¡De armas tomar! Mil desconocidas del XIX en pie de guerra
¡De armas tomar! Mil desconocidas del XIX en pie de guerra, tal como indica, el libro descubre a españolas del siglo XIX que fueron feministas cuando el concepto no estaba en su vocabulario ni en su conocimiento. De Agustinas de Aragón y Marianas Pineda a la mítica Carmen la cigarrera o, sorpresa, sorpresa, las antepasadas transgresoras de la modista Agatha Ruiz de la Prada o la del ex primer ministro británico Boris Johnson. Mujeres que abarcan desde la aristocracia hasta el mundo obrero, nacidas como clase social con la revolución industrial, o las que trabajan como nodrizas.
La indagación es un recorrido por la España del XIX y sus guerras, declaradas por hombres. Las mujeres aparecen a menudo en tríos o agrupadas por alguna causa. Se excluyen las artistas (escritoras, pintoras, actrices o compositoras), porque están siendo rescatadas en otros libros. Conxa Rodríguez pone su mirada en la clase social, la personalidad y el contexto histórico en el que vive cada una de ellas. Como botón de muestra hemos seleccionado el siguiente:
Francisca Guarch, la hija del tejedor, alistada a los carlistas como Francisco
En un ejercicio de masculinizarse para incorporarse a la guerra o ser soldada, Fancisca destacó más por sus acciones militares que por su travestismo. Iba vestidita de varón, tal como entona la canción. El pantalón ancho y la zamarra holgada, con lo que la describen quienes la trataron, le escondían la feminidad de su anatomía y el trance mensual de buscar las hojas más absorbentes entre el ramaje vegetal para contener la sangre que le derramaba el cuerpo. No todas las texturas del bosque absorbían igual, ni la biología les obstaculizaba su capacidad para ser soldadas. Francisca es conocida como «la heroína de Castellfort».
Francisca Guarch Folch nació en Castellfort (Castellón) el 4 de octubre de 1855 en una familia de tejedores con ideas políticas que habían llevado a su padre al ejército carlista en la guerra de los Siete Años. Defendía el lema de Dios, Patria y Rey; el rey de la legitimidad, contra la revolución de 1868, el Sexenio Democrático que había empezado, pero no acabado, y más aún la importación de un rey extranjero, Amadeo de Saboya, votado por las Cortes. Los carlistas, con su programa absolutista, se alzaron de nuevo en 1872 y reclamaban la legitimidad de Carlos VII —la tercera generación de pretendientes— en el País Vasco, Navarra, Cataluña, Aragón y Valencia, y en menor intensidad se produjeron brotes de guerra en toda España.
«Numerosos jóvenes de los pueblos marcharon a unirse a las partidas carlistas; de Castellfort salieron 22, “figurando entre ellos Julián, hermano de Francisca”, que marchó a Cataluña, en donde Castells había entrado en Solsona en el mes de junio con 500 hombres y el 23 de dicho mes, llevando su gente un tren previamente asaltado, había entrado en Manresa». La guerra de 1872 a 1876 es la primera en la que circula gran cantidad de prensa y propaganda impresa; imágenes en la acepción semiótica de que una imagen vale más que mil palabras. Algunas publicaciones llegan a Castellfort. Morella (Castellón), la ciudad más cercana a Castellfort, está blindada para que no vuelva a declararse carlista como en la guerra anterior, y Cantavieja (Teruel), esta vez, ha caído en manos carlistas.
Francisca quiere ir a la guerra, como su hermano, para defender los principios tradicionalistas. El martes 3 de diciembre de 1872, Francisca va a la iglesia a rezar el habitual rosario y, al salir del templo, sale también del pueblo; llevaba un tiempo rumiando la escapada. Tiene diecisiete años de edad y más tarde explicará las penurias que atravesó para unirse a las fuerzas rebeldes. Con lo (literalmente) puesto y cuatro monedas ahorradas en la venta de tejidos que le llegaron a bien poco, recorre el camino hacia Benasal, donde llega de noche. Al día siguiente, continúa su ruta por Albocácer, La Cenia y Santa Bárbara hasta llegar a Tortosa, Reus y Tarragona en busca de las partidas de guerrilleros de las que todos hablaban por caminos y posadas, pero ella todavía no las había visto con sus propios ojos.
Al cabo de ocho meses, escribe —o le escriben— a sus padres lo siguiente: Santa Pau, 20 de julio de 1873. Mis queridos padres de mi alma: celebraré que las presentes líneas hallen en completa salud a ustedes, juntamente con mi estimada hermana. Antes de todo he de manifestar a ustedes, que después que dejé su amada compañía, atravesé toda Cataluña, pasando por Tortosa, Tarragona y Barcelona. Al llegar, finalmente, a Girona, salí de dicha ciudad con dirección a la montaña, y al llegar a un pueblo llamado San Estevan de Llémana, encontré la primera partida carlista a la que me incorporé. Seguí por espacio de ocho días el Batallón de Savalls; pero tuvimos una dispersión, después de la cual me incorporé a otro batallón que se llamaba el 2º de Girona. No pueden ustedes figurarse, mis queridos padres, lo que yo padecí en tan larga travesía como hay desde mi casa hasta el extremo de Cataluña, sin llevar apenas dinero, teniendo que quedarme en algunos puntos para trabajar y así poder comer, y hasta verme precisado a pedir limosna algunas veces. […] Darán expresiones de mi parte a Josefa y sus hijos, a Manuel y su mujer; y ustedes, padre y madre, reciban el corazón de su hijo que desea abrazarles. Francisca Guarch.
