El aeropuerto de Bilbao y el crepúsculo de la piedad

Adolfo Estrella

Hace exactamente cien años, Roberto Arlt, en plena euforia de los fascismos y nazismos ascendentes, escribía: “Creo que a nosotros nos ha tocado la horrible misión de asistir al crepúsculo de la piedad y que no nos queda otro remedio que escribir deshechos de pena, para no salir a la calle a tirar bombas o a instalar prostíbulos”.

La piedad posee un significado de devoción religiosa, pero, en un sentido amplio, no es ni más ni menos que compasión, misericordia o simplemente sensibilidad moral, en particular frente al más débil. El respeto a todos los seres humanos y al herido, al enfermo, al niño y al anciano, aún más, se ha considerado una exigencia moral y una conquista civilizatoria.

Por supuesto que limitar el daño y la crueldad ha sido un ideal nunca alcanzado pero, antes, generalmente, quienes dañaban buscaban ocultar sus acciones. Ahora asistimos, en esta sociedad de la transparencia, a su exhibición obscena, impúdica y grotesca. El daño y la crueldad son parte del espectáculo y allí encuentra su eficiencia. El carcelero muestra sus mazmorras y no oculta los cuerpos dañados. Bukele organiza tours penitenciarios por su CECOT con sonrisa de traficante de esclavos.

El estilo Bukele de tortura y humillación es el estilo israelí y pronto será el estilo mundial

La policía autonómica vasca ha atacado con violencia inusitada y desproporcionada a personas que estaban en una situación de particular debilidad. Personas que venían del infierno, agredidas por las fuerzas de ocupación del Estado israelí. Personas heridas corporal, psíquica y moralmente, acusadas de terroristas por el mayor Estado terrorista del mundo en la actualidad.

La Ertzaintza ha actuado como una extensión de este sadismo, validando y ampliando la crueldad israelí, mil veces comprobada, expuesta y denunciada, y al mismo tiempo, mil veces justificada y defendida.

La escena del aeropuerto muestra, otra vez en la historia europea y, por extensión, mundial, la incontinencia del mal institucionalizado que rige nuestra cansada época humana. La crueldad no es un desborde anómico excepcional, sino que avanza hacia su legitimación como norma y forma admitida de los vínculos sociales.

La crueldad de la Ertzaintza, como los bombardeos en Gaza, es transmitida en vivo y en tiempo real por cámaras de periodistas y teléfonos móviles. La exposición es total, la transparencia es total y, al mismo tiempo, la impunidad es total. La crueldad se hace espectáculo y el espectáculo es fascista.

El ministro israelí de Seguridad Nacional, Itamar Ben Gvir, muestra a los prisioneros con las manos atadas a la espalda, arrodillados y con las cabezas en el suelo. Ahora vemos que el estilo Bukele de tortura y humillación es el estilo israelí y pronto será el estilo mundial. Y, entonces, otra vez, “no nos queda otro remedio que escribir deshechos de pena”.

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Adolfo Estrella es socio de infoLibre.

Adolfo Estrella

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