Respetemos a Noelia

"Respeta mi fe". Leo este eslogan en un lazo negro reivindicativo que porta Polonia Castellano, directora de la asociación Abogados Cristianos, en una fotografía de prensa. En la misma imagen, el lazo aparece ampliado, colgado de una pared. A quienes no compartimos el credo religioso sociológicamente dominante en nuestro país me gustaría proponer lo siguiente: que llevemos lazos de colores —cada cual del que mejor le siente o combine con su estilismo del día— para reivindicar que nos dejen en paz. La leyenda podría ser: "Respeta tú la mía". Resulta angustiosa la insistencia de determinados colectivos en intervenir en asuntos que no les competen en absoluto.

Abogados Cristianos vuelve a la actualidad —bien pensado, nunca deja de estar en ella— a propósito de un caso particularmente infame. El Tribunal Supremo ha rechazado admitir a trámite el recurso del padre de Noelia, representado por dicha asociación, que solicitaba la paralización del proceso legal destinado a poner fin al sufrimiento de la joven. Eso supone acabar con su vida. Noelia no quiere seguir sufriendo y la ley la ampara. Si hubiera elegido lo contrario, la ley también la ampararía. En España no se obliga a nadie a morir. Sin embargo, la asociación ha considerado que tienen que perseverar en la tortura de esta joven. Ya han anunciado que van a recurrir al Tribunal Constitucional.

La situación es infame porque no corresponde a Abogados Cristianos decidir sobre el ejercicio de los derechos de los ciudadanos. Noelia tiene derecho a morir dignamente. Una sociedad adulta, democrática y no tutelada no puede permitir que sus miembros pasen por un sufrimiento irreversible que les resulte insoportable. No lo hacemos con nuestras mascotas; no alcanzo a entender por qué no es evidente que tampoco debemos hacerlo con nuestros congéneres. Naturalmente, siempre que sean ellos quienes, en pleno uso de sus facultades y de manera informada, decidan poner fin a ese sufrimiento.

No me hablen del alma. Si la motivación de Abogados Cristianos se basa en la creencia —la suya, no la de Noelia, ni la mía— de que su decisión condena su alma, que recen por ella. En silencio, si puede ser.

No quiero juzgar los motivos del progenitor que se empeña en prolongar la agonía de su hija por encima de sus deseos, de su bienestar, de su autonomía y de su libertad. Tampoco me hablen de amor. ¡Cuántas atrocidades se cometen en su nombre! Esto no es amor. Lo que se ejecuta en este ya demasiado largo proceso es un ejercicio de poder y de desprecio: por parte de unos, hacia quienes no piensan como ellos; por parte del otro, hacia la persona a la que se supone que ama y que quiere liberarse.

Si la motivación de Abogados Cristianos se basa en la creencia (...) de que su decisión condena su alma, que recen por ella. En silencio, si puede ser

Este caso reúne todos los ingredientes de una lucha de poder. Hay jerarquía de estatus: un padre y una hija. Hay jerarquía de género: un varón y una mujer. "La maté porque era mía"; "no quiero que mueras porque eres mía". Ambas jerarquías están sostenidas y elevadas a valores absolutos por la ideología que Abogados Cristianos representa. Y hay, sobre todo, soberbia: "Yo sé mejor que tú lo que te conviene". ¿Cuántas veces hemos oído —o padecido— esta frase?

La religión, cuando se empodera, condena a una minoría de edad perpetua a mujeres y a colectivos que, para poder respirar, deben enfrentarse al sistema. Y la lucha es profundamente desigual, porque junto a Abogados Cristianos aparecen en escena jueces de los tribunales de mayor rango. No todos, no siempre —menos mal—, pero con demasiada frecuencia.

El único antídoto es más democracia. Para ello necesitamos jueces que no estén al servicio de ninguna causa que no sea la justicia y los derechos de la ciudadanía. Y necesitamos ciudadanos que entiendan que los derechos amparados por la ley están por encima de las creencias individuales. Por eso el laicismo es imprescindible. Respeto tu fe. Respeta tú la mía.

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María José Frápolli es miembro del Grupo de Pensamiento Laico y catedrática de Lógica y Filosofía de la Ciencia (UGR).

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