Menos épica y más prosa
Andamos en un sinvivir la gente progresista de este país pendientes de si para poner freno a la ola reaccionaria que amenaza con arrasar nuestros derechos y la convivencia democrática, la izquierda a la izquierda del PSOE consigue ponerse de acuerdo con la izquierda más a la izquierda de la izquierda a la izquierda del PSOE, para luego buscar un consenso, por supuesto coyuntural, con la izquierda territorial... Como verás siguen igual, querido Brian. Sumar en las últimas generales aglutinaba a 20 organizaciones (¿de verdad hay tanto espacio a la izquierda del PSOE?) Si no supiéramos de su altura de miras, parecería una consecuencia de las clásicas luchas por el poder. Y es que tienen un problema de origen que surge de la tendencia natural de ciertos sectores de la izquierda a matizar sus posiciones políticas hasta niveles de física cuántica, subatómicos.
Por vivir instalados en la épica, identificando planteamientos maximalistas de muy dificil cuando no imposible materialización con pureza ideológica, lo que siempre desemboca en señalamientos y purgas en una dinámica que termina por centrifugar a los más ponderados y provoca la progresiva atomización del espacio que luego resulta complicadísimo recomponer. Porque los acuerdos exigen cesiones mutuas y a estas alturas del proceso a las inquinas personales generadas hay que sumar que cualquier cesión se convierte en una traición inaceptable a los principios.
Todos entendemos que es una dolorosa autoenmienda a la totalidad, pero llegados a este punto han de escoger entre su vanidad o los derechos de la mayoría
En definitiva, se dividen en origen como consecuencia de primar lo que les diferencia, que es entre poco y poquísimo, por encima de lo que les une, que está entre mucho y muchísimo, para terminar por admitir que para ser útiles y eficaces tienen que desandar el camino y circular por el contrario, por el que prima poner en valor lo mucho que les une con el objetivo de aglutinar mayorías suficientes para poder gobernar las instituciones y cambiar la vida de la gente. Todos entendemos que es una dolorosa autoenmienda a la totalidad, pero llegados a este punto han de escoger entre su vanidad o los derechos de la mayoría, que ahora quedan a expensas de su buen criterio.
Sean sensatos, dejen a un lado sus egos y rencillas personales, piensen en todo el sufrimiento que pueden evitar y comprendan que los ciudadanos no esperamos que conquisten el cielo para nosotros, no somos tan ingenuos, sabemos que el cielo no existe, nos conformamos con la expectativa de que nos ayuden a mejorar un poquito más cada día nuestra complicada existencia. Así que menos épica y más prosa.
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Jaime Pena Alvariño es socio de infoLibre.