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El blog del Foro Milicia y Democracia quiere ser un blog colectivo donde se planteen los temas de seguridad y defensa desde distintas perspectivas y abrirlos así a la participación y debate de los lectores. Está coordinado por Miguel López.

El asalto final a Cuba

Fidel Gómez Rosa (FMD)

La consolidación de la revolución cubana, en los convulsos años de la guerra fría, pasó por vincular el país al bloque soviético. La economía hubo de adaptarse a unas difíciles condiciones de bloqueo estadounidense, que no ha cesado en más de seis décadas, y dependencia extrema del mercado del realismo socialista, situado a diez mil kilómetros de distancia. El gobierno, impulsado por el entusiasmo popular, consiguió desarrollar un programa social comunitario con especial incidencia en la educación y sanidad públicas. El régimen autoritario, con métodos expeditivos, borró toda la tradición y mantuvo la cohesión con una firme política represiva de cualquier contestación.

El triunfo de la revolución supuso la salida de todos los intereses estadounidenses de Cuba, quedando como testigo la base militar de Guantánamo, que se residenciaron, junto con una amplia colonia, en el Estado de la Florida, dando continuidad al exilio anterior de la guerra hispano-norteamericana. En los años ochenta, la precariedad de la economía cubana que seguía la deriva de la órbita soviética, la falta de oportunidades y la consiguiente frustración de las expectativas produjo la segunda gran oleada de salida de los cubanos con la crisis del puerto de Mariel. La desaparición de la URSS en los años noventa, culminando un periodo de disgregación del bloque oriental, llevó al régimen a una situación límite. La combinación de una economía de guerra (periodo especial) y la apertura de la industria turística, un recurso extraordinario que estaba desaprovechado, consiguió reflotar la maltrecha economía cubana y estabilizar el gobierno, siempre ejerciendo un control represivo sobre la población.

Y en esto llegó la ley Helms-Burton (1996), impulsada por el lobby anticastrista para proteger los intereses de ciudadanos estadounidenses expropiados décadas atrás y reforzar el embargo. La consecuencia buscada de propósito fue que, al sancionar los suministros e inversiones extranjeras en la isla, se consiguiera yugular el intento de modernización de la economía y, por extensión, del desarrollo de la sociedad cubana en un escenario de mayor autonomía individual. Con estas limitaciones, el éxodo ciudadano mantuvo un flujo constante, plasmado en el fenómeno de los llamados balseros, que se hacían a la mar con precarias embarcaciones y artefactos artesanales. También daba muestra de un profundo descontento popular, por la combinación de precariedad, retórica y represión política, el abandono en las delegaciones de deportistas que desertaban y de artistas que solicitaban asilo político. Cuba se descapitalizaba.

La encarnación de la revolución cubana en la figura legendaria de Fidel complicó la renovación del liderazgo burocrático. Mientras se degradaban las condiciones de vida en la isla, el régimen reforzaba sus mecanismos represivos y perdía definitivamente el favor de la cultura. El premio Nobel José Saramago ya había pronunciado su “hasta aquí he llegado”, tras el encarcelamiento masivo de opositores y el fusilamiento de tres jóvenes en 2003. La enfermedad de Fidel forzó la sucesión en su hermano Raúl, también comandante histórico y general de Ejército, planteándose como una transición interna del Partido hasta la renovación del actual presidente Miguel Díaz-Canel.

No parece que Cuba, terriblemente aislada, esté ya en disposición de ofrecer algún tipo de resistencia o respuesta militar

El mandato del presidente Obama culminó en su último año con el deshielo en la relación entre Washington y La Habana, tras cerrar el escollo que suponía el expediente de los cinco agentes infiltrados, encarcelados quince años en Estados Unidos. Así, el aterrizaje del Air Force One, en marzo de 2016, simbolizó esta nueva estrategia en las relaciones bilaterales, que apenas duró unos meses hasta la llegada de la primera administración Trump, con la consiguiente vuelta a la línea dura. En aquella coyuntura política, la declaración de la pandemia global en 2020, deteniendo bruscamente la industria turística y con ello su principal fuente de ingresos, asestó un golpe mortal a la economía. El resto es agonía y presentimiento del colapso final.

En la hora en que se anuncia el definitivo asalto, tres meses después de someter al país a un doloroso estado de sitio, se ha alcanzado la opción cero en el suministro de combustible, paralizada la actividad del país y sometida a un régimen de hambre y enfermedad a su población, que reacciona con justificadas protestas en la oscuridad del apagón cotidiano. El gobierno ha comenzado a claudicar, abriendo conversaciones que no pueden desembocar sino en aceptar la rendición sin otras condiciones que las que señale Mar-a-Lago, seguida de la tutela del secretario de Estado, Marco Rubio, que inaugura la venganza largamente acariciada por el exilio cubanoamericano. El modelo de intervención en Venezuela se reproducirá, quizá en un periodo más breve, hasta el desembarco de la clase empresarial en la isla. No parece que Cuba, terriblemente aislada, esté ya en disposición de ofrecer algún tipo de resistencia o respuesta militar.

Cuando en los mentideros de Little Havana se proclama ya el consabido “Comed revolución”, se pasará al cobro una elevada factura en términos de soberanía

Llegados a este punto, la certificación de la caída de un régimen, inviable desde hace años, sin horizonte alguno de futuro, supondrá una alivio para su empobrecida población y abrirá expectativas de regreso a la numerosa colonia cubana en el extranjero. La legitimidad histórica de su rebeldía contra la tiranía, la hermosa utopía de la alfabetización, justicia, cultura y dignidad de las personas que alguna vez representó, se ha ido perdiendo en un camino jalonado por la represión y la ceguera de una clase política institucionalizada, incapaz de conectar con las nuevas generaciones de cubanos.

Es difícil oponerse a la prepotencia imperialista del Estado vecino que, especialmente bajo esta administración agresiva, no reconoce otra ley que el ejercicio de la fuerza, pero es momento también de admitir que faltó inteligencia, concordia y generosidad a ambos lados del estrecho de Florida. Con estos juegos de suma cero, se perdió la oportunidad que ofrecía el cambio de siglo para conducir una transición democrática consensuada entre todos los cubanos, como se hizo en países del Este de Europa, que conservara los avances sociales y el progreso educativo en un sistema representativo. 

Ahora, cuando en los mentideros de Little Havana se proclama ya el consabido “Comed revolución”, se pasará al cobro una elevada factura en términos de soberanía, que, en todo caso, no debería incluir tributo de sangre. Cuba, que es mucho más que un lugar turístico, se recuperará pronto cuando se le ofrezca una oportunidad, porque cuenta con la formación, conciencia y solidez de su población. ¡Viva Cuba libre! 

Fidel Gómez Rosa (FMD)

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20 de marzo de 2026 - 06:00 h
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