La labor de zapa del iliberalismo trumpista en Europa

Miguel López (FMD)

Divide et impera es una expresión atribuida a Julio César que Donald Trump ha retomado para aplicarla a la vieja Europa. Para ello, sabe que cuenta con figuras políticas como el outsider húngaro Viktor Orbán, en campaña para su reelección, el atlantista eslovaco Robert Fico, o más recientemente el multimillonario populista checo Andrej Babiš, leales quinta-columnistas dispuestos a socavar toda normativa de la UE que pueda suponer un inconveniente para la Administración Trump o para las empresas estadounidenses, en especial las tecnológicas. 

La visita relámpago, hace unos días, del secretario de Estado norteamericano, Marco Rubio, a esos dos países tiene la doble función de apoyar sus políticas para fortalecer los lazos ideológicos y de alimentar las tensiones dentro de la Unión Europea. Tensiones que vienen determinadas por una posición sistemáticamente contraria, en especial por parte del “caballo de Troya” Viktor Orbán, a la reglamentación europea en materia de restricciones de derechos LGTBI, control de medios de comunicación, inmigración y el bloqueo de sanciones a Rusia, entre otras muchas. Ejemplo de ello es que Hungría y Eslovaquia han seguido comprando petróleo y gas rusos desde la invasión rusa a Ucrania en 2022 y que Orbán acaba de anunciar que bloqueará, una vez más, el último paquete de ayuda UE a Ucrania. 

Pero esta labor de zapa viene de lejos —realmente hace apenas un año, pero este segundo mandato de Trump se nos está haciendo muy largo— pues fue en marzo de 2025 cuando el vicepresidente americano J.D. Vance acudió a apoyar explícitamente al partido ultraderechista Alternativa por Alemania (AfD) durante las elecciones a la cancillería.

Pero esa visita, que Vance aprovechó para entrevistarse personalmente con la dirigente neonazi Alice Weidel, no habría tenido la expansión que tuvo si no fuera por la varita mágica que maneja Elon Musk con sus algoritmos. La copresidenta de AfD, con unos 200.000 seguidores entonces, pasó en solo unos días a más de 2 millones tras la interacción de Musk en sus publicaciones. La intervención de este lunático empresario en una publicación en su plataforma X puede ser transformadora: líderes ultraderechistas europeos como la negacionista climática Naomi Seibt, el vicepresidente del consejo italiano Matteo Salvini, o influencers como el chipriota Fidias Panayiotou conocieron un aumento espectacular de seguidores tras un simple retweet, una respuesta o una mención de Musk, que cuenta con unos 230 millones de seguidores.

Si hay algo en lo que coinciden actualmente Trump y Putin es en su intento de desestabilizar y dividir la Unión Europea

El mismo Vance ya emprendió su cruzada antieuropea, de tinte ideológico, en febrero del año pasado con ocasión de su intervención en la Conferencia de Munich, donde arremetió contra los países europeos cuestionando sus democracias. “La amenaza que más temo para Europa no es Rusia, no es China (...) Es la amenaza interna.(...) Es la retirada de algunos de sus valores fundamentales, valores compartidos con EEUU”. “La libertad de expresión está en retroceso en Europa, me temo”, añadió, en un claro apoyo a las extremas derechas continentales, que reclaman libertad total para difundir sus mensajes de odio.

En la Conferencia de Munich de este año, Marco Rubio, mucho más diplomático que el ofensivo Vance en 2025, ha querido dar un mensaje de tranquilidad, pero —puño de hierro y guante de seda— recordando el ultimátum de Donald Trump en la cumbre de Davos sobre sus pretensiones en Groenlandia y sus críticas a las políticas migratorias y de transición ecológica de la UE.

Si hay algo en lo que coinciden actualmente Trump y Putin es en su intento de desestabilizar y dividir la Unión Europea. Los planes americanos de retirar sus defensas de los países del Este europeo para 2027 o la reducción de la ayuda militar a los países bálticos, han hecho salivar al Kremlin.

Añadamos también que en su reciente Estrategia de Seguridad Nacional (ESN), la Administración Trump señala a la UE como a su principal adversario en Europa, y ya no a Rusia, con la que pretende restablecer una estabilidad estratégica (“It is a core interest of the United States to (...) reestablish strategic stability with Russia”, ESN, pag. 25), en un giro de 180 grados respecto al señalamiento de ese país como principal amenaza y a Putin como enemigo número uno, tan solo hace poco más de tres años, con ocasión de la Cumbre de la OTAN de Madrid.

“Ese enfoque resulta atractivo para Rusia”, declaró Dmitri Peskov, portavoz de Putin. Ahora Trump parece más proclive a sacar tajada del destrozo causado por su homólogo ruso en Ucrania.

