Los principales responsables del cambio climático son los ricos… ¡que no nos engañen!

Fernando Luengo

Es muy habitual encontrar en los medios de comunicación frases que sostienen que el muy preocupante aumento de la temperatura de la Tierra reside en la quema de combustibles fósiles por parte del ser humano. Con este tipo de afirmaciones, que pretenden ofrecer un diagnóstico impregnado de sentido común, se señala a un culpable genérico, “el ser humano”, al que de alguna manera hay que concienciar, primero, y movilizar, después, para enfrentar el cambio climático del que sería responsable. 

Pues bien, esa afirmación contiene una gran mentira, nos entrega un diagnóstico falso e interesado, que confunde más que aclara. Culpar al ser humano, así, en general, es un mantra cómodo que se saca a pasear continuamente en los medios de comunicación, tertulias y prensa especializada. Todos somos culpables, todos tenemos que arrimar el hombro, esa sería la conclusión. 

Aunque es evidente que existe un patrón de consumo, unas prácticas productivas, unos patrones de transporte y un uso del territorio muy extendidos entre la población, que tienen un evidente impacto en los ecosistemas, las responsabilidades en este asunto, y en otros muchos, están muy desigualmente repartidas. 

Así lo deja muy claro un par de informes recientes, elaborados por investigadores del World Inequality Lab; uno trata sobre la desigualdad global, estando dedicado el otro al cambio climático. Ambos textos son de lectura obligada para el tema que ahora me ocupa.

Todos somos culpables, todos tenemos que arrimar el hombro

Una de las tesis centrales que articula ambos trabajos es que la desigualdad, tanto en la renta como sobre todo en la riqueza, lejos de aminorarse, está aumentando tendencialmente (no es un fenómeno reciente), alcanza en la actualidad cotas históricas, presenta una dimensión estructural (caracteriza al capitalismo neoliberal) y su consideración es clave para entender el acelerado cambio climático y para encontrar soluciones al mismo.

La figura que adjunto, extraída del primero de los informes, resulta al respecto ilustrativa. Se aprecia, en primer lugar, que los grupos de población con más renta son los que más contaminan; y en segundo término que su contribución es todavía mayor si en vez del consumo se pone el foco en la propiedad, donde la responsabilidad del 10% y del 1% de la población con mayores niveles de renta aumenta de manera sustancial.

De modo que no sólo los países desarrollados (por utilizar este término convencional) contaminan mucho más que los subdesarrollados, sino que los grupos sociales que acaparan más capital (activos financieros e inmobiliarios) y las grandes corporaciones son los principales responsables del descontrolado aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero. 

Estos grupos no tienen inconveniente en sumarse a las vacías y sesgadas campañas de propaganda de “todos somos culpables” con las que diluyen su responsabilidad; más bien las promueven, cuando no se alinean directamente con los negacionistas del cambio climático, cuya influencia no ha dejado de crecer. Lo importante en todo caso es destacar que quemar combustibles fósiles continúa siendo un formidable negocio que enriquece a las empresas involucradas, a los ejecutivos de las mismas y a los grandes accionistas.

De hecho, a pesar de las advertencias de que posiblemente ya estamos en un punto de no retorno y de que, en todo caso, los costes (que sobre todo padecen los pobres del norte y del sur) ya son enormes, el negocio prosigue y, de hecho, han continuado realizándose enormes inversiones, con el apoyo de los grandes bancos y fondos de inversión, tanto en el sector de los combustibles (petróleo, carbón, gas natural), en las infraestructuras que lo sostiene y en las actividades -agrarias, industriales y de servicios- intensivas en la utilización de esa energía. Proyectos que hipotecan los próximos años y décadas. Y, por supuesto, en este contexto hay que decir que el clamor militarista que todo lo inunda constituye una apuesta estratégica a favor del complejo militar industrial que supone un paso muy importante en la apuesta por los combustibles fósiles. 

Pues nada, que siga la fiesta, hasta que el barco se hunda.

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Fernando Luengo es economista.

Fernando Luengo

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