entre medios y tecnológicas en el futuro. O no solo entre medios y tecnológicas, sino entre toda la industria creativa –escritores, compositores, periodistas, artistas…– y las empresas de IA.

The New York Times entiende que se han infringido sus derechos al utilizar sin permiso ni remuneración sus contenidos, publicados durante años, para entrenar a las herramientas de IA y ofrecer un servicio de información a los usuarios. Servicio que, además, compite directamente con la misión informativa del Times. El principal argumento de las compañías de IA es que están protegidas por la doctrina del “uso legítimo” establecida en la legislación sobre los derechos de autor de Estados Unidos y que los datos públicos utilizados, incluyendo las noticias del NYT, son para un uso transformativo que consideran legal. Las empresas de IA entienden que el Times pretende limitar la innovación al oponerse a ese uso.

Personalmente, espero que los tribunales den la razón al NYT. Coincido con sus argumentos, expresados también en el eslogan de la campaña Stealing Isn’t Innovation (www.stealingisntinnovation.com) impulsada por la coalición internacional Human Artistry Campaign, que pide un uso responsable y ético de la IA que respete los derechos de todos los creadores.

Un tercer escenario es el que están intentando crear diversas iniciativas que proponen distintos sistemas de uso y remuneración de los contenidos de los medios y periodistas por parte de las compañías de IA. Estas iniciativas han surgido, sobre todo, para atender las necesidades de los miles de medios de todo el mundo que nunca podrán llegar a firmar acuerdos con las grandes empresas de IA. 

Un informe publicado en abril de 2026 por el Open Markets Institute, titulado Same Gatekeepers, New Tollbooths, pone de manifiesto las miles de consultas que los robots de la IA realizan a páginas web para consultar contenidos y poder así ofrecer respuestas sin que eso se traduzca luego en números mínimamente relevantes de visitas de usuarios a esos medios, como sí sucedía anteriormente con los resultados de búsqueda de Google y otros buscadores. Se está imponiendo, al menos por ahora, lo que se ha llamado un comportamiento de zero-click, sin visitas hacia los editores, porque las respuestas ofrecidas por la IA son ya suficientes para los usuarios. Y esto está afectando más a los medios pequeños y medianos que a los grandes.

Ante este escenario, y mientras no existan otras reglas más justas para los medios, se me hace especialmente incomprensible que los medios cometan el error de trabajar para las herramientas de IA intentando optimizar sus contenidos para ellas, con el objetivo de ser utilizados y citados. Pero, ¿citados para qué? ¿Con qué beneficios? A día de hoy, prácticamente con ninguno, salvo que el medio haya firmado un acuerdo individual con la tecnológica correspondiente. 

Además, una simple compensación por tráfico de referencia no creo que sea la solución justa, porque sería dejar en manos de las tecnológicas el ponerle precio al periodismo realizado por los medios. La contribución de los periodistas y medios de comunicación al desarrollo de la IA va mucho más allá; incluye el entrenamiento de los modelos de IA, el ajuste fino de los mismos, la verificación y actualización de los hechos o la aportación de credibilidad a las respuestas, entre otros elementos. La pregunta que considero que los medios y periodistas debemos hacernos es la siguiente: “¿Estamos trabajando para nosotros y nuestra audiencia, a la que nos debemos, o para las tecnológicas?” Optimizar nuestros contenidos para la IA generativa sin una remuneración justa y clara, sin un beneficio real y tangible a cambio, no tiene ningún sentido. 

Apostar por lo que la IA no puede replicar

Uno de los descubrimientos que más me han llamado la atención al analizar a fondo, durante años, la actividad de un medio como The New York Times, es su incuestionable apuesta por la calidad de la información, no por la cantidad. El NYT cuenta actualmente con algo más de 2.300 periodistas. A pesar de ello, el número de piezas periodísticas publicadas cada día es de solo unas 200. Infinidad de medios de todo el mundo con redacciones muchísimo más pequeñas publican esa misma cantidad de noticias, o incluso muchas más, cada día. Cada pieza periodística del Times, por la que los usuarios juzgarán la calidad y el valor del medio, tiene un valor muy elevado. Esta línea de publicar poco y bien se ha relevado muy rentable para el NYT, convertido en el medio del mundo con un mayor número de suscriptores de pago: más de 13 millones a finales de marzo de 2026. La misma estrategia exitosa, basada en apostar por pocas piezas, pero diferenciales, la están aplicando medios como Le Monde en Francia o The Times en el Reino Unido, entre otros. Publicar menos, pero muy bien, se ha traducido en crecimiento de la audiencia y de los suscriptores.

La apuesta de los periodistas y de los medios debe ser por la información diferencial, aquella que solo existe cuando los profesionales la trabajan sobre el terreno, la contrastan, la contextualizan, la dotan de testimonios y fuentes relevantes, aplicando un criterio profesional desarrollado durante años. Son productos que la IA no puede fabricar.

Creo que esto encierra una lección clave para el futuro del periodismo en la era de la IA: la apuesta de los periodistas y de los medios debe ser por la información diferencial, aquella que solo existe cuando los profesionales la trabajan sobre el terreno, la contrastan, la contextualizan, la dotan de testimonios y fuentes relevantes, aplicando un criterio profesional desarrollado durante años. Son productos que la IA no puede fabricar. Y son productos originales por cuyo valor y precio los medios podrán luchar frente a cualquier actor, ya sea su propia audiencia o las empresas de IA que quieran dar también el mejor servicio a sus usuarios. 

El auge de los creadores digitales nos da también una pista muy relevante: los usuarios buscan y aprecian la autenticidad, la conexión humana, el criterio, la voz propia. Elementos que difícilmente tendrán un origen algorítmico. Paradójicamente, la IA nos deja claro cuál es el valor esencial del periodismo: el juicio humano, la ética, la verificación, el uso adecuado de fuentes, la originalidad, el contexto o la responsabilidad. Estoy convencido de que los medios y periodistas que intenten competir con la IA en velocidad y volumen perderán la batalla. Los que apuesten por lo que la IA no puede ofrecer, son los que tienen futuro. Y un futuro brillante. 

*Ismael Nafría es periodista, editor y consultor especializado en medios digitales. Autor de la newsletter ‘Tendenci@s’ y de los libros ‘La reinvención de The New York Times’ y ‘Clarín, actualizado’, entre otros.

En la nueva era de la inteligencia artificial –escrito así, en minúsculas, porque no es un nombre propio (solo las siglas IA sí se escriben en mayúsculas)– el periodismo se está jugando su ser o no ser. Y, con ello, todas las personas nos estamos jugando que el periodismo pueda seguir ejerciendo el rol esencial que ha tenido, durante décadas, en la vida democrática de nuestra sociedad y de nuestras naciones.

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