'Los domingos': otra mirada

Carlos Brage

En TintaLibre leí un artículo muy interesante sobre la película Los domingos, de la directora Alauda Ruiz de Azúa, firmado por el filósofo Miguel Saralegui. Tengo la impresión de que parece que vimos películas distintas. Su enfoque es demoledor: cómo una familia puede aceptar que una adolescente decida ingresar en una orden religiosa tras un tiempo de acompañamiento espiritual, mientras recibe educación en ese mismo entorno.

Vemos a un padre apabullado, incapaz de reaccionar, o quizá resignado a aceptar lo que no le gusta. La tía, en cambio, se rebela: intenta convencer a su sobrina de que hay otras formas de vivir —la amistad, el amor, la juventud—. “El mundo está ahí; ve a por él”, parece decirle. Solo el tío político se acerca desde la serenidad, escucha sin imponer y la invita a cuestionarse.

Cuando la familia desacredita —y más a esas edades— con el único argumento de que todo lo religioso es mentira, es fácil que la adolescente se reafirme. Ocurre también con otros temas: cuanto más frontal es la negación, más firme puede volverse la decisión.

El sacerdote y la religiosa se muestran amables; transmiten sus creencias sin agresividad. Ella se siente cómoda. No hay conflicto visible, sino una forma de calma que la acoge.

Cuando la familia desacredita con el único argumento de que todo lo religioso es mentira, es fácil que la adolescente se reafirme

La joven es introvertida, insegura en sus relaciones. Intenta explorar el deseo, acercarse a un chico, pero no funciona. Quizá no es el momento. En cambio, en la congregación encuentra escucha, una atención sin juicio inmediato. Para su tía, eso confirma la sospecha: allí le han comido el tarro, y opta por la histeria y la indignación.

Los religiosos la orientan; ella se deja llevar por esa paz, por una idea sencilla de la vida desde lo espiritual. Si decidiera irse a una comuna hippie, tal vez no resultaría tan inquietante y lo veríamos menos cuestionable. Pero entonces la película sería otra y no nos obligaría a mirar de frente una decisión radical, sobre todo a esa edad.

En el fondo, la película plantea preguntas incómodas: ¿qué nos lleva a decidir según qué opciones de vida?, ¿de dónde nacen esas elecciones?, ¿quién nos acompaña y cómo lo hace?

Me considero agnóstico, pero no cuestionaría una decisión así, de forma frontal. Me preguntaría por qué surge. ¿Son buenas o malas decisiones? ¿O simplemente decisiones que solo te pertenecen, incluso con 16 años? Quizá te equivocas. Pero es tu error. Y hay errores que no son definitivos; otros, sí.

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Carlos Brage es socio de infoLibre.

Carlos Brage

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