Desaparecida en su casa Miguel Lorente Acosta
Hoy 8 de marzo salimos a la calle con rabia y con optimismo.
Rabia porque sabemos que el mundo sigue organizado alrededor de una violencia que se presenta como inevitable. Optimismo porque sabemos que somos muchas las que nos negamos a aceptar esta mentira.
El feminismo es hoy una de las pocas brújulas capaces de orientarnos en este presente. No porque tenga todas las respuestas, sino porque se atreve a formular la pregunta decisiva: qué vidas consideramos dignas de ser vividas.
La guerra suele presentarse como una excepción, como una ruptura trágica del orden. Pero sabemos que no es así. La guerra es un dispositivo. Un mecanismo que organiza el mundo, que produce fronteras, que distribuye poder, que decide qué cuerpos son protegidos y cuáles pueden ser sacrificados.
El patriarcado siempre ha sabido hablar su lenguaje.
Lo habla cuando convierte la fuerza en argumento. En los golpes que resuenan sordos en las paredes domésticas y en los misiles que cruzan los cielos. Lo habla cuando naturaliza la jerarquía. Lo habla cuando nos hace creer que la seguridad solo puede construirse mediante el control, la amenaza o el castigo.
Por eso, cuando decimos que queremos paz, no hablamos solo de la ausencia de conflicto.
Hablamos de algo mucho más radical.
Queremos una paz que nazca del desmantelamiento de los mecanismos patriarcales, coloniales e imperialistas que hacen que la guerra sea pensable. Una paz que no se sostenga en el equilibrio del miedo, sino en la redistribución del poder.
Repensar la fuerza significa cambiar su género. Significa dejar de imaginarla como dominación y empezar a entenderla como una potencia colectiva, capaz de sostener la vida en lugar de organizar su destrucción.
La libertad no es una abstracción que se proclama desde arriba. Es una práctica cotidiana que se aprende en el cuerpo: en la manera en que se desafían los papeles asignados, en la forma en que se desobedece a los guiones que pretenden decirnos quiénes debemos ser. Porque las estructuras del poder no solo organizan los Estados o los ejércitos: atraviesan la memoria, el lenguaje, la forma en que habitamos nuestros propios cuerpos.
Por eso el feminismo, cuando es radical, siempre ha sido una política del cuerpo que se niega a aceptar la violencia como destino.
La violencia no es un accidente, sino el resultado de una estructura que aprendemos a respirar desde el inicio de la vida. Lo mismo ocurre con la guerra. No es solo un acontecimiento geopolítico: es una pedagogía social que nos enseña que dominar es normal y que obedecer es inevitable.
El feminismo que necesitamos hoy no puede limitarse a pedir igualdad dentro del sistema existente. Tiene que ser una imaginación política capaz de construir alternativas al modelo bélico que organiza el mundo
El feminismo rompe esa pedagogía.
La rompe cuando afirma que los cuerpos no pertenecen a nadie.
La rompe cuando convierte el cuidado en una forma de organización política.
La rompe cuando insiste en que la dignidad no puede jerarquizarse.
El feminismo que necesitamos hoy no puede limitarse a pedir igualdad dentro del sistema existente. Tiene que ser una imaginación política capaz de construir alternativas al modelo bélico que organiza el mundo.
Alternativas concretas.
Otra forma de seguridad que no pase por el rearme permanente.
Otra forma de economía que no dependa de la explotación de territorios y de cuerpos.
Otra forma de comunidad que entienda que cuidar no es una tarea privada sino una responsabilidad colectiva.
Sabemos que estas transformaciones se vuelven posible solo si se sustentan en la obstinación de cambiar el aire que respiramos.
Por eso hoy salimos a la calle.
No solo para denunciar la violencia que persiste, sino para ensayar el mundo que queremos construir.
Un mundo donde la fuerza no signifique dominación.
Donde la seguridad no dependa de la amenaza.
Donde la libertad no sea el privilegio de unos pocos cuerpos.
Un mundo donde la paz no sea una tregua entre guerras, sino una forma distinta de organizar la vida.
Ese es el horizonte.
Y hoy, como cada 8 de marzo, lo volvemos a decir juntas.
Lo más...
Lo más...
LeídoTu cita diaria con el periodismo que importa. Un avance exclusivo de las informaciones y opiniones que marcarán la agenda del día, seleccionado por la dirección de infoLibre.
Quiero recibirla¡Hola, !
Gracias por sumarte. Ahora formas parte de la comunidad de infoLibre que hace posible un periodismo de investigación riguroso y honesto.
En tu perfil puedes elegir qué boletines recibir, modificar tus datos personales y tu cuota.