Francisca se convirtió en Francisco tan pronto se unió a la guerrilla y habla por sí sola en la misiva que llegó a Castellfort a mediados de agosto. Su padre optó por ir a buscarla para que regresara a casa a tejer, mientras las fuerzas con las que iba Francisca planeaban la toma de Berga. El capitán general de Cataluña mandó una división de cinco mil hombres a quienes los carlistas se enfrentaron en Puigreig en un combate del que Francisca(o) salió premiada por su valentía. El infante Alfonso dirigía las fuerzas en Cataluña y condecoró al «joven voluntario» con la Cruz del Mérito Militar al mismo tiempo que el tejedor de Castellfort llegaba a Castellfullit, Olot, Camprodón y San Juan de las Abadesas en busca de su hija, que, con el nombre de Francisco Guarch Folch, apareció en la lista de quienes integraban el 2º Batallón de Girona.
Se extendía el rumor de que una mujer se hacía pasar por hombre en las filas tradicionalistas. El infante Alfonso iba acompañado de su esposa, María de las Nieves de Braganza, a quien trataré en Familiares y Acompañantes, y fue esta la que cuenta el hallazgo de Francisca: «Un día se nos presentó un hombre del Maestrazgo y nos pidió, con mucha insistencia, que le devolviéramos a su hija, que servía, decía él, en nuestras filas. Al principio lo creímos loco y le aseguramos que no había mujeres en nuestras tropas. […] Alfonso dijo a aquel hombre que mandaría formar la fuerza, y que entonces podía pasar la revista (el padre), y si encontraba allí a la chica, llevársela con él.
Así se hizo, y vio el feliz padre a su Francisca convertida en voluntario carlista. Poco después se hallaba la joven heroína en nuestra presencia. Estaba desconsolada, porque ahora, ¡adiós filas!, ¡adiós batirse por la Religión!, único motivo por el que dejó su casa. Allí no había amoríos que la hiciesen mezclarse con los soldados; no había novio al que seguir, sino tan solo puro entusiasmo por la Causa. Sus compañeros de armas no podían soñar que aquel fornido mozo que tan valientemente se batía fuese una mujer. […] Yo sentía en el alma, como ella, su cruel pesar. El quedar en España era demasiado expuesto para Francisca; así que la mandamos a Francia, a Perpiñán, rogando a una familia íntima amiga nuestra, la de los Condes de Lazerme (que tanto habían hecho por la Causa y en cuya casa nos hospedamos en 1872, cuando estuvimos escondidos en la frontera al empezar el levantamiento), que la tomase a su servicio; lo que hicieron. Más tarde tuvimos el gusto de verla allí».
La estancia en Perpiñán como asistenta se mantiene hasta marzo o abril de 1875 cuando, tras la restauración monárquica, el carlismo se fragmenta con la escisión del general Ramón Cabrera, y el gobierno de Antonio Cánovas del Castillo ofrece la reconciliación. El gobierno francés obliga a los exiliados a alejarse de la frontera. Francisca se ve acorralada, por lo que regresa a Castellfort. Su llegada coincidió con el final de la guerra en la zona en el verano de 1875. Ella se resistía a formalizar el indulto. Quizá también porque lo consideraba una traición a sí misma. Los controles sobre la población carlista la llevaron a esconderse en la cueva conocida como la roca Parda y, tras varias escapatorias, decidió huir primero a Benicassim (Castellón) y después a Valencia, donde se presentó al indulto el 8 de abril de 1876, dos meses después de que Carlos VII abandonara España dando la guerra por acabada.
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En silencio, se registró como indultada en la Comandancia Militar de Morella y pidió discreción —sin conseguirla— para instalarse en Castellfort, haciendo de tejedora y cuidando de sus padres, como correspondía a las hijas solteras. Francisca no solo trabajó, se hizo cargo de los dos hijos pequeños de Manuel Amela y Juana Milián, fallecidos en la epidemia de cólera que diezmó la zona en el verano de 1885. Al año siguiente se trasladó con su padre a Sabadell, junto a unos parientes. De nuevo, trabajó de sirvienta. Un recurso siempre a mano para muchas mujeres. Esta vez en casa de un sacerdote, detenido en noviembre de 1900 con motivo de un alzamiento carlista en Badalona. La participación de ella en esta rebelión de Badalona es confusa.
De regreso a Castellfort en 1900, con cuarenta y cinco años, optó por el anonimato. El 27 de noviembre de 1903 ya veía que su vida expiraba y escribió, o redactó, una carta en la que dice: «[...] Parece que moriré pronto, a pesar de todo te diré que si estando como estoy oyese la corneta de mi Batallón creo que aún tendría fuerzas para levantarme y ocupar mi puesto defendiendo la bandera de la Santa Tradición. Muero muy alegre y resignada a la voluntad de Dios». El 30 de diciembre de 1903 su corazón dejó de latir en la misma casa de Castellfort donde había nacido cuarenta y ocho años antes. Una vida azarosa que acabó entre las mismas cuatro paredes en las que comenzó.
*Conxa Rodríguez es periodista y escritora.