Donald Trump ha decidido con su Estrategia de Seguridad Nacional que el hemisferio occidental es un espacio para la actuación legítima estadounidense en defensa de sus intereses

Criticando la trayectoria actual de Europa, que, de seguir así –dice el documento– será irreconocible en un par de décadas (“Should present trends continue, the continent will be unrecognizable in 20 years or less”), la Casa Blanca aboga por premiar a quienes ofrezcan resistencia a la ‘manía’ regulatoria (“regulatory suffocation”) de la UE y apuesten por profundizar en el nacionalismo, en clara alusión a los partidos de extrema derecha o a países “rebeldes” como Hungría.

Del conjunto del texto se deduce que Estados Unidos quiere una Europa de naciones, mucho más manejable individualmente, no una Europa unida que, por muy mejorable que sea el funcionamiento de las instituciones de la UE, ha evitado la guerra entre sus miembros en los últimos 80 años, algo inédito en la historia del continente. Para eso fueron creadas, principalmente, las comunidades europeas en la década de 1950. Y ha funcionado, incluso con las ampliaciones sucesivas de su membresía.

Donald Trump ha decidido con su ESN que el hemisferio occidental es un espacio —en el que nos incluye, claro está— para la actuación legítima estadounidense en defensa de sus intereses, obviando todas las normas del derecho internacional. Eso daría lugar a una serie de esferas de influencia geopolítica: Rusia sobre sus antiguas repúblicas soviéticas, Israel como proxy americano en Próximo Oriente y China sobre su mar Meridional.

Los efectos prácticos de la ESN en “su” hemisferio se estrenaron recién comenzado este año con las amenazas a Colombia, México, Cuba y Dinamarca (vía Groenlandia) y, sobre todo, con el sangriento secuestro del presidente venezolano Nicolás Maduro y su esposa. En los ataques y la acción de comando murieron alrededor de 100 personas, entre ellas casi la totalidad de la guardia personal de Maduro y, con toda seguridad, algún miembro de la Fuerza Delta que el Departamento de Guerra se ha preocupado en ocultar a la opinión pública estadounidense. Salvo que nos hagan creer que la vida real es Hollywood, donde los “rambos” nunca mueren.

En paralelo a la ESN, la recién creada Junta de Paz (Board of Peace), inicialmente concebida para la reconstrucción de Gaza, es una organización que pretende reemplazar al Consejo de Seguridad de la ONU (donde EEUU solo tiene el poder de veto), en la resolución de conflictos. La gran diferencia es que esta Junta está hecha por y para Donald Trump: él ha creado los estatutos, es presidente vitalicio, decide quién puede formar parte y puede adoptar resoluciones sin consultar a nadie. Pues bien, dos países miembros de la UE, Bulgaria y (¡Oh, sorpresa!) Hungría, se han adherido a este chiringuito imperialista, para vergüenza de todos los europeístas. Una consecuencia más del papel divisivo de ambos elementos, la ESN y la Junta.

En fin, desde que Trump ha regresado al poder, se ha quebrado gravemente la confianza entre sus socios de la OTAN. El 47º presidente de EEUU está utilizando la organización para chantajear a sus miembros y, con las amenazas a Groenlandia, demuestra que estar bajo su paraguas no te va a librar de empaparte de agua, sobre todo porque puede llover desde dentro.

Hasta la modesta y tranquila Islandia, en vistas de la importancia que está tomando la región del Ártico y el desasosiego que le provocan las amenazas de Trump de aplicarle un aumento del 15% en aranceles y sus apetencias por la isla vecina, al parecer está sopesando adelantar a este verano el referéndum para el reinicio de negociaciones —que estaba previsto en 2027— para su ingreso en la UE (solicitó la adhesión en 2009 y la retiró en 2015), club que le podría ofrecer un plus de seguridad, estabilidad y confianza. La broma del excongresista republicano Billy Long, recién nombrado embajador en Reikiavik, diciendo que Islandia se convertiría en el 52º Estado de la unión y que él sería su gobernador, no ha sido bien digerida por los islandeses. Tampoco ayuda mucho que Trump mencionara Islandia (¿ICEland?) hasta en cuatro ocasiones durante su discurso en Davos, cuando estaba hablando de Groenlandia. ¿Confusión mental, traición del subconsciente o grave desconocimiento geográfico?

Y para concluir, habrá que fijar un poco la atención en la opinión autorizada de su sobrina, la doctora en psicología clínica Mary L. Trump, quien define a su tío como un narcisista sin principios que ha adoptado el engaño como un modo de vida. El título de su libro, publicado en 2020, lo dice todo: “Siempre demasiado y nunca suficiente: cómo mi familia creó al hombre más peligroso del mundo”. Solo el primer día vendió un millón de ejemplares.

 

 

 

Miguel López (FMD)

Sobre este blog

El blog del Foro Milicia y Democracia quiere ser un blog colectivo donde se planteen los temas de seguridad y defensa desde distintas perspectivas y abrirlos así a la participación y debate de los lectores. Está coordinado por Miguel López.

    Autores

Más sobre este tema
Publicado el
27 de febrero de 2026 - 06:01 h
stats