Joan Cerdà Subirachs

La política, como la vida, es cruel. Y buen y reciente ejemplo de ello es la posición en la que la aritmética electoral ha situado a Carles Puigdemont, convertido en oscuro objeto de deseo de los aspirantes a la presidencia del Gobierno.

Oscuro, especialmente, porque la derecha y la derecha extrema impusieron en los últimos años su relato y su terminología sobre Puigdemont ante la asunción de ello por parte del PSOE.

La demonización de Puigdemont a través de los términos –insistimos, con el “huido” como más benévolo– fue un triunfo evidente de la maquinaria mediática de la derecha

Y no. Puigdemont ni es ni ha sido en ningún momento un “huido de la Justicia” ni le son ni han sido de aplicación ninguno de los adjetivos más gruesos y groseros con ínfulas jurídicas que se han empleado contra el president de la Generalitat que fracasó en su proyecto de declarar la independencia de Catalunya.

Poner los pies en polvorosa en el momento oportuno para evitar una detención puede ser cuestionado y ridiculizado por hacerlo en el maletero de un coche mientras se le esperaba en el palco presidencial del estadio del Girona, que –lo que son las cosas– aquel 29 de octubre de 2017 se enfrentaba al Real Madrid, con el 155 ya vigente y desplegado sin resistencia alguna. Por cierto, aquel día el Girona ganó al Madrid por 2 a 1.

Pero lo que hizo Puigdemont fue, técnicamente, ejercer el derecho que tiene cualquier ciudadano de la Unión Europea a establecer su domicilio en el estado miembro que estime oportuno. Y el President de la Generalitat lo hizo en Bélgica, donde durante casi 6 años ha atendido cualquier requerimiento judicial.

La demonización de Puigdemont a través de los términos –insistimos, con el “huido” como más benévolo– fue un triunfo evidente de la maquinaria mediática de la derecha, destinado a diluir el fracaso rotundo y doble de no haber sabido evitar el referéndum convocado por Puigdemont, primero, y fracasar, después, en encarcelar a Puigdemont en España como premio de consolación.

Con la aritmética electoral actual, el PSOE comienza a darse cuenta del error de haber caído en la estrategia de la derecha mediática de demonizar a Puigdemont. Hubo indultos sin que España se rompiera ni el PSOE se viera afectado electoralmente. Y, muy posiblemente, habrá amnistía como modo no solo de formar Gobierno sino de superar la situación en Catalunya.

En Catalunya pasaron cosas (porque, como decía M.Rajoy, los catalanes "hacen cosas") pero no hubo golpe de Estado por la evidencia de que bastó una disposición en el BOE para volver las cosas a su estado anterior. Gracias a ello, Pedro Sánchez, pese al error de asumir la terminología de la derecha mediática con Puigdemont e incluso prometer su encarcelamiento en España, podrá muy pronto certificar que el procés ha muerto y que las ansias identitarias con contenido de equidad de Catalunya pueden tener cabida constitucional si el texto de 1978 se interpreta con inteligencia y generosidad políticas, lo que, obviamente, incluye la reforma. Porque nada es eterno; ni la condición de “huido” de Puigdemont.

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Joan Cerdà Subirachs es socio de infoLibre

Joan Cerdà Subirachs

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