Nuestra Señora de las Sufridas Urgencias

La unidad de emergencias del Servicio Andaluz de Salud ha publicado un comunicado proclamando oficialmente a la Virgen del Socorro del Amor “como Patrona y protectora de los servicios de urgencias y emergencias sanitarias de Sevilla”. Dada la situación en la que el Partido Popular, que gobierna con mayoría absoluta en Andalucía, está dejando la sanidad pública, la advocación a la Virgen no me extraña. Perdón, perdón, queridas lectoras, pues, aunque es un asunto muy serio, no sé si voy a poder resistirme a los chistes fáciles. 

Naturalmente, desde Andalucía Laica nos oponemos frontalmente a esta muestra de nacionalcatolicismo en un Estado aconfesional. Sin embargo, mi reflexión no pretende centrarse en este punto. Me interesa más bien retroceder un paso y poner el foco en qué queremos conseguir y cómo queremos ser tratados en un Estado de derecho. Deberíamos aspirar a esa mayoría de edad democrática que, como defendía Kant, nos concede autonomía a cambio de responsabilidad. 

Parte de los problemas que tienen las izquierdas para trasladar sus narrativas a la ciudadanía están relacionados con la necesaria complejidad de sus propuestas. Hay una enorme asimetría entre los mensajes informados, matizados, con cabida para los grises y respeto por las distintas perspectivas, y los eslóganes simples que la derecha –me da igual en qué parte del espectro– tiene tanto éxito en colocar. El “¡No a la guerra!”, el de antes y el de ahora, es una excepción. Bendita excepción. Y es una excepción por la propia naturaleza del asunto, que admite pocos matices. De hecho, la única reacción que han encontrado los de siempre es el silencio o la ambigüedad. Con asuntos más complejos es relativamente más fácil oponerse a las medidas del Gobierno o las reivindicaciones de los grupos progresistas, aunque sea con información falsa. Teniendo en cuenta que la ciudadanía cada vez va menos a las fuentes y más a las redes, gobernadas estas por algoritmos que se retroalimentan con las preferencias de cada uno, la desinformación verosímil, que no verdadera, se convierte en fundamento falaz de opiniones y decisiones políticas. Estoy pensando en el colectivo de personas inmigrantes, al que se acusa falsamente de aprovecharse del sistema. Estoy pensando en la violencia contra las mujeres, que directamente se niega. Estoy pensando en la artificial confrontación entre distintos tipos de mujeres, o entre mujeres y personas no binarias. Son solo ejemplos. Sabemos que sin trabajadores inmigrantes la economía y los servicios de la sociedad del bienestar serían insostenibles. Sabemos que los enemigos de las mujeres y las personas no binarias no son otras mujeres. Pero, desgraciadamente, el miedo es libre y va por barrios. En estos casos, a las izquierdas no les queda otra que la pedagogía. Hay que explicarse mejor, proteger y propiciar medios de comunicación independientes, aunque no sean complacientes, y exigir a las y los periodistas que honren su imprescindible labor siendo escrupulosos con la información.

Lo de la Virgen es otra cosa. Aquí no hay verosimilitud que valga. Nada tengo en contra de las personas que creen que van a ser castigadas o premiadas post-mortem por lo que voluntariamente hayan hecho o dejado de hacer en este mundo. Restringidos a este pequeño marco, su mundo es más controlable que el mío y eso, seguramente, les permite ser más felices. En este punto, no veo esencialmente más problema que con aquellos que albergan creencias no contrastadas en el ámbito de la nutrición, la salud, o la belleza. Las personas tienen derecho a sus creencias, aunque algunos no las compartamos, aunque a algunas no nos gusten, aunque a otros les parezcan carentes de todo fundamento. Siempre, eso sí, que no entren en conflicto con los valores de la democracia y el respeto al diferente. Sin embargo, la foto del consejero de sanidad de la Junta de Andalucía con el responsable del 061 de Sevilla y el hermano mayor de la cofradía concernida, con la talla de la Virgen de fondo, me deja estupefacta. 

Todo el mundo sabe que el amparo de la Virgen del Socorro carece de valor real para las actividades del servicio de urgencias, que atiende por igual a todo tipo de pacientes

Los creyentes deberían ser los primeros interesados en rechazar que se los utilice, ridiculice o se los tome por ciudadanos sin el mínimo espíritu crítico. Me viene a la mente la repentina conversión de la presidenta de la Comunidad de Madrid. Todo el mundo sabe que el amparo de la Virgen del Socorro carece de valor real para las actividades del servicio de urgencias, que atiende por igual a todo tipo de pacientes, usando los recursos que la ciencia y la experiencia ponen al servicio de los profesionales. A una persona que necesita el servicio no se le responde con oraciones sino con intervenciones. Una persona que llama al 061 no espera bendiciones sino soluciones. No me resisto a reproducir algunos de los titulares que una página de noticias cofrades dedica al evento: “El 061 y las urgencias de Sevilla se acogen al manto de la Virgen del Socorro”; “Una ciudad que entrega sus urgencias a María”; “El deseo de unos sanitarios que viven al límite”. Pongo las citas exactas porque superan con mucho mi imaginación. Siendo una institución privada la que alberga la página, no hay nada que objetar. Pero ¿qué pinta el consejero en este acto? ¿Qué pinta la consejería firmando semejante despropósito vacío? ¿O no es vacío?

Este descarado acto de propaganda, pagado con dinero público, que esa es otra, debería avergonzar a los profesionales, sean o no creyentes, y ofender a los creyentes, trabajen o no en urgencias. Yo me sentí profundamente ofendida con la justificación de la guerra de Irán como una medida para proteger a las mujeres. Esa justificación es un insulto a nuestra inteligencia. Es el petróleo, amigas. Es el dinero y el poder, no los derechos. Aquí pasa lo mismo. 

Señor consejero de sanidad, me permito hacerle unas cuantas sugerencias que, aunque no surtan efecto en el más allá, sin duda mejorarían el servicio que Vd. tiene la obligación de garantizar. Convenza a su gobierno para que invierta en los servicios de urgencias, en sanidad pública y en la mejor formación para los sanitarios del futuro. No, el manto de la Virgen no sirve. Mejoren las condiciones de quienes están en primera línea: actualicen sus salarios, racionalicen sus horarios, contraten más personal. No traten de engañarnos con fuegos de artificio. Vd. sabe, como yo, que este tipo de actos no tiene la menor incidencia en ninguna de las actividades para cuya gestión Vd. cobra su sueldo. Si se trata de mera propaganda, incluso los creyentes deberían reprochárselo. Pero si está Vd. sugiriendo que el manto de la Virgen es su gran medida estrella de política sanitaria, los votantes deberían tomar buena nota. Hay elecciones en Andalucía en unas pocas semanas. ¡Que dios nos pille confesaos!

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María José Frápolli es miembro del Grupo de Pensamiento Laico y catedrática de Lógica y Filosofía de la Ciencia (UGR).

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