Emiratos Israelíes Unidos

Abu Dabi está en el ojo del huracán. El país árabe se ha posicionado de una forma clara y cada vez más beligerante del lado de los intereses israelíes y estadounidenses. Si bien en el Golfo Pérsico ya era una tendencia conocida, una que incluso otros buscaban emular, cada paso que se ha dado en las últimas semanas ha ido en la dirección de situar más a la monarquía de ese lado.

No solamente hemos visto cómo Emiratos Árabes Unidos firmaba el primer gran acuerdo de normalización de relaciones con Israel que patrocinaba Donald Trump, sino que además ha ejercido como motor de la subsiguiente estrategia regional. En ese sentido, Abu Dabi ha apostado por la presión sobre Irán y Arabia Saudí para facilitar la agenda de Tel Aviv en Oriente Medio.

No solo se ha tratado, por lo tanto, de una estrategia orientada sobre Teherán. Las desavenencias con Riad se han plasmado en una crisis árabe con ecos por todas sus áreas de influencia.

Las tensiones regionales

El gobierno emiratí ha gozado de una relación privilegiada con Washington de la misma manera que el de Riad y el de Tel Aviv. Pero mientras Arabia Saudí apostaba por su propia agenda internacional, intentando posicionar a Estados Unidos de su lado en conflictos como el sudanés, Emiratos imponía los hechos de forma más directa. A través del patrocinio de dinámicas sobre el terreno.

Y, además, lo ha hecho a través del rupturismo. En casi todos los conflictos donde chocaban los intereses de algún país árabe o islámico e Israel, ahí aparecía la influencia emiratí.

Por eso, tras el abandono emiratí de la OPEP, que ha dañado la capacidad de Arabia Saudí de controlar el precio del petróleo, se apunta a organizaciones como la Organización para la Cooperación Islámica, la Liga Árabe o el Consejo de Coordinación del Golfo.

Este movimiento, tan deseado por Estados Unidos, sigue a la coordinación activa que han llevado a cabo durante la guerra de Irán. Emiratos Árabes habría sido el primer país de la región en recibir defensas israelíes durante el conflicto, así como en haber participado en los ataques contra Irán, según algunos reportes regionales.

Emiratos como potencia regional

Cada día que pasa mayor es el órdago emiratí en los conflictos donde sus vecinos tienen intereses. La milicia paramilitar sudanesa Fuerza de Apoyo Rápido está siendo acusada de perpetrar un nuevo genocidio en Darfur con apoyo emiratí. Y para ello Abu Dabi ha involucrado a sus socios en la región: desde Chad hasta las autoridades orientales de Libia pasando por la reciente sospecha sobre Etiopía.

El mundo se está volviendo cada vez más complejo y hace falta entender que los intereses se entrelazan regionalmente

En el otro lado, Irán y Arabia Saudí apoyan al ejército sudanés. Pero el estancamiento del conflicto hace que otros ejemplos resulten más palmarios. En Yemen, las fuerzas apoyadas por Emiratos Árabes han combatido durante años no solo al gobierno de los hutíes, apoyados por Irán, sino que han vivido sus episodios más duros en los enfrentamientos de principios de 2026 con el gobierno apoyado por Arabia Saudí.

Es absolutamente esencial para Israel y Emiratos acceder al mar Rojo y garantizar su tránsito por el estrecho de Bab el-Mandeb. Por este motivo, tras el fracaso del sector pro-emiratí en su última campaña en Yemen, la apuesta volvió a la costa somalí, en frente de Yemen.

De esta manera, Israel se ha convertido en el primer país de la ONU en reconocer la independencia de Somalilandia, la región norteña somalí que se autogobierna desde 1991. El movimiento israelí sorprendió a muchos ya que Emiratos y socios como Kenia o Etiopía estaban muy bien posicionados para ser los primeros en romper con la soberanía de Somalia. Desde entonces Somalilandia ha ofrecido un acuerdo a Israel que les permita acceder a un puerto en África frente a las costas de Yemen.

El rupturismo regional que ha beneficiado los intereses israelíes, emiratíes y estadounidenses también ha tenido ecos en los acuerdos internacionales. Egipto, Turquía, Eritrea y Somalia han firmado diferentes acuerdos para resistir la amenaza que perciben en Etiopía. Pakistán y Arabia Saudí han sacado adelante una alianza con paraguas nuclear incluido, frente al estrechamiento de relaciones entre Emiratos, Israel e India. Y por último, Turquía también se ha acercado notablemente a Arabia Saudí en sus tensiones con Tel Aviv y Abu Dabi.

El mundo multipolar que viene

El mundo se está volviendo cada vez más complejo y hace falta entender que los intereses se entrelazan regionalmente. Lo que sirve para el Golfo Pérsico puede no servir para comprender las relaciones al otro lado de la Península Arábiga. Pero los tentáculos de cada potencia están ahí.

Y la apuesta de Emiratos muestra una tendencia clara. En lugar de replantearse sus alianzas en el Golfo Pérsico con Estados Unidos, motivo de la respuesta iraní, se aferra a Washington y redobla su voluntad estratégica con Israel. Una entente muy potente que deberá encarar el nuevo Oriente Medio que la guerra de Irán nos deje.

No está claro aún de qué manera se reconfigurará la región pero si algo está claro es que el equilibrio anterior al último estallido no es sostenible. Incluso puede que sea imposible retornar a la etapa previa al 7 de octubre de 2023, que es donde Washington se encontraba más cómodo. Sin los palestinos en la mesa, los demás actores árabes irían hacia Tel Aviv, se podría contener a Irán y así Washington se podría centrar en China con sus intereses cubiertos en Oriente Medio. Pero, después de todo, parece que Irán y Palestina no se van a marchar del mundo.

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Alejandro López Canorea dirige el medio Descifrando la Guerra. Antropólogo, profesor, escritor y analista de política internacional en prensa, radio y televisión.

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