¿La traca final?
En mayo del 2010 tomé una de las decisiones más duras en mis quehaceres relacionados con la política. Abandoné mi larga trayectoria de militancia en el PSOE (después de 32 años). ¿Razones? La decisión que tomó Rodríguez Zapatero, tras su vuelta de Bruselas de acatar las resoluciones que la Comisión Europea había tomado de manos de Ángela Merkel sobre los recortes brutales que había que aplicar al sector público como consecuencia de la crisis mundial del 2008 provocada por mundo financiero.
En una larga carta enviada a Zapatero (como Secretario General del PSOE) le expresaba mi opinión al respecto y le sugería que desde la izquierda había que dar una respuesta a la crisis sin que cayera todo el peso en los más vulnerables y que si desde Bruselas se apuntaba a lo más “quirúrgico”, siempre quedaba la opción de dimitir y convocar elecciones generales. El resultado ya sabemos el que fue.
Conocí a Zapatero en León en 1991 y desde entonces aposté por él. Irradiaba frescura, credibilidad, capacidad de diálogo infinita, cercanía… Y sobre todo honradez, una profunda convicción por ejercer la política desde la honradez. Sus ocho años de gobierno han estado marcados por ese principio y ha pasado a la historia de la democracia española sin escándalos de corrupción (la palma de oro se la llevan Aznar, Rajoy y Felipe González).
Hoy la Audiencia Nacional lo ha imputado, como en su día pidió el sindicato de extrema derecha Manos Limpias, sobre la base, por ejemplo, de las declaraciones de un delincuente confeso como Víctor Aldama. El juez, José Luis Calama, de la Audiencia Nacional, ni siquiera ha respetado sus derechos y ha ordenado el registro de su despacho sin que esté el imputado presente ni su abogado.
La imputación de Zapatero era el tiro de gracia que le faltaba al Gobierno. Tiro de gracia o la traca final que se inició hace siete años
Escucho en la radio que lo procedente, ante el impacto de la noticia, es la mesura y la tranquilidad en las opiniones. Petición que como siempre cae en saco roto porque ya el PP y Vox y su mundo mediático no sólo han dictado sentencia, sino que ya tiene pólvora para rato. Ya tienen una pólvora letal que la propagarán hasta las elecciones generales, conocedores de los tiempos judiciales. Lo de menos es si, finalmente, Zapatero demuestra su inocencia, lo importante es difundir que es un corrupto. Al igual que lo siguen haciendo con Begoña Gómez (esposa de Pedro Sánchez) o igual que lo han hecho con el Fiscal General del Estado. Mientras Cospedal y Rajoy con todas las pruebas acumuladas (informes, documentos, audios, testigos…) sobre uno de los casos más detestable y funesto para la democracia, como ha sido la Operación Kitchen, jamás han sido llamados como imputados.
“El que pueda hacer que haga” (Aznar dixit), ha llegado a los oídos de algunos magistrados que ya no les cabe ninguna duda de que hay “manga ancha” en la cúpula del poder judicial para devolver el poder a quienes son sus legítimos propietarios: PP y Vox.
La imputación de José Luis Rodríguez Zapatero era el tiro de gracia que le faltaba al Gobierno. Tiro de gracia o la traca final que se inició hace siete años.
No me arrepiento, si se me permite, de mi decisión de dimitir hace 16 años por razones políticas, pero la honradez de José Luis Rodríguez Zapatero llevada a los tribunales es absolutamente insoportable. El lawfare en su toda su expresión.
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Marcelo Noboa Fiallo es socio de infoLibre.